lunes, 22 de julio de 2013

28/07/2013 - 17º domingo Tiempo ordinario (C)

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Lecturas y Evangelio del domingo

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28 de julio de 2013

17º domingo Tiempo ordinario (C)


Jesús —repite san Lucas con especial insistencia— pasaba noches enteras orando en soledad. ¿Cuál era el contenido y la forma de estos largos diálogos con Dios? Los discípulos debieron de hacerse a me nudo esta pregunta. Por eso, «una vez», después de haberlo visto haciendo oración, uno de ellos le pidió: «Señor, enséñanos a orar»; y añadió: «como Juan enseñó a sus discípulos». Como los de los fariseos, los discípulos del Bautista tenían la costumbre de hacer oraciones particulares (Lc 6,33). Esta petición da a Jesús la oportunidad de enseñar a sus discípulos lo que se conoce como «la oración del Señor» u «oración dominical». También san Mateo la recoge, situándola en otro contexto y con algunas variantes respecto de la de san Lucas (Mt 6,9-13). También las Biblias ofrecen versiones sensiblemente diferentes. Desde hace algunos años se cuenta en la liturgia una nueva versión oficial del padrenuestro unificada para todos los países hispanohablantes. La tradición nunca ha considerado «la oración que nos enseñó el Señor» como una fórmula que haya que recitar tal cual, siempre y en todas partes. Es más bien el modelo venerable de toda oración cristiana, evangélica. Hay que remitirse siempre a ella y meditarla para aprender a orar «siguiendo su divina enseñanza». A este respecto, san Lucas recoge una especie de parábola que insiste en las características generales de la oración cristiana (Lc 11,5-13). Mejor que cualquier padre de la tierra, Dios da siempre a sus hijos las «cosas buenas» que le piden, especialmente y sobre todo el Espíritu Santo, fuente de todo bien y guía en toda circunstancia, para decidir y actuar de acuerdo con la voluntad divina.
El primer objetivo, tanto de la oración como de la actividad de la Iglesia, es la extensión del reino de Dios y el reconocimiento de su soberanía, de su nombre «en la tierra como en el cielo». Como hizo Abrahán al interceder por Sodoma y Gomorra, hay que atreverse a pedirle a Dios con osadía, a llamar a su puerta con insistencia, hasta parecer un poco importunos. El no dejará de levantarse para darnos «nuestro pan de cada día». La verdadera oración exige ponerse en camino a la búsqueda de Dios, siempre cercano pero que, a veces, parece lejano. Es el camino propio de hombres que ya han recibido el perdón de sus pecados por la cruz de Cristo, que por el bautismo fueron sepultados con él, y con él han resucitado por haber «creído en la fuerza de Dios que lo resucitó de entre los muertos».

PRIMERA LECTURA

Abrahán se dirige a Dios con la confianza que le ha dado la «bendición» pronunciada sobre él por los tres visitantes y que ha de extenderse a todas las naciones (lectura del domingo pasado). «Se atreve» a interceder con insistencia por Sodoma, cuyo pecado «es grave». Cree en la justicia y en la infinita misericordia de Dios, dispuesto a perdonar una multitud de pecados. Sabe también que los justos tienen para el Señor un valor tan alto que «protegen» a los pecadores de la cólera divina y les obtienen un plazo para convertirse.

No se enfade mi Señor, si sigo hablando.

Lectura del libro del Génesis 18, 20-32

En aquellos días, el Señor dijo: "La acusación contra Sodoma y Gomorra es fuerte, y su pecado es grave; voy a bajar, a ver si realmente sus acciones responden a la acusación; y si no, lo sabré."
Los hombres se volvieron y se dirigieron a Sodoma, mientras el Señor seguía en compañía de Abrahán.
Entonces Abrahán se acercó y dijo a Dios: "¿Es que vas a destruir al inocente con el culpable? Si hay cincuenta inocentes en la ciudad, ¿los destruirás y no perdonarás al lugar por los cincuenta inocentes que hay en él? ¡Lejos de ti hacer tal cosa!, matar al inocente con el culpable, de modo que la suerte del inocente sea como la del culpable; ¡lejos de ti! El juez de todo el mundo, ¿no hará justicia?"
El Señor contestó: "Si encuentro en la ciudad de Sodoma cincuenta inocentes, perdonaré a toda la ciudad en atención a ellos."
Abrahán respondió: "Me he atrevido a hablar a mi Señor, yo que soy polvo y ceniza. Si faltan cinco para el número de cincuenta inocentes, ¿destruirás, por cinco, toda la ciudad?"
Respondió el Señor: "No la destruiré, si es que encuentro allí cuarenta y cinco."
Abrahán insistió: "Quizá no se encuentren más que cuarenta."
Le respondió: "En atención a los cuarenta, no lo haré."
Abrahán siguió: "Que no se enfade mi Señor, si sigo hablando. ¿Y si se encuentran treinta?"
Él respondió: "No lo haré, si encuentro allí treinta."
Insistió Abrahán: "Me he atrevido a hablar a mi Señor. ¿Y si se encuentran sólo veinte?"
Respondió el Señor: "En atención a los veinte, no la destruiré."
Abrahán continuo: "Que no se enfade mi Señor si hablo una vez más. ¿Y si se encuentran diez?"
Contestó el Señor: "En atención a los diez, no la destruiré."

