lunes, 30 de diciembre de 2013

05/01/2014 - 2º domingo de Navidad (A)

Inicio ..... Ciclo A ..... Ciclo B ..... Ciclo C ..... Euskera

Lecturas y Evangelio del domingo

Para leer, compartir, bajarse o imprimir las lecturas y el Evangelio del domingo haz "clic" sobre el título del domingo, o haz "clic" sobre Ciclo A, Ciclo B o Ciclo C, en el menú superior para leer los evangelios de cada ciclo.
------------------------------------------------------------------------------------------------------------

5 de enero de 2014

2º domingo de Navidad (A)


Nacimiento en Belén, anunciado por los ángeles a los pastores de aquella región y por una estrella a los magos de Oriente; circuncisión al octavo día y presentación en el templo; peregrinación a Jerusalén a la edad de doce años; años en Nazaret, en casa de José, el carpintero, y de su esposa: es todo lo que la tradición apostólica ha conservado de los «comienzos» de Jesús, el Cristo. Esta quedó recogida sobriamente y de manera fragmentaria en lo que se conoce como los «evangelios de la infancia», escritos por san Mateo y san Lucas varias décadas después de la pascua.
Son verdaderamente «evangelios», anuncios del misterio de la encarnación del Hijo de Dios, y no simples relatos encaminados a satisfacer la curiosidad o a edificar, y menos aún «cuentos de Navidad» como los que se cuentan a los niños. Interpretados a la luz de las Escrituras, estos hechos aparecen, a los ojos de la fe, como acontecimientos salvíficos especialmente significativos. Antes de manifestarse públicamente, Jesús, el Salvador, vivió durante muchos años en el silencio y la privacidad de un niño, o de un joven, semejante en todo a los demás, humildemente fiel a la ley de su pueblo y a la condición de los vecinos de su ciudad de Galilea. ¡ Y, sin embargo, era «Dios-con-nosotros»!
Dios había dado ya a los suyos numerosas pruebas de cercanía. Se había podido hablar de la Sabiduría como la personificación más pura y sugestiva de su presencia. Pero nadie hubiera podido imaginar que un día el Hijo de Dios en persona había de encarnarse en el vientre de una mujer para habitar entre nosotros. Es el misterio insondable que celebra la liturgia. Por Cristo, con él y en él somos hijos de Dios «para alabanza de su gloria».
Que el Dios de nuestro Señor Jesucristo ilumine los ojos de nuestro corazón, «para que comprendamos cuál es la esperanza» que nos da la venida de su Hijo a nuestro mundo, «cuál la riqueza de gloria» de la herencia que estamos llamados a compartir con él.

PRIMERA LECTURA

Se trata de un texto cumbre dentro del libro del Sirácida, o Eclesiástico. La Sabiduría, con mayúscula, habla como una persona. Se presenta gloriándose de ser la encarnación de la Ley, cuyos beneficios proclama con insistencia el salmo 118. Accesible a todos, porque ha fijado su morada entre los hombres, la Sabiduría les aporta vida y felicidad.

La sabiduría de Dios habitó en el pueblo escogido.

Lectura del libro del Eclesiástico Si 24, 1-2. 8-12

La sabiduría se alaba a sí misma,
se gloria en medio de su pueblo.
Abre la boca en la asamblea del Altísimo
y se gloría delante de sus Potestades.
En medio de su pueblo será ensalzada,
y admirada en la congregación plena de los santos;
recibirá alabanzas de la muchedumbre de los escogidos
y será bendita entre los benditos.
El Creador del universo me ordenó,
el Creador estableció mi morada:
«Habita en Jacob,
sea Israel tu heredad».
Desde el principio, antes de los siglos, me creó,
y no cesaré jamás.
En la santa morada, en su presencia, ofrecí culto
y en Sión me estableció;
en la ciudad escogida me hizo descansar,
en Jerusalén reside mi poder.
Eché raíces en un pueblo glorioso,
en la porción del Señor, en su heredad,
y resido en la congregación plena de los santos.

Palabra de Dios.

SALMO

Jesús es Sabiduría del Altísimo, Paz del cielo en la tierra, Pan de vida eterna.

Salmo 147, 12-13. 14-15. 19-20

R.
La Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros.

Glorifica al Señor, Jerusalén;
alaba a tu Dios, Sión:
que ha reforzado los cerrojos de tus puertas,
y ha bendecido a tus hijos dentro de ti. R.

Ha puesto paz en tus fronteras,
te sacia con flor de harina.
Él envía su mensaje a la tierra,
y su palabra corre veloz. R.

Anuncia su palabra a Jacob,
sus decretos y mandatos a Israel;
con ninguna nación obró así,
ni les dio a conocer sus mandatos. R.

SEGUNDA LECTURA

Las palabras se agolpan en la pluma de san Pablo para expresar los infinitos e inimaginables beneficios de los que es prenda el misterio de Navidad: participación en la vida que el Hijo comparte con su Padre; promesa de ser asociados a la gloria del Señor; comunión de los fieles en la fe, la esperanza y la oración.

Nos ha destinado en la persona de Cristo a ser sus hijos.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 1, 3-6. 15-18

Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en la persona de Cristo con toda clase de bendiciones espirituales y celestiales.
Él nos eligió en la persona de Cristo, antes de crear el mundo, para que fuésemos santos e irreprochables ante él por el amor.
El nos ha destinado en la persona de Cristo, por pura iniciativa suya, a ser sus hijos, para que la gloria de su gracia, que tan generosamente nos ha concedido en su querido Hijo, redunde en alabanza suya. Por eso yo, que he oído hablar de vuestra fe en el Señor Jesús y de vuestro amor a todos los santos, no ceso de dar gracias por vosotros, recordándoos en mi oración, a fin de que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, os dé espíritu de sabiduría y revelación para conocerlo. Ilumine los ojos de vuestro corazón, para que comprendáis cuál es la esperanza a la que os llama, cuál la riqueza de gloria que da en herencia a los santos.  

Palabra de Dios.

