lunes, 24 de septiembre de 2012

30/09/2012 - 26º domingo Tiempo ordinario (B)

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Lecturas y Evangelio del domingo

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30 de septiembre de 2012

26º domingo Tiempo ordinario (B)


Según cuenta el libro de los Números, un día dos de los «ancianos» nombrados por Moisés para ayudarlo en el gobierno del pueblo se quedaron en el campamento en lugar de acudir a la «tienda del encuentro», lugar habitual de las manifestaciones del Señor. Pero ocurrió que también ellos, llenos del Espíritu, se pusieron a profetizar. «Esto es intolerable! ¡Manda que se callen!», dice Josué a Moisés. Pero él le contesta: «Nada de eso! Más bien hay que admirar la soberana libertad de Dios, que no se deja limitar por nada. Anhelad conmigo el día en que todos sin distinción se conviertan en profetas».
No nos sorprenda la reacción de Josué. Sabemos que, con bastante naturalidad, reaccionamos como si tuviéramos la exclusiva de los dones de la gracia. Por eso también los Doce quisieron impedir que un hombre echara demonios «en nombre de Jesús», porque no era de los suyos. Tal estrechez de espíritu está en contradicción con el mismo comportamiento de Jesús y con su enseñanza. Todo el que ejerza la caridad y la misericordia tendrá su recompensa. El Señor reconoce como suyo, ya desde ahora, a todo el que libra al prójimo de sus indigencias, no sólo espirituales, sino también materiales. En cambio, rechaza a los que pretenden pertenecerle a él y son motivo de caída para los demás, sobre todo para los más débiles, con los que él se identifica. La manera de comportarse con «estos pequeñuelos» es el criterio último de la autenticidad de la fe y de la pertenencia a Cristo. Pero uno mismo tiene que liberarse de todo lo que pueda ser para él ocasión de pecado.
Ciertamente —Jesús no cesa de repetirlo—, es del corazón de donde proceden los pensamientos y las intenciones que inspiran y cualifican los actos. Pero también hay que tener en cuenta el cuerpo, y dominar sus impulsos. Igualmente hay que luchar contra la seducción de los ídolos, entre los cuales uno de los más peligrosos y voraces es el dinero (Mt 6,24). Los que poseen riquezas se encuentran especialmente en peligro de perderse.
Todo esto lo enseñó Jesús, no sólo con palabras, sino con obras. Acogiendo a todos, «a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios; al contrario, se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos» (Flp 2,6) para enriquecemos con su pobreza.

PRIMERA LECTURA

Ningún recinto, por sagrado que sea, puede aprisionar al Espíritu. Hay que alegrarse de su libertad.

¿Estás celoso de mí? ¡Ojalá todo el pueblo del Señor fuera profeta!

Lectura del libro de los Números 11,25-29

En aquellos días, el Señor bajó en la nube, habló con Moisés y, apartando algo del espíritu que poseía, se lo pasó a los setenta ancianos. Al posarse sobre ellos el espíritu, se pusieron a profetizar enseguida.
Habían quedado en el campamento dos del grupo, llamados Eldad y Medad. Aunque estaban en la lista, no habían acudido a la tienda. Pero el espíritu se posó sobre ellos, y se pusieron a profetizar en el campamento. Un muchacho corrió a contárselo a Moisés: «Eldad y Medad están profetizando en el campamento». Josué, hijo de Nun, ayudante de Moisés desde joven, intervino: «Señor mío, Moisés, prohíbeselo». Moisés le respondió: «¿Estás celoso de mí? ¡Ojalá todo el pueblo del Señor fuera profeta y recibiera el espíritu del Señor!».

Palabra de Dios.

SALMO

Que Dios nos ayude a descubrir ya expulsar de nosotros toda fornia de orgullo y de intolerancia.

Salmo 18,8.10.12-13.14

R
Los mandatos del Señor son rectos y alegran el corazón.

La ley del Señor es perfecta
y es descanso del alma;
el precepto del Señor es fiel
e instruye al ignorante. R

La voluntad del Señor es pura
y eternamente estable;
los mandamientos del Señor son verdaderos
y enteramente justos. R

Aunque tu siervo vigila
para guardarlos con cuidado,
¿quién conoce sus faltas?
Absuélveme de lo que se me oculta. R

Preserva a tu siervo de la arrogancia,
para que no me domine:
así quedaré libre e inocente
del gran pecado. R

SEGUNDA LECTURA

«No podéis servir a Dios y al dinero», dice Jesús (Mt 6,24). Son, pues, dignos de compasión los que poseen riquezas, porque, si no están alerta, esta posesión puede poner en peligro su pertenencia al Señor y su futuro eterno,

Vuestra riqueza está corrompida.

