lunes, 25 de febrero de 2013

03/03/2013 - 3º domingo de Cuaresma (C)

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Lecturas y Evangelio del domingo

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3 de marzo de 2013

3º domingo de Cuaresma (C)



«Soy el mismo, pero no lo mismo». Cuando hablamos así queremos decir: «Desde que nací hasta hoy sigo siendo la misma persona, aunque no he dejado de cambiar, de evolucionar, en todos los campos, hasta el punto de que, a veces, casi no me reconozco». «En cuanto a lo que seré mañana, es imposible avanzarlo con un mínimo de seguridad». Sólo Dios puede decir: «Yo soy», añadiendo incluso: «Ese es mi nombre para siempre». Las otras maneras de nombrarlo, los calificativos con que se le designa, tratan de aproximarse un poco a su identidad, pero nunca pueden, ni podrán jamás, definirlo. Cuando se dice algo de él —y forzoso es hablar de él, referirse a él con palabras humanas—, hay que añadir: «No es eso, sino totalmente distinto, el Totalmente Otro, el absolutamente inefable». El Corán lo expresa a su manera diciendo: «Dios tiene cien nombres». Pero, tras enumerar noventa y nueve, añade: «El centésimo es desconocido».
En la famosa visión de la zarza ardiendo, Dios responde primero a la pregunta de Moisés: «Soy el que soy», es decir, «No me preguntes más». «El es» el Dios revelado a Abrahán, el padre de los creyentes, y a sus descendencia. «El será» el liberador y el protector de su pueblo; «YO SOY», así, con mayúsculas, es su nombre para siempre, con el que es ensalzado de edad en edad.
A Dios nadie lo ha visto nunca, y, sin embargo, a través de lo que hace por nosotros, manifiesta sin cesar, de forma bien concreta, que él es el único que está verdaderamente a nuestro alcance. De ese modo aprendemos a conocerlo cada vez mejor como el que nos ama y ha decidido salvar a todos los hombres, a quienes ha colocado en la tierra para que den frutos de vida eterna. Ningún hortelano se ocupa con tanto esmero de los árboles de su huerto. Urge, pues, aprovechar este plazo para convertirse. No se trata de algo aleatorio: es cuestión de vida o muerte, como repite hasta la saciedad la liturgia de la Cuaresma.
«Ojalá escuchéis hoy su voz» (Sal 94,7). «Pensad en lo que les ocurrió a algunos durante el éxodo. Guardaos de caer como ellos, viene a decir san Pablo. Vosotros habéis sido bautizados en Cristo; su cuerpo y su sangre se os dan como alimento y como bebida para la travesía del desierto».

PRIMERA LECTURA

Vocación y misión de Moisés y revelación del nombre divino: uno de los relatos más conocidos de la Biblia, paso capital en la historia de la salvación. Va a iniciarse el éxodo, acontecimiento fundante del pueblo de Dios, bajo la guía de Moisés, enviado por el Señor; Dios de los padres, fiel a sus promesas. Su contenido exacto se irá desvelando progresivamente, pero la intención se hace patente ya desde ahora: liberar al pueblo elegido de sus sufrimientos y de su esclavitud. Durante esta visión Dios revela su nombre: «Soy el que soy», «Yo soy», el que trasciende los tiempos y la historia, el mismo ayer, hoy y siempre, el que era, el que es y el que viene, como profesa la liturgia.

«Yo soy» me envía a vosotros.

Lectura del libro del Éxodo 3,1-8a. 13-15

En aquellos días, Moisés pastoreaba el rebaño de su suegro Jetró, sacerdote de Madián; llevó el rebaño trashumando por el desierto hasta llegar a Horeb, el monte de Dios.
El ángel del Señor se le apareció en una llamarada entre las zarzas. Moisés se fijó: la zarza ardía sin consumirse.
Moisés se dijo:
- Voy a acercarme a mirar este espectáculo admirable, a ver cómo es que no se quema la zarza.
Viendo el Señor que Moisés se acercaba a mirar, lo llamó desde la zarza:
- Moisés, Moisés.
Respondió él:
- Aquí estoy.
Dijo Dios:
- No te acerques; quítate las sandalias de los pies, pues el sitio que pisas es terreno sagrado.
Y añadió:
- Yo soy el Dios de tus padres, el Dios de Abrahán, el Dios de Isaac, el Dios de Jacob.
Moisés se tapó la cara, temeroso de ver a Dios.
El Señor le dijo:
- He visto la opresión de mi pueblo en Egipto, he oído sus quejas contra los opresores, me he fijado en sus sufrimientos. Voy a bajar a librarlos de los egipcios, a sacarlos de esta tierra, para llevarlos a una tierra fértil y espaciosa, tierra que mana leche y miel.
Moisés replicó a Dios:
- Mira, yo iré a los israelitas y les diré: «El Dios de vuestros padres me ha enviado a vosotros».
Si ellos me preguntan cómo se llama, ¿qué les respondo?
Dios dijo a Moisés:
- «Soy el que soy»; esto dirás a los israelitas: «Yo soy» me envía a vosotros.
Dios añadió:
- Esto dirás a los israelitas: «Yahvé (Él-es), Dios de vuestros padres, Dios de Abrahán, Dios de Isaac, Dios de Jacob, me envía a vosotros. Éste es mi nombre para siempre: así me llamaréis de generación en generación».

Palabra de Dios.

SALMO

Perdón, curación, ternura, justicia: revelación del misterio de Dios a través de sus planes de salvación y de sus hazañas.

Salmo 102, 1-2. 3-4. 6-7. 8 y 11

R
El Señor es compasivo y misericordioso.

