lunes, 20 de enero de 2014

26/01/2014 - 3º domingo Tiempo ordinario (A)

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Lecturas y Evangelio del domingo

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26 de enero de 2014

3º domingo Tiempo ordinario (A)


La liturgia de este domingo introduce de manera notable en la lectura continua del evangelio según san Mateo y en la celebración del conjunto de los domingos del «Tiempo ordinario» de este ciclo.
En el momento en que deja de oírse la voz de Juan, el Precursor, aparece aquel a quien todos los profetas anunciaron. Cuando Jesús empieza a predicar, brilla «una luz grande» sobre los que «habitaban en tierra y sombras y de muerte». «Está cerca el reino de los cielos»; sus habitantes, liberados del yugo de la antigua opresión, podrán por fin gozar de una alegría sin límites. Jesús recorre Galilea proclamando un evangelio de conversión, una enseñanza que hay que poner en práctica, cuya difusión encomienda a hombres que, sin vacilar, lo dejan todo para seguirlo. La Buena Noticia, proclamada inicialmente en las aldeas de una provincia donde se codean creyentes y paganos, y anunciada después al mundo entero, sigue resonando hoy entre nosotros.
Ya no hay que buscar la salvación en la sabiduría humana. Por otro lado, atarse a quien sea, aunque se trate del predicador al que se debe el descubrimiento del evangelio, origina fatalmente partidismos que siempre resultan perjudiciales para la armonía de la comunidad eclesial y, cuando se exacerban, engendran los cismas. Lo mismo ocurre cuando un grupo de cristianos se arroga la exclusividad de la pertenencia a Cristo; esto equivale a dividir a quien murió precisamente para reunir a los hijos de Dios dispersos. No hay más que un bautismo, una fe, un Dios y Padre de todos.
Desde la profecía de Isaías hasta el relato evangélico del comienzo de la predicación de Jesús, pasando por la exhortación de san Pablo a la unidad, todo en la liturgia de este domingo se orienta hacia el presente. La luz anunciada en otro tiempo ha brillado ya, dando a todos la posibilidad de salir de las tinieblas. La Buena Noticia abre a todos el camino de la conversión a Dios y de la salvación, que se funda en Cristo muerto en la cruz y no en ninguna ilusoria confianza humana. Al contrario de la sabiduría humana, accesible sólo a unos pocos, el mensaje evangélico se propone a todos, empezando por los pequeños y sencillos. El Señor Jesús es el centro en tomo al cual ha que congregarse, como hacemos en la liturgia.

PRIMERA LECTURA

Al pueblo que había caído bajo el yugo de la dominación extranjera, Isaías, varios siglos antes de Jesucristo, le anuncia la maravillosa restauración de su independencia nacional. San Mateo se acuerda de este oráculo cuando Jesús empieza en Galilea su predicación sobre la llegada del reino de los cielos.

En la Galilea de los gentiles el pueblo vio una luz grande.

Lectura del libro de Isaías 8, 23b-9, 3

En otro tiempo el Señor humilló el país de Zabulón y el país de Neftalí; ahora ensalzará el camino del mar, al otro lado del Jordán, la Galilea de los gentiles.
El pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande; habitaban tierra de sombras, y una luz les brilló.
Acreciste la alegría, aumentaste el gozo; se gozan en tu presencia, como gozan al segar, como se alegran al repartirse el botín.
Porque la vara del opresor, y el yugo de su carga, el bastón de su hombro, los quebrantaste como el día de Madián.

Palabra de Dios.

SALMO

Profesión de fe y oración. El Señor es la luz que brilla en las tinieblas, la esperanza de los que caminan hacia la casa del Padre.

Salmo 26, 1. 4. 13-14 (R.: 1a)

R.
El Señor es mi luz y mi salvación.

El Señor es mi luz y mi salvación,
¿a quién temeré?
El Señor es la defensa de mi vida,
¿quién me hará temblar? R.