Lectura de la carta del apóstol Santiago 5,1-6

Ahora, vosotros, los ricos, llorad y lamentaos por las desgracias que os han tocado. Vuestra riqueza está corrompida y vuestros vestidos están apolillados. Vuestro oro y vuestra plata están herrumbrados, y esa herrumbre será un testimonio contra vosotros y devorará vuestra carne como el fuego.
¡Habéis amontonado riqueza, precisamente ahora, en el tiempo final! El jornal defraudado a los obreros que han cosechado vuestros campos está clamando contra vosotros; y los gritos de los segadores han llegado hasta el oído del Señor de los ejércitos.
Habéis vivido en este mundo con lujo y entregados al placer. Os habéis cebado para el día de la matanza. Condenasteis y matasteis al justo; él no os resiste.

Palabra de Dios.

ALELUYA Jn 17,17b.a

Aleluya. Aleluya.
Con un corazón sencillo,
acojamos la palabra de Dios
que nadie podrá nunca encadenar Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Tu palabra, Señor, es verdad;
conságranos en la verdad. Aleluya.

EVANGELIO

Las palabras que Jesús dirigió en su momento a los Doce tienen ahora un alcance eclesial. La Iglesia no tiene el monopolio del bien, pues el Espíritu actúa también fuera de sus fronteras. En el día del juicio Dios reconocerá como suyos a todos los que hayan actuado con los demás movidos por el amor. Por el contrario, dar mal ejemplo, sobre todo a los débiles, es algo imperdonable. Finalmente, hay que erradicar sin piedad todo lo que en sí mismo es causa de pecado.

El que no está contra nosotros está a favor nuestro. Si tu mano te quiere hacer caer, córtatela.

+ Lectura del santo evangelio según san Marcos 9,38-43.45.47-48

En aquel tiempo, dijo Juan a Jesús: «Maestro, hemos visto a uno que echaba demonios en tu nombre, y se lo hemos querido impedir, porque no es de los nuestros». Jesús respondió: «No se lo impidáis, porque uno que hace milagros en mi nombre no puede luego hablar mal de mí. El que no está contra nosotros está a favor nuestro.
Y, además, el que os dé a beber un vaso de agua, porque seguís al Mesías, os aseguro que no se quedará sin recompensa. El que escandalice a uno de estos pequeñuelos que creen, más le valdría que le encajasen en el cuello una piedra de molino y lo echasen al mar.
Si tu mano te hace caer, córtatela: más te vale entrar manco en la vida, que ir con las dos manos al infierno, al fuego que no se apaga. Y, si tu pie te hace caer, córtatelo: más te vale entrar cojo en la vida, que ser echado con los dos pies al infierno, Y, si tu ojo te hace caer, sácatelo: más te vale entrar tuerto en el reino de Dios, que ser echado con los dos ojos al infierno, donde el gusano no muere y el fuego no se apagas’.

Palabra de Dios.

lunes, 17 de septiembre de 2012

23/09/2012 - 25º domingo Tiempo ordinario (B)

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Lecturas y Evangelio del domingo

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23 de septiembre de 2012

25º domingo Tiempo ordinario (B)