Bendice, alma mía, al Señor,
y todo mi ser a su santo nombre.
Bendice, alma mía, al Señor,
y no olvides sus beneficios. R

Él perdona todas tus culpas,
y cura todas tus enfermedades;
él rescata tu vida de la fosa,
y te colma de gracia y de ternura. R

El Señor hace justicia,
y defiende a todos los oprimidos;
enseñó sus caminos a Moisés,
y sus hazañas a los hijos de Israel. R

El Señor es compasivo y misericordioso,
lento a la ira y rico en clemencia;
como se levanta el cielo sobre la tierra,
se levanta su bondad sobre sus fieles. R

SEGUNDA LECTURA

El éxodo, acontecimiento fundante del pueblo de Dios, continuamente recordado, meditado y comentado por los autores bíblicos, está cuajado de enseñanzas de inagotable riqueza y siempre actuales. Hoy es Cristo quien va a la cabeza, y en la ruta del éxodo de la última de las edades nos alimenta con su cuerpo y sangre. Evitemos el pecado, del que nos han liberado las aguas del bautismo, para entrar en la tierra prometida y participar de la Pascua eterna.

La vida del pueblo con Moisés en el desierto fue escrita para escarmiento nuestro.

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 10,1-6. 10-12

No quiero que ignoréis, hermanos, que nuestros padres estuvieron todos bajo la nube y todos atravesaron el mar y todos fueron bautizados en Moisés por la nube y el mar; y todos comieron el mismo alimento espiritual; y todos bebieron la misma bebida espiritual, pues bebían de la roca espiritual que los seguía; y la roca era Cristo. Pero la mayoría de ellos no agradaron a Dios, pues sus cuerpos quedaron tendidos en el desierto.
Estas cosas sucedieron en figura para nosotros, para que no codiciemos el mal como lo hicieron aquellos.
No protestéis, como protestaron algunos de ellos, y perecieron a manos del Exterminador.
Todo esto les sucedía como un ejemplo y fue escrito para escarmiento nuestro, a quienes nos ha tocado vivir en la última de las edades. Por lo tanto, el que se cree seguro, ¡cuidado!, no caiga.

Palabra de Dios.

VERSÍCULO ANTES DEL EVANGELIO Mt 4,17

Cristo nos llama hoy.
Convirtámonos sin tardar a su palabra.

Convertíos —dice el Señor—,
porque está cerca el reino de los cielos.

EVANGELIO

Atentados, accidentes, hombres, mujeres y niños que mueren cada día de muerte violenta. Se impone la búsqueda de los culpables de estos crímenes y de los responsables de estas catástrofes. Pero nunca se puede afirmar que las víctimas han sido castigadas por sus pecados. Al contrario, sabiendo que, de una manera u otra, todos tenemos que pasar por la muerte, se trata de evitar que nos sorprenda desprevenidos. Dios tiene paciencia. Pero el plazo para convertirnos es breve. Aprovechemos el «tiempo favorable» de la Cuaresma.

Si no os convertís, todos pereceréis de la misma manera.

+ Lectura del santo evangelio según san Lucas 13,1-9

En aquella ocasión se presentaron algunos a contar a Jesús lo de los galileos, cuya sangre vertió Pilato con la de los sacrificios que ofrecían. Jesús les contestó:
- ¿Pensáis que esos galileos eran más pecadores que los demás galileos, porque acabaron así? Os digo que no; y si no os convertís, todos pereceréis lo mismo. Y aquellos dieciocho que murieron aplastados por la torre de Siloé, ¿pensáis que eran más culpables que los demás habitantes de Jerusalén? Os digo que no. Y si no os convertís, todos pereceréis de la misma manera.
Y les dijo esta parábola:
Uno tenía una higuera plantada en su viña, y fue a buscar fruto en ella, y no lo encontró.
Dijo entonces al viñador:
- Ya ves: tres años llevo viniendo a buscar fruto en esta higuera, y no lo encuentro. Córtala. ¿Para qué va a ocupar terreno en balde?
Pero el viñador contestó:
- Señor, déjala todavía este año; yo cavaré alrededor y le echaré estiércol, a ver si da fruto. Si no, el año que viene la cortarás.

Palabra de Dios.

lunes, 18 de febrero de 2013

24/02/2013 - 2º domingo de Cuaresma (C)

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Lecturas y Evangelio del domingo

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24 de febrero de 2013

2º domingo de Cuaresma (C)



Desde su nacimiento hasta su retorno al Padre, el itinerario terreno de Jesús es realmente un éxodo de la muerte a la vida, de la humillación a la exaltación en la luz divina. La transfiguración según san Lucas deja entrever particularmente el modo como Jesús la vive, la oculta decisión con que camina hacia la ciudad en la que presiente que tendrá lugar su «partida».
Es en la oración donde Jesús nutre y renueva sin cesar la fidelidad indefectible a su misión, la fuerza para ir hasta el final del camino, tal como las Escrituras lo marcan. Durante largas noches pasadas en soledad, medita en lo que Moisés y los profetas han dicho sobre él, especialmente sobre lo que iba a ocurrir en Jerusalén. En las horas de turbación y angustia, encuentra consuelo y fortaleza en su Padre, cuya voz, en el secreto de la oración, le reitera y confirma sin cesar su confianza. Pedro, Santiago y Juan, testigos de la agonía del Señor en Getsemaní, oyen un día esa misma voz en la montaña de la transfiguración. Gracias a su testimonio, sigue oyéndose todavía hoy para prevenir el escándalo de la pasión.
Es grande la tentación de rechazar la cruz de Cristo y ceder a la fascinación de «las cosas terrenas», como dice san Pablo exhortando a los cristianos a no caminar hacia su ruina. «No olvidéis, añade, que somos ciudadanos del cielo. Allí es donde está nuestra verdadera patria, donde volveremos cuando nuestro cuerpo humilde se transforme según el modelo del cuerpo glorioso de Cristo. ¡Manteneos firmes en el camino de vuestro destierro, con la fuerza de Cristo que habita en vosotros!».
La promesa solemne hecha en otro tiempo «en favor de Abrahán y su descendencia por siempre», de un pueblo de creyentes más numeroso que las estrellas del cielo, se cumplirá. Cada año la Cuaresma, subida hacia la Pascua, nos hace recorrer este itinerario «simbólicamente», «sacramentalmente», a través de los signos eficaces de la liturgia.
Dios no puede dejar de cumplir su juramento. La prenda del mismo la tenemos hoy, no en un rito de animales sacrificados, sino en su propio Hijo, que se ha entregado voluntariamente a la muerte para que nosotros seamos en él un solo cuerpo y un solo espíritu.

