lunes, 27 de agosto de 2012

02/09/2012 - 22º domingo Tiempo ordinario (B)

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Lecturas y Evangelio del domingo

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2 de septiembre de 2012

22º domingo Tiempo ordinario (B)


Volvemos hoy a san Marcos, el guía «oficial» de las celebraciones dominicales de este ciclo. Hacia el final del «Discurso sobre el pan de vida» Jesús dice: «El Espíritu es quien da vida; la carne no sirve de nada» (Jn 6,63). Pues bien, los textos de este domingo se refieren a la manera auténtica, la única agradable a Dios, en que el creyente ha de entender y vivir la fe expresada por la práctica y las observancias religiosas.
A diferencia de un legislador distante que se conforma con la obediencia externa a las leyes promulgadas, Dios, que está cerca de su pueblo, ha dado sus mandamientos para que quienes los guarden conduzcan su vida con sabiduría e inteligencia, y se preparen así a tomar posesión de la herencia prometida. Lejos de aplastar al hombre, la ley de Dios lo pone en pie. Sus prescripciones son indicaciones para evitar que se pierda, que se aventure por caminos sin salida o por pendientes, aparentemente fáciles, pero expuestas a avalanchas mortales. Caminar con un paso regular por el camino marcado por los mandamientos permite acercarse a Dios cada vez más, día tras día, hora tras hora. El ejemplo de esta fidelidad perseverante y alegre no siempre mueve a los demás a seguir el mismo itinerario. Pero les muestra el camino de la justicia y l verdad. Añadirle o quitarle algo a esta ley, corregirla en suma, es demostrar una necedad ofensiva ante Dios y desastrosa para uno mismo.
Los mandamientos del Señor no son artículos de un código escrito de una vez para siempre, que hay que cumplir al pie de la letra, sin ninguna responsabilidad. Es necesario entenderlos, concretarlos y eventualmente adaptarlos, teniendo en cuenta las exigencias del tiempo, el lugar y las personas. A condición, sin embargo, de no confundir la voluntad de Dios con las tradiciones humanas, aunque sean seculares, y menos aún con modos de actuar que en realidad la traicionan o ridiculizan. Es en el corazón donde deben inscribirse la ley de Dios y su Palabra, pues «es de dentro, del corazón del hombre» de donde «salen los malos propósitos, las fornicaciones, robos, homicidios, adulterios, codicias... Todas esas maldades salen de dentro y hacen al hombre impuro». El criterio último y decisivo de la justa observancia de la ley de Dios es el amor eficaz para con el prójimo. Es también el que juzga acerca de la autenticidad de la participación en la eucaristía, que es el sacramento del amor.

PRIMERA LECTURA

El carácter inmutable de la ley a la que Jesús ha venido a dar plenitud, no a abolir es el fundamento de la alianza eterna. Esta perennidad no conduce al fundamentalismo, porque se trata de una ley viva, encomendada a un pueblo responsable de tal don. Establece entre Dios y los hombres una relación de amistad confiada, de la que da testimonio «a los ojos de los pueblos».

No añadáis nada a lo que os mando..., así cumpliréis los preceptos del Señor.

Lectura del libro del Deuteronomio 4,1-2.6-8

Moisés hablo al pueblo, diciendo: «Ahora, Israel, escucha los mandatos y decretos que yo os mando cumplir. Así viviréis y entraréis a tomar posesión de la tierra que el Señor, Dios de vuestros padres, os va a dar. No añadáis nada a lo que os mando ni suprimáis nada; así cumpliréis los preceptos del Señor, vuestro Dios, que yo os mando hoy.
Ponedlos por obra, que ellos son vuestra sabiduría y vuestra inteligencia a los ojos de los pueblos que, cuando tengan noticia de todos ellos, dirán: “Cierto que esta gran nación es un pueblo sabio e inteligente”. Y, en efecto, ¿hay alguna nación tan grande que tenga los dioses tan cerca como lo está el Señor Dios de nosotros, siempre que lo invocamos? Y, ¿cuál es la gran nación, cuyos mandatos y decretos sean tan justos como toda esta ley que hoy os doy?».

Palabra de Dios.

SALMO

Hay que hacerse cercano a los otros para estar cerca de Dios.

Salmo 14, 2-5

R
Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda?

El que procede honradamente
y practica la justicia,
el que tiene intenciones leales
y no calumnia con su lengua. R

El que no hace mal a su prójimo
ni difama al vecino,
el que considera despreciable al impío
y honra a los que temen al Señor. R

El que no presta dinero a usura
ni acepta soborno contra el inocente.
El que así obra nunca fallará. R

SEGUNDA LECTURA

« Es un regalo del cielo!», se suele decir cuando sobreviene un acontecimiento feliz e inesperado. «Un don del Padre de los astros», dice la carta de Santiago, hablando de la «palabra de la verdad», portadora de salvación. Pero no basta con aceptarla, hay que llevarla a la práctica. Se trata de una gracia que hay que hacer fructificar para la vida eterna. De lo contrario, la «práctica religiosa» es vana, ineficaz, falsa (St 1,26; 2,1 0.14) y escandalosa.

Llevad a la práctica la palabra.

Lectura de la carta del apóstol Santiago 1,17-18.21b-22.27

Mis queridos hermanos: Todo beneficio y todo don perfecto viene de arriba, del Padre de los astros, en el cual no hay fases ni periodos de sombra. Por propia iniciativa, con la palabra de la verdad, nos engendró, para que seamos como la primicia de sus criaturas. Aceptad dócilmente la palabra que ha sido plantada y es capaz de salvaros. Llevadla a la práctica y no os limitéis a escucharla, engañándoos a vosotros mismos.
La religión pura e intachable a los ojos de Dios Padre es esta: visitar huérfanos y viudas en sus tribulaciones y no mancharse las manos con este mundo.

Palabra de Dios.

ALELUYA St 1,18

Aleluya. Aleluya.
Gloria a Cristo, imagen perfecta del Padre,
esplendor de su gloria,
luz que alumbra nuestra tiniebla. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
El Padre, por propia iniciativa,
con la palabra de la verdad, nos engendró,
para que seamos
como la primicia de sus criaturas. Aleluya.

