lunes, 24 de junio de 2013

30/06/2013 - 13º domingo Tiempo ordinario (C)

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Lecturas y Evangelio del domingo

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30 de junio de 2013

13º domingo Tiempo ordinario (C)


San Lucas realizó una labor de historiador, pero también de autor. No mira fríamente los hechos, considerándolos como meros objetos de curiosidad o simples enseñanzas para el tiempo presente. La lectura y el examen de los datos y de las tradiciones recogidas lo han hecho particularmente sensible a la estrecha relación que existe entre las palabras y las obras de Jesús, por una parte, y a lo ocurrido en la Iglesia después de Pentecostés, por otra. La enseñanza, las iniciativas y los hechos de los apóstoles, la vida de las comunidades cristianas, su actividad misionera, la extraordinaria difusión de la Buena Noticia en el mundo entero, arraigan directamente en las palabras, la vida, la actividad y las iniciativas de Jesús. No existe la más mínima separación: la obra de Jesús se prolonga y se despliega hoy de acuerdo con sus intenciones, bajo la guía del Espíritu enviado a los suyos por el Resucitado. Es lo que se desprende especialmente del modo como san Lucas ha reunido, en el marco literario de una única subida a Jerusalén, el conjunto del ministerio de Jesús desde sus comienzos en Galilea. La meta del camino está bien determinada: la ciudad en la que tendrá lugar la Pascua de la muerte y resurrección del Señor. Su trazado, sin embargo, es accidentado. Se va descubriendo progresivamente, y depende en cierto modo de circunstancias imprevistas, como, por ejemplo, un recibimiento caluroso que detiene a los caminantes. Para unirse a este itinerario en seguimiento de Cristo, hay que dar, como él, pruebas de valor y decisión, responder a su llamada sin demora y renunciar a todo, porque nada debe preferirse a él.
La incómoda vida itinerante que Jesús propone a sus discípulos no es triste ni sombría. Del corazón de los cristianos desborda una alegría que quieren compartir con el mundo entero. El evangelista insiste en el carácter radical de las exigencias del Evangelio, porque —lo sabe por experiencia— vale la pena lanzarse a la aventura, sin más ley que la del amor, sin más señor que el Espíritu, en una comunidad fraterna en la que cada uno según sus fuerzas contribuye al bien de todos. El ha visto cómo algunos han llegado a despojarse de sus bienes para ponerlos a disposición de los apóstoles, quienes los repartían según la necesidad de cada uno (Hch 2,44-45). San Lucas ha sido también testigo del clima de paz, serenidad y felicidad que reinaba en las Iglesias animadas por este ideal, así como de su extraordinaria capacidad de irradiación (Hch 5,14). ¡Ojalá ocurra lo mismo entre nosotros!

PRIMERA LECTURA

Como tantos otros, desde Moisés hasta los apóstoles, pasando por David y Amós, Eliseo recibe la llamada mientras está entregado a sus tareas cotidianos. Su respuesta es inmediata y radical. Lo deja todo. Con sus bueyes inmolados en sacrificio prepara un banquete a su gente, a aquellos a los que va a abandonar para suceder a Elías.

Eliseo se levantó y marchó tras Elías.

Lectura del primer libro de los Reyes 19,16b. 19-21

En aquellos días, el Señor dijo a Elías:
- Unge profeta sucesor tuyo a Eliseo, hijo de Safat, de Prado Bailén.
Elías se marchó y encontró a Eliseo, hijo de Safat, arando con doce yuntas en fila, él con la última. Elías pasó a su lado y le echó encima el manto.
Entonces Eliseo, dejando los bueyes, corrió tras Elías y le pidió:
- Déjame decir adiós a mis padres; luego vuelvo y te sigo.
Elías le dijo:
- Ve y vuelve; ¿quién te lo impide?
Eliseo dio la vuelta, cogió la yunta de bueyes y los ofreció en sacrificio; hizo fuego con aperos, asó la carne y ofreció de comer a su gente; luego se levantó, marchó tras Elías y se puso a su servicio.