Hoy y el próximo domingo se lee casi íntegramente lo que en el evangelio según san Marcos (9,33-50) correspondes más brevemente, al «Discurso eclesiástico» del evangelio según san Mateo (18,1-35). Son enseñanzas sobre cómo deben comportarse los discípulos unos con otros en la comunidad cristiana. El fundamento de esta conducta es la fe en Cristo, Mesías crucificado y resucitado, que ha abierto el único camino de salvación, por el que hay que ir para alcanzar, con él, la vida junto al Padre.
Este mensaje contradice radicalmente la mentalidad humana. Traducirlo a la conducta concreta de la vida va contra las leyes y costumbres del mundo. Incluso los que creen en Cristo tienen dificultades para admitir que tuviera que rebajarse tanto y, sobre todo, que su conducta personal deba inspirarse en principios tan opuestos a los valores que rigen la sociedad en que se mueven. Si se amoldan a la paradójica sabiduría del evangelio, los tachan de locos o aguafiestas, y hasta perturbadores del orden establecido, que cuestionan con su forma de actuar. Entonces se intenta por todos los medios hacerlos callar, desacreditándolos, a veces suprimiéndolos, y hoy, con mayor frecuencia, marginándolos y neutralizándolos. En ocasiones se llega, incluso, a ponerlos en contradicción con Dios, como si él fuera el garante de esas estructuras denunciadas por los fieles discípulos de Cristo. No hay que extrañarse. La fe que actúa tiene siempre valor profético, y todo profeta sufre hostilidad, a menudo violenta, siempre seriamente ignominiosa.
Sin embargo, la experiencia debería mostrar que la supuesta locura evangélica es la suprema sabiduría. La codicia, la intolerancia, la envidia, el sometimiento a los instintos humanos de posesión y dominio, siempre han engendrado guerras y conflictos, encubiertos o declarados, no sólo en el mundo, sino también en las comunidades cristianas y en la misma Iglesia.
Los frutos de la paz y la justicia maduran lentamente, pero con firmeza, cuando cada cual, en vez de intentar dominar a los otros, se hace humilde «servidor de todos». Las comunidades cristianas, la Iglesia, «sierva y pobre», deben ofrecer al mundo una imagen de la ciudad desde lo alto.

PRIMERA LECTURA

Los que hacen el mal no soportan los reproches y, sobre todo, el comportamiento del justo. Si los malos tratos no bastan para reducirlo al silencio o para hacerlo cambiar de conducta, llegan incluso a acabar con él, retando a Dios a tomar partido contra ellos.

Lo condenaremos a muerte ignominiosa.

Lectura del libro de la Sabiduría 2,12.17-20

Se dijeron los impíos:
«Acechemos al justo, que nos resulta incómodo:
se opone a nuestras acciones,
nos echa en cara nuestros pecados,
nos reprende nuestra educación errada;
veamos si sus palabras son verdaderas,
comprobando el desenlace de su vida.
Si es el justo hijo de Dios, lo auxiliará
y lo librará del poder de sus enemigos;
lo someteremos a la prueba de la afrenta y la tortura,
para comprobar su moderación
y apreciar su paciencia;
lo condenaremos a muerte ignominiosa,
pues dice que hay quien se ocupa de él».

Palabra de Dios.

SALMO

Un vivo retrato de nuestro Dios, que escucha las súplicas y auxilia, hace justicia y salva. El es bueno.

Salmo 53,3-4.5.6.8 (R: 6b)

R
El Señor sostiene mi vida.

Oh Dios, sálvame por tu nombre,
sal por mí con tu poder.
Oh Dios, escucha mi súplica,
atiende a mis palabras. R

Porque unos insolentes se alzan contra mí,
y hombres violentos me persiguen a muerte,
sin tener presente a Dios. R

Pero Dios es mi auxilio,
el Señor sostiene mi vida.
Te ofreceré un sacrificio voluntario,
dando gracias a tu nombre, que es bueno. R

SEGUNDA LECTURA

Como la fe, «la sabiduría que viene de arriba» se traduce en obras. El derecho, la paz, la tolerancia, la justicia, la misericordia, son sus frutos. Se opone a la codicia, fuente de todos los males. La oración que ella inspira es escuchada, porque pide los verdaderos bienes.

Los que procuran la paz están sembrando la paz; y su fruto es la justicia.

Lectura de la carta del apóstol Santiago 3,16-4,3

Queridos hermanos: Donde hay envidias y rivalidades, hay desorden y toda clase de males. La sabiduría que viene de arriba ante todo es pura y, además, es amante de la paz, comprensiva, dócil, llena de misericordia y buenas obras, constante, sincera.
Los que procuran la paz están sembrando la paz, y su fruto es la justicia. ¿De dónde proceden las guerras y las contiendas entre vosotros? ¿No es de vuestras pasiones, que luchan en vuestros miembros? Codiciáis y no tenéis; matáis, ardéis en envidia y no alcanzáis nada; os combatís y os hacéis la guerra. No tenéis, porque no pedís. Pedís y no recibís, porque pedís mal, para dar satisfacción a vuestras pasiones.

Palabra de Dios.

ALELUYA 2Ts 2,14

Aleluya. Aleluya.
Gloria a Cristo, nuestro Señor y Maestro,
que se ha hecho servidor de todos. Aleluya.

Aleluya, aleluya,
Dios nos llamó por medio del Evangelio,
para que sea nuestra la gloria
de nuestro Señor Jesucristo. Aleluya.

