lunes, 29 de abril de 2013

05/05/2013 - 6º domingo de Pascua (C)

Inicio ..... Ciclo A ..... Ciclo B ..... Ciclo C ..... Euskera

Lecturas y Evangelio del domingo

Para leer, compartir, bajarse o imprimir las lecturas y el Evangelio del domingo haz "clic" sobre el título del domingo, o haz "clic" sobre Ciclo A, Ciclo B o Ciclo C, en el menú superior para leer los evangelios de cada ciclo.
------------------------------------------------------------------------------------------------------------

5 de mayo de 2013

6º domingo de Pascua (C)



Cuando la Ascensión del Señor se celebra el domingo siguiente, en este sexto domingo de Pascua pueden leerse la segunda lectura y el evangelio asignados al séptimo domingo.

Con su vuelta al Padre, el Señor resucitado no abandona a sus discípulos. Permanece con todos y con cada uno de ellos de un modo nuevo que antes no le permitía su condición humana. Viene con el Padre y hace morada en los que lo aman y guardan sus palabras. Y les da el Espíritu Santo, el Defensor, memoria viva y maestro interior de la Iglesia.
Él ha transformado a hombres débiles y cobardes en predicadores decididos del Evangelio y en testigos del Señor, valientes hasta el martirio. Les ha hecho recordar palabras de la Escritura o de Jesús oídas distraídamente, o no comprendidas al principio. Con mucha frecuencia los evangelistas y los escritos apostólicos citan textos escriturísticos y palabras de Jesús que el Espíritu Santo les ha traído a la memoria o cuyo significado les ha revelado posteriormente. Más tarde, los padres de la Iglesia, los exégetas, los místicos, los simples fieles, han seguido profundizando en el sentido y el alcance de las Escrituras inspiradas, que el magisterio y los predicadores actualizan. Así es como se ha ido desarrollando y sigue desarrollándose aún la tradición viva de la Iglesia.
Muy pronto, después de Pentecostés y bajo el impulso del Espíritu Santo, los primeros discípulos, tras vivos debates, admiten que los paganos convertidos no tienen por qué guardar normas añadidas. A medida que se va extendiendo la misión, la Iglesia, con mayor o menor valentía o, a veces, por el contrario, reticencia, se va abriendo progresivamente a nuevas culturas. Por ejemplo, los autores del Nuevo Testamento tradujeron al griego las enseñanzas que Jesús había impartido en arameo, mientras que fueron necesarios siglos para que la liturgia pudiera celebrarse en todas las lenguas. Casi en nuestros días, el Vaticano II (1962-1965) ha afirmado solemnemente que la Iglesia tiene el deber de abrirse ampliamente a todas las culturas, dando prueba de discernimiento, ciertamente, pero sin miedos. El papa y el colegio de los obispos han «decidido» con el Espíritu Santo no imponer a los fieles de nuestro tiempo cargas seculares, pero que ya no eran necesarias.
A los que aguardan llenos de esperanza la manifestación de la Jerusalén del cielo, el Espíritu les anuncia: «Vivid con alegría y en acción de gracias. Salud».

PRIMERA LECTURA

¿Es necesario, o legítimo, imponer a otros prácticas ancestrales de valor indiscutible, que han jalonado el camino de muchos hacia el evangelio? Es la cuestión que plantean, sin duda con buena intención, gentes venidas de Judea a Antioquía. Después de una seria discusión, la asamblea, llamada a veces «concilio de Jerusalén», consciente de la asistencia del Espíritu Santo, toma una decisión inspirada por el deseo de mantener la unidad y la caridad en las comunidades formadas por cristianos procedentes del judaísmo y del paganismo.

Hemos decidido, el Espíritu Santo y nosotros, no imponeros más cargas que las indispensables.

Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 15,1-2. 22-29

En aquellos días, unos que bajaron de Judea se pusieron a enseñar a los hermanos que, si no se circuncidaban conforme a la tradición de Moisés, no podían salvarse. Esto provocó un altercado y una violenta discusión con Pablo y Bernabé; y se decidió que Pablo, Bernabé y algunos más subieran a Jerusalén a consultar a los apóstoles y presbíteros sobre la controversia.
Los apóstoles y los presbíteros con toda la Iglesia acordaron entonces elegir algunos de ellos y mandarlos a Antioquía con Pablo y Bernabé. Eligieron a Judas Barsabá y a Silas, miembros eminentes entre los hermanos, y les entregaron esta carta:
«Los apóstoles y los presbíteros hermanos saludan a los hermanos de Antioquía, Siria y Cilicia convertidos del paganismo.
Nos hemos enterado de que algunos de aquí, sin encargo nuestro, os han alarmado e inquietado con sus palabras. Hemos decidido, por unanimidad, elegir algunos y enviároslos con nuestros queridos Bernabé y Pablo, que han dedicado su vida a la causa de nuestro Señor Jesucristo. En vista de esto, mandamos a Silas y a Judas, que os referirán de palabra lo que sigue: hemos decidido, el Espíritu Santo y nosotros, no imponeros más cargas que las indispensables: que os abstengáis de carne sacrificada a los ídolos, de sangre, de animales estrangulados y de la fornicación. Haréis bien en apartaros de todo esto. Salud.»

Palabra de Dios.

SALMO

Un solo Señor Jesucristo, conduce a la multitud de los pueblos hacia el Padre de todos.

Salmo 66, 2-3. 5. 6 y 8

R
Oh Dios, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben.

El Señor tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros:
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación. R

Que canten de alegría las naciones,
porque riges la tierra con justicia,
riges los pueblos con rectitud
y gobiernas las naciones de la tierra. R

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.
Que Dios nos bendiga;
que le teman hasta los confines del orbe. R

SEGUNDA LECTURA

La ciudad futura garantizará una protección total a sus habitantes (»una muralla grande y alta»); el Antiguo Testamento (los nombres de las doce tribus grabados en las puertas) y el Nuevo (los nombres de los doce apóstoles en los basamentos de la muralla) le dan cohesión; participará de la eternidad y la gloria de Dios (no necesita sol ni luna que la alumbre); y se habrá superado el tiempo de las mediaciones sacramentales (no habrá ya santuario).

Me enseñó la ciudad santa, que bajaba del cielo

Lectura del libro del Apocalipsis 21,10-14. 22-23

El ángel me transportó en éxtasis a un monte altísimo, y me enseñó la ciudad santa, Jerusalén, que bajaba del cielo, enviada por Dios, trayendo la gloria de Dios.
Brillaba como una piedra preciosa, como jaspe traslúcido.
Tenía una muralla grande y alta y doce puertas custodiadas por doce ángeles, con doce nombres grabados: los nombres de las tribus de Israel.
A oriente tres puertas, al norte tres puertas, al sur tres puertas, y a occidente tres puertas.
La muralla tenía doce basamentos que llevaban doce nombres: los nombres de los apóstoles del Cordero.
Santuario no vi ninguno, porque es su santuario el Señor Dios todopoderoso y el Cordero.
La ciudad no necesita sol ni luna que la alumbre, porque la gloria de Dios la ilumina y su lámpara es el Cordero.

Palabra de Dios.

O bien.

El Apocalipsis, último libro de la Biblia, concluye con una advertencia seria y solemne: no se debe quitar ni añadir nada a las Sagradas Escrituras. La última revelación del libro se refiere a la certeza del retorno del Señor. Que los creyentes no bajen la guardia y no se replieguen en sí mismos. El tiempo apremia; es urgente dar testimonio de la resurrección del Señor Jesús. La vida, como la liturgia, debe apresurar el día del reencuentro, en el que se consumará, en el amor; el misterio de la unidad entre Dios, la humanidad y el universo entero: «Amén. Ven, Señor Jesús. Marana tha».

Ven, Señor Jesús.

