lunes, 5 de agosto de 2013

11/08/2013 - 19º domingo Tiempo ordinario (C)

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Lecturas y Evangelio del domingo

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11 de agosto de 2013

19º domingo Tiempo ordinario (C)


El éxodo, primera gran etapa del camino de los creyentes hacia la liberación definitiva, es promesa y prenda de la victoria del bien sobre el mal, de la salvación de los justos de todos los tiempos unidos en la misma esperanza. Por la celebración anual de la Pascua, todas las generaciones participan en este acontecimiento y reciben sus frutos. La celebración sacramental de esta obra capital de Dios permite la entrada en la dinámica del plan divino que se despliega a lo largo de los siglos. Podemos decir, pues, con toda verdad, llenos de alegría y agradecimiento: « Hoy es la Pascua del Señor! El nos llama a compartir su gloria y realiza las promesas en las que nuestros padres creyeron antes que nosotros».
«La fe es seguridad de lo que se espera, y prueba de lo que no se ve», lo que equivale a decir dos veces lo mismo, que en el lenguaje bíblico viene a significar «unión íntima», «comunión profunda». La luz de la fe hace entrever en las realidades pasadas, de las que se hace memoria, así como en las realidades presentes, las primicias de lo que se mostrará en el futuro a plena luz del día. Por eso, el hecho de no ser más que un «pequeño rebaño» que ha apostado por lo que no se ve, no debe desanimarnos.
Cualquiera que emprende un largo camino procura no cargarse inútilmente de cosas. Cuando se trata del camino hacia el Reino es necesario desprenderse de las posesiones terrenas para contar, al llegar, con «un tesoro inagotable» que nadie podrá arrebatarnos: el oro inoxidable de la caridad.
Nadie sabe de antemano la duración de este éxodo ni el momento de la venida del Hijo del hombre. Lejos de hacemos perder la paciencia, esta incertidumbre debe estimular el celo para cumplir fielmente las tareas encomendadas por el Señor en el momento de su partida. Los administradores colocados al frente de la comunidad de los peregrinos tienen una especial responsabilidad al servicio de los que tienen la misión de guiar y estimular con su ejemplo. Pero todos, cualquiera que sea su puesto en la caravana, tendrán que responder del uso que han hecho de los dones recibidos.
Al final del viaje, el Señor «hará sentar a la mesa» a los que han trabajado bien, y él mismo servirá a los comensales. ¿Acaso no es esto lo que ocurre ya cuando se celebra el banquete eucarístico?

PRIMERA LECTURA

El autor del libro de la Sabiduría escribe en el siglo I antes de Cristo. Ve la noche de la primera Pascua como una vigilia litúrgica celebrada en la espera confiada y gozosa de la realización de las promesas divinas. A los descendientes de los justos de los tiempos pasados se les asegura que experimentarán una liberación semejante al término de la vigilia actual.

Castigaste a los enemigos y nos honraste.

Lectura del libro de la Sabiduría 18,6-9

Aquella noche se les anunció de antemano a nuestros padres, para que tuvieran ánimo al conocer con certeza la promesa de que se fiaban.
Tu pueblo esperaba ya la salvación de los inocentes y la perdición de los culpables. Pues con una misma acción castigabas a los enemigos y nos honrabas llamándonos a ti.
Los hijos piadosos de un pueblo justo ofrecían sacrificios a escondidas, y de común acuerdo se imponían esta ley sagrada: que todos los santos serían solidarios en los peligros y en los bienes; y empezaron a entonar los himnos tradicionales.

Palabra de Dios.

SALMO

Los cantos de alabanza de los antepasados siguen resonando en la Iglesia, pueblo de Dios nacido de la Pascua de Cristo.

Salmo 32, 1 y 12. 18-19. 20 y 22

R
Dichoso el pueblo a quien Dios escogió como heredad.

Aclamad, justos, al Señor,
que merece la alabanza de los buenos;
dichosa la nación cuyo Dios es el Señor,
el pueblo que él se escogió como heredad. R

Los ojos del Señor están puestos en sus fieles,
en los que esperan en su misericordia,
para librar sus vidas de la muerte
y reanimarlos en tiempo de hambre. R

Nosotros aguardamos al Señor:
él es nuestro auxilio y escudo;
que tu misericordia, Señor,
venga sobre nosotros,
como lo esperamos de ti. R

SEGUNDA LECTURA

La esperanza tiene como fundamento la palabra de Dios, que hace, y seguirá haciendo, realidad lo que dice. Por eso la fe logra que sea ya realidad la posesión de lo que se espera. Entre todos los antepasados que se nos presentan como modelos de fe, Abrahán ocupa, sin duda, el primer lugar Tres episodios capitales de su historia dan testimonio de su inquebrantable confianza en las promesas de Dios.

