lunes, 4 de febrero de 2013

10/02/2013 - 5º domingo Tiempo ordinario (C)

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Lecturas y Evangelio del domingo

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10 de febrero de 2013

5º domingo Tiempo ordinario (C)



El cuadro que el evangelio pone hoy ante nuestros ojos nos muestra a Jesús en una actitud hierática, que evoca la del resucitado. El evangelista, en efecto, pasa inmediatamente del título de «Maestro» al de «Señor», y Pedro «se arroja a los pies de Jesús»: esta denominación y esta postración nos recuerdan las de los discípulos en el momento de la ascensión. La escena, situada en las primeras páginas del evangelio, responde a la intención del autor. Invita a abordar la lectura del evangelio confesando la verdadera identidad de aquel en quien los discípulos han puesto su confianza (Lc 1,1-4: tercer domingo).
Por otra parte, san Lucas, que es también autor del libro de los Hechos de los apóstoles, ve en el episodio que le ha transmitido la tradición ciertos rasgos que se observan en la vida eclesial. La enseñanza que los creyentes han recibido viene de Jesús, que hablaba a la muchedumbre ávida de escuchar su palabra. La abundancia de la pesca evoca el extraordinario éxito de la predicación apostólica, y explica de antemano el valor de los apóstoles convertidos en «pescadores de hombres», que remarán mar adentro con el fin de ganar para Cristo al mayor número de oyentes. La tarea es como para espantarlos. Pero Jesús les dice: «No temáis». Esto basta para infundirles la valentía necesaria para dejarlo todo y «seguirlo», olvidando su pasado. ¿Acaso no ha sido elegido para anunciar la Buena Noticia un perseguidor como Saulo? Y puede hacerlo con un celo extraordinario porque la gracia de Dios está con él, y él está dispuesto a obedecer al Señor en lo que le pida.
También hoy hay que confiar en el Señor y, «por su palabra», echar de nuevo las redes después de haber pasado noches de trabajo infructuoso. La repentina e inesperada abundancia de la «pesca» manifiesta la omnipotencia de quien es el Maestro y Señor de la Iglesia. El sigue estando ahí, en la barca de Pedro. La manifestación concreta de su presencia suscita generalmente un temor sagrado; el temor que experimentaron los profetas al ser llamados por Dios, y también María, cuando «se turbó» ante las palabras del ángel (Lc 1,29).
La contemplación de Cristo y la escena de la pesca milagrosa vienen a reavivar el valor, la confianza y el empuje misionero de las comunidades cristianas, que podrían sentirse debilitadas por la aparente inutilidad de sus esfuerzos.

PRIMERA LECTURA

Ante al arca de la alianza, sobre la cual despliegan sus alas los serafines, el profeta adquiere aguda conciencia de la grandeza del Dios tres veces santo, cuya gloria llena el universo; y también de su pequeñez como miembro solidario de un pueblo de pecadores. Pero una vez purificado por el Señor; se pone sin reservas a su disposición para desempeñar la misión que el Altísimo tenga a bien confiarle.

Aquí estoy, mándame.

Lectura del libro de Isaías 6,1-2a. 3-8

El año de la muerte del rey Ozías, vi al Señor sentado sobre un trono alto y excelso: la orla de su manto llenaba el templo.
Y vi serafines en pie junto a él. Y se gritaban uno a otro, diciendo:
- ¡Santo, santo, santo, el Señor de los ejércitos, la tierra está llena de su gloria!
Y temblaban los umbrales de las puertas al clamor de su voz, y el templo estaba lleno de humo.
Yo dije:
- ¡Ay de mí, estoy perdido! Yo, hombre de labios impuros, que habito en medio de un pueblo de labios impuros, he visto con mis ojos al Rey y Señor de los ejércitos.
Y voló hacia mí uno de los serafines, con un ascua en la mano, que había cogido del altar con unas tenazas; la aplicó a mi boca y me dijo:
- Mira; esto ha tocado tus labios, ha desaparecido tu culpa, está perdonado tu pecado.
Entonces, escuché la voz del Señor, que decía:
- ¿A quién mandaré? ¿Quién irá por mí?
Contesté:
- Aquí estoy, mándame.

Palabra de Dios.

SALMO

Con los labios y el corazón purificados, asociemos nuestra alabanza a la del cielo y la tierra.

