lunes, 20 de mayo de 2013

26/05/2013 - Santísima Trinidad (C)

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Lecturas y Evangelio del domingo

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26 de mayo de 2013

Santísima Trinidad (C)



En vano se buscaría en las Escrituras una demostración racional de la existencia de Dios o una justificación intelectual de sus atributos. La Biblia no demuestra nada; simplemente muestra el modo como Dios se ha revelado. El ha creado el universo, los seres vivos, al hombre y a la mujer «a su imagen», Dirige la historia humana: una serie ininterrumpida de creyentes, todo un pueblo, lo han experimentado a lo largo de siglos sembrados de dichas y desdichas sin cuento. Ha dado a conocer su plan de salvación y el modo de participar de él. En todo ello ha manifestado su infinita sabiduría.
Jesús se sitúa en esta tradición. Habla del «Dios de Abrahán, de Isaac y de Jacob», pero llamándolo «Padre mío y Padre vuestro». De este modo se considera igual a él. Sus oyentes así lo entienden, juzgando, algunos, inadmisibles y blasfemas estas palabras. También declara: «Todo lo que tiene el Padre es mío». Y, por último, llegado el momento de abandonar visiblemente este mundo, promete a sus discípulos enviar «el Espíritu de la verdad» para recordarles su enseñanza y guiarlos «hasta la verdad plena», dándoles a conocer «muchas cosas» que explicitarán la revelación ya recibida.
Así pues, el Dios de Jesucristo, el Dios de los cristianos, es como el Dios de los padres del que habla la Biblia, no es en absoluto una abstracción, una idea, un sueño, sino un Dios que actúa. Su acción se despliega sin cesar en favor de los hombres. Podría decirse, incluso, que es cada vez más intensa y más eficaz. «Hemos recibido la justificación por nuestro Señor Jesucristo», cuya obra prolonga incesantemente el Espíritu. «Por él hemos obtenido con la fe el acceso a esta gracia en que estamos». Tenemos la firme esperanza de «alcanzar la gloria de Dios», en la que ha entrado el Señor, como testimonia la presencia del Espíritu derramado en los corazones de los creyentes. Todo viene del Padre, por el Hijo, en el Espíritu, especialmente la gracia de la justificación. Y todo asciende de nuevo al Padre, por el Hijo, en el Espíritu.
Este es el Dios revelado por la dinámica de la salvación, su «economía», como decían los antiguos. La solemnidad de la Santísima Trinidad nos lo recuerda y nos invita a entrar con decisión en este vasto intercambio instaurado entre Dios y los hombres.

PRIMERA LECTURA

Para evocar la inefable trascendencia de la sabiduría divina, el autor del libro de los Proverbios personifico este atributo, sin atenuar por ello el rígido monoteísmo bíblico. Como otros textos del mismo género, que se encuentran en todas las literaturas, este es susceptible de diversas interpretaciones y puede aplicarse con la mayor legitimidad a una persona determinada y muy concreta, a la que conviene perfectamente. Por eso encajo muy bien en la liturgia de este domingo.

Antes de comenzar la tierra, la sabiduría fue engendrada.

Lectura del libro de los Proverbios 8,22-31

Así dice la sabiduría de Dios:
- El Señor me estableció al principio de sus tareas,
al comienzo de sus obras antiquísimas.
En un tiempo remotísimo fui formada,
antes de comenzar la tierra.
Antes de los abismos fui engendrada,
antes de los manantiales de las aguas.
Todavía no estaban aplomados los montes,
antes de las montañas fui engendrada.
No había hecho aún la tierra y la hierba,
ni los primeros terrones del orbe.
Cuando colocaba los cielos, allí estaba yo;
cuando trazaba la bóveda sobre la faz del abismo;
cuando sujetaba el cielo en la altura,
y fijaba las fuentes abismales.
Cuando ponía un límite al mar,
cuyas aguas no traspasan su mandato;
cuando asentaba los cimientos de la tierra,
yo estaba junto a él, como aprendiz,
yo era su encanto cotidiano,
todo el tiempo jugaba en su presencia:
jugaba con la bola de la tierra,
gozaba con los hijos de los hombres.

Palabra de Dios.

SALMO

En el corazón de la nueva creación, el hombre, por medio de Cristo, redescubre su grandeza divina.

Salmo 8, 4-5. 6-7a. 7b-9

R
Señor, dueño nuestro,
¡qué admirable es tu nombre en toda la tierra!

Cuando contemplo el cielo, obra de tus dedos,
la luna y las estrellas que has creado,
¿qué es el hombre, para que te acuerdes de él,
el ser humano, para darle poder? R

Lo hiciste poco inferior a los ángeles,
lo coronaste de gloria y dignidad,
le diste el mando sobre las obras de tus manos. R

Todo lo sometiste bajo sus pies:
rebaños de ovejas y toros,
y hasta las bestias del campo,
las aves del cielo, los peces del mar,
que trazan sendas por el mar. R

SEGUNDA LECTURA

La salvación es un don de Dios, obtenido no por las obras, sino por la fe en Cristo y gracias a la presencia del Espíritu en nosotros. La intervención de las personas divinas en lo que se llama la «economía de la salvación» aparece aquí afirmada de manera explícita: todo don viene del Padre, por el Hijo, en el Espíritu, prenda del amor de Dios en el corazón de los creyentes.

Nos gloriamos en las tribulaciones.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 5,1-5

Hermanos:
Ya que hemos recibido la justificación por la fe, estamos en paz con Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo.
Por él hemos obtenido con la fe el acceso a esta gracia en que estamos; y nos gloriamos, apoyados en la esperanza de alcanzar la gloria de Dios.
Más aún, hasta nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce constancia; la constancia, virtud probada; la virtud, esperanza, y la esperanza no defrauda, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones con el Espíritu Santo que se nos ha dado.

Palabra de Dios.

ALELUYA Ap 1,8

Aleluya. Aleluya.
El Espíritu que el Padre ha enviado
glorifica al Hijo
y nos guía hasta la verdad plena. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo,
al Dios que es, que era y que viene. Aleluya.

EVANGELIO

Jesús ha dado a conocer al Padre. Pero el misterio de Dios es insondable: el Hijo de Dios hecho hombre no lo ha revelado completamente. Por otra parte, esta revelación no sólo se conoce por medio de escritos que es necesario indagar incesantemente, sino también por medio de la tradición viva. Es función del Espíritu guiar hacia el conocimiento y la profundización de «la verdad plena», aprehendida con el corazón, que va mucho más allá de lo que puede captar la inteligencia.

Todo lo que tiene el Padre es mío; el Espíritu tomará de lo mío y os lo anunciará.

+ Lectura del santo evangelio según san Juan 16,12-15

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
- Muchas cosas me quedan por deciros, pero no podéis cargar con ellas por ahora; cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad plena. Pues lo que hable no será suyo: hablará de lo que oye y os comunicará lo que está por venir.
Él me glorificará, porque recibirá de mí lo que os irá comunicando.
Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso os he dicho que tomará de lo mío y os lo anunciará.

Palabra de Dios.

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