EVANGELIO

Las tradiciones y las prácticas religiosas heredadas tienen un valor innegable en la medida en que traducen concretamente «el mandamiento de Dios», y siempre que expresen y favorezcan la adhesión profunda al Señor y a su voluntad. De lo contrario, su práctica degenera en una hipocresía que, ciertamente, no engaña a Dios. Si se convierten en un obstáculo o dificultad insuperables, deben evolucionar La religión que Jesús enseña es una religión del corazón.

Dejáis a un lado el mandamiento de Dios para aferraros a la tradición de los hombres.

+ Lectura del santo evangelio según san Marcos 7,1-8.14-15.21-23

En aquel tiempo, se acercó a Jesús un grupo de fariseos con algunos escribas de Jerusalén, y vieron que algunos discípulos comían con manos impuras, es decir, sin lavarse las manos. (Los fariseos, como los demás judíos, no comen sin lavarse antes las manos restregando bien, aferrándose a la tradición de sus mayores, y, al volver de la plaza, no comen sin lavarse antes, y se aferran a otras muchas tradiciones, de lavar vasos, jarras y ollas).
Según eso, los fariseos y los escribas preguntaron a Jesús: «Por qué comen tus discípulos con manos impuras y no siguen la tradición de los mayores?». El les contestó: «Bien profetizó Isaías de vosotros, hipócritas, como está escrito: “Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. El culto que me dan está vacío, porque la doctrina que enseñan son preceptos humanos”. Dejáis a un lado el mandamiento de Dios para aferraros a la tradición de los hombres».
Entonces llamó de nuevo a la gente y les dijo: «Escuchad y entended todos: Nada que entre de fuera puede hacer al hombre impuro; lo que sale de dentro es lo que hace impuro al hombre. Porque de dentro, del corazón del hombre, salen los malos propósitos, las fornicaciones, robos, homicidios, adulterios, codicias, injusticias, fraudes, desenfreno, envidia, difamación, orgullo, frivolidad. Todas esas maldades salen de dentro y hacen al hombre impuro».

Palabra de Dios.

lunes, 20 de agosto de 2012

26/08/2012 - 21º domingo Tiempo ordinario (B)

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Lecturas y Evangelio del domingo

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26 de agosto de 2012

21º domingo Tiempo ordinario (B)


Desde el decimoséptimo domingo, la asamblea cristiana está invitada a una larga meditación sobre el «signo del pan». El punto de partida es un equívoco sobre el significado de la multiplicación de los panes y, al mismo tiempo, sobre la persona y la misión de Jesús. El no ha sido enviado para convertirse en rey y, gracias a su poder de hacer milagros, procurar el alimento cotidiano a sus partidarios. El «discurso» en la sinagoga de Cafarnaún va avanzando al ritmo de las sucesivas incomprensiones de los oyentes y de sus intervenciones, cada vez más agresivas. El pan multiplicado es «signo» de contradicción.
La perspectiva eucarística del capítulo 6° del evangelio según san Juan, subyacente desde el principio, aparece de manera cada vez más clara a medida que se va avanzando en la lectura, sobre todo cuando esta se hace en el marco de la liturgia dominical. Jesús proclama que para tener la vida eterna es necesario «comer» verdaderamente su «carne» y «beber» verdaderamente su «sangre». El realismo de los términos empleados aquí está en consonancia con el prólogo de san Juan: «Y la Palabra se hizo carne, y acampó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria propia del Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad» (Jn 1,14).
Los discípulos, que hasta este momento han permanecido en la sombra y silenciosos, entran de pronto en escena. Al oír estas palabras, pierden sus últimas ilusiones sobre la misión temporal y política de Jesús. ¿De qué sirve seguir sus pasos? Muchos lo abandonan. Jesús no trata de retenerlos suavizando el sentido de sus afirmaciones. Se dirige a los doce: «También vosotros queréis marcharos?».
Esta pregunta plantea la cuestión de la fe, que consiste, lo mismo que el amor, en comprometer la vida entera, no por seguridad en sí mismo, sino porque se confía en el otro. Cada uno de los que celebramos la eucaristía debemos tomar conciencia, con lucidez, de los pensamientos de nuestro corazón, e interrogarnos honradamente sobre nuestra adhesión personal a Jesús, palabra y pan de vida.
Lo mismo hay que decir de la recepción de todos los sacramentos, reafirmación y renovación del compromiso en el seguimiento de Cristo, exigencia de nuevas relaciones con los otros, a imitación de las que unen al Señor con la Iglesia.

PRIMERA LECTURA

Todas las grandes etapas de la historia de la salvación están marcadas por una renovación de la alianza. Al tiempo que Dios reitera y confirma su fidelidad, el pueblo, y cada uno de sus miembros en particular, son invitados a reiterar su compromiso de servir al Señor. La entrada en la tierra prometida al final del éxodo es una de las etapas capitales de esta historia.

Nosotros serviremos al Señor: ¡Es nuestro Dios!

Lectura del libro de Josué 24,1-2a.15-17.18b

En aquellos días, Josué reunió a las tribus de Israel en Siquén. Convocó a los ancianos de Israel, a los cabezas de familia, jueces y alguaciles, y se presentaron ante el Señor. Josué habló al pueblo: «Si no os parece bien servir al Señor, escoged hoy a quién queréis servir: a los dioses que sirvieron vuestros antepasados al este del Eufrates o a los dioses de los amorreos en cuyo país habitáis; yo y mi casa serviremos al Señor».
El pueblo respondió: «Lejos de nosotros abandonar al Señor para servir a dioses extranjeros! El Señor es nuestro Dios; él nos sacó a nosotros y a nuestros padres de la esclavitud de Egipto; él hizo a nuestra vista grandes signos, nos protegió en el camino que recorrimos y entre todos los pueblos por donde cruzamos. También nosotros serviremos al Señor: ¡es nuestro Dios!».

Palabra de Dios.

SALMO

Profesión de fe y acción de gracias de aquellos a quienes el Señor justifica y conduce por el camino de la salvación.

Salmo 33, 2-3. 16-17. 18-19. 20-21

R
Gustad y ved qué bueno es el Señor.

