lunes, 17 de diciembre de 2012

23/12/2012 - 4º domingo de Adviento (C)

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Lecturas y Evangelio del domingo

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23 de diciembre de 2012

4º domingo de Adviento (C)



El tiempo litúrgico del Adviento está a punto de acabar. Todos nos afanamos en los últimos preparativos de la fiesta de la Natividad del Señor. La liturgia de este domingo, por su parte, se presenta como una vigilia de Navidad contenida, antes de la celebración solemne en la que estallará el alegre canto del Gloria mientras repican las campanas de las iglesias. Hay años, incluso, en los que este domingo coincide con el 24 de diciembre.
Como había anunciado el profeta Jeremías, el «vástago legítimo» prometido a la casa de David (Jr 33,14-16, primer domingo) ha nacido en «Belén de Efrata». Pero «su origen es desde lo antiguo, de tiempo inmemorial». Para traer al mundo a este niño, que «pastoreará con la fuerza del Señor» a todos los pueblos y que «será nuestra paz», Dios ha elegido a una humilde hija de Israel, «bendita entre las mujeres».
Cuando el ángel de la anunciación la deja, María se pone en camino y se apresura a ir a casa de su prima Isabel, la estéril embarazada de un niño llamado a preparar los caminos del Señor. Estas dos mujeres, rebosantes de alegría y gratitud, se encuentran: el Dios fiel cumple sus promesas; ¡viene a visitar y a salvar a su pueblo! Isabel siente saltar de gozo al niño que lleva en su seno. Ante este signo comprende que María es la «Madre del Salvador», la sierva perfecta del Señor, totalmente dócil a su palabra.
El «fruto bendito de su vientre» es el Hijo de Dios, que se ha encarnado para hacer la voluntad de su Padre: liberar a la humanidad del pecado y de la muerte: «Aquí estoy, o Dios, para hacer tu voluntad». «La oblación del cuerpo de Jesucristo, hecha una vez para siempre», desde que entró en el mundo, se ha consumado en el altar de la cruz, en el que Jesús, el Cristo, ha ofrecido libremente su vida por la salvación de la toda la creación. Porque la muerte no ha hecho presa en él. Y una vez resucitado, ha sido exaltado a la derecha de Dios, donde intercede por todos nosotros.
La venida del Hijo de Dios en la carne es, pues, la primera etapa de su Pascua y de la nuestra. Su encarnación abre el camino que nos conduce, con él, a la gloria de la resurrección.

PRIMERA LECTURA

Jesús nació de la Virgen María en Belén, cuna de la casa de David. El buen Pastor ha venido a reunir en un solo rebaño a las ovejas de Dios dispersas.

De ti saldrá el jefe de Israel.

Lectura de la profecía de Miqueas 5, 1-4a

Así dice el Señor:
- Pero tú, Belén de Efrata,
pequeña entre las aldeas de Judá,
de ti saldrá el jefe de Israel.
Su origen es desde lo antiguo,
de tiempo inmemorial.
Los entrega hasta el tiempo
en que la madre dé a luz,
y el resto de sus hermanos
retornará a los hijos de Israel.
En pie, pastoreará con la fuerza del Señor,
por el nombre glorioso del Señor, su Dios.
Habitarán tranquilos, porque se mostrará grande
hasta los confines de la tierra,
y éste será nuestra paz.

Palabra de Dios.

SALMO

«Ven», «vuélvete», «fíjate», «despierta tu poder», «resplandece», «escucha», «danos vida, para que invoquemos tu nombre»: esta es la oración de la Iglesia a su Señor, que ya ha venido y al que todavía espera.

Salmo 79, 2ac y 3b. 15-16. 18-19

R
Oh Dios, restáuranos,
que brille tu rostro y nos salve.

Pastor de Israel, escucha,
tú que te sientas sobre querubines, resplandece.
Despierta tu poder y ven a salvamos. R

Dios de los ejércitos, vuélvete:
mira desde el cielo, fíjate,
ven a visitar tu viña,
la cepa que tu diestra plantó,
y que tú hiciste vigorosa. R

Que tu mano proteja a tu escogido,
al hombre que tú fortaleciste.
No nos alejaremos de ti:
danos vida, para que invoquemos tu nombre. R

SEGUNDA LECTURA

Por la obediencia de soda su vida, la Palabra hecha carne es oblación perfecta al Padre. «Por Cristo, con él y en él», el pueblo santo congregado ofrece a Dios «un sacrificio sin mancha desde donde sale el sol hasta el ocaso».

Aquí estoy para hacer tu voluntad.

Lectura de la carta a los Hebreos 10,5-10

Hermanos:
Cuando Cristo entró en el mundo dijo: «Tú no quieres sacrificios ni ofrendas, pero me has preparado un cuerpo; no aceptas holocaustos ni víctimas expiatorias». Entonces yo dije lo que está escrito en el libro: «Aquí estoy, oh Dios, para hacer tu voluntad».
Primero dice: «No quieres tú aceptar sacrificios ni ofrendas, holocaustos ni víctimas expiatorias», que se ofrecen según la Ley. Después añade: «Aquí estoy yo para hacer tu voluntad».
Niega lo primero, para afirmar lo segundo.
Y conforme a esa voluntad todos quedamos santificados por la oblación del cuerpo de Jesucristo, hecha una vez para siempre.

Palabra de Dios.

ALELUYA Lc 1,38

Aleluya, aleluya.
Gloria a Cristo, Palabra eterna,
que deja su trono real
para habitar entre nosotros. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Aquí está la esclava del Señor;
hágase en mí según tu palabra. Aleluya.

EVANGELIO

Visita -«visitación», como dice la liturgia- de María a Isabel, la Vida sale al ,encuentro de la esperanza de los siglos; es la alegría del cielo en la tierra.

¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor?

Lectura del santo evangelio según san Lucas 1,39-45

En aquellos días, María se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel.
En cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo y dijo a voz en grito.
- ¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre!
¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Dichosa tú, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá.

Palabra de Dios.

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