lunes, 19 de agosto de 2013

25/08/2013 - 21º domingo Tiempo ordinario (C)

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Lecturas y Evangelio del domingo

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25 de agosto de 2013

21º domingo Tiempo ordinario (C)


A medida que transcurre su camino hacia Jerusalén, Jesús va transmitiendo a sus seguidores enseñanzas sobre su conducta en la vida terrena. Han de tener siempre ante los ojos el fin de su vida (182 domingo) y la perspectiva de la vuelta del Señor (l9 domingo), a quien no puede preferirse nada ni nadie (202 domingo). Se plantea entonces de forma espontánea la cuestión del número de los que se salvan. Pero se choca con una dificultad insuperable: conciliar la misericordia infinita de Dios y su justicia. Por otro lado, las razones que llevan a plantearla suelen ser sospechosas: unas veces, lo que se quiere es tranquilizarse pensando que, en cualquier caso, se estará en el número infinito de los elegidos; otras, a veces de manera alternativa, lo que se pretende es mantener vivo el miedo al infierno.
Dios quiere que todos los hombres se salven, como proclama la palabra del Señor, transmitida, entre otros, por el oráculo del libro de Isaías. Por eso tomó la iniciativa de elegirse un pueblo, encargado de dar testimonio de su plan: «reunir a las naciones de toda lengua». Le mandó no considerar como extranjero o ciudadano de segunda clase a ninguno de los habitantes del país, cualquiera que fuera su origen, porque también los paganos están llamados a convertirse en ofrenda agradable a Dios. Esta dimensión cultual atempera la noción de pueblo elegido, y descarta la idea de un privilegio celosamente guardado, del que los demás estarían excluidos. Por eso, la misión del pueblo elegido se distingue netamente del proselitismo agresivo que, de manera más o menos consciente, y en mayor o menor medida, desprecia la libertad personal. Dios propone sin imponer. El que hace el mal se condena a sí mismo.
Es cierto que no puede darse una vida acorde con la voluntad divina, sin pruebas. Pero estas no tienen absolutamente nada de arbitrario: son «correcciones» destinadas a educar a los que las aceptan, a evitar que emprendan fáciles caminos ilusorios, que conducen a la ruina. En vez de hacerse preguntas sin sentido sobre el número de los elegidos, es mejor vivir de modo que se pueda ser considerado digno de estar entre ellos.
La eucaristía, misterio de Cristo que entró en la gloria del Padre al término del camino de Jerusalén, da a los cristianos fuerza y coraje para vivir de tal modo que un día se abra para ellos la puerta estrecha del reino de Dios.

PRIMERA LECTURA

Dios «viene» para reunir a todos los hombres de la tierra. La reunión en un solo pueblo de los que ya lo conocen es la primera etapa y la prenda del cumplimiento de este plan. Dios quiere que su pueblo colabore en él, no sólo mostrándose acogedor con «los que están lejos», sino incluso yendo hacia ellos. La fe en la universalidad de la salvación, el espíritu ecuménico y el celo misionero van de la mano.

De entre todas las naciones traerán a todos vuestros hermanos.

Lectura del libro del profeta Isaías 66,18-21

Esto dice el Señor:
- Yo vendré para reunir a las naciones de toda lengua:
vendrán para ver mi gloria,
les daré una señal,
y de entre ellos despacharé supervivientes a las naciones:
a Tarsis, Etiopía, Libia, Masac, Tubal y Grecia;
a las costas lejanas que nunca oyeron mi fama
ni vieron mi gloria,
y anunciarán mi gloria a las naciones.
Y de todos los países,
como ofrenda al Señor,
traerán a todos vuestros hermanos
a caballo y en carros y en literas,
en mulos y dromedarios,
hasta mi Monte Santo de Jerusalén
-dice el Señor-,
como los israelitas, en vasijas puras,
traen ofrendas al templo del Señor.
De entre ellos escogeré sacerdotes y levitas
-dice el Señor-.