Bendigo al Señor en todo momento,
su alabanza está siempre en mi boca;
mi alma se gloría en el Señor:
que los humildes lo escuchen y se alegren. R

Los ojos del Señor miran a los justos,
sus oídos escuchan sus gritos;
pero el Señor se enfrenta con los malhechores,
para borrar de la tierra su memoria. R

Cuando uno grita, el Señor lo escucha
y lo libra de sus angustias;
el Señor está cerca de los atribulados,
salva a los abatidos. R

Aunque el justo sufra muchos males,
de todos lo libra el Señor;
él cuida de todos sus huesos,
y ni uno solo se quebrará. R

La maldad da muerte al malvado,
y los que odian al justo serán castigados.
El Señor redime a sus siervos,
no será castigado quien se acoge a él. R

SEGUNDA LECTURA

Lo que aquí dice san Pablo no supone una sanción de la situación de desigualdad que tenían los esposos en su época. Lo que hace es invitarlos a situarse uno respecto al otro siguiendo ejemplo de Cristo. El, que es «cabeza de la Iglesia», se ha entregado por ella, y su obediencia no tiene nada de servil ni de humillante porque es causa de salvación. Su primacía es la del amor desinteresado: no busca más que el bien de su esposa, unida a él con un amor semejante al suyo. Estos principios elevan la relación de los esposos al nivel del misterio de Dios, es decir de lo que él es y de lo que hace por nosotros. Entendida así. la enseñanza del Apóstol es de máxima actualidad.

Es éste un gran misterio: y yo lo refiero a Cristo y a la Iglesia.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 5,21-32

Hermanos: Sed sumisos unos a otros con respeto cristiano. Las mujeres, que se sometan a sus maridos como al Señor; porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la Iglesia; él, que es el salvador del cuerpo. Pues como la Iglesia se somete a Cristo, así también las mujeres a sus maridos en todo.
Maridos, amad a vuestras mujeres como Cristo amó a su Iglesia. El se entregó a sí mismo por ella, para consagrarla, purificándola con el baño del agua y la palabra, y para colocarla ante sí gloriosa, la Iglesia, sin mancha ni arruga ni nada semejante, sino santa e inmaculada. Así deben también los maridos amar a sus mujeres, como cuerpos suyos que son. Amar a su mujer es amarse a sí mismo. Pues nadie jamás ha odiado su propia carne, sino que le da alimento y calor, como Cristo hace con la Iglesia, porque somos miembros de su cuerpo.
«Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne». Es este un gran misterio: y yo lo refiero a Cristo y a la Iglesia.

Palabra de Dios.

ALELUYA Jn 6,63c.68c

Aleluya. Aleluya.
Señor Jesús, creemos en ti,
que eres el Santo,
el Santo consagrado por Dios. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Tus palabras, Señor, son espíritu y vida;
tú tienes palabras de vida eterna. Aleluya.

EVANGELIO

«Muchos discípulos» de Jesús encuentran duras sus palabras. Y entonces deciden dejar de ir con él, lo mismo que otros lo abandonarán en el momento decisivo de la Pasión, cuando, incluso, uno de ellos lo traicionará. Se marchan porque no confían totalmente en él y en su palabra, porque no creen que él es la Palabra de Dios hecha carne, que se entrega como alimento para la vida del mundo. La eucaristía es el «misterio de la fe», el «sacramento» de la esperanza que no defrauda.

¿A quién vamos a acudir? Tú tienes palabra de vida eterna.

+ Lectura del santo evangelio según san Juan 6,60-69

En aquel tiempo, muchos discípulos de Jesús, al oírlo, dijeron: «Este modo de hablar es duro, ¿quién puede hacerle caso?».
Adivinando Jesús que sus discípulos lo criticaban, les dijo: «¿Esto os hace vacilar?, ¿y si vierais al Hijo del hombre subir a donde estaba antes? El espíritu es quien da vida; la carne no sirve de nada. Las palabras que os he dicho son espíritu y vida. Y con todo, algunos de vosotros no creen». Pues Jesús sabía desde el principio quiénes no creían y quién lo iba a entregar. Y dijo: «Por eso os he dicho que nadie puede venir a mí, si el Padre no se lo concede».
Desde entonces, muchos discípulos suyos se echaron atrás y no volvieron a ir con él. Entonces Jesús les dijo a los Doce: «También vosotros queréis marcharos?». Simón Pedro le contestó: «Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna; nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo consagrado por Dios».

Palabra de Dios.

lunes, 13 de agosto de 2012

19/08/2012 - 20º domingo Tiempo ordinario (B)

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Lecturas y Evangelio del domingo

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19 de agosto de 2012

20º domingo Tiempo ordinario (B)


«Venid a comer de mi pan y a beber el vino que he mezclado», proclama la Sabiduría. Todo el mundo puede sentarse a su mesa, abierta a todos, y tomar gratis el alimento y la bebida necesarios para andar por la vida con juicio, dándonos cuenta de lo que el Señor quiere. La voz que invita al festín es la voz misma del Señor, la Sabiduría en persona. «Venid a mí!», dice también Jesús, que ofrece su cuerpo y su sangre entregados para la vida eterna.
El largo discurso de Jesús, que en el evangelio según san Juan sigue al relato de la multiplicación de los panes, debe entenderse evidentemente en perspectiva eucarística. Se trata de una verdadera «catequesis mistagógica», es decir, de una enseñanza cuyo objetivo es iniciar a los creyentes en la comprensión de este «misterio», de este «sacramento»; dos palabras, una de origen griego y otra de origen latino, que tienen el mismo significado. Así lo entienden los cristianos de hoy, siguiendo al autor del cuarto evangelio, cuya redacción, en su forma actual, estaba ya acabada hacia finales del siglo 1. La lentitud de su desarrollo en espiral y su progresión, con frecuentes vueltas atrás, puede desconcertar. ¿Por qué no ir de manera más rápida y explícita a la eucaristía, puesto que de ella es de lo que se trata, evitando toda digresión? Vale la pena seguir su ritmo sin quemar etapas. Tal como está construido, el «Discurso sobre el pan de vida» permite reflexionar con calma, con tiempo, sobre el «misterio de la fe», que está por encima de todo lo que pueda decirse.
Lo que Jesús ha hecho hunde sus raíces en la larga sucesión de maravillas realizadas por Dios desde el éxodo. Lo que ha dicho se integra en el despliegue de la revelación de Dios. Sus actos y sus palabras lo revelan como el Hijo del hombre, el Verbo de Dios hecho carne, muerto y resucitado por nuestra salvación, y ahora vivo, con su cuerpo glorioso, a la derecha del Padre. La eucaristía, «remedio de inmortalidad» como decían los antiguos, restaura sin cesar nuestras fuerzas en la ruta de nuestro éxodo. Nos ofrece la prenda de lo que un día, cuando llegue el momento de celebrar el banquete eterno, recibiremos en plenitud: la comunión en la vida del Padre, con el Hijo y en el Espíritu. Fortalecidos por este alimento celestial, «no seremos insensatos, sino sensatos», y sabremos «aprovechar la ocasión» y «dar siempre gracias a Dios Padre por todo, en nombre de nuestro Señor Jesucristo».