Una cosa pido al Señor, eso buscaré:
habitar en la casa del Señor
por los días de mi vida;
gozar de la dulzura del Señor,
contemplando su templo. R.

Espero gozar de la dicha del Señor
en el país de la vida.
Espera en el Señor, sé valiente,
ten ánimo, espera en el Señor. R.

SEGUNDA LECTURA

Los cismas, los clanes que se enfrentan apelando a tal o cual apóstol, e incluso reivindicando una pertenencia exclusiva al Señor suponen la división del mismo Cristo. La adhesión sectaria a un predicador del evangelio, por muy prestigioso que sea, y por mucho que se le deba, es «hacer ineficaz la cruz de Cristo», única causa de la salvación, fundamento y exigencia de unidad de todos los creyentes.

Poneos de acuerdo y no andéis divididos.

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 1, 10-13. 17

Os ruego, hermanos, en nombre de nuestro Señor Jesucristo: poneos de acuerdo y no andéis divididos. Estad bien unidos con un mismo pensar y sentir.
Hermanos, me he enterado por los de Cloe que hay discordias entre vosotros. Y por eso os hablo así, porque andáis divididos, diciendo: «Yo soy de Pablo, yo soy de Apolo, yo soy de Pedro, yo soy de Cristo. »
¿Está dividido Cristo? ¿Ha muerto Pablo en la cruz por vosotros? ¿Habéis sido bautizados en nombre de Pablo?
Porque no me envió Cristo a bautizar, sino a anunciar el Evangelio, y no con sabiduría de palabras, para no hacer ineficaz la cruz de Cristo.

Palabra de Dios.

Aleluya Mt 4, 23

Aleluya, aleluya.
Gloria a Cristo,
que cura todas las enfermedades
y llama discípulos
que anuncien la llegada del reino.. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Jesús proclamaba el Evangelio del reino,
curando las dolencias del pueblo. Aleluya.

EVANGELIO

Desde la presentación inicial de la predicación de Jesús, el evangelio según san Mateo insiste en algunos puntos característicos: la predicación de Jesús da cumplimiento a las Escrituras; es Buena Noticia; las curaciones de enfermos son signos de la llegada del reino de los cielos; la urgencia de la conversión, el evangelio, enseñanza que hay que poner en práctica; cuando el Señor llama, hay que dejarlo todo «inmediatamente» para seguirlo. Finalmente, una perspectiva universalista y eclesial del evangelio: Jesús empieza su ministerio en Galilea, desde donde, después de su resurrección, enviará a los apóstoles al mundo entero con la misión de bautizar a todos los que crean en él.

Se estableció en Cafarnaún. Así se cumplió lo que había dicho Isaías.

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 4, 12-23

Al enterarse Jesús de que habían arrestado a Juan, se retiró a Galilea. Dejando Nazaret, se estableció en Cafarnaún, junto al lago, en el territorio de Zabulón y Neftalí. Así se cumplió lo que había dicho el profeta Isaías:
«País de Zabulón y país de Neftalí, camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los gentiles.
El pueblo que habitaba en tinieblas vio una luz grande; a los que habitaban en tierra y sombras de muerte, una luz les brilló.»
Entonces comenzó Jesús a predicar diciendo:
-«Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos.»
Pasando junto al lago de Galilea, vio a dos hermanos, a Simón, al que llaman Pedro, y a Andrés, su hermano, que estaban echando el copo en el lago, pues eran pescadores.
Les dijo:
-«Venid y siguidme, y os haré pescadores de hombres.»
Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron.
Y, pasando adelante, vio a otros dos hermanos, a Santiago, hijo de Zebedeo, y a Juan, que estaban en la barca repasando las redes. con Zebedeo, su padre. Jesús los llamó también.
Inmediatamente dejaron la barca y a su padre y lo siguieron.
Recorría toda Galilea, enseñando en las sinagogas y proclamando el Evangelio del reino, curando las enfermedades y dolencias del pueblo.

Palabra de Dios.



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