EVANGELIO

El primer anuncio de la Pasión impresionó profundamente a los discípulos (evangelio del domingo pasado). El segundo los desconcierta, porque comprenden que seguir a Jesús significa hacerse, como él, servidores de todos.

El Hijo del hombre va a ser entregado... El que quiera ser el primero, que sea el servidor de todos.

+ Lectura del santo evangelio según san Marcos 9,30-37

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos se marcharon de la montaña y atravesaron Galilea; no quería que nadie se enterase, porque iba instruyendo a sus discípulos. Les decía: «El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres, y lo matarán; y, después de muerto, a los tres días resucitará». Pero no entendían aquello, y les daba miedo preguntarle.
Llegaron a Cafarnaún, y, una vez en casa, les preguntó: «¿De qué discutíais por el camino?». Ellos no contestaron, pues por el camino habían discutido quién era el más importante. Jesús se sentó, llamó a los Doce y les dijo: «Quien quiera ser primero, que sea el último de todos y el servidor de todos». Y, acercando a un niño, lo puso en medio de ellos, lo abrazó y les dijo: «El que acoge a un niño como este en mi nombre me acoge a mí; y el que me acoge a mí no me acoge a mí, sino al que me ha enviado».

Palabra de Dios.

lunes, 10 de septiembre de 2012

16/09/2012 - 24º domingo Tiempo ordinario (B)

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16 de septiembre de 2012

24º domingo Tiempo ordinario (B)


¿Quién es Jesús? Desde el principio, el evangelio según san Marcos orienta hacia esta pregunta. A mitad del camino por el que el evangelista conduce al lector, la pregunta recibe una primera respuesta explícita. Un día, en Cesarea de Felipe, ante las diversas opiniones de los otros, Jesús insta a sus discípulos a pronunciarse: «Y vosotros, ¿quién decís que soy?». Pedro hace de portavoz: «Tú eres el Mesías». Es una buena respuesta, con tal que se entienda bien lo que significa e implica este título tradicional, aplicado al enviado de Dios que se esperaba. Porque no se puede usar
sin discernimiento.
El libro de Isaías había trazado los rasgos vigorosos de un «siervo de Dios» inquebrantablemente fiel a su vocación y a su misión, a pesar de las persecuciones y los ultrajes, que no quedaría defraudado porque tenía cerca a Dios, su defensor. ¿Se trataba de una evocación conmovedora de la suerte a la que se expone todo profeta, o del retrato de un enviado de Dios único, excepcional?
Jesús acepta la confesión de fe de Pedro. Pero, «empezó a instruirlos», revelando a sus discípulos que «tiene que padecer mucho, tiene que ser condenado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar a los tres días». «No, eso no puede sucederte!», exclama Pedro indignado. Su reacción parece fruto de un sentimiento positivo. Sin embargo le acarrea un duro reproche por parte de Jesús, porque, sin saberlo, está hablando como Satanás cuando, en el desierto, quiso apartar al Hijo del hombre de su misión y de su obediencia al Padre. ¡Qué lección para los discípulos de todos los tiempos! Creer en Cristo es reconocer en él al Hijo de Dios cuando expira en la cruz, como hizo el centurión romano que estaba frente a él en el Calvario (Mc 15,39). Y esta fe exige seguir sus pasos por el camino de la Pasión, el único camino que conduce a la resurrección pascual.
Creer no consiste en hacer declaraciones, de pertenencia a Cristo, sino en actuar, en comportarse como él. El lo dio todo, incluso su propia vida, para obtenemos la salvación, de la que estábamos radicalmente privados. Por tanto, en la comunidad cristiana nadie puede pretender ningún tipo de superioridad.

PRIMERA LECTURA

Todo servidor de Dios, de una manera u otra, vive una experiencia semejante a la del personaje misterioso que Isaías pone como ejemplo: le cuesta permanecer fiel a su vocación y reconoce que Dios mismo es su fuerza. Es también la experiencia de una comunidad inquebrantablemente unida al Señor, Pero el perfecto «siervo de Dios» es Cristo, «obediente hasta la muerte, y una muerte de cruz» (Flp 2,7-8).

Ofrecí la espalda a los que me apaleaban.