Salmo 137, 1-2a. 2bc-3. 4-5. 7c-8

R
Delante de los ángeles tañeré para ti, Señor.

Te doy gracias, Señor, de todo corazón;
delante de los ángeles tañeré para ti,
me postraré hacia tu santuario. R

Daré gracias a tu nombre,
por tu misericordia y tu lealtad.
Cuando te invoqué, me escuchaste,
acreciste el valor en mi alma. R

Que te den gracias, Señor,
los reyes de la tierra,
al escuchar el oráculo de tu boca;
canten los caminos del Señor,
porque la gloria del Señor es grande. R

Extiendes tu brazo y tu derecha me salva.
El Señor completará sus favores conmigo:
Señor, tu misericordia es eterna,
no abandones la obra de tus manos. R

SEGUNDA LECTURA

Para salvarse hay que guardar en toda su pureza la buena noticia, que constituye el núcleo del «símbolo de los apóstoles», y no olvidar nunca que todo el bien que se pueda hacer hay que atribuirlo a la gracia de Dios.

Esto es lo que predicamos; esto es lo que habéis creído.

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 15,1-11

Hermanos:
Os recuerdo el Evangelio que os proclamé y que vosotros aceptasteis, y en el que estáis fundados, y que os está salvando, si es que conserváis el Evangelio que os proclamé; de lo contrario, se ha malogrado vuestra adhesión a la fe.
Porque lo primero que yo os transmití, tal como lo había recibido, fue esto: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se le apareció a Cefas y más tarde a los Doce; después se apareció a más de quinientos hermanos juntos, la mayoría de los cuales viven todavía, otros han muerto; después se le apareció a Santiago, después a todos los Apóstoles; por último, como a un aborto, se me apareció también a mí.
Porque yo soy el menor de los Apóstoles y no soy digno de llamarme apóstol, porque he perseguido a la Iglesia de Dios.
Pero por la gracia de Dios soy lo que soy y su gracia no se ha frustrado en mí.
Antes bien, he trabajado más que todos ellos. Aunque no he sido yo, sino la gracia de Dios conmigo. Pues bien; tanto ellos como yo esto es lo que predicamos; esto es lo que habéis creído.

Palabra de Dios.

ALELUYA Mt 4,19

Aleluya, aleluya.
Hay que dejarlo todo por Cristo
cuando él llama. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Venid y seguidme —dice el Señor—,
y os haré pescadores de hombres. Aleluya.

EVANGELIO

La extraordinaria difusión del Evangelio, en la que insiste con tanta frecuencia el libro de los Hechos de los apóstoles, se debe a la fidelidad de los predicadores al mandato del Señor que hace eficaces sus palabras y su testimonio. Los fracasos que puedan cosecharse en alguna parte no deben desanimarlos. Ellos deben preocuparse sólo de echar las redes. La separación de los buenos y los malos se hará más tarde, cuando la barca haya arribado a la orilla.

Dejándolo todo, lo siguieron.

+ Lectura del santo evangelio según san Lucas 5,1-11

En aquel tiempo, la gente se agolpaba alrededor de Jesús para oír la Palabra de Dios, estando él a orillas del lago de Genesaret; y vio dos barcas que estaban junto a la orilla: los pescadores habían desembarcado y estaban lavando las redes.
Subió a una de las barcas, la de Simón, y le pidió que la apartara un poco de tierra. Desde la barca, sentado, enseñaba a la gente.
Cuando acabó de hablar, dijo a Simón:
- Rema mar adentro y echa las redes para pescar.
Simón contestó:
- Maestro, nos hemos pasado la noche bregando y no hemos cogido nada; pero, por tu palabra, echaré las redes.
Y, puestos a la obra, hicieron una redada de peces tan grande, que reventaba la red. Hicieron señas a los socios de la otra barca, para que vinieran a echarles una mano. Se acercaron ellos y llenaron las dos barcas, que casi se hundían. Al ver esto, Simón Pedro se arrojó a los pies de Jesús, diciendo:
- Apártate de mí, Señor, que soy un pecador.
Y es que el asombro se había apoderado de él y de los que estaban con él, al ver la redada de peces que habían cogido; y lo mismo les pasaba a Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón.
Jesús dijo a Simón:
- No temas: desde ahora serás pescador de hombres.
Ellos sacaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron.

Palabra de Dios.

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