lunes, 26 de noviembre de 2012

02/12/2012 - 1º domingo de Adviento (C)

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Lecturas y Evangelio del domingo

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2 de diciembre de 2012

1º domingo de Adviento (C)



Antigua y nueva alianza, antes y después de Jesucristo: para los cristianos, dos grandes periodos, dos eras de una única historia de la salvación que, a través de dichas y desdichas, se despliega, sin solución de continuidad, desde que el pecado hizo su entrada en el mundo. Esta es la experiencia que testimonia la Biblia: hasta donde llega la memoria de los hombres, Dios, en sus múltiples intervenciones, ha mostrado siempre su voluntad de llevar a la humanidad por caminos de justicia, de reconducirla a ellos siempre que se ha desviado, con el fin de ir elevándola poco a poco hasta él.
Al ritmo de sucesivas revelaciones fue naciendo una esperanza cada vez más viva en un mesías, en un salvador, cuyos rasgos se irían precisando progresivamente, y que habría de ser «un vástago», «un renuevo» de la casa de David. La promesa fue reiterada por el profeta Jeremías en el siglo VI antes de nuestra era, en una época en la que había quedado interrumpida la dinastía de David, en la que se había concentrado la esperanza en el mesías-salvador.
Vino Jesús, «hijo de David, hijo de Abrahán» (Mt 1,1), «hijo de Adán, hijo de Dios» (Lc 3,38). Al principio, sus discípulos vieron en él al libertador de Israel de aquí abajo (Lc 24,21). Pero, advertidos contra interpretaciones erróneas de las Escrituras, acabaron reconociéndolo como el que había de venir a establecer un reino de justicia, que no es de este mundo. Ninguna ciudad de aquí abajo se llamará nunca «Señor-nuestra-justicia». La que esperamos será instaurada «cuando Jesús, nuestro Señor, vuelva acompañado de todos sus santos» para que nos presentemos «santos e irreprensibles ante Dios, nuestro Padre».
Habrá signos anunciadores de este retorno del Hijo del hombre «con gran poder y majestad». El universo se transformará. Pero ¡que los creyentes no se espanten! Al contrario: que se levanten y alcen la cabeza sabiendo que se acerca el día de su liberación, y que se preparen a él velando en oración.
Este es el misterio del Adviento. El Señor ha venido, viene y vendrá «acompañado de todos sus santos», a los que se unirán todos los que sean irreprensibles ante Dios. Así lo esperamos. Que él haga de nosotros un solo cuerpo por el Espíritu Santo, «que continúa su tarea en el mundo y lleva a cabo la obra de la santificación».

PRIMERA LECTURA

La alianza entre Dios y su pueblo infiel pasa por numerosas crisis, pero nunca se llega a una ruptura definitiva, porque Dios es fiel. Cuando todo parece estar en peligro, el profeta anuncia un mesías que ha venido, que viene y que vendrá a instaurar la era de la justicia esperada.

Suscitaré a David un vástago legítimo.

Lectura del libro de Jeremías 33,14-16

«Mirad que llegan días —oráculo del Señor— en que cumpliré la promesa que hice a la casa de Israel y a la casa de Judá. En aquellos días y en aquella hora, suscitará a David un vástago legítimo, que hará justicia y derecho en la tierra. En aquellos días se salvará Judá, y en Jerusalén vivirán tranquilos, y la llamarán así: “Señor-nuestra- justicia”».

Palabra de Dios.

SALMO

La misericordia y la lealtad, la rectitud y la bondad, son anhelos de todo hombre. ¿Quién sino Dios podrá enseñar sus caminos?

Salmo 24

R
A ti, Señor, levanto mi alma.

Señor, ensáñame tus caminos,
instrúyeme en tus sendas:
haz que camine con lealtad;
enséñame, porque tú eres mi Dios y Salvador. R

El Señor es bueno y es recto,
y enseña el camino a los pecadores;
hace caminar a los humildes con rectitud,
enseña su camino a los humildes. R

Las sendas del Señor son misericordia y lealtad
para los que guardan su alianza y sus mandatos.
El Señor se confía con sus fieles
y les da a conocer su alianza. R

SEGUNDA LECTURA

La perspectiva de la venida del Señor estimula el deseo y la voluntad de seguir con fervor creciente, el camino de la santidad que viene de Dios por Cristo.

Que el Señor os fortalezca internamente, para cuando Jesús vuelva.