Lectura del libro de Isaías 50,5-9a

El Señor me abrió el oído;
yo no resistí
ni me eché atrás:
ofrecí la espalda a los que me apaleaban,
las mejillas a los que mesaban mi barba;
no me tapé el rostro
ante ultrajes ni salivazos.
El Señor me ayuda,
por eso no sentía los ultrajes;
por eso endurecí el rostro como pedernal,
sabiendo que no quedaría defraudado.
Tengo cerca a mi defensor,
¿quién pleiteara contra mí?
Comparezcamos juntos.
¿Quién tiene algo contra mí?
Que se me acerque.
Mirad, el Señor me ayuda,
¿quién me condenará?

Palabra de Dos.

SALMO

Fragilidad, tristeza, angustia, muerte: ¿quién nos librará de ellas sino el Señor de la vida?

Salmo 114,1-2.3-4.5-6.8-9(R: 9)

R
Caminaré en presencia del Señor en el país de la vida.

Amo al Señor, porque escucha
mi voz suplicante,
porque inclina su oído hacia mí
el día que lo invoco. R

Me envolvían redes de muerte,
me alcanzaron los lazos del abismo,
caí en tristeza y angustia.
Invoqué el nombre del Señor:
«Señor, salva mi vida». R

El Señor es benigno y justo,
nuestro Dios es compasivo;
el Señor guarda a los sencillos:
estando yo sin fuerzas, me salvó. R

Arrancó mi alma de la muerte,
mis ojos de las lágrimas,
mis pies de la caída.
Caminaré en presencia del Señor
en el país de la vida. R

SEGUNDA LECTURA

La cuestión de la relación entre la fe y las obras se planteó muy pronto. La carta de Santiago no la resuelve; él responde a los que consideran que la fe sin obras basta para salvarse. San Pablo, por su parte, contesta a los que, al contrario, creen que deben su salvación sólo a sus buenas obras (Rm 1,16—8,39).

La fe, si no tiene obras, está muerta.

Lectura de la carta del apóstol Santiago 2,14-18

¿De qué le sirve a uno, hermanos míos, decir que tiene fe, si no tiene obras? ¿Es que esa fe lo podrá salvar? Supongamos que un hermano o una hermana andan sin ropa y faltos del alimento diario, y que uno de vosotros les dice: «Dios os ampare; abrigaos y llenaos el estómago», y no les dais lo necesario para el cuerpo; ¿de qué sirve?
Esto pasa con la fe: si no tiene obras, por sí sola está muerta. Alguno dirá: «Tú tienes fe, y yo tengo obras. Enséñame tu fe sin obras, y yo, por las obras, te probaré mi fe».

Palabra de Dios.

ALELUYA Ga 6,14

Aleluya. Aleluya.
El que quiera salvar su vida la perderá;
pero el que la pierda por Cristo y por el Evangelio
la salvará. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Dios me libre de gloriarme
si no es en la cruz del Señor,
en la cual el mundo está crucificado para mí,
y yo para el mundo. Aleluya.

EVANGELIO

Por primera vez Jesús anuncia lo que implica verdaderamente su título de Mesías, y las exigencias que esto conlleva también para sus discípulos. Un día Pedro lo entenderá.

Tú eres el Mesías... El Hijo del hombre tiene que padecer mucho.

+ Lectura del santo evangelio según san Marcos 8,27-35

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos se dirigieron a las aldeas de Cesarea de Felipe; por el camino, preguntó a sus discípulos: «Quién dice la gente que soy yo?». Ellos le contestaron: «Unos, Juan Bautista; otros, Elías; y otros, uno de los profetas». El les preguntó: «Y vosotros, ¿quién decís que soy?». Pedro le contestó: «Tú eres el Mesías». El les prohibió terminantemente decírselo a nadie.
Y empezó a instruirlos: «El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, tiene que ser condenado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar a los tres días». Se lo explicaba con toda claridad. Entonces Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo. Jesús se volvió y, de cara a los discípulos, increpó a Pedro: «Quítate de mi vista, Satanás! ¡Tú piensas como los hombres, no como Dios!».
Después llamó a la gente y a sus discípulos, y les dijo: «El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Mirad, el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mí y por el Evangelio la salvará».