PRIMERA LECTURA

Abrahán es la figura emblemática de los creyentes de todas las épocas de la historia del mundo. Lo dejó todo porque Dios se lo pidió. El Señor le asegura una descendencia inmensa y la posesión de la tierra prometida. Durante un sueño misterioso, Abrahán asiste a una escena totalmente insólita. Una humareda de horno y una antorcha ardiendo pasa entre los miembros de los animales descuartizados. Habitualmente cada uno de los contratantes se sometía a este rito: «Que me ocurra lo que a estos animales si falto a mi palabra». ¡Dios dejaría de ser el Dios vivo si no cumpliera su promesa!

Dios hace alianza con Abrahán, el creyente.

Lectura del libro del Génesis 15,5-12. 17-18

En aquellos días, Dios sacó afuera a Abrahán y le dijo:
- Mira al cielo; cuenta las estrellas, si puedes.
Y añadió:
- Así será tu descendencia.
Abrahán creyó al Señor, y se le contó en su haber.
El Señor le dijo:
- Yo soy el Señor, que te sacó de Ur de los Caldeos, para darte en posesión esta tierra.
Él replicó:
- Señor Dios, ¿cómo sabré yo que voy a poseerla?
Respondió el Señor:
- Tráeme una ternera de tres años, una cabra de tres años, un carnero de tres años, una tórtola y un pichón.
Abrahán los trajo y los cortó por el medio, colocando cada mitad frente a la otra, pero no descuartizó las aves. Los buitres bajaban a los cadáveres, y Abrahán los espantaba.
Cuando iba a ponerse el sol, un sueño profundo invadió a Abrahán, y un terror intenso y oscuro cayó sobre él.
El sol se puso, y vino la oscuridad; una humareda de horno y una antorcha ardiendo pasaban entre los miembros descuartizados.
Aquel día el Señor hizo alianza con Abrahán en estos términos:
- A tus descendientes les daré esta tierra, desde el río de Egipto al Gran Río.

Palabra de Dios.

SALMO

Dios se compromete por completo en lo que dice. Por eso estoy seguro de que sus palabras se cumplirán.

Salmo 26, 1. 7-8a. 8b-9abc. 13-14

R
El Señor es mi luz y mi salvación.

El Señor es mi luz y mi salvación,
¿a quién temeré?
El Señor es la defensa de mi vida,
¿quién me hará temblar? R

Escúchame, Señor, que te llamo;
ten piedad, respóndeme.
Oigo en mí corazón: «Buscad mi rostro». R

Tu rostro buscaré, Señor,
no me escondas tu rostro.
No rechaces con ira a tu siervo,
que tú eres mi auxilio. R

Espero gozar de la dicha del Señor
en el país de la vida.
Espera en el Señor, sé valiente,
ten ánimo, espera en el Señor. R

SEGUNDA LECTURA

Admitidos como ciudadanos del cielo, los que se adhieran a Cristo de todo corazón verán su cuerpo humilde transfigurado a imagen del cuerpo glorioso del Resucitado, el día de su vuelta. Su esperanza no se verá defraudada.

Aguardamos un Salvador; él transformará nuestra condición humilde, según el modelo de su condición gloriosa.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses 3,17_4,1

Hermanos:
Seguid mi ejemplo y fijaos en los que andan según el modelo que tenéis en mí.
Porque, como os decía muchas veces, y ahora lo repito con lágrimas en los ojos, hay muchos que andan como enemigos de la cruz de Cristo: su paradero es la perdición; su Dios, el vientre; su gloria, sus vergüenzas. Sólo aspiran a cosas terrenas.
Nosotros, por el contrario, somos ciudadanos del cielo, de donde aguardamos un Salvador: el Señor Jesucristo.
Él transformará nuestra condición humilde, según el modelo de su condición gloriosa, con esa energía que posee para sometérselo todo.
Así, pues, hermanos míos queridos y añorados, mi alegría y mi corona, manteneos así, en el Señor, queridos.

Palabra de Dios.

VERSÍCULO ANTES DEL EVANGELIO Mt 17,5

Como ciudadanos del cielo,
aguardamos un Salvador
que, por la energía de la resurrección,
nos introducirá en su gloria.

En el esplendor de la nube
se oyó la voz del Padre:
«Este es mi Hijo, el amado; escuchadlo».

EVANGELIO

La transfiguración según la relata san Luca> recoge detalles que acentúan el carácter pascual de la visión. El acontecimiento se produce ocho días después de la confesión de Pedro, mientras Jesús ora, como en el Huerto de los Olivos. Moisés y Elías hablan de su partida, que tendrá lugar en Jerusalén. Los tres apóstoles se caen de sueño, lo mismo que la noche de Getsemaní. Al despertarse es cuando ven la gloria de Jesús. Después de Pentecostés los apóstoles darán testimonio, con gran fuerza y valentía, de lo que han visto en la montaña y, sobre todo, de las apariciones del Resucitado.

Mientras oraba, el aspecto de su rostro cambió.

+ Lectura del santo evangelio según san Lucas 9,28b-36

En aquel tiempo, Jesús cogió a Pedro, a Juan y a Santiago y subió a lo alto de la montaña para orar. Y, mientras oraba, el aspecto de su rostro cambió, sus vestidos brillaban de blancos.
De repente, dos hombres conversaban con él: eran Moisés y Elías, que, apareciendo con gloria, hablaban de su muerte, que se iba a consumar en Jerusalén.
Pedro y sus compañeros se caían de sueño; y, espabilándose, vieron su gloria y a los dos hombres que estaban con él. Mientras éstos se alejaban, dijo Pedro a Jesús:
- Maestro, qué bien se está aquí. Haremos tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.
No sabía lo que decía.
Todavía estaba hablando, cuando llegó una nube que los cubrió. Se asustaron al entrar en la nube. Una voz desde la nube decía:
- Éste es mi Hijo, el escogido, escuchadle.
Cuando sonó la voz, se encontró Jesús solo. Ellos guardaron silencio y, por el momento, no contaron a nadie nada de lo que habían visto.