Lectura del libro del Apocalipsis 22,12-14.16-1 7.20

Yo, Juan, escuché una voz que me decía: «Mira, llego enseguida y traigo conmigo mi salario, para pagar a cada uno su propio trabajo. Yo soy el alfa y la omega, el primero y el último, el principio y el fin. Dichosos los que lavan su ropa, para tener derecho al árbol de la vida y poder entrar por las puertas de la ciudad. Yo, Jesús, os envío mi ángel con este testimonio para las Iglesias. Yo soy el retoño y el vástago de David, la estrella luciente de la mañana». El Espíritu y la novia dicen:
«Ven!». El que lo oiga, que repita: «Ven!». El que tenga sed, y quiera, que venga a beber de balde el agua viva. El que se hace testigo de estas cosas dice: «Sí, voy a llegar enseguida». Amén. Ven, Señor Jesús.

Palabra de Dios.

ALELUYA Jn 14,23

Aleluya. Aleluya.
No estéis tristes ni tengáis miedo:
Jesús se ha ido al Padre,
pero vuelve de nuevo
por el don del Espíritu, el Defensor Aleluya.

Aleluya, aleluya.
El que me ama guardará mi palabra
—dice el Señor—,
y mi Padre lo amará, y vendremos a él. Aleluya.

EVANGELIO

La partida de Jesús ¿condenará a los que no lo han conocido personalmente a vivir como en un destierro, en la soledad árida de la fe, a la espera del retorno glorioso del Señor? No; si aman y guardan fielmente sus palabras, tendrán siempre con ellos al Padre y al Hijo, con el Espíritu Santo, memoria viva del Evangelio.

El Espíritu Santo os irá recordando todo lo que os he dicho.

Lectura del santo evangelio según san Juan 14,23-29

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
- El que me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él.
El que no me ama no guardará mis palabras. Y la palabra que estáis oyendo no es mía, sino del Padre que me envió.
Os he hablado de esto ahora que estoy a vuestro lado, pero el Defensor, el Espíritu Santo, que enviará el Padre en mi nombre, será quien os lo enseñe todo y os vaya recordando todo lo que os he dicho.
La paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy yo como la da el mundo. Que no tiemble vuestro corazón ni se acobarde. Me habéis oído decir: «Me voy y vuelvo a vuestro lado». Si me amarais, os alegraríais de que vaya al Padre, porque el Padre es más que yo. Os lo he dicho ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda, sigáis creyendo.

Palabra de Dios.

O bien.

Jesús ha sido enviado para reconciliar al mundo con Dios, para reconciliar a los hombres entre sí y para con gregarios en la unidad, que tiene su fuente, su modelo y plenitud en la unidad del Padre y del Hijo en el Espíritu Santo. En unas pocas frases de extrema densidad, la conclusión de la sublime oración de Jesús, al llegar «la hora de pasar de este mundo al Padre», expresa el núcleo del misterio en el que todos están llamados a participar, y que los cristianos, con su comportamiento diario, deben anunciar al mundo.

Que sean completamente uno.

+ Lectura del santo evangelio según san Juan 17,20-26

En aquel tiempo, Jesús, levantando los ojos al cielo, oró, diciendo:
«Padre santo, no sólo por ellos ruego, sino también por los que crean en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno, como tú, Padre, en mí, y yo en ti, que ellos también lo sean en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado. También les di a ellos la gloria que me diste, para que sean uno, como nosotros somos uno; yo en ellos, y tú en mí, para que sean completamente uno, de modo que el mundo sepa que tú me has enviado y los has amado como me has amado a mí. Padre, este es mi deseo: que los que me confiaste estén conmigo donde yo estoy y contemplen mi gloria, la que me diste, porque me amabas, antes de la fundación del mundo. Padre justo, si el mundo no te ha conocido, yo te he conocido, y estos han conocido que tú me enviaste. Les he dado a conocer y les daré a conocer tu nombre, para que el amor que me tenías esté con ellos, como también yo estoy con ellos».

Palabra de Dios.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

La publicación de los comentarios requerirán la aceptación del administrador del blog.