PRIMERA LECTURA

El «temor de Dios», actitud general de reverencia hacia el Señor se prolonga en la sabiduría, que es fuente de inteligencia y de felicidad en el camino de la vida. La personificación de esta sabiduría expresa a la vez su trascendencia y su proximidad.

Comed de mi pan y bebed el vino que he mezclado.

Lectura del libro de los Proverbios 9,1-6

La Sabiduría se ha construido su casa
plantando siete columnas,
ha preparado el banquete,
mezclado el vino
y puesto la mesa;
ha despachado a sus criados
para que lo anuncien
en los puntos que dominan la ciudad:
«Los inexpertos que vengan aquí,
quiero hablar a los faltos de juicio:
“Venid a comer de mi pan
y a beber el vino que he mezclado;
dejad la inexperiencia y viviréis,
seguid el camino de la prudencia”».

Palabra de Dios.

SALMO

Apartarse del nial, obrar el bien, buscar la paz. este es el secreto de la sensatez y la felicidad revelado por la Sabiduría divina.

Salmo 33, 2-3. 10-11. 12-13. 14-15

R
Gustad y ved qué bueno es el Señor.

Bendigo al Señor en todo momento,
su alabanza está siempre en mi boca;
mi alma se gloría en el Señor:
que los humildes lo escuchen y se alegren. R

Todos sus santos, temed al Señor,
porque nada les falta a los que le temen;
los ricos empobrecen y pasan hambre,
los que buscan al Señor no carecen de nada. R

Venid, hijos, escuchadme:
os instruiré en el temor del Señor;
¿hay alguien que ame la vida
y desee días de prosperidad? R

Guarda tu lengua del mal,
tus labios de la falsedad;
apártate del mal, obra el bien,
busca la paz y corre tras ella. R

SEGUNDA LECTURA

El Espíritu Santo es la fuente de la sabiduría y del discernimiento. Los cristianos deben abrirle su corazón y ser dóciles a él. Sabrán entonces cómo andar por este mundo sin tener que abdicar de sus responsabilidades. Es también el Espíritu el que inspira la oración, empezando por la litúrgica y la acción de gracias que nunca debe cesar.

Daos cuenta de lo que el Señor quiere.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 5,15-20

Hermanos: Fijaos bien cómo andáis; no seáis insensatos, sino sensatos, aprovechando la ocasión, porque vienen días malos. Por eso, no estéis aturdidos, daos cuenta de lo que el Señor quiere.
No os emborrachéis con vino, que lleva al libertinaje. sino dejaos llenar del Espíritu. Recitad, alternando, salmos, himnos y cánticos inspirados; cantad y tocad con toda el alma para el Señor. Dad siempre gracias a Dios Padre por todo, en nombre de nuestro Señor Jesucristo.

Palabra de Dios.

ALELUYA Jn 6,56

Aleluya. Aleluya.
Gloria a ti, Jesús, por tus maravillas.
Tú eres la resurrección y la vida,
el pan que nos libra de la muerte. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
El que come mi carne y bebe mi sangre
habita en mí y yo en él —dice el Señor—. Aleluya.

EVANGELIO

Los cristianos intuyen, desde el principio, que el «Discurso sobre el pan de vida» se refiere a la eucaristía. Esto se hace evidente en el pasaje que leemos hoy: se trata de comer realmente el cuerpo y de beber realmente la sangre de Cristo, el Hijo del hombre, un título que en el cuarto evangelio remite siempre a los misterios inseparables de la encarnación y de la Pascua. Se come la carne de Cristo resucitado y se bebe su sangre bajo los signos, el «sacramento», del pan y el vino eucarísticos.

Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida.

+ Lectura del santo evangelio según san Juan 6,51-58

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: «Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo».
Disputaban los judíos entre sí: «Cómo puede este darnos a comer su carne?». Entonces Jesús les dijo: «Os aseguro que si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él. El Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre; del mismo modo, el que me come vivirá por mí. Este es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre».

Palabra de Dios.

domingo, 12 de agosto de 2012

15/08/2012 - La Asunción de la Virgen María (B)

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Lecturas y Evangelio del domingo

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15 de agosto de 2012

La Asunción de la Virgen María (B)


El culto a los mártires y a los confesores de la fe se introdujo muy pronto en las ancestrales costumbres de veneración a los antepasados y a su memoria. El culto a la Virgen María nació más tarde, debido a la discreción de los evangelios sobre ella. Su papel parece haber terminado una vez que trajo al mundo a su hijo y completó su primera educación, Efectivamente, después de Pentecostés las Escrituras no dicen nada de ella. Sin embargo, no está ausente de la piedad cristiana antigua. La oración Sub tuum praesidium, «Bajo tu protección nos acogemos», se remonta al siglo III. Pero fue el concilio de Efeso (431) el que dio impulso a la devoción mariana, al decretar que María es verdaderamente «madre de Dios», Theotokos en griego. Desde entonces se le dedicaron numerosas iglesias, empezando por Santa María la Mayor, construida en Roma por el papa Sixto III (43 2-440).
El origen de la fiesta de la Asunción es más oscuro. No lejos de Jerusalén, la leyenda señalaba un lugar llamado Koinesis («acto de recostarse para descansar» o «muerte»). Hacia finales del siglo V, el 15 de agosto se celebraba ya una fiesta en la basílica edificada en Getsemaní, donde se suponía que se encontraba la tumba de la Virgen. Se trataba, pues, de la «Dormición» de la Madre de Dios, y no de su entrada en la gloria. El emperador Mauricio (539-602) la impuso a todo el Imperio de Oriente. En Roma, a partir del siglo VI, se encuentra una fiesta mariana el 1 de enero. Hacia el año 660 se introdujo la fecha del 15 de agosto, que, bajo el pontificado de Sergio, de origen sirio (687-702), se llama «la Dormición». El término «Asunción» aparece hacia el 770. Con espíritu abierto, la Santa Sede se ha conformado con tutelar la expresión litúrgica de la piedad mariana: el «calendario romano» en uso hasta el 1 de enero de 1970, contaba al menos con diecinueve fiestas de la Virgen. Con la definición de los dogmas de la Inmaculada Concepción por Pío IX (8 de diciembre de 1854), y de la Asunción por Pío XII (1 de noviembre de 1950), el magisterio romano se comprometió de forma más decisiva. El misal de Pablo VI (1969) ha integrado claramente las fiestas de la Virgen, y en particular la de la Asunción, en la dinámica del misterio de la salvación, objeto primordial de la fe cristiana y de la liturgia. María, sierva perfecta del Señor y madre de Dios, la primera salvada, ha sido también la primera asociada a la gloria de su Hijo.