Palabra de Dios.

lunes, 11 de febrero de 2013

17/02/2013 - 1º domingo de Cuaresma (C)

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Lecturas y Evangelio del domingo

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17 de febrero de 2013

1º domingo de Cuaresma (C)



¿Cómo es posible que criaturas creadas «a imagen y semejanza de Dios» se aparten del bien y elijan el mal, cuya experiencia muestra sus más desastrosos efectos? Es la eterna pregunta de todo creyente ante la realidad del pecado y del mal. La Biblia, en forma de relato popular pintoresco, pero al mismo tiempo sabia y hábilmente construido, ha transmitido el fruto de las largas reflexiones de los sabios que se han ocupado de este problema fundamental (Gn 3,1-19).
El pecado, desobediencia fatal a la ley de vida dada por Dios, es cuestionamiento radical de la veracidad y fundamentación de la palabra del Señor. Si el hombre y la mujer llegan a él es porque se han dejado seducir por aquel a quien llamamos diablo. Este ser misterioso logra convencerlos por medio de argumentos falaces y engañosos, diciéndoles que Dios los engaña para mantenerlos en un estado de sometimiento indigno de su condición. Nadie escapa a las insinuaciones del tentador, que hace estragos sin cesar en el corazón de los hombres y en el mundo.
Jesús, «lleno del Espíritu Santo», también tuvo que enfrentarse a Satanás. El diablo empieza insinuándole que la voz que había oído al salir de las aguas del Jordán había sido una ilusión. «Si eres realmente el Hijo de Dios», a quien él ha engendrado hoy (Lc 3,22; cf Hb 1,5), «dile a esta piedra que se convierta en pan». «No sólo de pan vive el hombre», contesta Jesús, cuyo alimento será siempre hacer la voluntad del que lo ha enviado y llevar a cabo su obra (Jn 4,34). Nunca cederá a la tentación del poder ni a las seducciones del dinero, contra cuya tiranía pone en guardia a sus discípulos (Lc 16,13). Nunca, en fin, tentará a Dios, ni siquiera en el momento trágico de su agonía (Lc 22,42).
En los momentos de tentación, a la que nadie escapa, sólo hay un medio para no caer: aferrarse firmemente, como Jesús, a la palabra de Dios, que está cerca de nosotros, en nuestra boca y en nuestro corazón, creer en aquel a quien Dios ha resucitado de entre los muertos, invocar el nombre del Señor para que nos salve.
De un grupo de arameos errantes, Dios ha hecho un pueblo a cuya cabeza se ha puesto Cristo. Jamás seremos confundidos si permanecemos unidos a él. El nos conduce hacia su Pascua, de la que la eucaristía es a la vez memorial y prenda.

PRIMERA LECTURA

A partir de la ofrenda de las primicias, común a la mayoría de las religiones, el Deuteronomio hace una profesión de fe explícita en el Dios liberador de su pueblo, por el que no cesa de velar. El memorial del éxodo, acontecimiento fundante, se sitúa a partir de entonces en el corazón mismo del culto bíblico. Del mismo modo, hoy el memorial de la Pascua de Cristo es fuente y cumbre de la liturgia cristiana.

Profesión de fe del pueblo escogido.

Lectura del libro del Deuteronomio 26,4-10

Dijo Moisés al pueblo:
- El sacerdote tomará de tu mano la cesta con las primicias y la pondrá ante el altar del Señor, tu Dios.
Entonces tú dirás ante el Señor, tu Dios: «Mi padre fue un arameo errante, que bajó a Egipto, y se estableció allí, con unas pocas personas. Pero luego creció, hasta convertirse en una raza grande, potente y numerosa. Los egipcios nos maltrataron y nos oprimieron, y nos impusieron una dura esclavitud. Entonces clamamos al Señor, Dios de nuestros padres, y el Señor escuchó nuestra voz, miró nuestra opresión, nuestro trabajo y nuestra angustia. El Señor nos sacó de Egipto con mano fuerte y brazo extendido, en medio de gran terror, con signos y portentos. Nos introdujo en este lugar, y nos dio esta tierra, una tierra que mana leche y miel. Por eso, ahora traigo aquí las primicias de los frutos del suelo que tú, Señor, me has dado».
Lo pondrás ante el Señor, tu Dios, y te postrarás en presencia del Señor, tu Dios.

Palabra de Dios.

SALMO

Dios es nuestro refugio, nuestro alcázar nuestro protector, y nos escucha y acompaña en la prueba.

Salmo 90, 1-2. 10-11. 12-13. 14-15

R
Está conmigo, Señor, en la tribulación.

Tú que habitas al amparo del Altísimo,
que vives a la sombra del Omnipotente,
di al Señor: «Refugio mío, alcázar mío,
Dios mío, confío en ti». R

No se te acercará la desgracia,
ni la plaga llegará hasta tu tienda,
porque a sus ángeles ha dado órdenes
para que te guarden en tus caminos. R

Te llevarán en sus palmas,
para que tu pie no tropiece en la piedra;
caminarás sobre áspides y víboras,
pisotearás leones y dragones. R

Se puso junto a mí: lo libraré;
lo protegeré porque conoce mi nombre,
me invocará y lo escucharé.
Con él estaré en la tribulación,
lo defenderé, lo glorificaré. R

SEGUNDA LECTURA

Lo que anunciaba un texto del Deuteronomio (30,11-14) encuentra inesperadamente su cumplimiento pleno en Jesús, Palabra de Dios que ha venido a este mundo, que ha resucitado de entre los muertos y está cerca de todo el que cree en él. Por la fe en Cristo nos salvamos.