Palabra de Dios.

domingo, 9 de septiembre de 2012

14/09/2012 - La Exaltación de la Santa Cruz (B)

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14 de septiembre de 2012

La Exaltación de la Santa Cruz (B)


En el siglo IV se veneraba en Jerusalén, con gran devoción, una reliquia de la cruz de Cristo. En el año 325 se consagraron el mismo día dos basílicas: «el Martyrium», en el Gólgota, y «la Anastasis», dedicada a la resurrección del Señor. Testimonios de los años 383-385 afirman que el 13 de septiembre tenía lugar una celebración en la primera iglesia, y el 14, en la segunda. La presentación solemne de la cruz era la cumbre de esta doble liturgia. La celebración del 14 de septiembre se difundió rápidamente por Oriente, donde todavía hoy sigue siendo una gran fiesta. En Roma, el emperador Constantino (306-337) hizo construir, en el lugar que antes ocupaba un palacio, residencia de su madre, santa Elena, una iglesia llamada «Jerusalén» hasta el siglo XI, cuando recibió el nombre de «Santa Cruz de Jerusalén». Pero la fiesta del 14 de septiembre no se celebró en la liturgia latina hasta el siglo VII. La reforma litúrgica del Vaticano II, en sintonía con las Iglesias orientales, le ha devuelto la importancia del principio; desde entonces, como fiesta del Señor, sustituye al domingo cuando el 14 de septiembre coincide con este día de la semana.
El evangelio que hoy se propone es el mejor atestiguado por la tradición y, ciertamente, el que más relación tiene con el objeto de la fiesta. «Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único». La cruz de Cristo es el signo resplandeciente de este amor. La muerte de Jesús, exaltado a la gloria del Padre por su obediencia, es causa de la salvación de todos los hombres. El madero del suplicio en el que expiró el Hijo de Dios, que tomó la condición de esclavo, se ha convertido en el estandarte de su victoria sobre la muerte y el pecado, al mismo tiempo que en emblema de nuestra salvación y promesa de nuestra participación en la gloria del Señor. Desde el sacramento del nacimiento a la vida divina, pasando por todos los demás sacramentos, hasta el que conduce al umbral de la vida eterna, el cristiano está marcado por el signo de la cruz. La cruz está presente en las casas y en las iglesias, como en otro tiempo la serpiente de bronce que salvaba a los que la miraban. Pero aquí se trata de la salvación eterna al final de nuestro éxodo terreno. Sin embargo, la adoración de la cruz no es la adoración de un símbolo. Cuando nos arrodillamos delante del signo de nuestra redención, estamos adorando el nombre de Jesús y al Padre que «lo levantó sobre todo».

PRIMERA LECTURA

El éxodo es una especie de pará bola de toda la historia de la salvación, un espejo en el que el pueblo de los creyentes de todos los tiempos puede ver la imagen de sus continuas infidelidades. Es también una parábola del comportamiento de Dios con quienes lo abandonan. Se esfuerza en hacerlos volver al buen camino, haciéndoles tomar conciencia de su pecado. Al primer signo de arrepentimiento, en cuanto se vuelven de nuevo hacia él, él los salva. El episodio de la serpiente de bronce es un ejemplo memorable. Dios interviene de una manera inesperada, convirtiendo lo que era causa de muerte en motivo de salvación.

Miraban a la serpiente de bronce y quedaban curados.

Lectura del libro de los números 21,4b-9

En aquellos días, el pueblo estaba extenuado del camino, y habló contra Dios y contra Moisés:
- ¿Por qué nos has sacado de Egipto para morir en el desierto? No tenemos ni pan ni agua, y nos da náusea ese pan sin cuerpo.
El Señor envió contra el pueblo serpientes venenosas, que los mordían, y murieron muchos israelitas. Entonces el pueblo acudió a Moisés, diciendo:
- Hemos pecado hablando contra el Señor y contra ti; reza al Señor para que aparte de nosotros las serpientes.
Moisés rezó al Señor por el pueblo, y el Señor le respondió:
- Haz una serpiente venenosa y colócala en un estandarte: los mordidos de serpientes quedarán sanos al mirarla.
Moisés hizo una serpiente de bronce y la colocó en un estandarte. Cuando una serpiente mordía a uno, él miraba a la serpiente de bronce y quedaba curado.

Palabra de Dios.

SALMO

Una serpiente de bronce erigida en el desierto, una cruz levantada en el Gólgota: Dios no se cansa nunca de curar y perdonar.

Salmo 77, 1-2. 34-35. 36-37. 38

R
No olvidéis las acciones del Señor.

