lunes, 8 de julio de 2013

14/07/2013 - 15º domingo Tiempo ordinario (C)

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Lecturas y Evangelio del domingo

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14 de julio de 2013

15º domingo Tiempo ordinario (C)


Este periodo del año es para muchos cristianos ocasión de encuentros imprevistos, durante los cuales abordan, con personas desconocidas el día antes, temas importantes de los que no hablan habitualmente. Del mismo modo los evangelios que se proclaman durante los domingos de verano presentan una serie de enseñanzas propuestas por Jesús al hilo de unos encuentros «fortuitos» en su camino hacia Jerusalén.
Un día, un maestro de la ley le pregunta qué tiene que hacer para heredar la vida eterna. Lo hacía «para ponerlo a prueba», como hacemos también nosotros, a veces, cuando planteamos una cuestión semejante. La reacción de Jesús es ejemplar. En vez de dar una respuesta, pregunta a su interlocutor: «Tú qué piensas? ¿Qué lees en la Ley?». El maestro no duda ni un momento. El enunciado del doble mandamiento del amor a Dios y al prójimo, recordado al comienzo de la oración judía que se recita todos los días, acude espontáneamente a sus labios. Como suele ocurrir en tales casos, tras la cuestión planteada se oculta otra: «,Quién es mi prójimo?». Este hombre piadoso esperaba, quizá, que Jesús le diera una lista precisa de las personas hacia las cuales tenía deberes estrictos. Sea como fuere, Jesús no entra en estas perspectivas de casuística, y para plantear el problema de otro modo cuenta una parábola. En efecto, podría combinarse cierto modo de entender el mandamiento del amor a todos con una práctica de hecho muy restrictiva: todos en general, pero en realidad sólo algunos. O también: existe un prójimo verdaderamente próximo, si se puede hablar así, y un prójimo más o menos lejano, hasta el que se encuentra tan lejos que prácticamente no se tiene ningún deber para con él. «Tú debes actuar —dice Jesús— de modo que todos reconozcan en ti a su prójimo, a su amigo». ¿Acaso no es eso lo que hace Dios? El nos recogió estando nosotros tirados a la vera del camino. «Anda, haz tú lo mismo».
La Ley de Dios escrita no es un conjunto de prescripciones y prohibiciones detalladas. Debe impregnar el espíritu y el corazón. De ese modo, en cualquier circunstancia, por imprevista que sea, no habrá que tener la más mínima vacilación sobre lo que hay que hacer y lo que hay que evitar. Se trata de actuar siempre y en todas partes como Dios actúa con todos y cada uno de nosotros, como Cristo, que es «imagen de Dios invisible». Esta es la regla de oro.

PRIMERA LECTURA

La ley divina es un código de alianza, de relaciones fundadas en el amor y la fidelidad recíprocos. La obediencia a los mandamientos es así expresión de la adhesión sincera y profunda al Dios que se hace próximo: sólo puede ser interior; procede del corazón, que es donde está grabada la ley de Dios.

El mandamiento está muy cerca de ti; cúmplelo.

Lectura del libro del Deuteronomio 30,10-14

Moisés habló al pueblo, diciendo:
- Escucha la voz del Señor, tu Dios, guardando sus preceptos y mandatos, lo que está escrito en el código de esta ley; conviértete al Señor, tu Dios, con todo el corazón y con toda el alma.
Porque el precepto que yo te mando hoy no es cosa que te exceda, ni inalcanzable; no está en el cielo, no vale decir: «¿Quién de nosotros subirá al cielo y nos lo traerá y nos lo proclamará, para que lo cumplamos?»; ni está más allá del mar, no vale decir: «¿Quién de nosotros cruzará el mar y nos lo traerá y nos lo proclamará, para que lo cumplamos?».
El mandamiento está muy cerca de ti: en tu corazón y en tu boca. Cúmplelo.

Palabra de Dios.

SALMO

Dios viene a nosotros por su palabra, se nos da en sus mandatos. Poner en práctica su palabra es actuar según la verdad y la sabiduría, como hombres libres.

