lunes, 24 de febrero de 2014

02/03/2014 - 8º domingo Tiempo ordinario (A)

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Lecturas y Evangelio del domingo

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2 de marzo de 2014

8º domingo Tiempo ordinario (A)


El «sermón de la montaña» se dirige a creyentes que tienen experiencia de la Buena Noticia y de las exigencias de la vida evangélica: «Sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto» (evangelio del domingo pasado). No hay bautismo sin rechazo de toda forma de idolatría. Por eso, los cristianos saben desde ese momento o porque lo han aprendido a lo largo de los años de catequesis, que «no se puede servir a Dios y al dinero», tirano absoluto y despótico, ídolo que exige toda suerte de sacrificios. Pero, como ocurre con el adulterio (Mt 5,28), con el que la Escritura compara a menudo la idolatría, de lo que se trata, ante todo, es del «corazón» y de los deseos.
El aprecio exagerado de los bienes materiales está en la raíz del culto al dinero. Para conducir a sus oyentes a una justa jerarquía de valores, Jesús empieza apelando al sentido común: ¿«No vale más la vida que el alimento», que sirve para mantenerla, «y el cuerpo más que el vestido» que lo cubre? Pero él no ha venido a enseñar una sabiduría humana. Buscar ávidamente los bienes materiales es desconocer el amor paterno de Dios: «Aunque una madre olvidara al hijo de sus entrañas, yo no te olvidaré». Hay que depositar la confianza en la ternura de Dios, que vela por sus criaturas más pequeñas. Pero no por ello deja de ser necesario «ganarse el pan con el sudor de la frente»; «el que no trabaja, que no coma», escribe san Pablo a los tesalonicenses (2Ts 3,10). Lo mismo que es condenable abandonar a los necesitados en las manos de Dios sin hacer todo lo posible por socorrer sus necesidades (Mt 25,4 1-45).
«Sobre todo buscad el reino de Dios y su justicia», el bien supremo que ha de ser la preocupación primordial de la vida entera. Esta es la regla de oro que se impone en todo momento y en toda circunstancia. «Lo demás se os dará por añadidura»; debéis esperarlo de Dios, y pedírselo con confianza de hijos al más solícito y tierno de los padres.
Es lo que proclamamos cada vez que rezamos «la oración que Cristo nos enseñó». Al llamar a Dios «Padre nuestro», le pedimos «sobre todo» y en primer lugar que «venga a nosotros su reino» y, «por añadidura», que nos dé «hoy» «nuestro pan de cada día».

PRIMERA LECTURA

La ternura del corazón de Dios es incomparable.

Yo no te olvidaré.

Lectura del libro de Isaías 49, 14-15

Sión decía:
«Me ha abandonado el Señor, mi dueño me ha olvidado.»
¿Es que puede una madre olvidarse, de su criatura, no conmoverse por el hijo de sus entrañas?
Pues, aunque ella se olvide, yo no te olvidaré.

Palabra de Dios.

SALMO

Especie de letanía en la que las imágenes se agolpan tratando de expresar lo mejor posible la confianza del creyente en el amor indefectible de Dios.

Salmo 61, 2-3. 6-7. 8-9ab(R.: 6a)

R.
Descansa sólo en Dios, alma mía.

Sólo en Dios descansa mi alma,
porque de él viene mi salvación;
sólo él es mi roca y mi salvación;
mi alcázar: no vacilaré. R.

Descansa sólo en Dios, alma mía,
porque él es mi esperanza;
sólo él es mi roca y mi salvación,
mi alcázar: no vacilaré. R.

De Dios viene mi salvación y mi gloria,
él es mi roca firme, Dios es mi refugio.
Pueblo suyo, confiad en él,
desahogad ante él vuestro corazón. R.

SEGUNDA LECTURA

En el ejercicio de su ministerio, el responsable de una comunidad eclesial no debe preocuparse de las críticas y los juicios de los hombres. Ha de pensar más bien en el día en que todo saldrá a la luz, incluso las intenciones más hondas. Así, pues, nada de arrogancia en la libertad del apóstol, sino, por el contrario, profunda reverencia hacia Dios, conciencia de su propia debilidad y confianza total en la misericordia de Dios.

El Señor pondrá al descubierto los designios del corazón.

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 4, 1-5

Hermanos:
Que la gente sólo vea en nosotros servidores de Cristo y administradores de los misterios de Dios. Ahora, en un administrador, lo que se busca es que sea fiel. Para mí, lo de menos es que me pidáis cuentas vosotros o un tribunal humano; ni siquiera yo me pido cuentas. La conciencia, es verdad, no me remuerde; pero tampoco por eso quedo absuelto: mi juez es el Señor.
Así, pues, no juzguéis antes de tiempo: dejad que venga el Señor. Él iluminará lo que esconden las tinieblas y pondrá al descubierto los designios del corazón; entonces cada uno recibirá la alabanza de Dios.

Palabra de Dios.

Aleluya Hb 4, 12

Aleluya, aleluya.
La palabra de Dios es viva y eficaz;
juzga los deseos e intenciones del corazón. Aleluya

Aleluya. Aleluya.
Contad con Dios en todo momento,
Porque sólo de él viene la salvación. Aleluya

EVANGELIO

Los discípulos del Señor lo saben: el servicio de Dios y la idolatría del dinero son totalmente incompatibles. Son conscientes igualmente de haber hecho una opción que siempre implica renuncias más o menos difíciles de asumir. En lugar de señalarlas en detalle, Jesús enuncia algunos principios de discernimiento a los que todos, y en todo momento, deben remitirse para verificar la autenticidad de su adhesión a Dios y determinar sus comportamientos: el lugar de los bienes materiales en la escala de valores; las preocupaciones diarias más importantes; el grado de confianza en Dios. «Sobre todo buscad el reino de Dios y su justicia»: esta es la regla de oro.

No os agobiéis por el mañana.

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 6, 24-34

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
-«Nadie puede estar al servicio de dos amos. Porque despreciará a uno y querrá al otro; o, al contrario, se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero.
Por eso os digo: No estéis agobiados por la vida, pensando qué vais a comer o beber, ni por el cuerpo, pensando con qué os vais a vestir. ¿No vale más la vida que el alimento, y el cuerpo que el vestido? Mirad a los pájaros: ni siembran, ni siegan, ni almacenan y, sin embargo, vuestro Padre celestial los alimenta. ¿No valéis vosotros más que ellos?
¿Quién de vosotros, a fuerza de agobiarse, podrá añadir una hora al tiempo de su vida?
¿Por qué os agobiáis por el vestido? Fijaos cómo crecen los lirios del campo: ni trabajan ni hilan. Y os digo que ni Salomón, en todo su fasto, estaba vestido como uno de ellos. Pues, si a la hierba, que hoy está en el campo y mañana se quema en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más por vosotros, gente de poca fe? No andéis agobiados, pensando qué vais a comer, o qué vais a beber, o con qué os vais a vestir. Los gentiles se afanan por esas cosas. Ya sabe vuestro Padre del cielo que tenéis necesidad de todo eso.
Sobre todo buscad el reino de Dios y su justicia; lo demás se os dará por añadidura. Por tanto, no os agobiéis por el mañana, porque el mañana traerá su propio agobio. A cada día le bastan sus disgustos. »

Palabra de Dios.



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