Profesión de fe del que cree en Jesucristo.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 10,8-13

Hermanos:
La Escritura dice:
- La palabra está cerca de ti: la tienes en los labios y en el corazón.
Se refiere a la palabra de la fe que os anunciamos.
Porque, si tus labios profesan que Jesús es el Señor, y tu corazón cree que Dios lo resucitó de entre los muertos, te salvarás.
Por la fe del corazón llegamos a la justificación, y por la profesión de los labios, a la salvación.
Dice la Escritura:
- Nadie que cree en él quedará defraudado.
Porque no hay distinción entre judío y griego; ya que uno mismo es el Señor de todos, generoso con todos los que lo invocan.
Pues todo el que invoca el nombre del Señor se salvará.

Palabra de Dios.

VERSÍCULO ANTES DEL EVANGELIO Mt 4,4b

Palabra de Dios, palabra de la fe:
la Palabra está cerca de nosotros.

No sólo de pan vive el hombre,
sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.

EVANGELIO

El templo ocupa en el evangelio según san Lucas un lugar especial. Siendo todavía niño, Jesús es presentado en él al Señor (Le 2,22), y en él proclama sus últimas enseñanzas (Le 19,45—21,38). No es extraño, pues, que san Lucas sitúe las tres tentaciones de Jesús primero «en el desierto», después en «lo alto» y, finalmente, en Jerusalén, en «el alero del templo». La «otra ocasión» fijada para el último asalto del diablo es la de la pasión. Entonces, de veras, «completadas las tentaciones», el diablo, vencido, se aleja de Jesús para siempre: «Padre, que no se haga mi voluntad, sino la tuya» (Le 22,42); «Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu» (Le 23,46; Sal 31,6).

El Espíritu lo fue llevando por el desierto, mientras era tentado.

+ Lectura del santo evangelio según san Lucas 4,1-13

En aquel tiempo, Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán y, durante cuarenta días, el Espíritu lo fue llevando por el desierto, mientras era tentado por el diablo.
Todo aquel tiempo estuvo sin comer, y al final sintió hambre.
Entonces el diablo le dijo:
- Si eres Hijo de Dios, dile a esta piedra que se convierta en pan.
Jesús le contestó:
- Está escrito: «No sólo de pan vive el hombre».
Después, llevándole a lo alto, el diablo le mostró en un instante todos los reinos del mundo y le dijo:
- Te daré el poder y la gloria de todo eso, porque a mí me lo han dado, y yo lo doy a quien quiero. Si tú te arrodillas delante de mí, todo será tuyo.
Jesús le contestó:
- Está escrito: «Al Señor, tu Dios, adorarás y a él sólo darás culto».
Entonces lo llevó a Jerusalén y lo puso en el alero del templo y le dijo:
- Si eres Hijo de Dios, tírate de aquí abajo, porque está escrito: «Encargará a los ángeles que cuiden de ti», y también: «Te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece con las piedras».
Jesús le contestó:
- Está mandado: «No tentarás al Señor, tu Dios».
Completadas las tentaciones, el demonio se marchó hasta otra ocasión.

Palabra de Dios.

domingo, 10 de febrero de 2013

13/02/2013 - Miercoles de Ceniza (C)

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13 de febrero de 2013

Miercoles de Ceniza (C)



La Cuaresma es a menudo sinónimo de penitencia y privaciones, cuando de lo que se trata es de conversión y de vuelta a las fuentes evangélicas. Durante este periodo que precede a la Pascua los cristianos y la Iglesia están particularmente llamados a liberarse de las ataduras del pecado y de todo lo que conduce a él, a apartar los obstáculos que estorban el camino hacia Dios y el encuentro fraterno con los otros. Esto no se consigue sin renuncias. Pero estas renuncias son medios para liberar el cuerpo, el corazón y el espíritu de todo lo que dificulta la marcha, no objetivos que tengan un valor intrínseco. Aunque cuesten, no tienen nada de frustrante; todo lo contrario. Inspiradas por la fe en la misericordia y el amor de Dios, no producen absolutamente ninguna forma de tristeza debilitadora. La palabra de Dios traza los caminos de la verdad y de la vida. La oración mantiene su orientación sobrenatural y su apertura a la gracia. La caridad, por último, los guarda de todo tipo de repliegue sobre sí mismo y de formalismo.
La Cuaresma nos invita a tomar en serio las llamadas y advertencias de Dios, las enseñanzas y el ejemplo de Cristo, la fe y la esperanza en el Reino futuro. Todo ha de valorarse con criterios seguros: el mundo y cuanto contiene, los bienes de este mundo y la vida misma. Sin duda hay opciones más costosas, pero han de hacerse con conocimiento de causa, es decir, con plena libertad y con la alegría del Espfritu Santo. Aunque tamizada, la luz de la Pascua nunca desaparece del todo: se filtra a lo largo de toda la Cuaresma.
Cristo nos precede y acompaña. Él ha vencido a Satanás superando sus tentaciones (primer domingo de los tres ciclos) y muestra su gloria para animar a sus discípulos en el arduo camino de la fe (segundo domingo de los tres ciclos). El es la fuente de agua viva, la luz que devuelve la vista a los ciegos y la vida a los muertos (ciclo A). Mesías crucificado, fuerza y sabiduría de Dios, ofrece la salvación a los que acuden a él, y, desde la cruz, atrae a todos los hombres hacia él (ciclo B). Revela la paciencia y la infinita misericordia del Padre, que, con los brazos abiertos, acoge a sus hijos pródigos, e invita a la fiesta del regreso a los hijos que se han quedado en casa (ciclo C).
La Cuaresma tiende también a presentarse como un largo retiro espiritual. Mayor fidelidad y fervor en el cumplimiento de los compromisos religiosos, participación en especiales «prácticas espirituales», moderación en la bebida, la comida y las diversiones, actos de caridad y gestos de solidaridad hacia los más pobres, son, en esta perspectiva, otros tantos temas de la predicación cuaresmal tradicional. Pero todo eso no hace de la Cuaresma un paréntesis piadoso en la vida ordinaria de los cristianos y de la Iglesia. Su finalidad es mover a la experiencia de lo que la existencia cristiana personal y eclesial debería ser siempre. De hecho, durante los cuarenta días de la Cuaresma no se propone realmente nada extraordinario con respecto a las exigencias fundamentales del Evangelio. Más bien se nos recuerdan con insistencia para que, personal y comunitariamente, nos esforcemos por integrarlas o reintegrarlas mejor en la vida cotidiana, al precio, si es necesario, de cuestionamientos y reajustes. Porque la predicación del Señor, de los apóstoles y de la Iglesia urge a los fieles y a las comunidades a progresar sin cesar durante todo el año; no hay vida cristiana sin conversión continua. La primera lectura de cada domingo de Cuaresma evoca alguna de las grandes etapas de la historia de la salvación. Para comprender la novedad del Evangelio hay que tener presente lo que lo ha preparado misteriosamente. Esta rememoración dirige la mirada, no hacia el pasado, sino hacia el presente y el futuro, hacia el cumplimiento del designio de Dios hoy y la esperada vuelta del Señor.
Finalmente, la Cuaresma nos hace recorrer cada año, junto con los catecúmenos, las diversas etapas de la iniciación cristiana. «Convertíos en lo que sois! », repite sin cesar y de múltiples maneras la liturgia cuaresmal.
«Pues si bien los hombres renacen a la vida nueva principalmente por el bautismo, como a todos nos es necesario renovarnos cada día de las manchas de nuestra condición pecadora, y no hay nadie que no tenga que ser cada vez mejor en la escala de la perfección, debemos esforzarnos para que nadie se encuentre bajo el efecto de los viejos vicios el día de la redención. Por ello, en estos días, hay que poner especial solicitud y devoción en cumplir aquellas cosas que los cristianos deben realizar en todo tiempo».
(SAN LEÓN MAGNO, Sermón 6 sobre la cuaresma 1-2: PL 54, 285-287)