ALELUYA 1 Tm 3,16

Aleluya, aleluya.
Jesús, hijo de María, bendito tu nombre.
Cristo, Salvador del mundo, gloria a ti. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Gloria a ti, Cristo, proclamado a los paganos.
Gloria a ti, Cristo, creído en el mundo. Aleluya.

EVANGELIO

En esta página con la que se inicia el cuarto evangelio, san Juan expresa, con una fuerza y un realismo incomparables, la paradoja del misterio de la encarnación y el alcance indescriptible de la fe. Dios, el totalmente otro, el incognoscible por naturaleza, se ha manifestado en su Hijo, la Palabra hecha carne. Todos han podido verlo, todos han podido oírlo hablar del Padre con palabras humanas, e incluso tocarlo con sus propias manos. Los que lo «reciben», los que «creen en su nombre», participan de «su plenitud»; «no han nacido de sangre, ni de amor carnal»: «;han nacido de Dios!». Por eso «les da poder para ser hijos de Dios». Pero no todos lo reciben. Y es que entre nosotros ha aceptado los riesgos de la fe.

La Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros.

Lectura del santo evangelio según san Juan 1, 1-18

En el principio ya existía la Palabra,
y la Palabra estaba junto a Dios,
y la Palabra era Dios.
La Palabra en el principio estaba junto a Dios.
Por medio de la Palabra se hizo todo,
y sin ella no se hizo nada de lo que se ha hecho.
En la Palabra había vida,
y la vida era la luz de los hombres.
La luz brilla en la tiniebla,
y la tiniebla no la recibió.
Surgió un hombre, enviado por Dios,
que se llamaba Juan:
éste venía como testigo,
para dar testimonio de la luz,
para que por él todos vinieran a la fe.
No era él la luz,
sino testigo de la luz.
La Palabra era la luz verdadera,
que alumbra a todo hombre.
Al mundo vino,
y en el mundo estaba;
el mundo se hizo por medio de ella,
y el mundo no la conoció.
Vino a su casa,
y los suyos no la recibieron.
Pero a cuantos la recibieron
les da poder para ser hijos de Dios,
si creen en su nombre.
Éstos no han nacido de sangre,
ni de amor carnal,
ni de amor humano,
sino de Dios.
Y la Palabra se hizo carne
y acampó entre nosotros,
y hemos contemplado su gloria:
gloria propia del Hijo único del Padre,
lleno de gracia y de verdad.
Juan da testimonio de él y grita diciendo:
«Éste es de quien dije:
"El que viene detrás de mí,
pasa delante de mí,
porque existía antes que yo"».
Pues de su plenitud todos hemos recibido, gracia tras gracia.
Porque la Ley se dio por medio de Moisés,
la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo.
A Dios nadie lo ha visto jamás:
el Hijo único,
que está en el seno del Padre,
es quien lo ha dado a conocer.

Palabra de Dios.



Blog:               http://sopelakoeliza.blogspot.com


domingo, 29 de diciembre de 2013

01/01/2013 - Santa María, Madre de Dios (A)

Inicio ..... Ciclo A ..... Ciclo B ..... Ciclo C ..... Euskera

Lecturas y Evangelio del domingo

Para leer, compartir, bajarse o imprimir las lecturas y el Evangelio del domingo haz "clic" sobre el título del domingo, o haz "clic" sobre Ciclo A, Ciclo B o Ciclo C, en el menú superior para leer los evangelios de cada ciclo.
------------------------------------------------------------------------------------------------------------

1 de enero de 2014

Santa María, Madre de Dios (A)


«Madre de Dios»: es el título que las Iglesias de Oriente y de Occidente, de forma unánime, dan a María cuando la recuerdan en la plegaria eucarística y en las celebraciones de la Natividad del Señor, y cuando se dirigen a ella invocando su intercesión. Y en efecto, no se la podría llamar de otro modo, porque Jesús, su hijo, es el Hijo del Altísimo.
El pueblo cristiano lo comprendió mucho antes de que el concilio ecuménico reunido en Éfeso el año 431 lo declarara solemnemente, en contra de los que rechazaban este apelativo. Por eso la proclamación del magisterio provocó en la ciudad un regocijo popular indescriptible.
En Roma, el papa Sixto III (432-440) mandó restaurar enseguida, y consagró a la Virgen María, la antigua basílica que, desde el siglo IV, se elevaba en el monte Esquilmo. Todavía hoy se la conoce con el nombre de Santa María la Mayor. porque fue la primera iglesia dedicada en Occidente a la Madre de Dios. De esta época data la difusión de la devoción mariana sólidamente fundada en la fe en Jesús, el Cristo, el Hijo de Dios.
Por haber traído al mundo al que es nuestro hermano, la Virgen María es también madre nuestra. El modo como la humilde «esclava del Señor», «bendita entre todas las mujeres», correspondió, con fe y humildad, a su vocación incomparable, ha hecho de ella la madre de la Iglesia y el modelo perfecto para todo discípulo fiel a la escucha y la práctica de la Palabra. Es la «reina de todos los santos», porque en ella se desplegó la gracia sin encontrar el menor obstáculo. Íntimamente asociada a la obra de la redención llevada a cabo por su Hijo, intercede ante él por nosotros, «pecadores», ahora y en la hora de nuestra muerte.
La octava de la Natividad del Señor coincide también en nuestros países con el primer día del año. ¿Qué nos traerá a cada uno de nosotros y al mundo entero el año nuevo? Nadie puede saberlo al intercambiar felicitaciones y buenos deseos. Sólo una cosa es segura: pase lo que pase, podemos contar con la gracia constante de Dios y con la intercesión de María.

PRIMERA LECTURA

En los países que siguen el calendario gregoriano, que entró en vigor el 15 de octubre de 1582, la octava de la Natividad del Señor coincide con el primer día del año, para el que la liturgia invoca la protección del Señor recurriendo a una antigua bendición ritual.

Invocarán mi nombre sobre los israelitas, y yo los bendeciré.

Lectura del libro de los Números 6,22-27

El Señor habló a Moisés:
- Di a Aarón y a sus hijos:
«Ésta es la fórmula con que bendeciréis a los israelitas:
“El Señor te bendiga y te proteja, ilumine su rostro sobre ti y te conceda su favor.
El Señor se fije en ti y te conceda la paz". Así invocarán mi nombre sobre los israelitas, y yo los bendeciré».

