domingo, 23 de junio de 2013

29/06/2013 - San Pedro y San Pablo, apóstoles (C)

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Lecturas y Evangelio del domingo

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29 de junio de 2013

San Pedro y San Pablo, apóstoles (C)


El «calendario romano» más antiguo que ha llegado hasta nosotros data del año 354. Entre las fiestas que enumera se encuentra, en el día que corresponde a nuestro 29 de junio, una celebración de san Pedro en la colina del Vaticano, y otra de san Pablo en la vía Ostiense. Esta doble celebración se difundió rápidamente por todo el Occidente, empezando por África, como testimonian varios sermones de san Agustín (354-430). A ambos santos se les dedicó un gran número de iglesias: en Italia, en España, en las Galias, y más tarde en Inglaterra (Cantorbery). Hubo pueblos y aldeas que tomaron el nombre de San Pedro, debido a que el monasterio benedictino cercano tenía a este santo por patrón. Son muy numerosos los municipios que, tanto en España como en otros países de Europa y América, se denominan «San Pedro» o «San Pablo».
La fiesta del 29 de junio, que en todas partes asociaba a los dos apóstoles, revestía una especial solemnidad en Roma. La recopilación de textos litúrgicos de los siglos V y VI conocida como el Sacramentario leoniano contiene nada menos que veintiocho formularios para la misa de este día. En esta época el papa celebraba dos veces: primero en la basílica vaticana y luego en la de la vía Ostiense; pero cada una de las celebraciones estaba dedicada a los dos santos. A lo largo del siglo VII el día 29 de junio se fue reservando a san Pedro, mientras que el 30 se celebraba a san Pablo. El Misal de Pablo VI (3 abril 1969) restableció el uso antiguo de una sola celebración. Pero incluyó un formulario para la tarde del día 28, que corresponde con el de la misa que el papa celebraba al alba del 29, junto a la tumba del Vaticano. Debido a lo reducido del espacio, podían participar en ella muy pocas personas. La gran congregación de la comunidad cristiana tenía como marco la basílica y se celebraba más avanzado el día.
La celebración común de estas dos «columnas» hace tomar conciencia de la doble dimensión de la Iglesia, una y católica, y de la necesidad de los dos ministerios complementarios que representan Pedro y Pablo. Uno preside a las comunidades en la caridad y en la unidad. El otro inspira más bien la difusión del Evangelio por todas partes y en todas las culturas.

PRIMERA LECTURA

Un relato particularmente sugerente. Era «la semana de Pascua», cuya noche evoca en la Biblia todas las noches en las que Dios ha intervenido en favor de los justos y la noche en la que aparecerá el Salvador «Librar o arrancar de las manos» es una expresión típica del vocabulario de la intervención divina: relato del éxodo (Ex 18,18), cántico de Zacarías (Lc 1,74). La Iglesia vela en oración por el apóstol en peligro. Pedro duerme tranquilamente a pesar de que la comparecencia del día siguiente corre el riesgo de ser fatal. Para los fieles, la noche de este mundo es la noche de todos los peligros, pero, a pesar de todo, deben permanecer serenos, llenos de confianza.

Era verdad: el Señor me ha librado de las manos de Herodes.

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 12,1 -11

En aquellos días, el rey Herodes se puso a perseguir a algunos miembros de la Iglesia. Hizo pasar a cuchillo a Santiago, hermano de Juan. Al ver que esto agradaba a los judíos, decidió detener a Pedro. Era la semana de Pascua. Mandó prenderlo y meterlo en la cárcel, encargando a su custodia a cuatro piquetes de cuatro soldados cada uno; tenía intención de presentarlo al pueblo pasadas las fiestas de Pascua.
Mientras Pedro estaba en la cárcel bien custodiado, la Iglesia oraba insistentemente a Dios por él. La noche antes de que lo sacara Herodes, estaba Pedro durmiendo entre los soldados, atado con cadenas. Los centinelas hacían guardia a la puerta de la cárcel.
De repente, se presentó el ángel del Señor, y se iluminó la celda. Tocó a Pedro en el hombro, lo despertó y le dijo: «Date prisa, levántate». Las cadenas se le cayeron de las manos, y el ángel añadió: «Ponte el cinturón y las sandalias». Obedeció, y el ángel le dijo: «Échate el manto y sígueme». Pedro salió detrás, creyendo que lo que hacía el ángel era una visión y no realidad. Atravesaron la primera y la segunda guardia, llegaron al portón de hierro que daba a la calle, y se abrió solo. Salieron, y al final de la calle se marchó el ángel. Pedro recapacitó y dijo: «Pues era verdad: el Señor ha enviado a su ángel para librarme de las manos de Herodes y de la expectación de los judíos».  

