lunes, 31 de marzo de 2014

06/04/2014 - 5º domingo de Cuaresma (A)

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Lecturas y Evangelio del domingo

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6 de abril de 2014

5º domingo de Cuaresma (A)


Los tres evangelios sinópticos relatan cómo, en la región de Cafarnaún, Jesús devuelve la vida a la hija de un tal Jairo, jefe de la sinagoga (Mt 9,23-27; Mc 5,35-43; Lc 8,49-56). San Lucas habla también del hijo de una viuda de Naín, un pueblo de Galilea, que Jesús devuelve a su madre cuando lo llevaban ya a enterrar (Lc 7, 1-17). Todos estos relatos son muy breves. Jesús, además, se ve movido a realizar estos extraordinarios milagros por circunstancias imprevistas. Se dice explícitamente en el caso del hijo de la viuda de Naín: Jesús se encuentra por el camino con el cortejo fúnebre. En cuanto a la hija de Jairo, vivía todavía, dicen san Marcos y san Lucas, cuando su padre rogó a Jesús que fuera a imponerle las manos. Muy distinto es lo que ocurre en el relato de «l resurrección de Lázaro», que se lee hoy, tomado del evangelio según san Juan, el único que lo recoge.
El relato es largo y detallado: 45 versículos (Jn 11,1-45). Antes de acudir a la tumba Jesús sabía que su amigo había muerto, y es él quien decide ir a «despertarlo». Marta, la hermana del difunto, no pide nada: simplemente lamenta que Jesús no haya venido anteriormente, para curar a su hermano antes de que la muerte lo arrebatase. Viene luego, sobre todo, el diálogo entre Jesús y Marta, la manera casi litúrgica como Jesús, después de dar gracias a Dios elevando los ojos al cielo, llama a Lázaro para que salga de la tumba y pide que le quiten las vendas y que lo «dejen andar». El mismo Jesús dice, finalmente, que esta resurrección es un «signo» para suscitar la fe en él.
Todo esto confiere a esta gran página del evangelio un marcado sabor a catequesis bautismal, dirigida a los que hoy escuchan su proclamación, ya que interpela su fe. «Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees esto?».
San Pablo, por su parte, explicita lo que significa e implica la fe en Jesús, que es la resurrección y la vida. El Espíritu de Dios habita en nosotros, que no estamos ya, por consiguiente, bajo el poder de la carne. Aunque estemos sujetos a la muerte, Jesús vivificará nuestros cuerpos mortales. Es la fe en la resurrección individual, personal, que profesamos. ¿De verdad?

PRIMERA LECTURA

Para la tradición bíblica, el destierro de Babilonia (597-538 antes de Cristo) fue, para todo el pueblo, como la muerte de la que no se regresa. A través de la voz de su profeta, el Señor Dios dirige palabras de esperanza a los deportados sin esperanza. Os habéis olvidado de quién soy yo, de mi fidelidad y de mi poder ¿Estáis muertos? Yo haré que mi pueblo vuelva a la vida, lo devolveré a la tierra de sus padres.

Os infundiré mi espíritu, y, viviréis.

Lectura de la profecía de Ezequiel 37, 12-14

Así dice el Señor:
-«Yo mismo abriré vuestros sepulcros, y os haré salir de vuestros sepulcros, pueblo mío, y os traeré a la tierra de Israel.
Y, cuando abra vuestros sepulcros y os saque de vuestros sepulcros, pueblo mío, sabréis que soy el Señor.
Os infundiré mi espíritu, y viviréis; os colocaré en vuestra tierra y sabréis que yo, el Señor, lo digo y lo hago.»
Oráculo del Señor.

Palabra de Dios.

SALMO

Gritar a Dios es esperar Confesar el propio pecado es creer en el perdón. En medio de las tinieblas que nos rodean, brillan ya los primeros resplandores de la Pascua.

Salmo 129, 1-2. 3-4ab. 4c-6. 7-8(R.: 7)

R.
Del Señor viene la misericordia, la redención copiosa.

Desde lo hondo
a ti grito, Señor;
Señor, escucha mi voz;
estén tus oídos atentos a la voz de mi súplica. R.