Esperaba la ciudad, cuyo arquitecto y constructor iba a ser Dios.

Lectura de la carta a los Hebreos 11,1-2. 8-19

Hermanos:
La fe es seguridad de lo que se espera, y prueba de lo que no se ve.
Por su fe son recordados los antiguos: por fe obedeció Abrahán a la llamada y salió hacia la tierra que iba a recibir en heredad. Salió sin saber adónde iba.
Por fe vivió como extranjero en la tierra prometida, habitando en tiendas -y lo mismo Isaac y Jacob, herederos de la misma promesa- mientras esperaba la ciudad de sólidos cimientos, cuyo arquitecto y constructor iba a ser Dios.
Por fe también Sara, cuando ya le había pasado la edad, obtuvo fuerza para fundar un linaje, porque se fió de la promesa. Y así, de una persona, y ésa estéril, nacieron hijos numerosos, como las estrellas del cielo y como la arena incontable de las playas.
[Con fe murieron todos éstos, sin haber recibido la tierra prometida; pero viéndola y saludándola de lejos, confesando que eran huéspedes y peregrinos en la tierra.
Es claro que los que así hablan están buscando una patria; pues si añoraban la patria de donde habían salido, estaban a tiempo para volver. Pero ellos ansiaban una patria mejor, la del cielo. Por eso Dios no tiene reparo en llamarse su Dios: porque les tenía preparada una ciudad.
Por fe Abrahán, puesto a prueba, ofreció a Isaac: y era su hijo único lo que ofrecía, el destinatario de la promesa, del cual le había dicho Dios: «Isaac continuará tu descendencia».
Pero Abrahán pensó que Dios tiene poder hasta para resucitar muertos. Y así recobró a Isaac como figura del futuro.]

Palabra de Dios.

ALELUYA Mt 24,42a y44

Aleluya. Aleluya.
Dichosos los criados
a quienes el señor al llegar
los encuentre ceñidos. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Estad en vela y preparados,
porque a la hora que menos pensáis
viene el Hijo del hombre. Aleluya.

EVANGELIO

Los que tienen la certeza de poseer ya el Reino, que sin embargo sigue siendo objeto de esperanza, se atreven a despojarse de sus bienes, con la mirada fija en las realidades futuras. Velan constantemente a la espera del Señor de Cristo, para que su vuelta repentina no los encuentre desprevenidos. Dichosos los que hayan preparado su venida sin desfallecer ayudando a los Otros a permanecer en vela. Los negligentes serán castigados. En cuanto a los «administradores», los responsables de las comunidades, ¡ay de ellos si se muestran indignos de la confianza del Señor!

Estad preparados.

+ Lectura del santo evangelio según san Lucas 12,32-48

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
[No temas, pequeño rebaño: porque vuestro Padre ha tenido a bien daros el reino.
Vended vuestros bienes, y dad limosna; haceos talegas que no se echen a perder, y un tesoro inagotable en el cielo, adonde no se acercan los ladrones ni roe la polilla. Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.]
Tened ceñida la cintura y encendidas las lámparas: vosotros estad como los que aguardan a que su señor vuelva de la boda, para abrirle, apenas venga y llame.
Dichosos los criados a quienes el señor, al llegar, los encuentre en vela: os aseguro que se ceñirá, los hará sentar a la mesa y los irá sirviendo.
Y si llega entrada la noche o de madrugada, y los encuentra así, dichosos ellos.
Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora viene el ladrón, no le dejaría abrir un boquete.
Lo mismo vosotros, estad preparados, porque a la hora que menos penséis, viene el Hijo del hombre.
[Pedro le preguntó:
- Señor, ¿has dicho esa parábola por nosotros o por todos?
El Señor le respondió:
- ¿Quién es el administrador fiel y solícito a quien el amo ha puesto al frente de su servidumbre para que les reparta la ración a sus horas?
Dichoso el criado a quien su amo al llegar lo encuentre portándose así. Os aseguro que lo pondrá al frente de todos sus bienes.
Pero si el empleado piensa: «Mi amo tarda en llegar», y empieza a pegarles a los mozos y a las muchachas, a comer y beber y emborracharse, llegará el amo de ese criado el día y a la hora que menos lo espera y lo despedirá, condenándolo a la pena de los que no son fieles.
El criado que sabe lo que su amo quiere y no está dispuesto a ponerlo por obra recibirá muchos azotes; el que no lo sabe, pero hace algo digno de castigo, recibirá pocos.
Al que mucho se le dio mucho se le exigirá; al que mucho se le confió más se le exigirá.]

Palabra de Dios.


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