Palabra de Dios.

SALMO

La asamblea cristiana se inclina ante la bendición de Dios, en un gesto de adoración, de fe y de confianza.

Salmo 66, 1-2. 4. 5. 7

R.
El Señor tenga piedad y nos bendiga.

El Señor tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación. R.

Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia,
riges los pueblos con rectitud
y gobiernas las naciones de la tierra. R.

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.
Que Dios nos bendiga; que le teman
hasta los confines del orbe. R.

SEGUNDA LECTURA

Ha llegado una nueva era: el Hijo de Dios se ha hecho hombre para elevar a los hombres a la dignidad de hijos de Dios. El Espíritu que cubrió a María con su sombra da testimonio de ello en nuestros corazones.

Envió Dios a su Hijo, nacido de una mujer.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Gálatas 4,4-7

Hermanos: Cuando se cumplió el tiempo, envió Dios a su Hijo, nacido de una mujer, nacido bajo la Ley, para rescatar a los que estaban bajo la Ley, para que recibiéramos el ser hijos por adopción. Como sois hijos, Dios envió a nuestros corazones al Espíritu de su Hijo que clama: "¡Abbá! (Padre)." Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si eres hijo, eres también heredero por voluntad de Dios.

Palabra de Dios.

ALELUYA Hb 1,1-2

Aleluya, aleluya.
Bendito sea tu nombre, Jesús.
Salvador del mundo, gloria a ti. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
En distintas ocasiones habló Dios antiguamente
a nuestros padres por los profetas.
Ahora, en esta etapa final, nos ha hablado por el Hijo. Aleluya.

EVANGELIO

Silenciosa al lado del justo José, María se queda un poco retirada en el establo en el que ha dado a luz al Salvador. Sólo en él ha de centrarse toda la atención, y sólo por él hay que dar gloria y alabanza a Dios. Así está siempre María en la Iglesia: intensamente presente, pero en segundo plano con respecto a Jesús, cuyo nombre significa “Dios salva”.

Encontraron a María y a José, y al niño. A los ocho días, le pusieron por nombre Jesús.

+ Lectura del santo evangelio según san Lucas 2,16-21

En aquel tiempo, los pastores fueron corriendo a Belén y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. Al verlo, contaron lo que les habían dicho de aquel niño. Todos los que lo oían se admiraban de lo que les decían los pastores. Y María conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón. Los pastores se volvieron dando gloria y alabanza a Dios por lo que habían visto y oído; todo como les habían dicho.
Al cumplirse los ocho días, tocaba circuncidar al niño, y le pusieron por nombre Jesús, como lo había llamado el ángel antes de su concepción.

Palabra de Dios.



Blog:               http://sopelakoeliza.blogspot.com


lunes, 23 de diciembre de 2013

29/12/2013 - La Sagrada Familia Jesús, María y José (A)

Inicio ..... Ciclo A ..... Ciclo B ..... Ciclo C ..... Euskera

Lecturas y Evangelio del domingo

Para leer, compartir, bajarse o imprimir las lecturas y el Evangelio del domingo haz "clic" sobre el título del domingo, o haz "clic" sobre Ciclo A, Ciclo B o Ciclo C, en el menú superior para leer los evangelios de cada ciclo.
------------------------------------------------------------------------------------------------------------

29 de diciembre de 2013

La Sagrada Familia Jesús, María y José (A)

La Sagrada Familia Jesús, María y José (A)

Desde el siglo XVII se habían venido constituyendo en diversos países de Occidente «asociaciones de la Sagrada Familia». En 1893, al darles un estatuto común, León XIII les concedió la celebración de una fiesta de la Sagrada Familia, fijada el tercer domingo después de Epifanía. En 1914, Benedicto XV la trasladó al 19 de enero, y más tarde, en 1921, al extenderla a toda la Iglesia de rito latino, la pasó al primer domingo después de la Epifanía. Finalmente, en 1969, el calendario romano publicado por Pablo VI, conforme a los decretos del Vaticano II, le confirió el emplazamiento actual.
Aunque en el origen de su institución influyeran razones pastorales y de espiritualidad familiar, la fiesta de la Sagrada Familia es ante todo una celebración del misterio de la Encarnación, del que destaca un aspecto bien concreto.
El Hijo de Dios ha nacido como los demás, después de haber estado en el seno de una mujer y haberse formado en él como los demás niños. Durante los años de lo que se conoce como su «vida oculta», los más largos de su existencia terrena, Jesús fue creciendo al ritmo de los otros niños y en condiciones similares a las suyas, en una familia que aparentemente en nada se distinguía de las demás. Recibió de sus padres y de su entorno una educación comparable, en todos los aspectos y terrenos, a la del resto de los jóvenes de Nazaret. Con ellos aprendió, a partir de sus primeros balbuceos, las palabras de la lengua en la que más tarde habría de anunciar la Buena Noticia y revelar los secretos del Padre. Como los otros niños, fue aprendiendo progresivamente y por propia experiencia las dificultades y alegrías de la vida cotidiana, de las que dan testimonio de manera especial los ejemplos y comparaciones recogidos en las parábolas. A la escuela de sus padres y observando su entorno, fue ponderando el valor humano y el peso de eternidad de las cosas más simples, aparentemente insignificantes o triviales. Y las fue santificando antes de enseñar que la fidelidad con que se asumen tendrá su recompensa más allá de todo mérito.

PRIMERA LECTURA

«Honrar» al padre y a la madre debería ser algo espontáneo. Sin embargo Dios lo ha convertido en un deber religioso inscrito en el decálogo. La «honra» que se les da remonta hasta Dios, que ha sido quien les ha dado el poder y la responsabilidad de transmitir la vida, de la que él es fuente.