Misa vespertina de la vigilia.

PRIMERA LECTURA

En el marco de la fiesta de este día, el traslado solemne del arco de la alianza al santuario de Jerusalén evoca la entronización en el cielo de la Virgen María, el «arca» que llevó en su seno a la Palabra de Dios. Quien preside esta liturgia y bendice al pueblo es el Señor mismo, representado por David.

Bendijo al pueblo en nombre del Señor.

Lectura del primer libro de las Crónicas 15.3-4.15-16:16.1-2

En aquellos días, David congregó en Jerusalén a todos los israelitas, para trasladar el arca del Señor al lugar que le había preparado. Luego reunió a los hijos de Aarón y a los levitas. Luego los levitas se echaron los varales a los hombros y levantaron en peso el arca de Dios, tal como había mandado Moisés por orden del Señor.
David mandó a los jefes de los levitas organizar a los cantores de sus familias, para que entonasen cantos festivos acompañados de instrumentos, arpas, cítaras y platillos.
Metieron el arca de Dios y la instalaron en el centro de la tienda que David le había preparado. Ofrecieron holocaustos y sacrificios de comunión a Dios y, cuando David terminó de ofrecerlos, bendijo al pueblo en nombre del Señor.

Palabra de Dios.

SALMO

El Señor introduce en su descanso a la que ha sido su morada.

Salmo 131, 6-7. 9-10. 13-14 (R. 8)

R
Levántate, Señor, ven a tu mansión,
ven con el arca de tu poder.

Oímos que estaba en Efrata,
la encontramos en el Soto de Jaar.:
entremos en su morada,
postrémonos ante el estrado de sus pies. R

Que tus sacerdotes se vistan de gala,
que tus fieles vitoreen.
Por amor a tu siervo David,
no niegues audiencia a tu Ungido. R

Porque el Señor ha elegido a Sión,
ha deseado vivir en ella:
«Esta es mi mansión por siempre,
aquí viviré, porque la deseo». R

SEGUNDA LECTURA

Este himno a Dios, vencedor de la muerte por Jesucristo, es hoy el canto de acción de gracias de la Iglesia que celebra la entrada de la Virgen en el cielo.

Demos gracias a Dios.

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 15,54-57

Hermanos: Cuando esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra escrita: «La muerte ha sido absorbida en la victoria. ¿Dónde está, muerte, tu victoria? ¿Dónde está, muerte, tu aguijón?». El aguijón de la muerte es el pecado, y la fuerza del pecado es la Ley. ¡Demos gracias a Dios, que nos da la victoria por nuestro Señor Jesucristo!

Palabra de Dios.

ALELUYA Lc 11,28

Aleluya. Aleluya.
Dichosa la Virgen María, la Madre de Dios,
que escuchó la palabra
y la conservó en su corazón. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Dichosos los que escuchan la palabra de Dios
y la cumplen. Aleluya.

EVANGELIO

Los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen participan de la bienaventuranza de la Madre de Jesús.

Dichosos los que escuchan la palabra de Dios.

+ Lectura del santo evangelio según san Lucas 11,27-28

En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba a las gentes, una mujer de entre el gentío levantó la voz, diciendo: «Dichoso el vientre que te llevó y los pechos que te criaron». Pero él repuso: «Mejor, dichosos los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen».

Palabra de Dios.

Misa del día.

PRIMERA LECTURA

Dos imágenes se superponen en esta visión. Por una parte, la de la mujer que da a luz, con miedo y con dolor a un niño amenazado por el poder extraordinario de un terrible dragón. Se refiere a la Iglesia, cuyos hijos han de temer siempre los asaltos del Enemigo, que busca su perdición. Por otra parte, la de la mujer madre del pastor que preserva a los suyos de todo peligro. Se refiere entonces a María, sobre quien el mal no hizo mella alguna y que trajo al mundo al Salvado, Pero las dos visiones misteriosas se funden y difuminan para dejar paso a la gloria de Dios y de su Cristo, hacia quien se eleva una vibrante acción de gracias.

Una mujer vestida del sol, la luna por pedestal.

Lectura del libro del Apocalipsis 11, 19a; 12,1 -6a. 10ab

Se abrió en el cielo el santuario de Dios y en su santuario apareció el arca de la alianza. Después apareció una figura portentosa en el cielo: Una mujer vestida de sol, la luna por pedestal, coronada con doce estrellas. Apareció otra señal en el cielo: Un enorme dragón rojo, con siete cabezas y diez cuernos y siete diademas en las cabezas. Con la cola barrió del cielo un tercio de las estrellas, arrojándolas a la tierra. El dragón estaba enfrente de la mujer que iba a dar luz, dispuesto a tragarse el niño en cuanto naciera. Dio a luz un varón, destinado a gobernar con vara de hierro a los pueblos. Arrebataron al niño y lo llevaron junto al trono de Dios. La mujer huyó al desierto, donde tiene un lugar reservado por Dios. Se oyó una gran voz en el cielo: "Ahora se estableció la salud y el poderío, y el reinado de nuestro Dios, y la potestad de su Cristo."

Palabra de Dios.

SALMO

Poema para la entrada de María en el palacio de su Señor.

Salmo 44, 9. 10-11. 15 (R: 9b)

R
De pie a tu derecha está la reina,
enjoyada con oro de Ofir.