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses 3,12-4,2

Hermanos: Que el Señor os colme y os haga rebosar de amor mutuo y de amor a todos, lo mismo que nosotros os amamos. Y que así os fortalezca internamente, para que, cuando Jesús, nuestro Señor, vuelva acompañado de todos sus santos, os presentéis santos e irreprensibles ante Dios, nuestro Padre.
En fin, hermanos, por Cristo Jesús os rogamos y exhortamos: Habéis aprendido de nosotros cómo proceder para agradar a Dios; pues proceded así y seguid adelante. Ya conocéis las instrucciones que os dimos, en nombre del Señor Jesús.

Palabra de Dios.

ALELUYA Sal 84,8

Aleluya, aleluya.
Gloria a Cristo, que viene en una nube:
se acerca nuestra liberación. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Muéstranos, Señor, tu misericordia
y danos tu salvación. Aleluya.

EVANGELIO

Las evocaciones de la última manifestación del Hijo del hombre no pretenden en absoluto describir anticipadamente este acontecimiento sin precedentes. Es inútil tratar de imaginarlo. A nosotros nos toca esperar sin miedo, estar despiertos y pedir fuerza para escapar de todo lo que está por venir.

Se acerca vuestra liberación.

+ Lectura del santo evangelio según san Lucas 21,25-28.34-36

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Habrá signos en el sol y la luna y las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, enloquecidas por el estruendo del mar y el oleaje. Los hombres quedarán sin aliento por el miedo y la ansiedad ante lo que se le viene encima al mundo, pues los astros se tambalearán. Entonces verán al Hijo del hombre venir en una nube, con gran poder y majestad. Cuando empiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza: se acerca vuestra liberación. Tened cuidado: no se os embote la mente con el vicio, la bebida y los agobios de la vida, y se os eche encima de repente aquel día; porque caerá como un lazo sobre todos los habitantes de la tierra.
Estad siempre despiertos, pidiendo fuerza para escapar de todo lo que está por venir y manteneros en pie ante el Hijo del hombre».

Palabra de Dios.

lunes, 19 de noviembre de 2012

25/11/2012 - 34º domingo Tiempo ordinario (B)

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Lecturas y Evangelio del domingo

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25 de noviembre de 2012

34º domingo Tiempo ordinario (B)


JESUCRISTO, REY DEL UNIVERSO

La Biblia no deja de proclamar la realeza universal de Dios sobre todo el universo. Congrega a un pueblo para ser su único Señor. Suscita reyes con la misión de hacer de él un reino con la Ley de Moisés como carta magna. Cuando alguno de ellos se muestra infiel a su misión, lo descarta para nombrar a otro. Entre ellos, David pasa a la tradición como el mejor ejemplo de rey conforme al corazón de Dios y como figura del que había de venir. Las promesas hechas a este «hijo de Jesé» y a su descendencia garantizaban que un día, gracias a un descendiente suyo, hijo de sus entrañas, se establecería el reino querido por Dios. Así fue como nació la esperanza en la venida de un rey perfecto, «hijo de David». Esta esperanza se expresa de manera especial en los numerosos salmos que invocan la entronización del elegido. En una época en la que Dios parecía haber abandonado a los suyos, sometidos al poder de un tirano extranjero, Antíoco Epífanes (175-164), Daniel da testimonio de esta esperanza y describe la venida de aquel cuyo «reino no tendrá fin».
Cuando aparece Jesús, cuya autoridad en palabras y obras supera todo lo visto y oído hasta entonces, y que anuncia la proximidad de la venida del Reino, muchos piensan que va a instaurarlo en la tierra. Un día, después de la multiplicación de los panes, tuvo que escabullirse porque la gente quería proclamarlo rey (Jn 6,15). De buena o mala fe, este error sobre la realeza de Jesús resurge periódicamente, incluso en los tiempos modernos, en los que el título de Cristo Rey se ha utilizado a veces con fines políticos.
Sin embargo, el diálogo entre Jesús maniatado y Pilato, recogido sólo en el cuarto evangelio, no deja lugar a dudas. Ante el representante de un emperador todopoderoso, Jesús manifiesta claramente que él es rey. Pero, a diferencia de todos los demás, su reino «no es de este mundo», no se ejerce recurriendo a la fuerza. El es «testigo de la verdad» sobre Dios, sobre el mundo y sobre el hombre, el camino hacia el Reino, la vida de Dios, que comunica a los que creen en él. En el momento de su vuelta aparecerá en plena luz como Rey del universo, porque es el principio y el fin, «el alfa y la omega», de todas las cosas, el Todopoderoso a quien se debe «la gloria y el poder por los siglos de los siglos».

