lunes, 3 de junio de 2013

09/06/2013 - 10º domingo Tiempo ordinario (C)

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Lecturas y Evangelio del domingo

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9 de junio de 2013

10º domingo Tiempo ordinario (C)



La muerte siempre es motivo de consternación, sobre todo cuando golpea a inocentes, a jóvenes que no han tenido tiempo de vivir, a justos que caen en valerosas empresas. El espíritu humano no puede admitir que todo acabe así, que el bien y el mal desemboquen en la nada. Este rechazo, más o menos firme, se expresa especialmente en los ritos fúnebres, realizados siempre entre fuertes emociones. El mismo Jesús se sintió conmovido no sólo cuando perdió a un amigo como Lázaro (Jn 11,33), sino incluso, según nos cuenta san Lucas, cuando un día, a las puertas de Naín, se encontró con el cortejo fúnebre del hijo de una viuda. Con el poder recibido de su Padre, Dios de vivos, llamó de nuevo a la vida al muerto y devolvió a su madre al hijo a quien lloraba.
Para el evangelista, no se trata de una especie de supermilagro relatado para «probar» el poder prodigioso de Jesús. También la Iglesia lo recuerda hoy desde una perspectiva muy distinta de la apologética. Se trata del Evangelio que proclama la liturgia, la Buena Noticia de la llegada de la salvación en toda su plenitud: la victoria sobre la muerte, de la que este milagro es signo y promesa. San Lucas, antes de escribir, lo ha «comprobado todo exactamente», escuchando las «tradiciones transmitidas por los que primero fueron testigos oculares». Si recoge lo que Jesús hizo por la viuda de Naín y su hijo es porque contribuye a mostrar la «solidez de las enseñanzas» recibidas por los cristianos (Le 1,4; tercer domingo).
Tenemos así fundamento para reconocer en Jesús al Profeta, al Señor que da la vida, en quien y por quien «Dios ha visitado a su pueblo». Esta «visita» no es un acontecimiento del pasado: se renueva en particular en todo encuentro sacramental a partir del bautismo. El que muere simbólicamente al sumergirse en las aguas bautismales, resurge animado por una vida nueva que se desarrollará eternamente, más allá de la muerte corporal.
Nosotros no hemos conocido ni a Cristo ni a Pablo ni a ningún otro apóstol. Pero sabemos que el Evangelio «no es de origen humano», no lo hemos «recibido ni aprendido de ningún hombre». Por el ministerio de aquellos a quienes él ha elegido, nos llega de Dios mismo la revelación de Jesucristo, vencedor de la muerte.

PRIMERA LECTURA

Más que una súplica, la oración del profeta es un acto de fe en la justicia de Dios y en su omnipotencia, contra la que nada puede la muerte.

Tu hijo está vivo.

Lectura del primer libro de los Reyes 17,17-24

En aquellos días, cayó enfermo el hijo de la señora de la casa. La enfermedad era tan grave que se quedó sin respiración. Entonces la mujer dijo a Elías:
- ¿Qué tienes tú que ver conmigo?, ¿has venido a mi casa para avivar el recuerdo de mis culpas y hacer morir a mi hijo?
Elías respondió:
- Dame a tu hijo.
Y, tomándolo de su regazo, lo subió a la habitación donde él dormía y lo acostó en su cama. Luego invocó al Señor:
- Señor, Dios mío, ¿también a esta viuda que me hospeda la vas a castigar haciendo morir a su hijo?
Después se echó tres veces sobre el niño, invocando al Señor:
- Señor, Dios mío, que vuelva al niño la respiración.
El Señor escuchó la súplica de Elías: al niño le volvió la respiración y revivió. Elías tomó al niño, lo llevó al piso bajo y se lo entregó a su madre diciendo:
- Mira, tu hijo está vivo.
Entonces la mujer dijo a Elías:
- Ahora reconozco que eres un hombre de Dios y que la palabra del Señor en tu boca es verdad.

Palabra de Dios.

SALMO

Gloria a Dios. Él levanta de nuevo, saca del abismo y hace revivir de la fosa. El cambia el llanto en júbilo y el luto en danzas.

