lunes, 25 de febrero de 2013

03/03/2013 - 3º domingo de Cuaresma (C)

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Lecturas y Evangelio del domingo

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3 de marzo de 2013

3º domingo de Cuaresma (C)



«Soy el mismo, pero no lo mismo». Cuando hablamos así queremos decir: «Desde que nací hasta hoy sigo siendo la misma persona, aunque no he dejado de cambiar, de evolucionar, en todos los campos, hasta el punto de que, a veces, casi no me reconozco». «En cuanto a lo que seré mañana, es imposible avanzarlo con un mínimo de seguridad». Sólo Dios puede decir: «Yo soy», añadiendo incluso: «Ese es mi nombre para siempre». Las otras maneras de nombrarlo, los calificativos con que se le designa, tratan de aproximarse un poco a su identidad, pero nunca pueden, ni podrán jamás, definirlo. Cuando se dice algo de él —y forzoso es hablar de él, referirse a él con palabras humanas—, hay que añadir: «No es eso, sino totalmente distinto, el Totalmente Otro, el absolutamente inefable». El Corán lo expresa a su manera diciendo: «Dios tiene cien nombres». Pero, tras enumerar noventa y nueve, añade: «El centésimo es desconocido».
En la famosa visión de la zarza ardiendo, Dios responde primero a la pregunta de Moisés: «Soy el que soy», es decir, «No me preguntes más». «El es» el Dios revelado a Abrahán, el padre de los creyentes, y a sus descendencia. «El será» el liberador y el protector de su pueblo; «YO SOY», así, con mayúsculas, es su nombre para siempre, con el que es ensalzado de edad en edad.
A Dios nadie lo ha visto nunca, y, sin embargo, a través de lo que hace por nosotros, manifiesta sin cesar, de forma bien concreta, que él es el único que está verdaderamente a nuestro alcance. De ese modo aprendemos a conocerlo cada vez mejor como el que nos ama y ha decidido salvar a todos los hombres, a quienes ha colocado en la tierra para que den frutos de vida eterna. Ningún hortelano se ocupa con tanto esmero de los árboles de su huerto. Urge, pues, aprovechar este plazo para convertirse. No se trata de algo aleatorio: es cuestión de vida o muerte, como repite hasta la saciedad la liturgia de la Cuaresma.
«Ojalá escuchéis hoy su voz» (Sal 94,7). «Pensad en lo que les ocurrió a algunos durante el éxodo. Guardaos de caer como ellos, viene a decir san Pablo. Vosotros habéis sido bautizados en Cristo; su cuerpo y su sangre se os dan como alimento y como bebida para la travesía del desierto».

PRIMERA LECTURA

Vocación y misión de Moisés y revelación del nombre divino: uno de los relatos más conocidos de la Biblia, paso capital en la historia de la salvación. Va a iniciarse el éxodo, acontecimiento fundante del pueblo de Dios, bajo la guía de Moisés, enviado por el Señor; Dios de los padres, fiel a sus promesas. Su contenido exacto se irá desvelando progresivamente, pero la intención se hace patente ya desde ahora: liberar al pueblo elegido de sus sufrimientos y de su esclavitud. Durante esta visión Dios revela su nombre: «Soy el que soy», «Yo soy», el que trasciende los tiempos y la historia, el mismo ayer, hoy y siempre, el que era, el que es y el que viene, como profesa la liturgia.

«Yo soy» me envía a vosotros.

Lectura del libro del Éxodo 3,1-8a. 13-15

En aquellos días, Moisés pastoreaba el rebaño de su suegro Jetró, sacerdote de Madián; llevó el rebaño trashumando por el desierto hasta llegar a Horeb, el monte de Dios.
El ángel del Señor se le apareció en una llamarada entre las zarzas. Moisés se fijó: la zarza ardía sin consumirse.
Moisés se dijo:
- Voy a acercarme a mirar este espectáculo admirable, a ver cómo es que no se quema la zarza.
Viendo el Señor que Moisés se acercaba a mirar, lo llamó desde la zarza:
- Moisés, Moisés.
Respondió él:
- Aquí estoy.
Dijo Dios:
- No te acerques; quítate las sandalias de los pies, pues el sitio que pisas es terreno sagrado.
Y añadió:
- Yo soy el Dios de tus padres, el Dios de Abrahán, el Dios de Isaac, el Dios de Jacob.
Moisés se tapó la cara, temeroso de ver a Dios.
El Señor le dijo:
- He visto la opresión de mi pueblo en Egipto, he oído sus quejas contra los opresores, me he fijado en sus sufrimientos. Voy a bajar a librarlos de los egipcios, a sacarlos de esta tierra, para llevarlos a una tierra fértil y espaciosa, tierra que mana leche y miel.
Moisés replicó a Dios:
- Mira, yo iré a los israelitas y les diré: «El Dios de vuestros padres me ha enviado a vosotros».
Si ellos me preguntan cómo se llama, ¿qué les respondo?
Dios dijo a Moisés:
- «Soy el que soy»; esto dirás a los israelitas: «Yo soy» me envía a vosotros.
Dios añadió:
- Esto dirás a los israelitas: «Yahvé (Él-es), Dios de vuestros padres, Dios de Abrahán, Dios de Isaac, Dios de Jacob, me envía a vosotros. Éste es mi nombre para siempre: así me llamaréis de generación en generación».