Hijas de reyes salen a tu encuentro,
de pie a tu derecha está la reina,
enjoyada con oro de Ofir. R

Escucha, hija, mira: inclina el oído,
olvida tu pueblo y la casa paterna;
prendado está el rey de tu belleza:
póstrate ante él, que él es tu Señor. R

Las traen entre alegría y algazara,
van entrando en el palacio real. R

SEGUNDA LECTURA

Cada uno en el lugar que le corresponda, todos resucitarán, porque Cristo cabeza de la humanidad nueva, y resucitado de entre los muertos, abrió el camino de la vida que no acaba. Lo que hoy es objeto de fe y esperanza aparecerá un día a plena luz.

Primero Cristo como primicia; después todos los que son de Cristo.

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 15,20-27a

Hermanos: Cristo resucitó de entre los muertos: el primero de todos. Si por un hombre vino la muerte, por un hombre ha venido la resurrección. Si por Adán murieron todos, por Cristo todos volverán a la vida. Pero cada uno en su puesto: primero Cristo, como primicia; después, cuando él vuelva, todos los que son de Cristo; después los últimos, cuando Cristo devuelva a Dios Padre su reino, una vez aniquilado todo principado, poder y fuerza.
Cristo tiene que reinar hasta que Dios haga de sus enemigos estrado de sus pies. El último enemigo aniquilado será la muerte. Porque Dios ha sometido todo bajo sus pies.

Palabra de Dios.

ALELUYA

Aleluya. Aleluya
Hoy el Señor se ha acordado de su misericordia.
Ha mirado la humillación de su esclava.
Todas las generaciones la felicitan. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
María ha sido llevada al cielo,
se alegra el ejercito de los ángeles. Aleluya.

EVANGELIO

No hay nada de anecdótico en el relato del encuentro de María con su prima, de quienes, no obstante, se dice que permanecieron juntas «unos tres meses». Tampoco el evangelista hace ningún comentario. Basta el saludo que Isabel dirige a la Madre de Dios y el cántico que se eleva del corazón de la humilde esclava del Señor Todas las generaciones felicitan a María, la proclaman ben- dita entre las mujeres, y nunca se cansan de dirigirse a ella pidiéndole que permanezca cerca de ellos y que interceda ante su Hijo por las pecadores, acordándose de su misericordia. La Iglesia puede entonar también su «magníficat», dando gracias por las «obras grandes» que el Espíritu Santo no cesa de realizar en favor de los creyentes.

El Poderoso ha hecho obras grandes por mí; enaltece a los humildes.

+ Lectura del santo evangelio según san Lucas 1,39-56

En aquellos días, María se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá; entró en casa de Zacarías y saludo a Isabel. En cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo y dijo a voz en grito: "¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Dichosa tú, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá."
María dijo: "Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humillación de su esclava. Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo, y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación. Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos. Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia -como lo había prometido a nuestros padres- en favor de Abrahán y su descendencia para siempre." María se quedó con Isabel unos tres meses y después volvió a su casa.

Palabra de Dios.

lunes, 6 de agosto de 2012

12/08/2012 - 19º domingo Tiempo ordinario (B)

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Lecturas y Evangelio del domingo

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12 de agosto de 2012

19º domingo Tiempo ordinario (B)


La fe no se impone; es una gracia, un don absolutamente gratuito de Dios. Ocurre con ella lo mismo que con el amor. Los que creen y los que aman pueden dar numerosas explicaciones. Pero las «razones» para creer y para amar son de un orden totalmente distinto del puramente racional. Se puede rechazar el don de la fe y del amor, cerrarle el corazón. Pero nada ni nadie puede obligar a acogerlo. Ni siquiera Dios cuando se trata de la fe, respuesta libre a sus llamadas, compromiso personal.
Jesús no trata de convencer por la fuerza de los argumentos a los que lo critican cuando dice: «Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo». Los remite a la experiencia de sus padres, alimentados con el maná durante los cuarenta años del éxodo, ese inolvidable milagro cotidiano conmemorado con ocasión de la Pascua anual. Ellos saben que este alimento celeste permitió la supervivencia del pueblo mientras estuvo peregrinando por el desierto, pero fue al mismo tiempo una prueba para su fe. Fueron muchos los que murmuraron contra Dios y contra Moisés, su enviado. Lo que Jesús dice de sí mismo, que es «el pan vivo que ha bajado del cielo», es ciertamente excesivo en comparación con lo que hasta entonces se había oído. Pero el recuerdo de las maravillas realizadas en otro tiempo por Dios y la esperanza de otras aún mayores, la espera de un nuevo Moisés, de un profeta superior al mismo Elías, deberían haber movido a los oyentes de Jesús, al menos, a escucharlo atentamente. En cualquier caso, él no se detiene en recriminaciones. Pasando de una afirmación a otra, cada vez más clara y explícita, continúa su discurso sin restar nada a lo que había empezado a decir, sin suavizar ni edulcorar de ningún modo el sentido y el realismo de sus palabras.
San Juan las ha recogido sin duda para que los cristianos se impregnen de ellas, las mediten, escruten sin cesar su insondable riqueza y confronten su fe con esta revelación sobre el pan de vida. Se percibe en estas páginas un resumen de la enseñanza del apóstol a los fieles reunidos para celebrar la cena del Señor. Sea como fuere, hoy esta página del evangelio se proclama en la asamblea que celebra la eucaristía, «misterio de la fe», viático para el camino hacia el monte del encuentro con Dios, sacramento del amor a imitación de Cristo, que nos amó hasta entregarse por nosotros.

PRIMERA LECTURA

El desierto, cuarenta días, un pan que viene del cielo y que da fuerzas para llegar hasta el monte del encuentro con Dios: son detalles que hacen pensar en el éxodo y en el maná. Además, Elías, profeta sin igual, es considerado en los dos testamentos como precursor y figura del Mesías.

Con la fuerza de aquel alimento caminó hasta el monte de Dios.

Lectura del libro primero de Reyes. 19, 4-8.

En aquellos días, Elías continuó por el desierto una jornada de camino, y al final se sentó bajo una retama, y se deseó la muerte diciendo:
- Basta ya, Señor, quítame la vida, pues yo no valgo más que mis padres.
Se echó debajo de la retama y se quedó dormido. De pronto un ángel lo tocó y le dijo:
- Levántate, come.
Miró Elías y vio a su cabecera un pan cocido en las brasas y una jarra de agua. Comió, bebió y volvió a echarse. Pero el ángel del Señor le tocó por segunda vez diciendo:
- Levántate, come, que el camino es superior a tus fuerzas.
Se levantó Elías, comió y bebió, y con la fuerza de aquel alimento caminó cuarenta días y cuarenta noches, hasta el Horeb, el monte de Dios.