Palabra de Dios.

SALMO

Dios libra, salva, protege. «Libres de las manos» de sus perseguidores, los afligidos están de fiesta. Verdaderamente, «qué bueno es el Señor».

Salmo 33, 1-2. 3-4. 5-6. 7-8 (R 4c)

R
El Señor me libró de todas mis ansias.

Bendigo al Señor en todo momento,
su alabanza está siempre en mi boca;
mi alma se gloría en el Señor:
que los humildes lo escuchen y se alegren. R

Proclamad conmigo la grandeza del Señor,
ensalcemos juntos su nombre.
Yo consulté al Señor, y me respondió,
me libró de todas mis ansias. R

Contempladlo, y quedaréis radiantes,
vuestro rostro no se avergonzará.
Si el afligido invoca al Señor, él lo escucha
y lo salva de sus angustias. R

El ángel del Señor acampa
en tomo a sus fieles y los protege.
Gustad y ved qué bueno es el Señor,
dichoso el que se acoge a él. R

SEGUNDA LECTURA

Encadenado en una prisión de Roma, Pablo no se hace ilusiones sobre el desenlace de su proceso. Su muerte será un acto de culto, una ofrenda, como lo ha sido su apostolado (Rm 1,9; 15,16) y como debe serlo la vida de todo cristiano (Rm 12,11). Será al mismo tiempo una «partida» al encuentro definitivo de Cristo (1 Ts 4,17), una pascua.

Ahora me aguarda la corona merecida.

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a Timoteo 4,6-8.17-18

Querido hermano: Yo estoy a punto de ser sacrificado, y el momento de mi partida es inminente. He combatido bien mi combate, he corrido hasta la meta, he mantenido la fe. Ahora me aguarda la corona merecida, con la que el Señor, juez justo, me premiará en aquel día; y no sólo a mí, sino a todos los que tienen amor a su venida. El Señor me ayudó y me dio fuerzas para anunciar íntegro el mensaje, de modo que lo oyeran todos los gentiles. El me libró de la boca del león. El Señor seguirá librándome de todo mal, me salvará y me llevará a su reino del cielo. A él la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

Palabra de Dios.

ALELUYA Mt 16,18

Aleluya. Aleluya.
Dichoso es Simón Pedro,
porque el Padre que está en el cielo
e ha revelado al Mesías,
Jesús, el Hijo de Dios vivo. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia,
y el poder del infierno no la derrotará. Aleluya.

EVANGELIO

Al afirmar que Jesús es «el Mesías, el Hijo de Dios vivo», Simón Pedro, iluminado de lo alto, confiesa un misterio que el título de «Hijo del hombre» no hacía sino sugerir El apóstol presiente que Jesús mantiene con Dios una extraordinaria relación de intimidad, cuya medida irá constatando poco a poco la comunidad pascual. Así lo da a entender la respuesta de Jesús.

Tu eres Pedro, y te daré las llaves del reino de los cielos.

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 16,13-19

En aquel tiempo, al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: «,Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?». Ellos le contestaron: «Unos que Juan,Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas». El les preguntó: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?». Simón Pedro tomó la palabra y dijo:
«Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo». Jesús le respondió: «Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el cielo. Ahora te digo yo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará. Te daré las llaves del Reino de los cielos; lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo».

Palabra de Dios


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