Salmo 29, 2 y 4. 5-6. 11 y 12a y 13b

R
Te ensalzaré, Señor, porque me has librado.

Te ensalzaré, Señor, porque me has librado,
y no has dejado que mis enemigos se rían de mí.
Señor, Dios mío, a ti grité y tú me sanaste;
Señor, sacaste mi vida del abismo,
me hiciste revivir cuando bajaba a la fosa. R

Tañed para el Señor, fieles suyos,
dad gracias a su nombre santo;
su cólera dura un instante,
su bondad, de por vida. R

Al atardecer nos visita el llanto,
por la mañana el júbilo.
Escucha, Señor, y ten piedad de mí,
Señor, socórreme.
Cambiaste mi luto en danzas.
Señor, Dios mío, te daré gracias por siempre. R

SEGUNDA LECTURA

El Evangelio que Pablo anuncia «no es de origen humano». Dios mismo ha tomado la iniciativa para hacer comprender al perseguidor que su celo contra la Iglesia era una equivocación. Desde entonces no predicará ni una doctrina ni una moral, sino a Jesucristo.

Se dignó revelar a su Hijo en mí, para que yo lo anunciara a los gentiles

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Gálatas 1,11-19

Hermanos:
Os notifico que el Evangelio anunciado por mí no es de origen humano; yo no lo he recibido ni aprendido de ningún hombre, sino por revelación de Jesucristo. Habéis oído hablar de mi conducta pasada en el judaísmo: con qué saña perseguía a la Iglesia de Dios y la asolaba, y me señalaba en el judaísmo más que muchos de mi edad y de mi raza como partidario fanático de las tradiciones de mis antepasados.
Pero cuando Aquél que me escogió desde el seno de mi madre y me llamó a su gracia se dignó revelar a su Hijo en mí, para que yo lo anunciara a los gentiles, enseguida, sin consultar con hombres, sin subir a Jerusalén a ver a los apóstoles anteriores a mí, me fui a Arabia, y después volví a Damasco. Más tarde, pasados tres años, subí a Jerusalén para conocer a Pedro, y me quedé quince días con él. Pero no vi a ningún otro apóstol; vi solamente a Santiago, el pariente del Señor.

Palabra de Dios

ALELUYA Lc 7,16

Aleluya. Aleluya.
A Jesús le dio lástima, y entregó el muchacho a su madre.
Demos gloria a Dios. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Un gran Profeta ha surgido entre nosotros.
Dios ha visitado a su pueblo. Aleluya.

EVANGELIO

Hay en este texto verbos y expresiones muy significativos: «levantarse», vocablo que en el lenguaje cristiano significa «resucitar»; «resurgir», como el que se ha sumergido en las aguas del bautismo; «Dios ha visitado a su pueblo», como se dice en el Cántico de Zacarías (Lc 1,68); la «gloria de Dios», que «todos» reconocen; la divulgación de la «noticia del hecho» «por toda la comarca y por Judea entera». ¿Cómo no pensar también en aquella Otra madre que un día, a las puertas de otra ciudad, recibiría en sus brazos el cuerpo de su hijo muerto en la cruz y a quien Dios resucitó a la vida eterna?

¡Muchacho, a ti te lo digo, levántate!

+ Lectura del santo evangelio según san Lucas 7,11-17

En aquel tiempo, iba Jesús camino de una ciudad llamada Naín, e iban con él sus discípulos y mucho gentío.
Cuando estaba cerca de la ciudad, resultó que sacaban a enterrar a un muerto, hijo único de su madre, que era viuda; y un gentío considerable de la ciudad la acompañaba.
Al verla el Señor, le dio lástima y le dijo:
- No llores.
Se acercó al ataúd, lo tocó (los que lo llevaban se pararon) y dijo:
- ¡Muchacho, a ti te lo digo, levántate!
El muerto se incorporó y empezó a hablar, y Jesús se lo entregó a su madre.
Todos, sobrecogidos, daban gloria a Dios, diciendo:
- Un gran Profeta ha surgido entre nosotros. Dios ha visitado a su pueblo.
La noticia del hecho se divulgó por toda la comarca y por Judea entera.

Palabra de Dios.

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