Escucha, pueblo mío, mi enseñanza,
inclina el oído a las palabras de mi boca:
que voy a abrir mi boca a las sentencias,
para que broten los enigmas del pasado. R

Cuando los hacía morir, lo buscaban,
y madrugaban para volverse hacia Dios;
se acordaban de que Dios era su roca,
el Dios Altísimo su redentor. R

Lo adulaban con sus bocas,
pero sus lenguas mentían:
su corazón no era sincero con él,
ni eran fieles a su alianza. R

Él, en cambio, sentía lástima,
perdonaba la culpa y no los destruía:
una y otra vez reprimió su cólera,
y no despertaba todo su furor. R

SEGUNDA LECTURA

Fragmento de un himno litúrgico muy antiguo. Rebajamiento voluntario de la condición divina a la humana, muerte en una cruz por nuestra salvación, exaltación en la gloria del Padre: es el itinerario pascual de Cristo Jesús. Reconocer en él al Salvador es alcanzar la vida.

Se rebajó, por eso Dios lo levantó sobre todo.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses 2,6-11

Cristo, a pesar de su condición divina,
no hizo alarde de su categoría de Dios;
al contrario,
se despojó de su rango
y tomó la condición de esclavo,
pasando por uno de tantos.
Y así, actuando como
un hombre cualquiera,
se rebajó
hasta someterse incluso a la muerte,
y una muerte de cruz.
Por eso Dios lo levantó sobre todo
y le concedió el
«Nombre-sobre-todo-nombre»;
de modo que al nombre de Jesús
toda rodilla se doble
en el cielo, en la tierra, en el abismo,
y toda lengua proclame:
¡Jesucristo es Señor!,
para gloria de Dios Padre.

Palabra de Dios.

ALELUYA

Aleluya. Aleluya .
Gloria a ti, Señor Jesús,
que no vienes para juzgar al mundo,
sino para que el mundo se salve por ti. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos,
porque con tu cruz has redimido al mundo, Aleluya.

EVANGELIO

Cristo elevado en la cruz es revelación del amor de Dios y causa de salvación para todos los que lo miran con fe.

Tiene que ser elevado el Hijo del hombre.

+ Lectura del santo evangelio según san Juan 3,13-17

En aquel tiempo, dijo Jesús a Nicodemo:
- Nadie ha subido al cielo, sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre.
Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna.
Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna.
Porque Dios no mandó su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.

Palabra de Dios.

lunes, 3 de septiembre de 2012

09/09/2012 - 23º domingo Tiempo ordinario (B)

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9 de septiembre de 2012

23º domingo Tiempo ordinario (B)


La liturgia es diálogo entre Dios y su pueblo. Por medio de su palabra, Dios se dirige a los hombres y mujeres de nuestro tiempo. Les repite sin cesar y de múltiples maneras que ha enviado a su Hijo para salvarlos. Cuando parece estar lejos, es porque quiere instarlos a que acudan de nuevo a él y a que recuperen la relación de confianza a la que, por su parte, está siempre dispuesto Llega el tiempo —anuncia Isaías— en que, por fin, los oídos del sordo se abrirán, y la lengua del mudo será capaz de proclamar las hazañas de Dios.
Las actitudes y los gestos litúrgicos son respuestas a la palabra de Dios. Los cantos y la oración expresan la fe compartida por todos. En los tiempos de silencio, cada uno puede expresar lo que guarda en lo secreto de su corazón. Este diálogo entre Dios y su pueblo conduce a la intimidad de la comunión cuando Cristo se une a cada uno bajo los signos del pan y del vino, reuniendo en la unidad de un solo cuerpo a todos los que participan en el mismo sacramento.
La curación del sordomudo relatada por san Marcos debe entenderse en esta perspectiva litúrgica y sacramental. Tiene lugar en una región de preponderancia pagana. Esta circunstancia sugiere que Jesús ha venido a instaurar una humanidad nueva, de la que todos los hombres están llamados a ser miembros. Al mismo tiempo anuncia la misión de la Iglesia entre los pueblos. No se dice nada del origen ni la identidad del enfermo ni de quienes lo acompañan. Por tanto, cada uno puede reconocerse en ellos.
Jesús mete sus dedos en los oídos del enfermo, le toca la lengua con la saliva y, mirando al cielo, pronuncia una palabra, effetá, que pasó tal cual, en arameo, a la antigua liturgia del bautismo. La Iglesia ha visto, pues, en esta curación una especie de parábola viviente de lo que ocurre en el primer sacramento de la iniciación cristiana. Curado de su sordera y de su mutismo espiritual, el bautizado puede escuchar la palabra de Dios, proclamar su fe y alabar a Dios sin cortapisas, a voz en grito. De este modo es introducido en la comunidad de los hermanos, donde no hay diferencias entre ricos y pobres, pues todos reciben gratuitamente los inapreciables beneficios de Dios y son igualmente elevados a la dignidad de «herederos del Reino prometido a los que lo aman».