Palabra de Dios.

SALMO

Las palabras se agolpan en los labios del creyente al proclamar su agradecimiento a Dios: bendecir alabar ensalzar al Seño, gustar su bondad.

Salmo 33, 2-3. 4-5. 6-7. 8-9

R
Gustad y ved qué bueno es el Señor.

Bendigo al Señor en todo momento,
su alabanza está siempre en mi boca.
Mi alma se gloría en el Señor:
ue los humildes lo escuchen y se alegren. R

Proclamad conmigo la grandeza del Señor,
ensalcemos juntos su nombre.
Yo consulté al Señor y me respondió;
me libró de todas mis ansias. R

Contempladlo y quedaréis radiantes,
vuestro rostro no se avergonzará.
Si el afligido invoca al Señor, él lo escucha
y lo salva de sus angustias.  R

El ángel del Señor acampa
en torno a sus fieles, y los protege.
Gustad y ved qué bueno es el Señor,
dichoso el que se acoge a él. R

SEGUNDA LECTURA

Fidelidad al Espíritu recibido en el bautismo, imitación de Dios y de Cristo, cuya obra entera está inspirada en el amor: esta es la moral cristiana.

Vivid en el amor, como Cristo.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 4,30-5,2

Hermanos:
No pongáis triste al Espíritu Santo. Dios os ha marcado con él para el día de la liberación final.
Desterrad de vosotros la amargura, la ira, los enfados e insultos y toda la maldad. Sed buenos, comprensivos, perdonándoos unos a otros como Dios os perdonó en Cristo.
Sed imitadores de Dios, como hijos queridos, y vivid en el amor como Cristo os amó y se entregó por nosotros como oblación y víctima de suave olor.

Palabra de Dios.

ALELUYA Jn 6,51

Aleluya. Aleluya.
Señor Jesús, tú procedes del Padre:
el que cree en ti tiene vida eterna. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo
—dice el Señor—;
el que coma de este pan vivirá para siempre. Aleluya.

EVANGELIO

Jesús no entra en discusión con aquellos a quienes escandalizan sus palabras. Les recuerda las promesas pronunciadas por los profetas y lo que la Escritura dice del maná, el pan bajado del cielo. De este modo pretende, no convencerlos por medio de argumentos irrefutables, sino lograr que se interroguen honradamente, sin prejuicios, sobre el sentido del «signo» de la multiplicación de los panes y sobre su verdadero origen. Porque es el Padre quien da la gracia para admitir sin reticencias sus palabras. Apela a su fe cuando proclama: «Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; yo soy el pan de la vida; el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo».

Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo.

+ Lectura del santo evangelio según san Juan 6,41-51

En aquel tiempo, los judíos criticaban a Jesús porque había dicho: «Yo soy el pan bajado del cielo», y decían:
- «¿No es éste Jesús, el hijo de José? ¿No conocemos a su padre y a su madre? ¿Cómo dice ahora que ha bajado del cielo?».
Jesús tomó la palabra y les dijo:
- «No critiquéis. Nadie puede venir a mí, si no lo trae el Padre que me ha enviado.
Y yo lo resucitaré el último día.
Está escrito en los profetas: 'Serán todos discípulos de Dios'.
Todo el que escucha lo que dice el Padre y aprende viene a mí.
No es que nadie haya visto al Padre, a no ser el que procede de Dios: ése ha visto al Padre.
Os lo aseguro: el que cree tiene vida eterna.
Yo soy el pan de la vida. Vuestros padres comieron en el desierto el maná y murieron: éste es el pan que baja del cielo, para que el hombre coma de él y no muera.
Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre.
Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo».

Palabra de Dios.

sábado, 4 de agosto de 2012

06/08/2012 - LA TRANSFIGURACION DEL SENOR (B)

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6 de agosto de 2012

LA TRANSFIGURACION DEL SENOR (B)


El origen de esta fiesta, celebrada desde el siglo IV por los monjes cristianos que vivían en el desierto, se sitúa en Oriente. El misterio de la Transfiguración ocupaba un lugar muy importante en su espiritualidad y en su mística. Efectivamente, se dedicaban a contemplar la gloria de Dios en el Señor transfigurado, llevando una vida unificada por la oración, en particular la invocación incesante del nombre de Jesús. La fiesta de la Transfiguración la celebraban desde el siglo X las Iglesias de la Península Ibérica, en particular la de Vich, en Cataluña, así como numerosas diócesis de Francia e Italia. Pedro el Venerable la instauró muy pronto en Cluny, de donde era abad (1122-1156), componiendo incluso todo un oficio para este día. El papa Calixto III (1455-1458), que había vivido mucho tiempo en la diócesis de Lérida, cercana a la de Vich, la introdujo en Roma, y en 1457 mandó que se celebrara en toda la Iglesia latina.
El segundo domingo de Cuaresma, la lectura del evangelio de la Transfiguración recuerda que la humillación y la Pasión de Cristo no deben considerarse ni celebrarse nunca olvidando que el Señor entró en la gloria a través de la muerte. La celebración del 6 de agosto, cuarenta días antes de la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz (el 14 de septiembre), es totalmente una celebración pascual. Por otra parte, es desde la luz de la Pascua desde donde san Mateo, san Marcos y san Lucas contemplan el acontecimiento. El relato de cada uno de los evangelistas presenta acentos particulares por los que conviene no pasar de largo. Pero en todos ellos hay un fondo común. La Transfiguración del Señor se sitúa después de la confesión de Pedro en Cesarea y el primer anuncio de la Pasión. Y tiene por testigos a Pedro, a Santiago y a Juan, que son quienes presencian también el retorno a la vida de la hija de Jairo y se encuentran en Getsemaní en el momento de la agonía de Jesús.
En el bautismo somos recreados a imagen de Cristo (2Co 4,17). Después el hombre interior se renueva en nosotros día tras día, y las pruebas del tiempo presente preparan nuestra participación en la gloria del Señor transfigurado (2Co 4,17). La liturgia, y especialmente la eucaristía, sacramento pascual por excelencia, es su promesa y prenda que no cesa de ofrecérsenos.