Palabra de Dios.

SALMO

Que todos los pueblos se reúnan cantando en torno al Dios fiel, cuya misericordia no tiene límites.

Salmo 116, 1. 2

R
Id al mundo entero y proclamad el Evangelio.

Alabad al Señor, todas las naciones,
aclamadlo, todos los pueblos. R

Firme es su misericordia con nosotros,
su fidelidad dura por siempre. R

SEGUNDA LECTURA

Dios actúa siempre como padre que ama a sus hijos. Sólo quiere su bien, y nunca los Somete a pruebas inútiles. Las dificultades que encuentran en el camino por el que marchan siguiendo los pasos de Cristo deben entenderse y asumirse como una llamada a la superación, a alcanzar una vida más «honrada», a adquirir nuevo vigor a caminar con más alegría «por una senda llana».

El Señor reprende a los que ama.

Lectura de la carta a los Hebreos 12,5-7. 11-13

Hermanos:
Habéis olvidado la exhortación paternal que os dieron: «Hijo mío, no rechaces el castigo del Señor, no te enfades por su reprensión; porque el Señor reprende a los que ama y castiga a sus hijos preferidos». Aceptad la corrección, porque Dios os trata como a hijos, pues, ¿qué padre no corrige a sus hijos?
Ningún castigo nos gusta cuando lo recibimos, sino que nos duele; pero después de pasar por él, nos da como fruto una vida honrada y en paz. Por eso, fortaleced las manos débiles, robusteced las rodillas vacilantes, y caminad por una senda llana: así el pie cojo, en vez de retorcerse, se curará.

Palabra de Dios.

ALELUYA Jn 14,6

Aleluya. Aleluya.
Estrecha es la puerta que lleva a la vida.
Dichosos los que se esfuerzan en entrar por ella. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Yo soy el camino, y la verdad, y la vida
—dice el Señor—;
nadie va al Padre, sino por mí. Aleluya.

EVANGELIO

¿El número de los elegidos? Una sola cosa debe preocuparnos: formar parte de él. Imaginarse que pueda haber cualquier tipo de reserva o título que conlleve derechos en este sentido conduce fatalmente al fracaso. La puerta estará abierta sólo para los que hayan vivido como verdaderos discípulos del Seño, Contra toda expectativa, algunos tendrán parte en el banquete del Reino, mientras otros se quedarán a la puerta. Habrá, pues, sorpresas. Bien entendida, esta severa advertencia es una exhortación a obrar bien con decisión y a convertirse cuando todavía se está a tiempo.

Vendrán de Oriente y Occidente, y se sentarán a la mesa en el Reino de Dios.

+ Lectura del santo evangelio según san Lucas 13,22-30

En aquel tiempo, Jesús, de camino hacia Jerusalén, recorría ciudades y aldeas enseñando.
Uno le preguntó:
- Señor, ¿serán pocos los que se salven?
Jesús les dijo:
- Esforzaos en entrar por la puerta estrecha. Os digo que muchos intentarán entrar y no podrán. Cuando el amo de la casa se levante y cierre la puerta, os quedaréis fuera y llamaréis a la puerta diciendo. «Señor, ábrenos» y él os replicará: «No sé quiénes sois». Entonces comenzaréis a decir: «Hemos comido y bebido contigo y tú has enseñado en nuestras plazas». Pero él os replicará: «No sé quiénes sois. Alejaos de mí, malvados».
Entonces será el llanto y el rechinar de dientes, cuando veáis a Abrahán, Isaac y Jacob y a todos los profetas en el Reino de Dios y vosotros os veáis echados fuera. Y vendrán de Oriente y Occidente, del Norte y del Sur, y se sentarán a la mesa en el Reino de Dios.
Mirad: hay últimos que serán primeros y primeros que serán últimos.

Palabra de Dios.


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