PRIMERA LECTURA

La perspectiva de la venida de Dios debe alegrar a los «justos» y animarlos a perseverar en su camino. Asimismo incita a los pecadores a convertirse. Esta es la Buena Noticia: Dios se toma el «desquite» por las ofensas que se le han hecho, aportando la salvación a todos.

Los oídos del sordo se abrirán, la lengua del mudo cantará.

Lectura del libro de Isaías 35,4-7a

Decid a los cobardes de corazón: «Sed fuertes, no temáis. Mirad a vuestro Dios que trae el desquite, viene en persona, resarcirá y os salvará». Se despegarán los ojos del ciego, los oídos del sordo se abrirán, saltará como un ciervo el cojo, la lengua del mudo cantará. Porque han brotado aguas en el desierto, torrentes en la estepa; el páramo será un estanque, lo reseco un manantial.

Palabra de Dios.

SALMO

«Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré» (Mt 11,28)

Salmo 145,7.8-9a.9bc-10

R
Alaba, alma mía, al Señor.

Que mantiene su fidelidad perpetuamente,
que hace justicia a los oprimidos,
que da pan a los hambrientos.
El Señor liberta a los cautivos. R

El Señor abre los ojos al ciego,
el Señor endereza a los que ya se doblan,
el Señor ama a los justos,
el Señor guarda a los peregrinos. R

Sustenta al huérfano y a la viuda
y trastorna el camino de los malvados.
El Señor reina eternamente,
tu Dios, Sión, de edad en edad. R

SEGUNDA LECTURA

La forma como se desarrollan las reuniones de un grupo, el lugar que se reconoce a unos y a otros, ponen de manifiesto concretamente el tipo de relaciones que reinan entre sus miembros, sus posibles desigualdades o, por el contrario, el respeto y la consideración de que todos son objeto. Lo mismo ocurre en la asamblea litúrgica, la imagen más visible de la Iglesia, en la que no han de tenerse en cuenta las diferencias de tipo social.

¿Acaso no ha elegido Dios a los pobres para hacerlos herederos del reino?

Lectura de la carta del apóstol Santiago 2,1-5

Hermanos míos: No juntéis la fe en nuestro Señor Jesucristo glorioso con el favoritismo. Por ejemplo: llegan dos hombres a la reunión litúrgica. Uno va bien vestido y hasta con anillos en los dedos; el otro es un pobre andrajoso. Veis al bien vestido y le decís: «Por favor, siéntate aquí, en el puesto reservado». Al pobre, en cambio: «Estate ahí de pie o siéntate en el suelo». Si hacéis eso, ¿no sois inconsecuentes y juzgáis con criterios malos? Queridos hermanos, escuchad: ¿Acaso no ha elegido Dios a los pobres del mundo para hacerlos ricos en la fe y herederos del Reino, que prometió a los que lo aman?

Palabra de Dios.

ALELUYA Mt 4,23

Aleluya. Aleluya.
Señor abre nuestros oídos a tu Palabra,
suelta la traba de nuestra lengua
para que podamos alabarte. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Jesús proclamaba el Evangelio del reino,
curando las dolencias del pueblo. Aleluya.

EVANGELIO

La manera como se desarrolla la curación del sordomudo recuerda mucho una celebración litúrgica, tanto más que la unción de los oídos y la lengua, y la palabra «effetá» que la acompaña, pasaron desde los primeros tiempos de la Iglesia al ritual del bautismo.

Hace oír a los sordos y hablar a los mudos.

+ Lectura del santo evangelio según san Marcos 7,31-37

En aquel tiempo, dejó Jesús el territorio de Tiro, pasó por Sidón, camino del lago de Galilea, atravesando la Decápolis.
Y le presentaron un sordo que, además, apenas podía hablar; y le piden que le imponga las manos.
El, apartándolo de la gente a un lado, le metió los dedos en los oídos y con la saliva le tocó la lengua. Y, mirando al cielo, suspiró y le dijo:
«Effetá», esto es: «Abrete». Y al momento se le abrieron los oídos, se le soltó la traba de la lengua y hablaba sin dificultad.
El les mandó que no lo dijeran a nadie; pero, cuanto más se lo mandaba, con más insistencia lo proclamaban ellos.
Y en el colmo del asombro decían: «Todo lo ha hecho bien; hace oír a los sordos y hablar a los mudos».

Palabra de Dios.