PRIMERA LECTURA

Un hombre extraordinario, «un hijo de hombre», entronizado por Dios, que se representa como un «anciano» sin edad, para restablecer su Reino universal: este «sueño», esta «visión» llena de esperanza, se hará un día realidad, aunque nadie sea capaz de decir de qué manera.

Su dominio es eterno y no pasa.

Lectura de la profecía de Daniel 7, 13-14

Mientras miraba, en la visión nocturna vi venir en las nubes del cielo corno un hijo de hombre, que se acercó al anciano y se presentó ante él.
Le dieron poder real y dominio; todos los pueblos, naciones y lenguas lo respetarán.

Su dominio es eterno
y no pasa,
su reino no tendrá fin.

Palabra de Dios.

SALMO

Canto de alabanza al Señor Rey del universo, el que es, el que era y el que viene, el Todopoderoso.

Salmo 92, 1ab. 1c-2. 5

R
El Señor reina, vestido de majestad.

El Señor reina, vestido de majestad,
el Señor, vestido y ceñido de poder. R

Así está firme el orbe y no vacila.
Tu trono está firme desde siempre,
y tú eres eterno. R

Tus mandatos son fieles y seguros;
la santidad es el adorno de tu casa,
Señor, por días sin término. R

SEGUNDA LECTURA

La fuerza de Jesucristo es la fuerza del amor Él «nos ha librado de nuestros pecados por su sangre». «El viene». «Todo ojo lo verá», revestido de «gloria y poder». Aparecerá entonces a plena luz del día lo que aún permanece oculto: su poder real universal y el papel de sus discípulos en el mundo. «Sí. Amén».

El príncipe de los reyes de la tierra nos ha convertido en un reino y hecho sacerdotes de Dios.

Lectura del libro del Apocalipsis 1, 5-8

Jesucristo es el testigo fiel, el primogénito de entre los muertos, el príncipe de los reyes de la tierra. Aquel que nos ama, nos ha librado de nuestros pecados por su sangre, nos ha convertido en un reino y hecho sacerdotes de Dios, su Padre. A él la gloria y el poder por los siglos de los siglos. Amén. Mirad: El viene en las nubes. Todo ojo lo verá; también los que lo atravesaron. Todos los pueblos de la tierra se lamentarán por su causa. Sí. Amén. Dice el Señor Dios: «Yo soy el Alfa y la Omega, el que es, el que era y el que viene, el Todopoderoso».

Palabra de Dios.

ALELUYA Mc 11, 9b-10a

Aleluya. Aleluya.
El Señor ha venido al mundo para ser testigo de la verdad.
Todo el que escucha su testimonio es de la verdad. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Bendito el que viene en nombre del Señor.
Bendito el reino que llega,
el de nuestro padre David. Aleluya.

EVANGELIO

Sí, Jesús es «rey». Pero, contrariamente a los poderosos de este mundo, no se impone ni impone nada. El ha venido para trazar con su enseñanza, su ejemplo, su vida y su muerte, el camino de la verdad que conduce a la vida. E invita a todos a seguirlo libremente.

Tú lo dices: soy rey.

+ Lectura del santo evangelio según san Juan 18, 33b-37

En aquel tiempo, dijo Pilato a Jesús: « ¿Eres tú el rey de los judíos?». Jesús le contestó: « ¿Dices eso por tu cuenta o te lo han dicho otros de mí?». Pilato replicó: « ¿Acaso soy yo judío? Tu gente y los sumos sacerdotes te han entregado a mí; ¿qué has hecho?».
Jesús le contestó: «Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo, mi guardia habría luchado para que no cayera en manos de los judíos. Pero mi reino no es de aquí». Pilato le dijo: «Conque, ¿tú eres rey?». Jesús le contestó: «Tú lo dices: soy rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo; para ser testigo de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz».