Salmo 68, 14 y 17. 30-31. 33-34. 36ab y 37

R
Humildes, buscad al Señor, y revivirá vuestro corazón.

Mi oración se dirige a ti, Dios mío,
el día de tu favor;
que me escuche tu gran bondad,
que tu fidelidad me ayude. R

Respóndeme, Señor,
con la bondad de tu gracia;
por tu gran compasión,
vuélvete hacia mí. R

Yo soy un pobre malherido;
Dios mío, tu salvación me levante.
Alabaré el nombre de Dios con cantos,
proclamaré su grandeza con acción de gracias. R

Miradlo, los humildes, y alegraos,
buscad al Señor, y revivirá vuestro corazón.
Que el Señor escucha a sus pobres,
no desprecia a sus cautivos. R

El Señor salvará a Sión,
reconstruirá las ciudades de Judá.
La estirpe de sus siervos la heredará,
los que aman su nombre vivirán en ella. R

SEGUNDA LECTURA

Un himno que canta el doble primado de Cristo, en la obra de la redención y en la de la creación. En él y por él nos llega la misericordia de Dios.

Todo fue creado por él y para él.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses 1,15-20

Cristo Jesús es imagen de Dios invisible, primogénito de toda criatura; porque por medio de él fueron creadas todas las cosas: celestes y terrestres, visibles e invisibles.
Tronos, Dominaciones, Principados, Potestades; todo fue creado por él y para él.
Él es anterior a todo, y todo se mantiene en él.
Él es también la cabeza del cuerpo: de la Iglesia.
Él es el principio, el primogénito de entre los muertos, y así es el primero en todo.
Porque en él quiso Dios que residiera toda la plenitud.
Y por él quiso reconciliar consigo todos los seres: los del cielo y los de la tierra, haciendo la paz por la sangre de su cruz.

Palabra de Dios.

ALELUYA Jn 6, 63c. 68c

Aleluya. Aleluya.
Escuchemos la palabra del Señor:
por ella se hace nuestro prójimo
porque nos ama. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Tus palabras, Señor, son espíritu y vida;
tú tienes palabras de vida eterna. Aleluya.

EVANGELIO

Una pará bola que parece recordar y confirmar por medio de un hermoso ejemplo, algo que ya sabemos: que debemos considerar como prójimo a todo hombre, sobre todo si pasa necesidad. Pero Jesús invierte la manera habitual de hablar y de comportarse: «Hazte prójimo de todo el que cuenta contigo».

¿Quién es mi prójimo?

+ Lectura del santo evangelio según san Lucas 10,25-37

En aquel tiempo, se presentó un letrado y le preguntó a Jesús para ponerlo a prueba:
- Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?
Él le dijo:
- ¿Qué está escrito en la Ley?, ¿qué lees en ella?
El letrado contestó:
- Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma y con todas tus fuerzas y con todo tu ser. Y al prójimo como a ti mismo.
Él le dijo:
- Bien dicho. Haz esto y tendrás la vida.
Pero el letrado, queriendo aparecer como justo, preguntó a Jesús:
- ¿Y quién es mi prójimo?
Jesús dijo:
- Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó, cayó en manos de unos bandidos, que lo desnudaron, lo molieron a palos y se marcharon, dejándolo medio muerto. Por casualidad, un sacerdote bajaba por aquel camino y, al verlo, dio un rodeo y pasó de largo. Y lo mismo hizo un levita que llegó a aquel sitio: al verlo, dio un rodeo y pasó de largo.
Pero un samaritano que iba de viaje, llegó donde estaba él y, al verlo, le dio lástima, se le acercó, le vendó las heridas, echándoles aceite y vino y, montándolo en su propia cabalgadura, lo llevó a una posada y lo cuidó. Al día siguiente sacó dos denarios y, dándoselos al posadero, le dijo:
- Cuida de él y lo que gastes de más yo te lo pagaré a la vuelta.
¿Cuál de estos tres te parece que se portó como prójimo del que cayó en manos de los bandidos?
El letrado contestó:
- El que practicó la misericordia con él.
Díjole Jesús:
- Anda, haz tú lo mismo.

Palabra de Dios.


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