Palabra de Dios.

SALMO

Dios es fiel. «No abandona la obra de sus manos». Sólo escucha la voz de su corazón misericordioso.

Salmo 137, 1-2a. 2bc-3. 6-7ab. 7c-8

R
Cuando te invoqué, Señor, me escuchaste.

Te doy gracias, Señor, de todo corazón;
delante de los ángeles tañeré para ti,
me postraré hacia tu santuario. R

Daré gracias a tu nombre,
por tu misericordia y tu lealtad.
Cuando te invoqué, me escuchaste,
acreciste el valor en mi alma. R

El Señor es sublime, se fija en el humilde,
y de lejos conoce al soberbio.
Cuando camino entre peligros,
me conservas la vida;
extiendes tu brazo contra la ira de mi enemigo. R

Y tu derecha me salva.
El Señor completará sus favores conmigo:
Señor, tu misericordia es eterna,
no abandones la obra de tus manos. R

SEGUNDA LECTURA

En el bautismo, sacramento de la fe, los creyentes pasan con Cristo de la muerte a la vida. No es sólo que se aplace «el protocolo que los condenaba», sino que «se quita de en medio», porque el perdón de Dios engendra hombres nuevos, libres con la libertad del Resucitado.

Os dio vida en Cristo, perdonándoos todos los pecados.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses 2,12-14

Hermanos: Por el bautismo fuisteis sepultados con Cristo, y habéis resucitado con él, porque habéis creído en la fuerza de Dios que lo resucitó de entre los muertos.
Estabais muertos por vuestros pecados, porque no estabais circuncidados; pero Dios os dio vida en él, perdonándoos todos los pecados.
Borró el protocolo que nos condenaba con sus cláusulas y era contrario a nosotros; lo quitó de en medio, clavándolo en la cruz.

Palabra de Dios.

ALELUYA Rm 8, 15bc

Aleluya. Aleluya.
El Padre celestial da el Espíritu Santo,
a los que se lo piden. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Habéis recibido un espíritu de hijos adoptivos,
que nos hace gritar: «Abba!, Padre». Aleluya.

EVANGELIO

La oración cristiana se funda en la certeza de que Dios es un padre que, en su bondad, se apresura a responder a las peticiones apremiantes y a las necesidades vitales de sus hijos. El más necesario de todos los bienes necesarios es el don del Espíritu, gracias al cual podemos conocer y cumplir la voluntad del Padre, contribuir activamente a la venida de su Reino y superar las tentaciones. Pedir es también buscar sabiendo que se encontrará y llamar a la puerta con la convicción de que se abrirá.

Pedid y se os dará.

+ Lectura del santo evangelio según san Lucas 11,1-13

Una vez que estaba Jesús orando en cierto lugar, cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: "Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos."
Él les dijo: "Cuando oréis decid: "Padre, santificado sea tu nombre, venga tu reino, danos cada día nuestro pan del mañana, perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todo el que nos debe algo, y no nos dejes caer en la tentación.""
Y les dijo: "Si alguno de vosotros tiene un amigo, y viene durante la medianoche para decirle: "Amigo, préstame tres panes, pues uno de mis amigos ha venido de viaje y no tengo nada que ofrecerle."
Y, desde dentro, el otro le responde: "No me molestes; la puerta está cerrada; mis niños y yo estamos acostados; no puedo levantarme para dártelos."
Si el otro insiste llamando, yo os digo que, si no se levanta y se los da por ser amigo suyo, al menos por la importunidad se levantará y le dará cuanto necesite.
Pues así os digo a vosotros:
Pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá; porque quien pide recibe, quien busca halla, y al que llama se le abre.
¿Qué padre entre vosotros, cuando el hijo le pide pan, le dará una piedra?
¿O si le pide un pez, le dará una serpiente? ¿O si le pide un huevo, le dará un escorpión?
Si vosotros, pues, que sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo piden?"

Palabra de Dios.


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