El que teme al Señor honra a sus padres

Lectura del libro del Eclesiástico Si 3,2-6.12-14

Dios hace al padre más respetable que a los hijos y afirma la autoridad de la madre sobre la prole. El que honra a su padre expía sus pecados, el que respeta a su madre acumula tesoros; el que honra a su padre se alegrará de sus hijos, y cuando rece, será escuchado; el que respeta a su padre tendrá larga vida, al que honra a su madre el Señor lo escucha.
Hijo mío, sé constante en honrar a tu padre, no lo abandones mientras vivas; aunque chochee, ten indulgencia, no lo abochornes mientras vivas. La limosna del padre no se olvidará, será tenida en cuenta para pagar tus pecados.

Palabra de Dios.

SALMO

La felicidad sencilla en el seno de la familia, que es santuario de Dios y célula de la Iglesia.

Salmo 127, 1-2. 3. 4-5

R.
Dichosos los que temen al Señor y siguen sus caminos.

Dichoso el que teme al Señor
y sigue sus caminos.
Comerás del fruto de tu trabajo,
serás dichoso, te irá bien. R.

Tu mujer, como parra fecunda,
en medio de tu casa;
tus hijos, como renuevos de olivo,
alrededor de tu mesa. R.

Ésta es la bendición del hombre
que teme al Señor.
Que el Señor te bendiga desde Sión,
que veas la prosperidad de Jerusalén
todos los días de tu vida. R.

SEGUNDA LECTURA

El ideal de la familia cristiana: vivir en unidad y en amor compartido. Como hijos del mismo Padre que os ha perdonado, «haced vosotros lo mismo».

La vida de familia vivida en el Señor.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses 3, 12-21

Hermanos: Como elegidos de Dios, santos y amados, vestíos de la misericordia entrañable, bondad, humildad, dulzura, comprensión. Sobrellevaos mutuamente y perdonaos cuando alguno tenga quejas contra otro. El Señor os ha perdonado: haced vosotros lo mismo. Y por encima de todo esto, el amor, que es el ceñidor de la unidad consumada. Que la paz de Cristo actúe de árbitro en vuestro corazón; a ella habéis sido convocados, en un solo cuerpo. Y sed agradecidos. La palabra de Cristo habite entre vosotros en toda su riqueza; enseñaos unos a otros con toda sabiduría; corregíos mutuamente.
Cantad a Dios, dadle gracias de corazón, con salmos, himnos y cánticos inspirados. Y, todo lo que de palabra o de obra realicéis, sea todo en nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él.
Mujeres, vivid bajo la autoridad de vuestros maridos, como conviene en el Señor. Maridos, amad a vuestras mujeres, y no seáis ásperos con ellas. Hijos, obedeced a vuestros padres en todo, que eso le gusta al Señor. Padres, no exasperéis a vuestros hijos, no sea que pierdan los ánimos.

Palabra de Dios.

ALELUYA Col 3,15a.16a

Aleluya, aleluya.
Hijo de Dios entregado a los hombres, .
Jesús de Nazaret, gloria a ti. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Que la paz de Cristo actúe de árbitro
en vuestro corazón;
la palabra de Cristo habite entre vosotros
en toda su riqueza. Aleluya.

EVANGELIO

La Sagrada Familia: una familia distinta de las demás en virtud de la identidad oculta de Jesús, y de la vocación excepcional de María y de José. sin embargo, un modelo de vida familiar, ya que la santidad no brota de lo sublime: crece y se consolida en la obediencia religiosa a los acontecimientos pequeños y grandes, en la fidelidad cotidiana al Señor Desde el momento en que Dios se ha hecho uno de nosotros, los hombres podemos encontrarlo en los caminos de la vida diaria.

Coge al niño y a su madre y huye a Egipto.

Lectura del santo evangelio según san Mateo 2,13-15.19-23

Cuando se marcharon los magos, el ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: "Levántate, coge al niño y a su madre y huye a Egipto; quédate allí hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo." José se levantó, cogió al niño y a su madre, de noche, se fue a Egipto y se quedó hasta la muerte de Herodes. Así se cumplió lo que dijo el Señor por el profeta: "Llamé a mi hijo, para que saliera de Egipto".
Cuando murió Herodes, el ángel del Señor se apareció de nuevo en sueños a José en Egipto y le dijo: "Levántate, coge al niño y a su madre y vuélvete a Israel; ya han muerto los que atentaban contra la vida del niño." Se levantó, cogió al niño y a su madre y volvió a Israel. Pero, al enterarse de que Arquelao reinaba en Judea como sucesor de su padre Herodes, tuvo miedo de ir allá. Y, avisado en sueños, se retiró a Galilea y se estableció en un pueblo llamado Nazaret. Así se cumplió lo que dijeron los profetas, que se llamaría Nazareno.

Palabra de Dios.






domingo, 22 de diciembre de 2013

25/12/2013 - Natividad del Señor (A)

Inicio ..... Ciclo A ..... Ciclo B ..... Ciclo C ..... Euskera

Lecturas y Evangelio del domingo

Para leer, compartir, bajarse o imprimir las lecturas y el Evangelio del domingo haz "clic" sobre el título del domingo, o haz "clic" sobre Ciclo A, Ciclo B o Ciclo C, en el menú superior para leer los evangelios de cada ciclo.
------------------------------------------------------------------------------------------------------------

25 de diciembre de 2013

Natividad del Señor (A)