Palabra de Dios.

SALMO

Perdón, curación, ternura, justicia: revelación del misterio de Dios a través de sus planes de salvación y de sus hazañas.

Salmo 102, 1-2. 3-4. 6-7. 8 y 11

R
El Señor es compasivo y misericordioso.

Bendice, alma mía, al Señor,
y todo mi ser a su santo nombre.
Bendice, alma mía, al Señor,
y no olvides sus beneficios. R

Él perdona todas tus culpas,
y cura todas tus enfermedades;
él rescata tu vida de la fosa,
y te colma de gracia y de ternura. R

El Señor hace justicia,
y defiende a todos los oprimidos;
enseñó sus caminos a Moisés,
y sus hazañas a los hijos de Israel. R

El Señor es compasivo y misericordioso,
lento a la ira y rico en clemencia;
como se levanta el cielo sobre la tierra,
se levanta su bondad sobre sus fieles. R

SEGUNDA LECTURA

El éxodo, acontecimiento fundante del pueblo de Dios, continuamente recordado, meditado y comentado por los autores bíblicos, está cuajado de enseñanzas de inagotable riqueza y siempre actuales. Hoy es Cristo quien va a la cabeza, y en la ruta del éxodo de la última de las edades nos alimenta con su cuerpo y sangre. Evitemos el pecado, del que nos han liberado las aguas del bautismo, para entrar en la tierra prometida y participar de la Pascua eterna.

La vida del pueblo con Moisés en el desierto fue escrita para escarmiento nuestro.

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 10,1-6. 10-12

No quiero que ignoréis, hermanos, que nuestros padres estuvieron todos bajo la nube y todos atravesaron el mar y todos fueron bautizados en Moisés por la nube y el mar; y todos comieron el mismo alimento espiritual; y todos bebieron la misma bebida espiritual, pues bebían de la roca espiritual que los seguía; y la roca era Cristo. Pero la mayoría de ellos no agradaron a Dios, pues sus cuerpos quedaron tendidos en el desierto.
Estas cosas sucedieron en figura para nosotros, para que no codiciemos el mal como lo hicieron aquellos.
No protestéis, como protestaron algunos de ellos, y perecieron a manos del Exterminador.
Todo esto les sucedía como un ejemplo y fue escrito para escarmiento nuestro, a quienes nos ha tocado vivir en la última de las edades. Por lo tanto, el que se cree seguro, ¡cuidado!, no caiga.

Palabra de Dios.

VERSÍCULO ANTES DEL EVANGELIO Mt 4,17

Cristo nos llama hoy.
Convirtámonos sin tardar a su palabra.

Convertíos —dice el Señor—,
porque está cerca el reino de los cielos.

EVANGELIO

Atentados, accidentes, hombres, mujeres y niños que mueren cada día de muerte violenta. Se impone la búsqueda de los culpables de estos crímenes y de los responsables de estas catástrofes. Pero nunca se puede afirmar que las víctimas han sido castigadas por sus pecados. Al contrario, sabiendo que, de una manera u otra, todos tenemos que pasar por la muerte, se trata de evitar que nos sorprenda desprevenidos. Dios tiene paciencia. Pero el plazo para convertirnos es breve. Aprovechemos el «tiempo favorable» de la Cuaresma.

Si no os convertís, todos pereceréis de la misma manera.

+ Lectura del santo evangelio según san Lucas 13,1-9

En aquella ocasión se presentaron algunos a contar a Jesús lo de los galileos, cuya sangre vertió Pilato con la de los sacrificios que ofrecían. Jesús les contestó:
- ¿Pensáis que esos galileos eran más pecadores que los demás galileos, porque acabaron así? Os digo que no; y si no os convertís, todos pereceréis lo mismo. Y aquellos dieciocho que murieron aplastados por la torre de Siloé, ¿pensáis que eran más culpables que los demás habitantes de Jerusalén? Os digo que no. Y si no os convertís, todos pereceréis de la misma manera.
Y les dijo esta parábola:
Uno tenía una higuera plantada en su viña, y fue a buscar fruto en ella, y no lo encontró.
Dijo entonces al viñador:
- Ya ves: tres años llevo viniendo a buscar fruto en esta higuera, y no lo encuentro. Córtala. ¿Para qué va a ocupar terreno en balde?
Pero el viñador contestó:
- Señor, déjala todavía este año; yo cavaré alrededor y le echaré estiércol, a ver si da fruto. Si no, el año que viene la cortarás.

Palabra de Dios.

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