lunes, 7 de enero de 2013

13/01/2013 - El Bautismo del Señor (C)

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Lecturas y Evangelio del domingo

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13 de enero de 2013

El Bautismo del Señor (C)



A finales del siglo VIII se instauró en algunos lugares una octava de Navidad; ese día se leía el evangelio del bautismo. En el siglo XVIII se celebraba en Francia una fiesta del Bautismo del Señor. Por otro lado, la Epifanía de las Iglesias orientales celebra, no la adoración de los magos, sino la teofanía que tuvo lugar a orillas del Jordán, en el momento de ser bautizado. En el Calendario romano la celebración del Bautismo del Señor no se introdujo hasta 1960, fijándose su fecha actual en 1969. El Leccionario preveía entonces un evangelio propio para cada ciclo litúrgico, aunque manteniendo siempre las mismas primeras lecturas. En su segunda edición (1981) cada ciclo se ha dotado de textos bíblicos propios.
A pesar de su diversidad, e incluso de sus vacilaciones, el conjunto de las tradiciones litúrgicas han mantenido la gran importancia del acontecimiento que tuvo lugar a orillas del Jordán, adonde acudió Jesús para que Juan lo bautizara. Esta convergencia no tiene nada de sorprendente a la vista de lo que dicen los evangelios. San Mateo recoge el bautismo de Jesús en un relato detallado. San Marcos y san Lucas se conforman con mencionarlo. San Juan, por último, lo evoca con ocasión de la llamada de los primeros discípulos. Pero todos, cada uno a su modo, afirman que en este momento Jesús es testigo de una manifestación divina que lo designa como «Hijo amado» enviado del Padre. Esta teofanía es el «comienzo del Evangelio», porque es entonces cuando Jesús es investido solemnemente en su misión por el Padre y el Espíritu Santo, y se le confiere lo que podríamos llamar su «ordenación mesiánica». ELes el que los profetas, especialmente Isaías, anunciaban como el siervo a quien Dios ha hecho alianza de un pueblo, luz de las naciones, el «soberano de naciones», el «pastor que apacienta el rebaño» y reúne a las ovejas dispersas. Quien cree en él se convierte en «hijo de Dios», porque en él «ha apareci4o la gracia de Dios, que trae la salvación para todos los hombres». En consecuencia, no se puede separar el bautismo de Jesús del bautismo que reciben sus discípulos.

PRIMERA LECTURA

Este «primer canto del siervo» presenta a un enviado de Dios excepcional. Manso y humilde de corazón, infinitamente misericordioso con todos, con una fuerza de ánimo invencible, luz de las naciones y alianza de Dios con su pueblo, Mesías pacífico, «implantará el derecho en la tierra». Este oráculo hace que la mirada de los cristianos se vuelva hacia Cristo, el ungido del Señor, el Hijo amado del Padre.

Mirad a mi siervo, a quien prefiero.

Lectura del libro de Isaías 42, 1-4. 6-7

Así dice el Señor:
- Mirad a mi siervo, a quien sostengo;
mi elegido, a quien prefiero.
Sobre él he puesto mi espíritu,
para que traiga el derecho a las naciones.
No gritará, no clamará,
no voceará por las calles.
La caña cascada no la quebrará,
el pábilo vacilante no lo apagará.
Promoverá fielmente el derecho,
no vacilará ni se quebrará,
hasta implantar el derecho en la tierra,
y sus leyes que esperan las islas.
Yo, el Señor,
te he llamado con justicia,
te he cogido de la mano,
te he formado,
y te he hecho alianza de un pueblo,
luz de las naciones.
Para que abras los ojos de los ciegos,
saques a los cautivos de la prisión,
y de la mazmorra a los que habitan las tinieblas.

Palabra de Dios.

O bien.

¡Buena noticia! El Señor viene, está aquí: rey poderoso y pacifico que trae el perdón y la liberación; pastor atento a los más pequeños y a los más débiles, que conduce a su pueblo por caminos seguros. «Hoy se cumple esta Escritura», dice Jesús en su discurso inaugural en la sinagoga de Nazaret. El ha inaugurado la era de la gracia anunciada.

Se revelará la Gloria del Señor, y la verán todos.

Lectura del libro de Isaías 40,1-5.9-11

"Consolad, consolad a mi pueblo,
-dice vuestro Dios-;
hablad al corazón de Jerusalén,
gritadle que se ha cumplido su servicio,
y está pagado su crimen,
pues de la mano del Señor
ha recibido doble paga por sus pecados."
Una voz grita:
"En el desierto preparadle un camino al Señor;
allanad en la estepa una calzada para nuestro Dios;
que los valles se levanten,
que montes y colinas se abajen,
que lo torcido se enderece
y lo escabroso se iguale.
Se revelará la gloria del Señor,
y la verán todos los hombres
juntos ha hablado la boca del Señor-."
Súbete a un monte elevado,
heraldo de Sión;
alza fuerte la voz,
heraldo de Jerusalén;
álzala, no temas,
di a las ciudades de Judá:
"Aquí está vuestro Dios.
Mirad, el Señor Dios llega con poder,
y su brazo manda.
Mirad, viene con él su salario,
y su recompensa lo precede.
Como un pastor que apacienta el rebaño,
su brazo lo reúne,
toma en brazos los corderos
y hace recostar a las madres."

Palabra de Dios.

SALMO

A orillas del Jordán, Dios manifestó en Jesús, su siervo, el poder de su amor, reveló la gloria de su verdad, desplegó la fuerza de su Espíritu.