Miercoles de Ceniza (C)

EI Miércoles de Ceniza los cristianos son invitados a vivir un tiempo de recogimiento y de reflexión antes de emprender juntos el largo ascenso hacia la Pascua del Señor. Dios, por voz del profeta Joel, de san Pablo y del mismo Jesús, les recuerda la meta que han de alcanzar, los medios que utilizar y el espíritu con que deben caminar.
Este día comienza para la Iglesia y para los cristianos un itinerario de conversión a Dios, de quien el pecado los ha apartado: «Perdona. Señor, a tu pueblo» (Jl 2,12-18). «Ahora es tiempo favorable. ahora es día de salvación»; «En nombre de Cristo os pedimos que os reconciliéis con Dios. Al que no había pecado Dios lo hizo expiación por nuestro pecado, para que nosotros, unidos a él, recibamos la justificación de Dios» (2Co 5,20—6,2). El ayuno, la oración y la limosna, las tres «prácticas» tradicionales de la Cuaresma, deben llevarse a cabo sin caer en la ostentación: «Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos»; tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensará» (Mt 6,1-6.16-18).
Viene luego el rito propio de este día. La ceniza evoca en la Biblia todo lo caduco, lo que no tiene valor. Echarse ceniza en la cabeza era signo de duelo y arrepentimiento. Los cristianos adoptaron con toda naturalidad esta costumbre antigua, en particular cuando eran admitidos en el grupo de los penitentes (siglos III-V). No obstante, la imposición de la ceniza no se convirtió en un rito litúrgico de comienzo de la Cuaresma hasta el siglo X, en los países renanos, para pasar luego a Italia y finalmente a Roma (siglos XII-XIII).
Recibir la ceniza es confesar la pertenencia al pueblo de pecadores que se vuelve hacia Dios con confianza para resucitar con el Cristo de la Pascua, vencedor del pecado y de la muerte: «Convertíos y creed el Evangelio».
La imposición y recepción de la ceniza adquiere todo su sentido en el marco de la celebración comunitaria. Ocurre lo mismo con cualquier participación en un rito sacramental, y en particular en la comunión. Nunca es un acto de devoción privada, ni siquiera cuando se trata de una persona a la que la edad, la enfermedad o cualquier otra razón le impiden participar en la asamblea.

PRIMERA LECTURA

El mal reside en el corazón antes de traducirse en actos. Las prácticas de penitencia deben, pues, expresar la conversión del corazón. Los gestos vacíos de contenido no engañan a Dios.

Rasgad los corazones y no las vestiduras.

Lectura del libro de Joel 2,12-18

Ahora -oráculo del Señor-
convertíos a mí de todo corazón
con ayuno, con llanto, con luto.
Rasgad los corazones y no las vestiduras;
convertíos al Señor, Dios vuestro,
porque es compasivo y misericordioso,
lento a la cólera, rico en piedad;
y se arrepiente de las amenazas.
Quizá se arrepienta
y nos deje todavía su bendición, la ofrenda,
la libación para el Señor, vuestro Dios.
Tocad la trompeta en Sión,
proclamad el ayuno, convocad la reunión.
Congregad al pueblo, santificad la asamblea,
reunid a los ancianos.
Congregad a muchachos y niños de pecho.
Salga el esposo de la alcoba,
la esposa del tálamo.
Entre el atrio y el altar lloren los sacerdotes,
ministros del Señor, y digan:
- Perdona, Señor, a tu pueblo;
no entregues tu heredad al oprobio,
no la dominen los gentiles;
no se diga entre las naciones:
¿Dónde está su Dios?
El Señor tenga celos por su tierra,
y perdone a su pueblo.

Palabra de Dios.