TIEMPO DE NAVIDAD Y EPIFANÍA

Desde los tiempos apostólicos, las comunidades cristianas han celebrado, en sus asambleas semanales, la Pascua de Cristo, momento culminante de su itinerario en la tierra, fuente última de la gracia, fundamento de la vida y de la esperanza cristianas. Esta celebración inicial se ha ido desarrollando progresivamente en una serie de fiestas que ponen el acento en diferentes aspectos del único misterio de la salvación.
Sus orígenes son muy diversos: urgencia de la expresión litúrgica de una verdad de la fe; desarrollo del dogma; respuesta a las instancias de la piedad popular; necesidad pastoral. A menudo las fiestas se han celebrado localmente, antes de inscribirse en el calendario de toda la Iglesia. Así es como la Natividad del Señor aparece mencionada por primera vez en Roma, en un calendario del siglo IV que fija su celebración el 25 de diciembre, para cristianizar la fiesta pagana que celebraba este día el «Sol invicto». Efectivamente, partir del solsticio de invierno parece empezar a recuperar lentamente su vigor después de seis meses de progresivo declive.
Pero hay una Luz del mundo infinitamente más resplandeciente que el sol y que nunca pierde su fuerza: Jesús, el Cristo, muerto y resucitado, eternamente vivo, vencedor invencible del pecado y de la muerte, únicas tinieblas que verdaderamente hay que temer. La Natividad del Señor ha sido, pues, desde su origen una fiesta explícitamente pascual.
En Occidente, con la paz constantiniana (313), la fiesta de Navidad sustituyó en todas partes a la celebración pagana del sol. Pronto se difundió también por las Iglesias de Oriente, que por su parte celebraban ya, con el nombre de la Epifanía, la manifestación del Señor en el momento de su bautismo. Otras fiestas, de origen más tardío, acabarán estructurando el tiempo de Navidad y Epifanía tal como hoy lo conocemos.
El conjunto no constituye una sucesión de conmemoraciones de acontecimientos del pasado cuyo aniversario estaría fijado en fechas determinadas. Toda la liturgia es «memorial» de alguna de las innumerables iniciativas de Dios que constituyen la historia de la salvación; «participación» en el misterio de la redención operada en la Pascua de Cristo, cuya gracia se comunica aquí y ahora a través de los «signos» litúrgicos; «anuncio» y «prenda» de la gloria venidera.

NATIVIDAD DEL SEÑOR

Navidad es una fiesta que, a pesar de estar más o menos secularizada, no deja a nadie totalmente indiferente. Es una ocasión en la que el corazón de niño que todos llevamos dentro late con más fuerza. Brotan en nosotros sentimientos de benevolencia hacia los demás, especialmente hacia los pequeños, los débiles, los pobres, los ancianos, los que están solos..., a quienes nos esforzamos por llevar un poco de alegría. Vivimos por unos instantes, o por unos días, en una tregua de nuestros egoísmos habituales. Uno se descubre soñando en un mundo en el que, por la movilización general de los hombres de buena voluntad, reinara por fin la paz.
¿Es un sueño? No; es el designio concreto concebido por Dios desde el principio, y cuya realización persigue infatigablemente a pesar de los rechazos e incomprensiones de los hombres, a quienes, a lo largo de los siglos, ha ido formando pacientemente en la esperanza de un Mesías, un Salvador, que habría de liberar a los hombres y al mundo de toda esclavitud y de toda violencia.
Cuando se cumplió el tiempo, Dios envió en nuestra carne a su propio Hijo, nacido pobre entre los pobres, de una humilde mujer de Nazaret. Su nacimiento en un establo en los alrededores de BeIén habría pasado totalmente desapercibido si los ángeles no lo hubieran anunciado a unos pastores que guardaban sus rebaños en aquella región. «Os ha nacido un Salvador», dijeron. Y la noche resplandeció de luz, mientras el eco de un canto de alegría resonaba por las colinas: «Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor». En este niño se instaura el «maravilloso intercambio» entre la humanidad y Dios, que «al revestirse de nuestra frágil condición no sólo confiere dignidad eterna a la naturaleza humana, sino que por esta unión admirable nos hace a nosotros eternos», hijos suyos.
Para celebrar un misterio tan grande, el Misal propone cuatro misas: la misa vespertina de la vigilia, la misa de medianoche, la misa de la aurora y la misa del día.
Cada una de ellas se caracteriza por un clima litúrgico y espiritual peculiar. Juntas forman en cierto modo una sola celebración en cuatro etapas, que vale la pena recorrer una por una.


Misa vespertina de la vigilia.

No es frecuente que se celebre la misa prevista para la tarde del 24 de diciembre. Los textos que el Misal propone para esta ocasión pueden servir como apoyo para la meditación y la oración personal o en grupo; puede integrarse también, al menos en parte, en la vigilia de Navidad.

PRIMERA LECTURA

El profeta Isaías anuncia una nueva iniciativa divina. ¡Se acabó el tiempo de las infidelidades seguidas de reconciliaciones efímeras! La Alianza será como un matrimonio maravilloso, cuya indisolubilidad estará garantizada por un recíproco amor eterno. El día en que el Hijo del hombre se hizo carne de nuestra carne se pudo constatar que no se trataba simplemente de un modo de hablar de una imagen. En él, verdadero Dios y verdadero hombre, la naturaleza divina se ha desposado con la naturaleza humana.

La alegría que encuentra el esposo con su esposa, la encontrará tu Dios contigo.

Lectura del libro de Isaías 62,1-5

Por amor de Sión no callaré,
por amor de Jerusalén no descansaré,
hasta que rompa la aurora de su justicia,
y su salvación llamee como antorcha.
Los pueblos verán tu justicia,
y los reyes tu gloria;
te pondrán un nombre nuevo,
pronunciado por la boca del Señor.
Serás corona fúlgida en la mano del Señor
y diadema real en la palma de tu Dios.
Ya no te llamarán «Abandonada»,
ni a tu tierra «Devastada»;
a ti te llamarán «Mi favorita»,
y a tu tierra «Desposada»,
porque el Señor te prefiere a ti,
y tu tierra tendrá marido.
Como un joven se casa con su novia,
así te desposa el que te construyó;
la alegría que encuentra el marido con su esposa,
la encontrará tu Dios contigo.

Palabra de Dios.

SALMO

La promesa que antiguamente se había hecho a David se ha cumplido plena, ente en Jesús, lejano descendiente suyo, cuyo reino se ha establecido «eternamente».

Salmo 88, 4-5. 16-17. 27 y 29

R.
Cantaré eternamente las misericordias del Señor.

Sellé una alianza con mi elegido,
jurando a David, mi siervo:
«Te fundaré un linaje perpetuo,
edificaré tu trono para todas las edades». R.

Dichoso el pueblo que sabe aclamarte:
caminará, oh Señor, a la luz de tu rostro;
tu nombre es su gozo cada día,
tu justicia es su orgullo. R.

Él me invocará: «Tú eres mi padre,
mi Dios, mi Roca salvadora».
Le mantendré eternamente mi favor,
y mi alianza con él será estable. R.