Palabra de Dios.

lunes, 12 de noviembre de 2012

18/11/2012 - 33º domingo Tiempo ordinario (B)

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Lecturas y Evangelio del domingo

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18 de noviembre de 2012

33º domingo Tiempo ordinario (B)


Como en el primer domingo de Adviento, la vuelta del Señor constituye el centro de la celebración de hoy. Este marco pone de relieve que el año litúrgico es verdaderamente el «sacramento», el «misterio» de la salvación que se despliega en el tiempo de los hombres y los va conduciendo hacia la instauración del Reino.
El Primer Testamento veía en la última manifestación de Dios sobre todo el triunfo glorioso del bien sobre el mal, en lucha desde los orígenes de la humanidad. ¿Cómo no había de tener Dios la última palabra, y los justos, con tanta frecuencia humillados, no recibir al fin su recompensa? La entrega de la Ley estuvo acompañada de impresionantes fenómenos cósmicos. El triunfo definitivo de Dios vendrá acompañado de otros aún más terribles. En el momento de su gran manifestación en el Sinaí, Dios promulgó sus mandamientos para reunir a un pueblo llamado a entrar y a caminar por el sendero de la «justicia», de la santidad. Cuando llegue su «día», reunirá a todos los justos.
Para hablar de su venida al final de los tiempos, Jesús se sirve de las imágenes bíblicas tradicionales. «Enviará a los ángeles para reunir a sus elegidos de los cuatro vientos, de horizonte a horizonte». Cuando «sus enemigos sean puestos como estrado de sus pies», se levantará, y él, que «está sentado a la derecha de Dios», vendrá «sobre las nubes con gran poder y majestad».
Esta venida del «Hijo del hombre» no está inscrita en ningún calendario de aquí abajo, y nadie puede pretender determinar ni el día ni la hora. Sólo una cosa es cierta: «El Señor ha venido, viene y vendrá»; «Esperamos su retorno». El último libro de la Biblia, el Apocalipsis, palabra que quiere decir «revelación», concluye con un grito de fe y esperanza: «Sí, vengo enseguida». Amén. «Ven, Señor Jesús!» (Ap 22,20).
La perspectiva de la venida del Señor hace que se consideren todas las cosas en su dimensión de eternidad. Día tras día, el reino de Dios va germinando lentamente, pero de manera cierta. Cada cual a su modo debe contribuir a la maduración de este reino, viviendo de modo que pueda participar de él cuando el Hijo del hombre, que está «a la puerta», venga «con gran poder y majestad».

PRIMERA LECTURA

Vivimos tiempos de violento enfrentamiento entre el bien y el mal. Pero después de un último combate, particularmente terrible, vendrá el día de la liberación definitiva. Víctimas y opresores resurgirán. Entonces se verá quiénes estuvieron del lado bueno. Pero todo intento de describir de manera realista los acontecimientos que marcarán este fin hacia el que se dirige el mundo es engañoso. El único lenguaje adecuado es el de las imágenes, y cuantos menos materiales mejor.

Por aquel tiempo se salvará tu pueblo.

Lectura de la profecía de Daniel 12, 1-3

Por aquel tiempo se levantará Miguel, el arcángel que se ocupa de tu pueblo: serán tiempos difíciles, como no los ha habido desde que hubo naciones hasta ahora. Entonces se salvará tu pueblo: todos los inscritos en el libro. Muchos de los que duermen en el polvo despertarán: unos para vida eterna, otros para ignominia perpetua.
Los sabios brillarán como el fulgor del firmamento, y los que enseñaron a muchos la justicia, como las estrellas, por toda la eternidad.

Palaba de Dios.

SALMO

Más allá de la muerte y de la corrupción de la tumba, una eternidad de vida y de alegría junto a Dios. Es el Señor quien nos lanza este desafío, al que ha de responder la esperanza.

Salmo 15, 5. 8. 9-10. 11

R
Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti.

El Señor es el lote de mi heredad y mi copa;
mi suerte está en tu mano.
Tengo siempre presente al Señor,
con él a mi derecha no vacilaré. R

Por eso se me alegra el corazón,
se gozan mis entrañas,
y mi carne descansa serena.
Porque no me entregarás a la muerte,
ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción. R

Me enseñarás el sendero de la vida,
me saciarás de gozo en tu presencia,
de alegría perpetua a tu derecha. R. R

SEGUNDA LECTURA

Una nueva expresión de la superioridad absoluta del sacerdocio de Jesucristo. Mientras que los sacerdotes, «de pie» delante de Dios, tienen que ofrecer sin cesar los mismos sacrificios, él está «sentado para siempre a la derecha del Padre», porque ha realizado, una vez para siempre, el único sacrificio, del que no queda sino distribuir los frutos.

Con una sola ofrenda ha perfeccionado para siempre a los que van siendo consagrados.