Palabra de Dios.

SALMO

Dios es el único lote de nuestra heredad, la fuente del verdadero gozo y de la alegría desbordante y perpetua.

Salmo 15, 1-2a y 5. 7-8. 9-10

R
Tú, Señor, eres el lote de mi heredad.

Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti;
yo digo al Señor: «Tú eres mi bien».
El Señor es el lote de mi heredad y mi copa;
mi suerte está en tu mano. R

Bendeciré al Señor, que me aconseja,
hasta de noche me instruye internamente.
Tengo siempre presente al Señor,
con él a mi derecha no vacilaré. R

Por eso se me alegra el corazón,
se gozan mis entrañas,
y mi carne descansa serena.
Porque no me entregarás a la muerte,
ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción. R

SEGUNDA LECTURA

Los que se someten a «los deseos de la carne» caminan hacia la esclavitud y la mutua destrucción; en cambio, quienes «andan según el Espíritu» son verdaderamente libres cuando se hacen esclavos de los Otros por amor.

Vuestra vocación es la libertad.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Gálatas 4,31b_5,1. 13-18

Hermanos:
Para vivir en libertad, Cristo nos ha liberado. Por tanto, manteneos firmes, y no os sometáis de nuevo al yugo de la esclavitud. Hermanos, vuestra vocación es la libertad: no una libertad para que se aproveche el egoísmo; al contrario, sed esclavos unos de otros por amor. Porque toda la ley se concentra en esta frase: «Amarás al prójimo como a ti mismo».
Pero, atención: que si os mordéis y devoráis unos a otros, terminaréis por destruiros mutuamente. Yo os lo digo: andad según el Espíritu y no realicéis los deseos de la carne; pues la carne desea contra el espíritu y el espíritu contra la carne. Hay entre ellos un antagonismo tal, que no hacéis lo que quisierais. Pero si os guía el Espíritu, no estáis bajo el dominio de la ley.

Palabra de Dios.

ALELUYA 1S 3,9; Jn 6,68c

Aleluya. Aleluya.
Sin mirar atrás,
vayamos a anunciar el reino de Dios. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Habla, Señor, que tu siervo te escucha:
tú tienes palabras de vida eterna. Aleluya.

EVANGELIO

Las exigencias de Jesús a sus discípulos deben entenderse en la doble perspectiva de la Pasión, a la que lo lleva el camino hacia Jerusalén, y de la misión de la que da testimonio el libro de los Hechos de los apóstoles. Para «seguir» a Jesús hay que dejarlo todo inmediatamente, sin demoras, sin «mirar hacia atrás». Si los misioneros no son recibidos en un lugar deben ir a otra parte, como hizo san Pablo yendo a los paganos. Todos los cristianos somos itinerantes en esta tierra.

Jesús tomó la decisión de ir a Jerusalén. Te seguiré adonde vayas.

+ Lectura del santo evangelio según san Lucas 9,51-62

Cuando se iba cumpliendo el tiempo de ser llevado al cielo, Jesús tomó la decisión de ir a Jerusalén. Y envió mensajeros por delante.
De camino, entraron en una aldea de Samaria para prepararle alojamiento. Pero no lo recibieron, porque se dirigía a Jerusalén.
Al ver esto, Santiago y Juan, discípulos suyos, le preguntaron:
- Señor, ¿quieres que mandemos bajar fuego del cielo que acabe con ellos?
Él se volvió y les regañó. Y se marcharon a otra aldea.
Mientras iban de camino, le dijo uno:
- Te seguiré adonde vayas.
Jesús le respondió:
- Las zorras tienen madriguera, y los pájaros nido, pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza.
A otro le dijo:
- Sígueme.
Él respondió:
- Déjame primero ir a enterrar a mi padre.
Le contestó:
- Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú vete a anunciar el reino de Dios.
Otro le dijo:
- Te seguiré, Señor. Pero déjame primero despedirme de mi familia.
Jesús le contestó:
- El que echa mano al arado y sigue mirando atrás no vale para el reino de Dios.

Palabra de Dios.


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