SEGUNDA LECTURA

Jesús, descendiente de David, es el Salvador a quien Juan Bautista ha preparado el camino y del que ha dado testimonio: se trata de un magnífico y Vigoroso resumen de la historia de la salvación, que conviene tener bien presente al celebrar el nacimiento de aquel cuyo nombre significa «Dios salva».

Pablo da testimonio de que Cristo es hijo de David.

Lectura de los Hechos de los Apóstoles 13,16-17. 22-25

Al llegar a Antioquía de Pisidia, Pablo se puso en pie en la sinagoga y, haciendo seña de que se callaran, dijo:
- Israelitas y los que teméis a Dios, escuchad:
El Dios de este pueblo, Israel, eligió a nuestros padres y multiplicó al pueblo cuando vivían como forasteros en Egipto, y con brazo poderoso los sacó de allí.
Y después suscitó a David por rey, de quien hizo esta alabanza: «Encontré a David, hijo de Jesé, hombre conforme a mi corazón, que cumplirá todos mis preceptos».
De su descendencia, según lo prometido, sacó Dios un Salvador para Israel: Jesús.
Juan, antes de que él llegara, predicó a todo el pueblo de Israel un bautismo de conversión; y, cuando estaba para acabar su vida, decía:
- Yo no soy quien pensáis, sino que viene detrás de mí uno a quien no merezco desatarle las sandalias.

Palabra de Dios.

Aleluya

Aleluya, aleluya.
María va a dar al mundo al Mesías.
Cristo, Dios-con-nosotros, gloria a ti. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Mañana quedará borrada la maldad de la tierra,
y será nuestro rey
el Salvador del mundo. Aleluya.

EVANGELIO

Jesucristo tiene sus «orígenes» lejanos en la historia, tan humana, de la promesa hecha a Abrahán, el «padre de los creyentes»: este es el sentido de su «genealogía», género literario del que se nos escapan muchas sutilezas. En cuanto a su «origen» inmediato, es al mismo tiempo divino, porque María ha quedado encinto «por obra del Espíritu Santo», y humano, porque se integra en la descendencia de David, a la que pertenece José.

Genealogía de Jesucristo, hijo de David.

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 1,1-25

[Genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abrahán.
Abrahán engendró a Isaac, Isaac a Jacob, Jacob a Judá y a sus hermanos. Judá engendró, de Tamar, a Farés y a Zara, Farés a Esrón, Esrón a Aram, Aram a Aminadab, Aminadab a Naasón, Naasón a Salmón, Salmón engendró, de Rahab, a Booz; Booz engendró, de Rut, a Obed; Obed a Jesé, Jesé engendró a David el rey.
David, de la mujer de Urías, engendró a Salomón, Salomón a Roboam, Roboam a Abías, Abías a Asaf, Asaf a Josafat, Josafat a Joram, Joram a Ozías, Ozías a Joatán, Joatán a Acaz, Acaz a Ezequías, Ezequías engendró a Manasés, Manasés a Amós, Amós a Josías; Josías engendró a Jeconías y a sus hermanos, cuando el destierro de Babilonia.
Después del destierro de Babilonia, Jeconías engendró a Salatiel, Salatiel a Zorobabel, Zorobabel a Abiud, Abiud a Eliaquín, Eliaquín a Azor, Azor a Sadoc, Sadoc a Aquim, Aquim a Eliud, Eliud a Eleazar, Eleazar a Matan, Matan a Jacob; y Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, llamado Cristo.
Así las generaciones desde Abrahán a David fueron en total catorce, desde David hasta la deportación a Babilonia catorce y desde la deportación a Babilonia hasta el Mesías catorce.]
El nacimiento de Jesucristo fue de esta manera:
La madre de Jesús estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo, por obra del Espíritu Santo.
José, su esposo, que era bueno y no quería denunciarla, decidió repudiarla en secreto. Pero apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo:
- José, hijo de David, no tengas reparo en llevarte a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados.
Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que había dicho el Señor por el Profeta:
Mirad: la virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel (que significa «Dios-con-nosotros»).
Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor, y se llevó a casa a su mujer.
Y sin que él hubiera tenido relación con ella, dio a luz un hijo; y él le puso por nombre Jesús.

Palabra de Dios.


Misa de medianoche.

PRIMERA LECTURA

Alegría en medio de las densas tinieblas de un pueblo deportado; nacimiento de un niño con títulos ilustres; promesa de un futuro de paz sin límites y de justicia y derecho para todos. ¡Maravilla realizada por «el celo del Señor de los ejércitos»!

Un hijo se nos ha dado.

Lectura del libro del profeta Isaías 9,1-3. 5-6

El pueblo que caminaba en tinieblas
vio una luz grande;
habitaban tierra de sombras,
y una luz les brilló.
Acreciste la alegría,
aumentaste el gozo:
se gozan en tu presencia,
como gozan al segar,
como se alegran
al repartirse el botín.
Porque la vara del opresor,
y el yugo de su carga,
el bastón de su hombro,
los quebrantaste como el día de Madián.
Porque un niño nos ha nacido,
un hijo se nos ha dado:
lleva a hombros el principado,
y es su nombre:
«Maravilla de Consejero,
Dios guerrero,
Padre perpetuo,
Príncipe de la paz».
Para dilatar el principado
con una paz sin límites,
sobre el trono de David
y sobre su reino.
Para sostenerlo y consolidarlo
con la justicia y el derecho,
desde ahora y por siempre.
El celo del Señor de los ejércitos lo realizará.

Palabra de Dios.

SALMO

La tierra exulta de la alegría del cielo; ¡que cante y salte de alegría toda la creación!

Salmo 95, 1-2a. 2b-3. 11-12. 13

R.
Hoy nos ha nacido un Salvador: el Mesías, el Señor.

Cantad al Señor un cántico nuevo,
cantad al Señor, toda la tierra;
cantad al Señor, bendecid su nombre. R.

Proclamad día tras día su victoria.
Contad a los pueblos su gloria,
sus maravillas a todas las naciones. R.