Lectura de la carta a los Hebreos 10, 11-14.18

Cualquier otro sacerdote ejerce su ministerio, diariamente, ofreciendo muchas veces los mismos sacrificios, porque de ningún modo pueden borrar los pecados.
Pero Cristo ofreció por los pecados, para siempre jamás, un solo sacrificio; está sentado a la derecha de Dios y espera el tiempo que falta hasta que sus enemigos sean puestos como estrado de sus pies. Con una sola ofrenda ha perfeccionado para siempre a los que van siendo consagrados. Donde hay perdón, no hay ofrenda por los pecados.

Palabra de Dios.

ALELUYA Lc 21, 36

Aleluya. Aleluya.
El Señor está cerca, a la puerta.
El cielo y la tierra pasarán,
sus palabras no pasarán. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Estad siempre despiertos,
pidiendo fuerza para manteneros en pie
ante el Hijo del hombre. Aleluya.

EVANGELIO

En la precariedad y la fragilidad de las cosas de aquí abajo, que pasan inexorablemente, el creyente ve los signos de la anunciada venida del Señor. No trata de calcular el momento en que este acontecimiento se producirá. Más bien se prepara a él continuamente porque, en cualquier caso, para cada uno el fin está ya próximo.

Reunirá a los elegidos de los cuatro vientos.

+ Lectura del santo evangelio según san Marcos 13, 24-32

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «En aquellos días, después de esa gran angustia, el sol se hará tinieblas, la luna no dará su resplandor, las estrellas caerán del cielo, los astros se tambalearán, Entonces verán venir al Hijo del hombre sobre las nubes con gran poder y majestad; enviará a los ángeles para reunir a sus elegidos de los cuatro vientos, de horizonte a horizonte.
Aprended de esta parábola de la higuera: Cuando las ramas se ponen tiernas y brotan las yemas, deducís que el verano está cerca; pues cuando veáis vosotros suceder esto, sabed que él está cerca, a la puerta. Os aseguro que no pasará esta generación antes que todo se cumpla. El cielo y la tierra pasarán, mis palabras no pasarán, aunque el día y la hora nadie lo sabe, ni los ángeles del cielo ni el Hijo, sólo el Padre».

Palabra de Dios.

lunes, 5 de noviembre de 2012

11/11/2012 - 32º domingo Tiempo ordinario (B)

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Lecturas y Evangelio del domingo

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11 de noviembre de 2012

32º domingo Tiempo ordinario (B)


Hay que entender correctamente lo que los evangelios dicen sobre los escribas, fariseos y demás dirigentes del pueblo. Se cargan voluntariamente las tintas en su caracterización para poner más de relieve los comportamientos denunciados. La afirmación de que todos actuaban así se debe a un género literario que no repara mucho en los matices. No hay que tomar, pues, esta generalización al pie de la letra. Había escribas dignos de elogio (evangelio del domingo pasado). José de Arimatea, «noble magistrado, que también aguardaba el reino de Dios», era simpatizante de Jesús (Mc 15,43), incluso discípulo suyo (Mt 27,57; Jn 19,38). No hay que olvidar, en fin, que los cristianos a los que se dirigen los evangelistas, lo mismo que nosotros, no tienen ya ninguna relación con los escribas de los que habla Jesús. De todos modos, el retrato de los escribas tiene unos trazos tan marcados que nadie podría reconocerse en él ni considerarlo una fiel reproducción de tal o cual grupo que pudiera parecérsele. Lo propio de una caricatura es subrayar los defectos característicos de un personaje o de una situación.
Por el contrario, la viuda que da todo lo que tiene, unas pocas monedas, evoca a bastantes personas que actúan verdaderamente como ella. Con frecuencia se las considera poco razonables, e incluso inimitables. Sin embargo, la «viuda pobre» del evangelio se propone como modelo para todos, justamente porque da, no «de lo que le sobra», sino «todo lo que tenía para vivir»; no sólo una parte de sí misma, sino toda entera.
Es, en fin, la fe lo que aquí está en juego, como testimonia el relato de lo que le ocurrió a Elías. El puso totalmente su confianza en Dios yendo a Sarepta sin saber cómo podría subsistir allí. Es también una viuda pobre la que lo socorre. Fiándose de la promesa que el profeta le hace en nombre de Dios, ella ofrece lo que le queda para sobrevivir unos días con su hijo.
Cristo, por su parte, entregó su propia vida «para destruir el pecado con el sacrificio de sí mismo», a fin de que todos se salven y participen de su gloria cuando vuelva. El carácter ejemplar de la ofrenda de los pobres de la que habla la Escritura no puede pues suavizarse o edulcorarse, sobre todo cuando se celebra la eucaristía, «misterio de la fe», memorial de la Pascua de Cristo muerto y resucitado.

