lunes, 27 de mayo de 2013

02/06/2013 - El Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo (C)

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2 de junio de 2013

El Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo (C)



Las grandes religiones monoteístas se remiten a Abrahán, a quien consideran «padre de los creyentes». Un breve episodio recogido en el libro del Génesis justifica esta reivindicación de paternidad común. Melquisedec, «sacerdote del Dios altísimo», del que se ignora el culto y el santuario a los que estaba vinculado, se presenta un día ante Abrahán. Le presenta una ofrenda de pan y de vino y lo bendice en nombre del «creador de cielo y tierra». Una vez realizado este rito, desaparece y no se vuelve a hablar de él. Sin embargo, su recuerdo nunca se perdió del todo.
Un salmo sugiere que el Mesías será «sacerdote según el rito de Melquisedec» (Sal 109,4). Retomando este oráculo, el autor de la carta a los Hebreos se extiende en la consideración de este personaje enigmático. Ve en él una figura de Cristo, ofrecido personalmente en sacrificio para liberar del pecado a todos los hombres. Habiendo entrado en el santuario del cielo, intercede por ellos, abriéndoles el acceso a la presencia del Altísimo. La carta a los Hebreos es el único escrito del Nuevo Testamento que atribuye a Cristo el título de sacerdote. Pero, «en la noche en que iban a entregarlo», antes de entrar en el santuario del cielo, Jesús hace del rito tradicional de la ofrenda del pan y el vino el «signo», el sacramento, de su cuerpo entregado y de su sangre derramada para sellar «la nueva alianza». «Por eso —dice san Pablo—, cada vez que coméis de este pan y bebéis del cáliz, proclamáis la muerte del Señor, hasta que vuelva».
Jesús multiplicó en el desierto cinco panes y dos peces para alimentar a la muchedumbre, después de haber estado hablándole del reino de Dios, hasta la caída de la tarde. Todo ocurre como en una asamblea cristiana, donde a la liturgia de la palabra le sigue la comunión con el pan partido.
Verdaderamente la eucaristía, el santo sacramento que celebramos, hunde sus raíces en el terreno de unos ritos ancestrales que el Señor ha llevado a plenitud dándoles un significado y una eficacia totalmente nuevos.

PRIMERA LECTURA

Un misterioso «sacerdote del Dios altísimo» bendice a Abrahán, «el padre de los creyentes», que le ofrece el décimo de su botín. La tradición cristiana ha visto desde siempre en este «rey de Salén» una figura de Cristo.

Sacó pan y vino.

Lectura del libro del Génesis 14,18-20

En aquellos días, Melquisedec, rey de Salén, sacerdote del Dios altísimo, sacó pan y vino y bendijo a Abran, diciendo:

- Bendito sea Abrahán por el Dios altísimo,
creador de cielo y tierra;
bendito sea el Dios altísimo,
que te ha entregado tus enemigos.

Y Abran le dio un décimo de cada cosa.

Palabra de Dios.

SALMO

Alabanza a Cristo. En él, sacerdote perfecto que intercede por nosotros, se cumplen todas las promesas.

Salmo 109, 1. 2. 3. 4

R
Tú eres sacerdote eterno,
según el rito de Melquisedec.

Oráculo del Señor a mi Señor:
«Siéntate a mi derecha,
y haré de tus enemigos
estrado de tus pies». R

Desde Sión extenderá el Señor
el poder de tu cetro:
somete en la batalla a tus enemigos. R

«Eres príncipe desde el día de tu nacimiento,
entre esplendores sagrados;
yo mismo te engendré, como rocío,
antes de la aurora». R

El Señor lo ha jurado y no se arrepiente:
«Tú eres sacerdote eterno,
según el rito de Melquisedec». R

SEGUNDA LECTURA

El testimonio más antiguo sobre el origen, el contenido y el sentido de lo que hacen los cristianos cuando celebran la «cena del Señor», «misterio de la fe», llamada eucaristía.

Cada vez que coméis y bebéis, proclamáis la muerte del Señor.

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 11,23-26

Hermanos:
Yo he recibido una tradición, que procede del Señor y que a mi vez os he transmitido: que el Señor Jesús, en la noche en que iban a entregarlo, tomó un pan y, pronunciando la acción de gracias, lo partió y dijo:
- Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros. Haced esto en memoria mía.
Lo mismo hizo con el cáliz, después de cenar, diciendo:
- Este cáliz es la nueva alianza sellada con mi sangre; haced esto cada vez que lo bebáis, en memoria mía.
Por eso, cada vez que coméis de este pan y bebéis del cáliz, proclamáis la muerte del Señor, hasta que vuelva.

Palabra de Dios.

ALELUYA Jn 6,51

Aleluya. Aleluya.
Tú nos hablas del reino de Dios,
Señor Jesús, tú curas nuestras heridas,
y sacias nuestra hambre. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo
—dice el Señor—;
el que coma de este pan vivirá para siempre. Aleluya.

EVANGELIO

En el contexto litúrgico de la fiesta de hoy, hay varios detalles de este relato que resultan especialmente significativos. Jesús acaba de hablar con calma del reino de Dios; el día toca a su fin, es decir se acerca la hora de la última cena y la hora en que la Iglesia antigua celebraba «la cena del Señor»; el gentío se organiza como asamblea litúrgica bien ordenada; Jesús bendice el pan y lo parte, como «el primer día de la semana» en Emaús; los doce distribuyen la comida entre la gente, pero Jesús sigue siendo el anfitrión. Leído hoy, en el marco litúrgico de esta fiesta, el relato tiene un evidente sabor eucarístico.

Comieron todos y se saciaron.

+ Lectura del santo evangelio según san Lucas 9,11b-17

En aquel tiempo, Jesús se puso a hablar al gentío del reino de Dios y curó a los que lo necesitaban.
Caía la tarde, y los Doce se le acercaron a decirle:
- Despide a la gente; que vayan a las aldeas y cortijos de alrededor a buscar alojamiento y comida, porque aquí estamos en descampado.
Él les contestó:
- Dadles vosotros de comer.
Ellos replicaron:
- No tenemos más que cinco panes y dos peces; a no ser que vayamos a comprar de comer para todo este gentío.
Porque eran unos cinco mil hombres.
Jesús dijo a sus discípulos:
- Decidles que se echen en grupos de unos cincuenta.
Lo hicieron así, y todos se echaron.
Él, tomando los cinco panes y los dos peces, alzó la mirada al cielo, pronunció la bendición sobre ellos, los partió y se los dio a los discípulos para que se los sirvieran a la gente. Comieron todos y se saciaron, y cogieron las sobras: doce cestos.

Palabra de Dios.

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