Salmo 28, 1a y 2. 3ac-4. y 9b-10 (R.: 11b)

R.
El Señor bendice a su pueblo con la paz.

Hijos de Dios, aclamad al Señor,
aclamad la gloria del nombre del Señor,
postraos ante el Señor en el atrio sagrado. R.

La voz del Señor sobre las aguas,
el Señor sobre las aguas torrenciales.
La voz del Señor es potente,
la voz del Señor es magnífica. R.

El Dios de la gloria ha tronado.
En su templo un grito unánime: «¡Gloria!»
El Señor se sienta por encima del aguacero,
el Señor se sienta como rey eterno. R.

O bien.

Una creación nueva: cielo y tierra, mares y ríos, todo ser viviente, el universo entero transformado con el soplo del Espíritu.

Salmo 103, 1-2a. 2b-4. 24-25. 27-28. 29-30

R
Bendice, alma mía, al Señor:
¡Dios mío, qué grande eres!

Bendice, alma mía, al Señor:
¡Dios mío, qué grande eres!
Te vistes de belleza y majestad,
la luz te envuelve como un manto. R

Extiendes los cielos como una tienda,
construyes tu morada sobre las aguas;
las nubes te sirven de carroza,
avanzas en las alas del viento;
los vientos te sirven de mensajeros,
el fuego llameante, de ministro. R

Cuántas son tus obras, Señor,
y todas las hiciste con sabiduría;
la tierra está llena de tus criaturas.
Ahí está el mar: ancho y dilatado,
en él bullen, sin número,
animales pequeños y grandes. R

Todos ellos aguardan
a que les eches comida a su tiempo:
se la echas, y la atrapan;
abres tu mano, y se sacian de bienes. R

Escondes tu rostro, y se espantan;
les retiras el aliento, y expiran
y vuelven a ser polvo;
envías tu aliento, y los creas,
y repueblas la faz de la tierra. R

SEGUNDA LECTURA

Principales etapas del ministerio mesiánico de Jesús, evocadas en densa síntesis con ocasión del primer anuncio del «Señor de todos» a un pagano, al que Pedro administra el bautismo.

Ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo.

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 10, 34-38

En aquellos días, Pedro tomó la palabra y dijo:
-«Está claro que Dios no hace distinciones; acepta al que lo teme y practica la justicia, sea de la nación que sea. Envió su palabra a los israelitas, anunciando la paz que traería Jesucristo, el Señor de todos.
Conocéis lo que sucedió en el país de los judíos, cuando Juan predicaba el bautismo, aunque la cosa empezó en Galilea. Me refiero a Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él.»

Palabra de Dios.

O bien.

La teofanía, la manifestación de Dios en favor de su Hijo, que tuvo lugar a orillas del Jordán, inauguró la última etapa de la historia de la salvación. Aquellos a quienes Dios hace renacer por el baño del bautismo cristiano y renueva con el Espíritu Santo poseen ya desde ahora las arras del Reino que recibirán como herencia.

Nos ha salvado con el baño del segundo nacimiento y de la renovación del Espíritu Santo.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a Tito 2,11-14; 3,4-7

Querido hermano: Ha aparecido la gracia de Dios, que trae la salvación para todos los hombres, enseñándonos a renunciar a la impiedad y a los deseos mundanos, y a llevar ya desde ahora una vida sobria, honrada y religiosa, aguardando la dicha que esperamos: la aparición gloriosa del gran Dios y Salvador nuestro, Jesucristo.
El se entregó por nosotros para rescatamos de toda maldad y para prepararse un pueblo purificado, dedicado a las buenas obras. Mas, cuando ha aparecido la bondad de Dios, nuestro Salvador, y su amor al hombre, no por las obras de justicia que hayamos hecho nosotros, sino que según su propia misericordia nos ha salvado, con el baño del segundo nacimiento y con la renovación por el Espíritu Santo; Dios lo derramó copiosamente sobre nosotros por medio de Jesucristo, nuestro Salvador.
Así, justificados por su gracia, somos, en esperanza, herederos de la vida eterna.

Palabra de Dios.

ALELUYA Lc 3,16

Aleluya, aleluya.
Palabra eterna del Padre,
Mesías de Dios con nosotros,
Templo del Espíritu Santo,
Jesucristo, gloria a ti. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
«Viene el que puede más que yo —dijo Juan—;
él os bautizará con Espíritu Santo y fuego». Aleluya.

EVANGELIO

Jesús ha sido bautizado en medio de la muchedumbre congregada por la predicación de Juan. Solo en la oración, como con tanta frecuencia a lo largo de su ministerio, ve al Espíritu descender sobre él y oye una voz del cielo que confirma su misión de Hijo eterno, enviado para que los hombres renazcan del agua y del Espíritu.

Jesús fue bautizado y mientras oraba, se abrieron los cielos.

+ Lectura del santo evangelio según san Lucas 3,15-16. 21-22

En aquel tiempo, el pueblo estaba en expectación y todos se preguntaban si no sería Juan el Mesías. Él tomó la palabra y dijo a todos:
- Yo os bautizo con agua; pero viene el que puede más que yo, y no merezco desatarle la correa de sus sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego.
En un bautismo general, Jesús también se bautizó. Y, mientras oraba, se abrió el cielo, bajó el Espíritu Santo sobre él en forma de paloma, y vino una voz del cielo:
- Tú eres mi Hijo, el amado, el predilecto.

Palabra de Dios.

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