PRIMERA LECTURA

Más que el milagro, lo admirable en este relato es la fe de los dos protagonistas. Dios le ha dicho a Elías que una viuda asegurará su subsistencia en el país hostil en el que se va a refugiar (IR 17,1-9). La persona con la que se encuentra está en extrema indigencia. La confianza que el profeta pone en Dios no queda defraudada. Pero más admirable aún es la fe de la mujer que no duda en arriesgar su vida y la de su hijo confiando en la palabra de un Dios al que no conoce y del que sale fiador un extranjero.

La viuda hizo un panecillo y lo llevó a Elías.

Lectura del primer libro de los Reyes 1 R 17, 10-16

En aquellos días, el profeta Elías se puso en camino hacia Sarepta, y, al llegar a la puerta de la ciudad, encontró allí una viuda que recogía leña. La llamó y le dijo: «Por favor, tráeme un poco de agua en un jarro para que beba».
Mientras iba a buscarla, le gritó: «Por favor, tráeme también en la mano un trozo de pan». Respondió ella: «Te juro por el Señor, tu Dios, que no tengo ni pan; me queda sólo un puñado de harina en el cántaro y un poco de aceite en la alcuza. Ya ves que estaba recogiendo un poco de leña. Voy a hacer un pan para mí y para mi hijo; nos lo comeremos y luego moriremos». Respondió Elías: «No temas. Anda, prepáralo como has dicho, pero primero hazme a mí un panecillo y tráemelo: para ti y para tu hijo lo harás después. Porque así dice el Señor, Dios de Israel: “La orza de harina no se vaciará, la alcuza de aceite no se agotará, hasta el día en que el Señor envíe la lluvia sobre la tierra”».
Ella se fue, hizo lo que le había dicho Elías, y comieron él, ella y su hijo. Ni la orza de harina se vació, ni la alcuza de aceite se agotó, como lo había dicho el Señor por medio de Elías.

Palabra de Dios.

SALMO

«Complicidad» entre Dios y los pobres, unidos por una confianza recíproca.

Salmo 145,7.8-9a.9bc-10 (R.: 1)

R
Alaba, alma mía, al Señor.

Que mantiene su fidelidad perpetuamente,
que hace justicia a los oprimidos,
que da pan a los hambrientos.
El Señor liberta a los cautivos. R

El Señor abre los ojos al ciego,
el Señor endereza a los que ya se doblan,
el Señor ama a los justos,
el Señor guarda a los peregrinos. R

Sustenta al huérfano y a la viuda
y trastorna el camino de los malvados.
El Señor reina eternamente,
tu Dios, Sión, de edad en edad. R

SEGUNDA LECTURA

El Día de la expiación, el Yóm Kippur, el sumo sacerdote entraba en el santuario para ofrecer un sacrificio de animales. Salía luego para asperjar al pueblo con su sangre. Después se enviaba al desierto un «chivo expiatorio», cargado simbólicamente con los pecados de todos. Cristo, por su parte, entró una sola vez en el santuario del cielo, derramando su propia sangre para liberar a la humanidad de todos sus pecados. Después de haber muerto, compartiendo «el destino de los hombres», aparecerá una «segunda vez», «sin ninguna relación al pecado, a los que lo esperan, para salvarlos».

Cristo se ha ofrecido una sola vez para quitar los pecados de todos.

Lectura de la carta a los Hebreos 9,24-28

Cristo ha entrado no en un santuario construido por hombres —imagen del auténtico—, sino en el mismo cielo, para ponerse ante Dios, intercediendo por nosotros.
Tampoco se ofrece a sí mismo muchas veces —como el sumo sacerdote, que entraba en el santuario todos los años y ofrecía sangre ajena; si hubiese sido así, tendría que haber padecido muchas veces, desde el principio del mundo—. De hecho, él se ha manifestado una sola vez, al final de la historia, para destruir el pecado con el sacrificio de sí mismo. Por cuanto el destino de los hombres es morir una sola vez. Y después de la muerte, el juicio.
De la misma manera, Cristo se ha ofrecido una sola vez para quitar los pecados de todos. La segunda vez aparecerá, sin ninguna relación al pecado, a los que lo esperan, para salvarlos.