Alégrese el cielo, goce la tierra,
retumbe el mar y cuanto lo llena;
vitoreen los campos y cuanto hay en ellos,
aclamen los árboles del bosque. R.

Delante del Señor, que ya llega,
ya llega a regir la tierra:
regirá el orbe con justicia
y los pueblos con fidelidad. R.

SEGUNDA LECTURA

Revelación de un Dios que muestra su gracia, que ofrece la salvación a todos, que conduce nuestras vidas hacia la felicidad verdadera. La Natividad del Señor reorienta el curso de la historia y el sentido de nuestras vidas. La celebración de esta manifestación divina hace que volvamos la mirada hacia un futuro de felicidad sin límites.

Ha aparecido la gracia de Dios para todos los hombres.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a Tito 2,11-14

Ha aparecido la gracia de Dios, que trae la salvación para todos los hombres, enseñándonos a renunciar a la impiedad y a los deseos mundanos, y a llevar ya desde ahora una vida sobria, honrada y religiosa, aguardando la dicha que esperamos: la aparición gloriosa del gran Dios y Salvador nuestro, Jesucristo.
Él se entregó por nosotros para rescatarnos de toda impiedad y para prepararse un pueblo purificado, dedicado a las buenas obras.

Palabra de Dios.

Aleluya Lc 2,10-11

Aleluya, aleluya.
Gloria a ti, Señor que eres la gloria del Padre,
paz de los hombres que él ama,
y alegría del mundo. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Os traigo una buena noticia, una gran alegría:
nos ha nacido un Salvador:
el Mesías, el Señor. Aleluya.

EVANGELIO

Juan, el Precursor nace en casa de sus padres, rodeado de sus vecinos. Jesús ve la luz en un establo, estando María y José de viaje por la orden de inscribirse en un censo. Es uno de esos contratiempos que les suceden a los pobres, y de los que habitualmente nadie se entera. Por el «ángel del Señor» algunas personas de poca monta se enteran de que este humilde nacimiento es el de un Salvador. Se sabía que Dios se manifiesta en la debilidad. Pero ¡que su propio Hijo sea un bebé «acostado en un pesebre»...!

Hoy os ha nacido un Salvador.

+ Lectura del santo evangelio según san Lucas 2,1-14

En aquellos días, salió un decreto del emperador Augusto, ordenando hacer un censo del mundo entero.
Éste fue el primer censo que se hizo siendo Quirinio gobernador de Siria. Y todos iban a inscribirse, cada cual a su ciudad.
También José, que era de la casa y familia de David, subió desde la ciudad de Nazaret en Galilea a la ciudad de David, que se llama Belén, para inscribirse con su esposa María, que estaba encinta. Y mientras estaban allí le llegó el tiempo del parto y dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no tenían sitio en la posada.
En aquella región había unos pastores que pasaban la noche al aire libre, velando por turno su rebaño.
Y un ángel del Señor se les presentó: la gloria del Señor los envolvió de claridad y se llenaron de gran temor.
El ángel les dijo:
- No temáis, os traigo la buena noticia, la gran alegría para todo el pueblo: hoy, en la ciudad de David, os ha nacido un Salvador: el Mesías, el Señor. Y aquí tenéis la señal: encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre.
De pronto, en torno al ángel, apareció una legión del ejército celestial, que alababa a Dios, diciendo:
- Gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombres que Dios ama.

Palabra de Dios.


Misa de la aurora.

PRIMERA LECTURA

En el niño acostado en el pesebre, despojado de todo, incapaz de hablar el pueblo de los creyentes reconoce al Salvador prometido, al Verbo, a la Palabra por la que Dios nos habla en nuestro tiempo.

Mira a tu Salvador que llega.

Lectura del libro del profeta Isaías 62,11-12

El Señor hace oír esto hasta el confín de la tierra: "Decid a la hija de Sión: Mira a tu Salvador que llega, el premio de su victoria lo acompaña, la recompensa lo precede; los llamarán "Pueblo santo", "Redimidos del Señor" y a ti te llamarán "Buscada", "Ciudad no abandonada".

Palabra de Dios.

SALMO

Luz en la noche, semilla en el seno de la tierra, aurora de esperanza.

Salmo 96,1.8 11.12

R.
Hoy brillará una luz sobre nosotros,
porque nos ha nacido el Señor.

El Señor reina, la tierra goza,
se alegran las islas innumerables.
Los cielos pregonan su justicia,
y todos los pueblos contemplan su gloria. R.

Amanece la luz para el justo,
y la alegría para los rectos de corazón.
Alegraos, justos, con el Señor,
celebrad su santo nombre. R.

SEGUNDA LECTURA

Nacer a una vida nueva en el Espíritu, recibir en esperanza la herencia de los hijos, ¡qué maravilloso regalo de Navidad nos hace Dios!

Según su propia misericordia nos ha salvado.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a Tito 3,4-7

Cuando ha aparecido la bondad de Dios, nuestro Salvador, y su amor al hombre, no por las obras de justicia que hayamos hecho nosotros, sino que según su propia misericordia nos ha salvado, con el baño del segundo nacimiento y con la renovación por el Espíritu Santo; Dios lo derramó copiosamente sobre nosotros por medio de Jesucristo, nuestro Salvador. Así, justificados por su gracia, somos, en esperanza, herederos de vida eterna.

Palabra de Dios.

Aleluya

Aleluya, aleluya.
Gloria a ti, Jesús, Ternura del Padre,
Hijo de Dios acostado en un pesebre. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Gloria a Dios en el cielo,
y en la tierra paz
a los hombres que ama el Señor. Aleluya.

EVANGELIO

Alegría desbordante de los pastores, silencio de María; algazara y sentimientos de gratitud de los pobres maravillados, murmullo de «magníficat», cantos al unísono en la liturgia, meditación y contemplación en lo secreto del oratorio interior. Ojalá aprendiéramos a unir a los pies del pesebre, todas estas aproximaciones al misterio.

Los pastores encontraron a María y a José, y al niño.

