lunes, 18 de noviembre de 2013

24/11/2013 - 34º domingo Tiempo ordinario (C)- Jesucristo Rey del Universo

Inicio ..... Ciclo A ..... Ciclo B ..... Ciclo C ..... Euskera

Lecturas y Evangelio del domingo

Para leer, compartir, bajarse o imprimir las lecturas y el Evangelio del domingo haz "clic" sobre el título del domingo, o haz "clic" sobre Ciclo A, Ciclo B o Ciclo C, en el menú superior para leer los evangelios de cada ciclo.
------------------------------------------------------------------------------------------------------------

24 de noviembre de 2013

34º domingo Tiempo ordinario (C)- Jesucristo Rey del Universo


El pecado, ruptura de la unión con Dios, ha introducido la división entre los hombres y en el corazón mismo de cada uno de ellos. Los desgarros dentro de las familias, los cismas en los pueblos y en la Iglesia son sus tristes manifestaciones. Toda reconciliación, toda reunificación, es un esbozo, una esperanza de redención. Como cuando David, elegido por Dios y aclamado por sus semejantes, reunificó los reinos del norte y del sur. Esta unidad recuperada no pudo resistir al resurgimiento de viejas rivalidades. Pero la tradición bíblica ha visto en David la figura de otro Rey que restauraría definitivamente la unidad, no sólo del pueblo de Dios, sino del universo entero.
Este Rey del universo, por quien Dios «ha querido reconciliar consigo todos los seres: los del cielo y los de la tierra», es Jesús, el Cristo, «el primogénito de toda criatura», que «es el primero en todo» y en quien «todo se mantiene». Estaba junto a aquel que, «en el principio», creó el universo en perfecta armonía. Y vino para liberamos del pecado y «del dominio de las tinieblas».
Paradójicamente, Cristo manifiesta su poder soberano en la cruz. El pueblo se queda mirando. Los jefes se burlan. Los soldados lo instan a que baje de la cruz. Pero un hombre, clavado también como él en el madero del suplicio, reconoce en Jesús al Justo, que «no ha faltado en nada», al Mesías que, muriendo, puede salvar e introducir en el reino de los cielos. Este condenado interpela valientemente al otro, que ni siquiera tiene el pudor de guardar silencio. Y de este condenado por sus malas acciones se eleva una oración que el salmista dirige frecuentemente a Dios: «Acuérdate de mí». Y añade: «cuando llegues a tu reino». ¿Habrá leído acaso la inscripción colocada encima de aquel a quien él llama simplemente, con familiaridad y ternura, Jesús? En cualquier caso, es el modelo de todos los que, después de él, proclamarán humildemente su confianza en el Rey crucificado, que les dice: «Hoy estarás conmigo en el paraíso». Son palabras que nos dirige cada vez que nos encontramos con él en la oración y en los sacramentos, cada vez que celebramos el misterio de su muerte y resurrección, de su Pascua y de la nuestra, cada vez que comulgamos con su cuerpo entregado y su sangre derramada por la salvación de todos los hombres.

PRIMERA LECTURA

Dios tomó la iniciativa de elegir a David para que fuera rey de su pueblo, pero no se lo impuso. Dejó a las doce tribus el tiempo y la responsabilidad de acoger y reconocer a su elegido.

Ungieron a David como rey de Israel.

Lectura del segundo libro de Samuel 5,1-3

En aquellos días, todas las tribus de Israel fueron a Hebrón a ver a David y le dijeron:
- Hueso y carne tuya somos; ya hace tiempo, cuando todavía Saúl era nuestro rey, eras tú quien dirigías las entradas y salidas de Israel. Además el Señor te ha prometido: «Tú serás el pastor de mi pueblo, Israel, tú serás el jefe de Israel».
Todos los ancianos de Israel fueron a Hebrón a ver al rey, y el rey David hizo con ellos un pacto en Hebrón, en presencia del Señor, y ellos ungieron a David como rey de Israel.

Palabra de Dios.

SALMO

Jesús. hijo de David, es Rey del universo, elegido por Dios para congregar a todos los hombres en la unidad y conducirlos hacia la Jerusalén del cielo, la ciudad de la paz y de la alegría.

Salmo 121, 1-2. 4-5

R
Vamos alegres a la casa del Señor.

Qué alegría cuando me dijeron:
«Vamos a la casa del Señor».
Ya están pisando nuestros pies
tus umbrales, Jerusalén. R

Allá están las tribus,
las tribus del Señor,
según la costumbre de Israel,
a celebrar el nombre del Señor.
En ella están los tribunales de justicia
en el palacio de David. R

SEGUNDA LECTURA

Acción de gracias al Padre, que nos ha hecho capaces de entrar en el reino de su Hijo amado, y canto de alabanza a Cristo, que es «el primero en todo». Esta página tiene la estructura y el estilo de un himno litúrgico. Se ha incluido entre los «cánticos bíblicos» del salterio litúrgico.

Nos ha trasladado al reino de su hijo querido.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses 1,12-20

Hermanos:
Damos gracias a Dios Padre, que nos ha hecho capaces de compartir la herencia del pueblo santo en la luz. Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas, y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido, por cuya sangre hemos recibido la redención, el perdón de los pecados. Él es imagen de Dios invisible, primogénito de toda criatura; porque por medio de él fueron creadas todas las cosas: celestes y terrestres, visibles e invisibles, Tronos, Dominaciones, Principados, Potestades; todo fue creado por él y para él. Él es anterior a todo, y todo se mantiene en él. Él es también la cabeza del cuerpo: de la Iglesia. Él es el principio, el primogénito de entre los muertos, y así es el primero en todo.
Porque en él quiso Dios que residiera toda la plenitud. Y por él quiso reconciliar consigo todos los seres: los del cielo y los de la tierra, haciendo la paz por la sangre de su cruz.

Palabra de Dios.

ALELUYA

Aleluya. Aleluya.
Cristo salvador, Rey del universo,
gloria y honor a ti. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Bendito el que viene en nombre del Señor.
Bendito el reino que llega,
el de nuestro padre David. Aleluya.

EVANGELIO

Jesús declara en la sinagoga de Nazaret: «Hoy» ha llegado el tiempo de la salvación (Lc 4,21). Cuando Zaqueo se convirtió, dijo.’ «Hoy es la salvación de esta casa» (Lc 19,9). Y en la cruz le dice al malhechor: «Hoy estarás conmigo en el paraíso». «Hoy», cada uno de nosotros podemos decirle con toda confianza: «Tú que reinas en el paraíso de Dios, acuérdate de mí y sálvame».

Señor, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino.

+ Lectura del santo evangelio según san Lucas 23,35-43

En aquel tiempo, las autoridades hacían muecas a Jesús diciendo:
- A otros ha salvado, que se salve a sí mismo, si él es el Mesías de Dios, el Elegido.
Se burlaban de él también los soldados, ofreciéndole vinagre y diciendo:
- Si eres tú el rey de los judíos, sálvate a ti mismo.
Había encima un letrero en escritura griega, latina y hebrea: «Éste es el rey de los judíos».
Uno de los malhechores crucificados lo insultaba diciendo:
- ¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros.
Pero el otro le increpaba:
- ¿Ni siquiera temes tú a Dios, estando en el mismo suplicio? Y lo nuestro es justo, porque recibimos el pago de lo que hicimos; en cambio, éste no ha faltado en nada.
Y decía:
- Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu Reino.
Jesús le respondió:
- Te lo aseguro: hoy estarás conmigo en el Paraíso.

Palabra de Dios.


No hay comentarios:

Publicar un comentario

La publicación de los comentarios requerirán la aceptación del administrador del blog.