Palabra de Dios.

ALELUYA Mt 5 ,3

Aleluya. Aleluya.
Dichoso el que lo da todo
y pone su confianza en Jesús. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Dichosos los pobres en el espíritu,
porque de ellos es el reino de los cielos. Aleluya.

EVANGELIO

Escribas vanidosos, de piedad afectada, que aprovechan su situación para sacar dinero a los débiles. Una pobre viuda que, sin pretender hacerse notar ofrece a Dios lo poco que posee. La severa condena de los primeros y el cálido elogio de la humilde y generosa mujer deben resonar sin cesar en los oídos de los dirigentes de la comunidad cristiana y de cada uno de nosotros. Se puede engañar a los hombres, pero no a Dios: las intenciones ocultas del corazón no escapan a la mirada de Jesús, que se ha entregado por completo, dando la vida.

Esa pobre viuda ha echado más que nadie.

+ Lectura del santo evangelio según san Marcos 12, 38-44

En aquel tiempo, entre lo que enseñaba Jesús a la gente, dijo: «¡Cuidado con los escribas! Les encanta pasearse con amplio ropaje y que les hagan reverencias en la plaza, buscan los asientos de honor en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes; y devoran los bienes de las viudas, con pretexto de largos rezos. Estos recibirán una sentencia más rigurosa». Estando Jesús sentado enfrente del arca de las ofrendas, observaba a la gente que iba echando dinero: muchos ricos echaban en cantidad; se acercó una viuda pobre y echó dos reales. Llamando a sus discípulos, les dijo: «Os aseguro que esa pobre viuda ha echado en el arca de las ofrendas más que nadie. Porque los demás han echado de lo que les sobra pero esta, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir».

Palabra de Dios.

sábado, 3 de noviembre de 2012

09/11/2012 - Dedicación de la basílica de Letrán (B)

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9 de noviembre de 2012

Dedicación de la basílica de Letrán (B)


El emperador Constantino I donó a la Iglesia la finca de los Laterani, situada en Roma, en el monte Celio, donde edificó una basílica. El 9 de noviembre del año 324 el papa Silvestre 1 la dedicó al Salvador. Cerca de allí, sobre las ruinas de unas antiguas termas se construyó un baptisterio, reedificado por Sixto III (432-440) y colocado, desde el siglo XII, bajo la advocación de Juan Bautista. Esa es la razón de que se hable de San Juan de Letrán. El palacio adyacente fue hasta 1304 residencia del obispo de Roma. Deshabitado desde entonces a causa de los conflictos que asolaban el barrio, el palacio permaneció abandonado durante mucho tiempo. Cuando los papas volvieron de Aviñón (1377), Nicolás V (1447-1455) trasladó al Vaticano los servicios generales de la Iglesia. Pero la basílica de San Juan de Letrán ha seguido siendo siempre la catedral del obispo de Roma. Esa es la razón de que se celebre el aniversario de su dedicación.
En cada diócesis, la catedral es el signo, el «sacramento» se podría decir, de la unidad en la caridad de la Iglesia local, de la que el obispo es garante y guardián, en comunión con las otras Iglesias. Por eso se celebra en cada diócesis la dedicación de la catedral en la que el obispo tiene su sede. Ahora bien, el obispo de Roma, además de la responsabilidad de su propia diócesis, tiene como ministerio el servicio de la caridad y la unidad en la Iglesia entera. Su catedral es, por tanto, un signo que trasciende los límites de la diócesis. Conmemorar su dedicación es proclamar la unidad y la comunión de todas las Iglesia en comunión con el papa, «pastor de todos los fieles», «siervo de los siervos de Dios», «que preside, con el colegio episcopal, la congregación universal de la Iglesia y garantiza sus diversidades legítimas», por emplear expresiones del concilio Vaticano II.
Pero aun los más venerables santuarios son sólo signos. El único templo verdadero es Cristo. Decir esto no es despreciar los templos edificados por la fe de los fieles, sino proclamar su auténtica dignidad, sin olvidar, no obstante, que ningún edificio, por suntuoso que sea, puede aprisionar nunca a Dios, ni limitar su acción. También la Iglesia debe dar testimonio, con su acción y su comportamiento, de que la salvación está ampliamente abierta a todos.

PRIMERA LECTURA

Una visión que expresa de manera admirable y muy sugerente la significación y, podría decirse, la «vocación» de nuestras catedrales y de la más humilde de nuestras iglesias.