+ Lectura del santo evangelio según san Lucas 2,15-20

Cuando los ángeles los dejaron y subieron al cielo, los pastores se decían unos a otros: "Vamos derechos a Belén, a ver eso que ha pasado y que nos ha comunicado el Señor." Fueron corriendo y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. Al verlo, contaron lo que les habían dicho de aquel niño. Todos los que lo oían se admiraban de lo que les decían los pastores. Y María conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón. Los pastores se volvieron dando gloria y alabanza a Dios por lo que habían visto y oído; todo como les habían dicho.

Palabra de Dios.


Misa del día.

PRIMERA LECTURA

Se trata de un oráculo en forma de poema, con un lirismo sobrecogedor. Cuando se tiene ante los ojos a un recién nacido acostado en un pesebre, se puede medir la humildad de un Dios cuya fuerza se manifiesta en la debilidad.

Verán los confines de la tierra la victoria de nuestro Dios.

Lectura del libro de Isaías 52,7-10

¡Qué hermosos son sobre los montes
los pies del mensajero
que anuncia la paz,
que trae la Buena Nueva,
que pregona la victoria,
que dice a Sión: «Tu Dios es rey»!
Escucha: tus vigías gritan,
cantan a coro,
porque ven cara a cara al Señor,
que vuelve a Sión.
Romped a cantar a coro,
ruinas de Jerusalén,
que el Señor consuela a su pueblo,
rescata a Jerusalén;
el Señor desnuda su santo brazo
a la vista de todas las naciones,
y verán los confines de la tierra
la victoria de nuestro Dios.

Palabra de Dios.

SALMO

Victoria de la vida sobre la muerte. Amor más fuerte que el odio. Navidad, primera etapa del itinerario pascual de Cristo.

Salmo 97, 1. 2-3ab. 3cd-4. 5-6

R.
El Señor da a conocer su victoria.

Cantad al Señor un cántico nuevo,
porque ha hecho maravillas:
su diestra le ha dado la victoria,
su santo brazo. R.

El Señor da a conocer su victoria,
revela a las naciones su justicia:
se acordó de su misericordia y su fidelidad
en favor de la casa de Israel. R.

Los confines de la tierra han contemplado
la victoria de nuestro Dios.
Aclama al Señor, tierra entera;
gritad, vitoread, tocad. R.

Tañed la cítara para el Señor,
suenen los instrumentos:
con clarines y al son de trompetas,
aclamad al Rey y Señor. R.

SEGUNDA LECTURA

Al contrario de los ídolos mudos, Dios habla. Durante mucho tiempo estuvo recurriendo a intermediarios. «Ahora, en esta etapa final», ha enviado a su propia Palabra, «impronta de su ser», de su designio, de su voluntad.

Dios nos ha hablado por el Hijo.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Hebreos 1,1-6

En distintas ocasiones y de muchas maneras habló Dios antiguamente a nuestros padres por los profetas.
Ahora, en esta etapa final, nos ha hablado por el Hijo, al que ha nombrado heredero de todo, y por medio del cual ha ido realizando las edades del mundo.
Él es reflejo de su gloria, impronta de su ser. Él sostiene el universo con su palabra poderosa. Y, habiendo realizado la purificación de los pecados, está sentado a la derecha de su majestad en las alturas; tanto más encumbrado sobre los ángeles, cuanto más sublime es el nombre que ha heredado.
Pues, ¿a qué ángel dijo jamás: «Hijo mío eres tú, hoy te he engendrado», o: «Yo seré para él un padre, y el será para mi un hijo»?
Y en otro pasaje, al introducir en el mundo al primogénito, dice: «Adórenlo todos los ángeles de Dios».

Palabra de Dios.

Aleluya

Aleluya, aleluya.
Luz de Dios que brilla en la tiniebla,
Palabra eterna del Padre en el silencio,
gloria a ti, Señor Jesús. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Nos ha amanecido un día sagrado;
venid, naciones, adorad al Señor,
porque hoy una gran luz
ha bajado a la tierra. Aleluya.

EVANGELIO

La primera página del evangelio según san Juan tiene el estilo, a la vez sobrio y solemne, de un gran himno litúrgico. Hace pensar en la obertura de una «Sinfonía del nuevo mundo», que enunciara los temas que luego se habrán de desarrollar en múltiples variaciones con sutiles contrapuntos. La realidad, el realismo de la encarnación del Hijo de Dios, constituye el centro de esta vigorosa introducción de todo el cuarto evangelio, La Palabra hecha carne es la revelación del Padre, de su amor Recibirlo, creer en él, es tener vida eterna.

La Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros.

+ Lectura del santo evangelio según san Juan 1,1-18

En el principio ya existía la Palabra,
y la Palabra estaba junto a Dios,
y la Palabra era Dios.
La Palabra en el principio estaba junto a Dios.
Por medio de la Palabra se hizo todo,
y sin ella no se hizo nada de lo que se ha hecho.
En la Palabra había vida,
y la vida era la luz de los hombres.
La luz brilla en la tiniebla,
y la tiniebla no la recibió.
[Surgió un hombre enviado por Dios,
que se llamaba Juan:
éste venía como testigo,
para dar testimonio de la luz,
para que por él todos vinieran a la fe.
No era él la luz,
sino testigo de la luz.]
La Palabra era la luz verdadera,
que alumbra a todo hombre.
Al mundo vino,
y en el mundo estaba;
el mundo se hizo por medio de ella,
y el mundo no la conoció.
Vino a su casa,
y los suyos no la recibieron.
Pero a cuantos la recibieron,
les da poder para ser hijos de Dios,
si creen en su nombre.
Éstos no han nacido de sangre,
ni de amor carnal,
ni de amor humano,
sino de Dios.
Y la Palabra se hizo carne
y acampó entre nosotros,
y hemos contemplado su gloria:
gloria propia del Hijo único del Padre,
lleno de gracia y de verdad.
[Juan da testimonio de él y grita diciendo:
- Éste es de quien dije: «El que viene detrás de mí pasa delante de mí, porque existía antes que yo».
Pues de su plenitud todos hemos recibido, gracia tras gracia, porque la ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo.
A Dios nadie lo ha visto jamás.
El Hijo único, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer.]

Palabra de Dios.




Blog:               http://sopelakoeliza.blogspot.com