SALMO

La toma de conciencia del pecado es vana si no lleva a acudir a la misericordia de Dios. Sólo él puede dar la paz por la purificación del corazón.

Salmo 50, 3-4. 5-6a. 12-13. 14 y 17

R.
Misericordia, Señor: hemos pecado.

Misericordia, Dios mío, por tu bondad,
por tu inmensa compasión borra mi culpa;
lava del todo mi delito,
limpia mi pecado. R.

Pues yo reconozco mi culpa,
tengo siempre presente mi pecado:
contra ti, contra ti sólo pequé,
cometí la maldad que aborreces. R.

Oh Dios, crea en mí un corazón puro,
renuévame por dentro con espíritu firme;
no me arrojes lejos de tu rostro,
no me quites tu santo espíritu. R.

Devuélveme la alegría de tu salvación,
afiánzame con espíritu generoso.
Señor, me abrirás los labios,
y mi boca proclamará tu alabanza. R.

SEGUNDA LECTURA

A reconciliarnos con Dios, a abrirnos a la gracia del perdón conseguido por Cristo, que tomó sobre sí el pecado del mundo para que nosotros «recibamos la justificación de Dios», a alcanzar la santidad de Dios: a todo eso nos exhorta «el tiempo favorable» que es la Cuaresma.

Reconciliaos con Dios: ahora es tiempo favorable.

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios 5,20-6,2

Hermanos:
Nosotros actuamos como enviados de Cristo, y es como si Dios mismo os exhortara por nuestro medio. En nombre de Cristo os pedimos que os reconciliéis con Dios.
Al que no había pecado Dios lo hizo expiación por nuestro pecado, para que nosotros, unidos a él, recibamos la justificación de Dios.
Secundando su obra, os exhortamos a no echar en saco roto la gracia de Dios, porque él dice:
«En tiempo favorable te escuché, en día de salvación vine en tu ayuda»; pues mirad, ahora es tiempo favorable, ahora es día de salvación.

Palabra de Dios.

EVANGELIO

Jesús no niega el valor de la limosna ni de la oración ni del ayuno. Lo que hace es poner en guardia frente a las prácticas hechas por ostentación. Estas pueden engañar a los hombres, pero no a Dios, que ve las intenciones del corazón. Una advertencia siempre actual, porque el fariseísmo sigue acechando, hoy como ayer a las mejores prácticas.

Tu Padre, que ve en lo secreto, te lo pagará.

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 6,1-6.16-18

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: "Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario, no tendréis recompensa de vuestro Padre celestial. Por tanto, cuando hagas limosna, no vayas tocando la trompeta por delante, como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, con el fin de ser honrados por los hombres; os aseguro que ya han recibido su paga. Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te lo pagará.
Cuando recéis, no seáis como los hipócritas, a quienes les gusta rezar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para que los vea la gente. Os aseguro que ya han recibido su paga. Tú, cuando vayas a rezar, entra en tu aposento, cierra la puerta y reza a tu Padre, que está en lo escondido, y tu Padre, que ve en lo escondido, te lo pagará.
Cuando ayunéis, no andéis cabizbajos, como los hipócritas que desfiguran su cara para hacer ver a la gente que ayunan. Os aseguro que ya han recibido su paga.
Tú, en cambio, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, para que tu ayuno lo note, no la gente, sino tu Padre, que está en lo escondido; y tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensará."

Palabra de Dios.

lunes, 4 de febrero de 2013

10/02/2013 - 5º domingo Tiempo ordinario (C)

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Lecturas y Evangelio del domingo

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10 de febrero de 2013

5º domingo Tiempo ordinario (C)



El cuadro que el evangelio pone hoy ante nuestros ojos nos muestra a Jesús en una actitud hierática, que evoca la del resucitado. El evangelista, en efecto, pasa inmediatamente del título de «Maestro» al de «Señor», y Pedro «se arroja a los pies de Jesús»: esta denominación y esta postración nos recuerdan las de los discípulos en el momento de la ascensión. La escena, situada en las primeras páginas del evangelio, responde a la intención del autor. Invita a abordar la lectura del evangelio confesando la verdadera identidad de aquel en quien los discípulos han puesto su confianza (Lc 1,1-4: tercer domingo).
Por otra parte, san Lucas, que es también autor del libro de los Hechos de los apóstoles, ve en el episodio que le ha transmitido la tradición ciertos rasgos que se observan en la vida eclesial. La enseñanza que los creyentes han recibido viene de Jesús, que hablaba a la muchedumbre ávida de escuchar su palabra. La abundancia de la pesca evoca el extraordinario éxito de la predicación apostólica, y explica de antemano el valor de los apóstoles convertidos en «pescadores de hombres», que remarán mar adentro con el fin de ganar para Cristo al mayor número de oyentes. La tarea es como para espantarlos. Pero Jesús les dice: «No temáis». Esto basta para infundirles la valentía necesaria para dejarlo todo y «seguirlo», olvidando su pasado. ¿Acaso no ha sido elegido para anunciar la Buena Noticia un perseguidor como Saulo? Y puede hacerlo con un celo extraordinario porque la gracia de Dios está con él, y él está dispuesto a obedecer al Señor en lo que le pida.
También hoy hay que confiar en el Señor y, «por su palabra», echar de nuevo las redes después de haber pasado noches de trabajo infructuoso. La repentina e inesperada abundancia de la «pesca» manifiesta la omnipotencia de quien es el Maestro y Señor de la Iglesia. El sigue estando ahí, en la barca de Pedro. La manifestación concreta de su presencia suscita generalmente un temor sagrado; el temor que experimentaron los profetas al ser llamados por Dios, y también María, cuando «se turbó» ante las palabras del ángel (Lc 1,29).
La contemplación de Cristo y la escena de la pesca milagrosa vienen a reavivar el valor, la confianza y el empuje misionero de las comunidades cristianas, que podrían sentirse debilitadas por la aparente inutilidad de sus esfuerzos.