PRIMERA LECTURA

En medio de la prueba, es necesario saber descubrir la cara oculta de los acontecimientos, o más bien volver la mirada hacia aquel a quien el autor del libro de Daniel describe «como un hijo de hombre». Este título misterioso evoca un personaje en quien y por quien todos los humillados y perseguidos tendrán parte en la gloria de Dios. El mismo Jesús se presentará a menudo como «el Hijo del hombre», que ha de sufrir mucho pero que será exaltado a la derecha de Dios, adonde conducirá a los que crean en él y lo sigan.

Su vestido era blanco como nieve.

Lectura de la profecía de Daniel 7,9-10.13-14

Durante la visión, vi que colocaban unos tronos, y un anciano se sentó; su vestido era blanco como nieve, su cabellera como lana limpísima; su trono, llamas de fuego; sus ruedas, llamaradas. Un río impetuoso de fuego brotaba delante de él. Miles y miles le servían, millones estaban a sus órdenes. Comenzó la sesión y se abrieron los libros.
Mientras miraba, en la visión nocturna vi venir en las nubes del cielo como un hijo de hombre, que se acercó al anciano y se presentó ante él.
Le dieron poder real y dominio; todos los pueblos, naciones y lenguas lo respetarán. Su dominio es eterno y no pasa, su reino no tendrá fin.

Palabra de Dios.

SALMO

«Tiniebla y nube rodean» aún hoy la gloria del Señor Un día todos los pueblos
lo verán en su pleno resplandor.

Salmo 96, 1-2. 5-6. 9 (R : cf. 9 ab)

R
El Señor reina, altísimo sobre toda la tierra.

El Señor reina, la tierra goza,
se alegran las islas innumerables.
Tiniebla y nube lo rodean,
justicia y derecho sostienen su trono. R

Los montes se derriten como cera
ante el dueño de toda la tierra;
los cielos pregonan su justicia,
y todos los pueblos contemplan su gloria. R

Porque tú eres, Señor,
altísimo sobre toda la tierra,
encumbrado sobre todos los dioses. R

SEGUNDA LECTURA

«Nosotros somos testigos oculares del Señor resucitado», dirán los apóstoles para acreditar su predicación. «Lo contemplamos en la montaña de la Transfiguración y oímos la voz traída del cielo», proclama el mismo Pedro. «Escuchad, pues, lo que os anunciamos. Nuestro mensaje viene de lo alto».

Esta voz del cielo la oímos nosotros.

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pedro 1,16-19

Queridos hermanos:
Cuando os dimos a conocer el poder y la última venida de nuestro Señor Jesucristo, no nos fundábamos en fábulas fantásticas, sino que habíamos sido testigos oculares de su grandeza.
Él recibió de Dios Padre honra y gloria, cuando la Sublime Gloria le trajo aquella voz: «Éste es mi Hijo amado, mi predilecto». Esta voz, traída del cielo, la oímos nosotros, estando con él en la montaña sagrada.
Esto nos confirma la palabra de los profetas, y hacéis muy bien en prestarle atención, como a una lámpara que brilla en un lugar oscuro, hasta que despunte el día, y el lucero nazca en vuestros corazones.

Palabra de Dios.

ALELUYA Mt 17,5c

Aleluya. Aleluya.
¡Qué bien se está aquí!
Escuchemos la palabra del Hijo amado. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Este es mi Hijo. el amado. mi predilecto.
Escuchadlo. Aleluya.

EVANGELIO

Una serie de alusiones establece un notable paralelismo entre Jesús en la montaña de la Transfiguración y Moisés en el Sinaí. En ambos casos hay tres testigos (Ex 34,29; Mt 17,1). Al igual que el rostro de Moisés, el de Jesús irradia una luz resplandeciente (Ex 34,29; Mt 17,2). Aún más que a Moisés se ha de escuchar a Jesús (Dt 18,15; Mt 17,5). Porque él es el nuevo legislador que no ha venido a abolir la Ley, sino a darle plenitud (Mt 5,17). Moisés y los profetas, representados aquí por Elías, dan testimonio de él.

Su rostro resplandecía como el sol.

Lectura del santo evangelio según san Mateo 17,1-9

En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan y se los llevó aparte a una montaña alta.
Se transfiguró delante de ellos y su rostro resplandecía como el sol y sus vestidos se volvieron blancos como la luz.
Y se les aparecieron Moisés y Elías conversando con él.
Pedro, entonces, tomó la palabra y dijo a Jesús:
- Señor, ¡qué hermoso es estar aquí! Si quieres, haré tres chozas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.
Todavía estaba hablando cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra, y una voz desde la nube decía:
- Éste es mi Hijo, el amado, mi predilecto. Escuchadlo.
Al oírlo, los discípulos cayeron de bruces, llenos de espanto.
Jesús se acercó y tocándolos les dijo:
- Levantaos, no temáis.
Al alzar los ojos no vieron a nadie más que a Jesús solo.
Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó:
- No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos.

Palabra de Dios.

O Bien.

En el evangelio según san Marcos, cuando Jesús se bautiza en el Jordán, la voz que viene del cielo se dirige a él (Mc 1,11). En la montaña de la Transfiguración es a los discípulos a quienes dice: «Este es mi Hijo amado». Esta efímera manifestación de la gloria del Señor no puede ser plenamente entendida y proclamada sin haber reconocido antes al Hijo de Dios en el crucificado del Gólgota. San Marcos insiste reiteradamente en la ambigüedad de un anuncio prematuro, que corre el riesgo de obviar los sufrimientos del Mesías.

Este es mi Hijo amado; escuchadlo.

Lectura del santo evangelio según san Marcos 9,2-10

En aquel tiempo, Jesús se llevó a Pedro, a Santiago y a Juan, subió con ellos solos a una montaña alta, y se transfiguró delante de ellos, Sus vestidos se volvieron de un blanco deslumbrador, como no puede dejarlos ningún batanero del mundo.
Se les aparecieron Elías y Moisés, conversando con Jesús. Entonces Pedro tomó la palabra y le dijo a Jesús: «Maestro. ¡qué bien se está aquí! Vamos a hacer tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías». Estaban asustados, y no sabía lo que decía. Se formé una nube que los cubrió, y salió una voz de la nube: «Este es mi Hijo amado; escuchadlo».
De pronto, al mirar alrededor, no vieron a nadie más que a Jesús, solo con ellos. Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó: «No contéis a nadie lo que habéis visto, hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos». Esto se les quedó grabado, y discutían qué querría decir aquello de «resucitar de entre los muertos».

Palabra de Dios.