Vi que manaba agua del lado derecho del templo, y habrá vida dondequiera que llegue la corriente.

Lectura de la profecía de Ezequiel 47,1-2. 8-9. 12

En aquellos días, el ángel me hizo volver a la entrada del templo.
Del zaguán del templo manaba agua hacia levante -el templo miraba a levante-. El agua iba bajando por el lado derecho del templo, al mediodía del altar.
Me sacó por la puerta septentrional y me llevó a la puerta exterior que mira a levante. El agua iba corriendo por el lado derecho.
Me dijo:
- Estas aguas fluyen hacia la comarca levantina, bajarán hasta la estepa, desembocarán en el mar de las aguas salobres, y lo sanearán. Todos los seres vivos que bullan allí donde desemboque la corriente, tendrán vida; y habrá peces en abundancia. Al desembocar allí estas aguas, quedará saneado el mar y habrá vida dondequiera que llegue la corriente.
A la vera del río, en sus dos riberas, crecerán toda clase de frutales; no se marchitarán sus hojas ni sus frutos se acabarán; darán cosecha nueva cada luna, porque los riegan aguas que manan del santuario; su fruto será comestible y sus hojas medicinales.

Palabra de Dios.

SALMO

De Cristo brotan las aguas vivas del Espíritu que lo regeneran todo.

Salmo 45, 2-3. 5-6. 8-9

R.
El correr de las acequias alegra la ciudad de Dios, el Altísimo consagra su morada.

Dios es nuestro refugio y nuestra fuerza,
poderoso defensor en el peligro.
Por eso no tememos aunque tiemble la tierra,
y los montes se desplomen en el mar. R.

El correr de las acequias alegra la ciudad de Dios,
el Altísimo consagra su morada.
Teniendo a Dios en medio, no vacila;
Dios la socorre al despuntar la aurora. R.

El Señor de los ejércitos está con nosotros,
nuestro alcázar es el Dios de Jacob.
Venid a ver las obras del Señor,
las maravillas que hace en la tierra:
pone fin a la guerra hasta el extremo del orbe. R.

SEGUNDA LECTURA

Dichosos los que edifican templos vivos cimentados sobre Cristo y habitados
por el Espíritu. ¡Ay de los que provoquen su ruina!

Sois templo de Dios.

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 3,9c-11. 16-17

Hermanos:
Sois edificio de Dios. Conforme al don que Dios me ha dado, yo, como hábil arquitecto, coloqué el cimiento, otro levanta el edificio. Mire cada uno cómo construye.
Nadie puede poner otro cimiento fuera del ya puesto, que es Jesucristo.
¿No sabéis que sois templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en vosotros?
Si alguno destruye el templo de Dios, Dios lo destruirá a él; porque el templo de Dios es santo: ese templo sois vosotros.

Palabra de Dios.

Aleluya 2 Cro 7,16

Aleluya. Aleluya.
Gloria a Cristo resucitado,
el Templo que Dios ha construido. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Elijo y consagro este templo
—dice el Señor—
para que esté en él mi nombre eternamente. Aleluya.

EVANGELIO

En el evangelio según san Juan, la purificación del templo está en relación directa con la resurrección de Jesús. El, el Señor resucitado y sentado para siempre junto a Dios, es el templo no construido por mano de hombre, en el cual y por el cual los creyentes celebran el culto en espíritu y verdad.

Hablaba del templo de su cuerpo.

Lectura del santo evangelio según san Juan 2,13-22

Se acercaba la Pascua de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén. Y encontró en el templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas sentados; y, haciendo un azote de cordeles, los echó a todos del templo, ovejas y bueyes; y a los cambistas les esparció las monedas y les volcó las mesas; y a los que vendían palomas les dijo:
- Quitad esto de aquí; no convirtáis en un mercado la casa de mi Padre.
Sus discípulos se acordaron de lo que está escrito: «El celo de tu casa me devora».
Entonces intervinieron los judíos y le preguntaron:
- ¿Qué signos nos muestras para obrar así?
Jesús contestó:
- Destruid este templo, y en tres días lo levantaré.
Los judíos replicaron:
- Cuarenta y seis años ha costado construir este templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?
Pero él hablaba del templo de su cuerpo. Y, cuando resucitó de entre los muertos, los discípulos se acordaron de que lo había dicho, y dieron fe a la Escritura y a la palabra que había dicho Jesús.

Palabra de Dios.