PRIMERA LECTURA

Ante al arca de la alianza, sobre la cual despliegan sus alas los serafines, el profeta adquiere aguda conciencia de la grandeza del Dios tres veces santo, cuya gloria llena el universo; y también de su pequeñez como miembro solidario de un pueblo de pecadores. Pero una vez purificado por el Señor; se pone sin reservas a su disposición para desempeñar la misión que el Altísimo tenga a bien confiarle.

Aquí estoy, mándame.

Lectura del libro de Isaías 6,1-2a. 3-8

El año de la muerte del rey Ozías, vi al Señor sentado sobre un trono alto y excelso: la orla de su manto llenaba el templo.
Y vi serafines en pie junto a él. Y se gritaban uno a otro, diciendo:
- ¡Santo, santo, santo, el Señor de los ejércitos, la tierra está llena de su gloria!
Y temblaban los umbrales de las puertas al clamor de su voz, y el templo estaba lleno de humo.
Yo dije:
- ¡Ay de mí, estoy perdido! Yo, hombre de labios impuros, que habito en medio de un pueblo de labios impuros, he visto con mis ojos al Rey y Señor de los ejércitos.
Y voló hacia mí uno de los serafines, con un ascua en la mano, que había cogido del altar con unas tenazas; la aplicó a mi boca y me dijo:
- Mira; esto ha tocado tus labios, ha desaparecido tu culpa, está perdonado tu pecado.
Entonces, escuché la voz del Señor, que decía:
- ¿A quién mandaré? ¿Quién irá por mí?
Contesté:
- Aquí estoy, mándame.

Palabra de Dios.

SALMO

Con los labios y el corazón purificados, asociemos nuestra alabanza a la del cielo y la tierra.

Salmo 137, 1-2a. 2bc-3. 4-5. 7c-8

R
Delante de los ángeles tañeré para ti, Señor.

Te doy gracias, Señor, de todo corazón;
delante de los ángeles tañeré para ti,
me postraré hacia tu santuario. R

Daré gracias a tu nombre,
por tu misericordia y tu lealtad.
Cuando te invoqué, me escuchaste,
acreciste el valor en mi alma. R

Que te den gracias, Señor,
los reyes de la tierra,
al escuchar el oráculo de tu boca;
canten los caminos del Señor,
porque la gloria del Señor es grande. R

Extiendes tu brazo y tu derecha me salva.
El Señor completará sus favores conmigo:
Señor, tu misericordia es eterna,
no abandones la obra de tus manos. R

SEGUNDA LECTURA

Para salvarse hay que guardar en toda su pureza la buena noticia, que constituye el núcleo del «símbolo de los apóstoles», y no olvidar nunca que todo el bien que se pueda hacer hay que atribuirlo a la gracia de Dios.

Esto es lo que predicamos; esto es lo que habéis creído.

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 15,1-11

Hermanos:
Os recuerdo el Evangelio que os proclamé y que vosotros aceptasteis, y en el que estáis fundados, y que os está salvando, si es que conserváis el Evangelio que os proclamé; de lo contrario, se ha malogrado vuestra adhesión a la fe.
Porque lo primero que yo os transmití, tal como lo había recibido, fue esto: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se le apareció a Cefas y más tarde a los Doce; después se apareció a más de quinientos hermanos juntos, la mayoría de los cuales viven todavía, otros han muerto; después se le apareció a Santiago, después a todos los Apóstoles; por último, como a un aborto, se me apareció también a mí.
Porque yo soy el menor de los Apóstoles y no soy digno de llamarme apóstol, porque he perseguido a la Iglesia de Dios.
Pero por la gracia de Dios soy lo que soy y su gracia no se ha frustrado en mí.
Antes bien, he trabajado más que todos ellos. Aunque no he sido yo, sino la gracia de Dios conmigo. Pues bien; tanto ellos como yo esto es lo que predicamos; esto es lo que habéis creído.

Palabra de Dios.

ALELUYA Mt 4,19

Aleluya, aleluya.
Hay que dejarlo todo por Cristo
cuando él llama. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Venid y seguidme —dice el Señor—,
y os haré pescadores de hombres. Aleluya.

EVANGELIO

La extraordinaria difusión del Evangelio, en la que insiste con tanta frecuencia el libro de los Hechos de los apóstoles, se debe a la fidelidad de los predicadores al mandato del Señor que hace eficaces sus palabras y su testimonio. Los fracasos que puedan cosecharse en alguna parte no deben desanimarlos. Ellos deben preocuparse sólo de echar las redes. La separación de los buenos y los malos se hará más tarde, cuando la barca haya arribado a la orilla.

Dejándolo todo, lo siguieron.

+ Lectura del santo evangelio según san Lucas 5,1-11

En aquel tiempo, la gente se agolpaba alrededor de Jesús para oír la Palabra de Dios, estando él a orillas del lago de Genesaret; y vio dos barcas que estaban junto a la orilla: los pescadores habían desembarcado y estaban lavando las redes.
Subió a una de las barcas, la de Simón, y le pidió que la apartara un poco de tierra. Desde la barca, sentado, enseñaba a la gente.
Cuando acabó de hablar, dijo a Simón:
- Rema mar adentro y echa las redes para pescar.
Simón contestó:
- Maestro, nos hemos pasado la noche bregando y no hemos cogido nada; pero, por tu palabra, echaré las redes.
Y, puestos a la obra, hicieron una redada de peces tan grande, que reventaba la red. Hicieron señas a los socios de la otra barca, para que vinieran a echarles una mano. Se acercaron ellos y llenaron las dos barcas, que casi se hundían. Al ver esto, Simón Pedro se arrojó a los pies de Jesús, diciendo:
- Apártate de mí, Señor, que soy un pecador.
Y es que el asombro se había apoderado de él y de los que estaban con él, al ver la redada de peces que habían cogido; y lo mismo les pasaba a Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón.
Jesús dijo a Simón:
- No temas: desde ahora serás pescador de hombres.
Ellos sacaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron.

Palabra de Dios.