Si llevas cuentas de los delitos, Señor,
¿quién podrá resistir?
Pero de ti procede el perdón,
y así infundes respeto. R.

Mi alma espera en el Señor,
espera en su palabra;
mi alma aguarda al Señor,
más que el centinela la aurora.
Aguarde Israel al Señor,
como el centinela la aurora. R.

Porque del Señor viene la misericordia, la redención copiosa;
y él redimirá a Israel de todos sus delitos. R.

SEGUNDA LECTURA

El don del Espíritu cambia radicalmente la condición de los creyentes. Estos no escapan a la muerte corporal, pero, por la justificación obtenida, no permanecerán prisioneros de la muerte. Para ellos será, con Cristo y como para él. Pascua de resurrección, entrada en la vida.

El Espíritu del que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 8, 8-11

Hermanos:
Los que viven sujetos a la carne no pueden agradar a Dios. Pero vosotros no estáis sujetos a la carne, sino al espíritu, ya que el Espíritu de Dios habita en vosotros. El que no tiene el Espíritu de Cristo no es de Cristo.
Pues bien, si Cristo está en vosotros, el cuerpo está muerto por el pecado, pero el espíritu vive por la justificación obtenida. Si el Espíritu del que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, el que resucitó de entre los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales, por el mismo Espíritu que habita en vosotros.

Palabra de Dios.

VERSÍCULO ANTES DEL EVANGELIO Jn 11,25a.26

Cristo, que vives en la gloria del Padre,
por tu Espíritu,
vivificarás nuestros cuerpos mortales.

Yo soy la resurrección y la vida —dice el Señor—;
el que cree en mí no morirá para siempre.

EVANGELIO

El evangelio de la resurrección de Lázaro invita a unirse a toda esa serie de personas que intervienen en el relato, a seguir a las dos hermanas en sus idas y venidas, y luego, junto a la tumba, donde yace el muerto desde hace cuatro días. Los equívocos y malentendidos que salpican los diálogos nos mueven a interrogarnos sobre el modo como cada uno entendemos personalmente las palabras y los gestos de Jesús. Este muestra una serenidad impresionante en medio de la agitación general, pero también una profunda humanidad, que le arranca lágrimas ante la muerte de su amigo. Después de este momento de intensa emoción, adopta una actitud sobriamente hierática, que revela su extraordinaria autoridad. Muchos de los que habían acudido a acompañar a las hermanas del difunto, creyeron en Jesús. ¿Y nosotros?

Yo soy, la resurrección y la vida.

+ Lectura del santo evangelio según san Juan 11, 1-45

En aquel tiempo, un cierto Lázaro, de Betania, la aldea de María y de Marta, su hermana, había caído enfermo. María era la que ungió al Señor con perfume y le enjugó los pies con su cabellera; el enfermo era su hermano Lázaro. Las hermanas mandaron recado a Jesús, diciendo:
-«Señor, tu amigo está enfermo.»
Jesús, al oírlo, dijo:
-«Esta enfermedad no acabará en la muerte, sino que servirá para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella.»
Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro. Cuando se enteró de que estaba enfermo, se quedó todavía dos días en donde estaba. Sólo entonces dice a sus discípulos:
-«Vamos otra vez a Judea.»
Los discípulos le replican:
-«Maestro, hace poco intentaban apedrearte los judíos, ¿y vas a volver allí? » Jesús contestó:
-«¿No tiene el día doce horas? Si uno camina de día, no tropieza, porque ve la luz de este mundo; pero si camina de noche, tropieza, porque le falta la luz.» Dicho esto, añadió:
-«Lázaro, nuestro amigo, está dormido; voy a despertarlo.»
Entonces le dijeron sus discípulos:
-«Señor, si duerme, se salvará.»
Jesús se refería a su muerte; en cambio, ellos creyeron que hablaba del sueño natural. Entonces Jesús les replicó claramente:
-«Lázaro ha muerto, y me alegro por vosotros de que no hayamos estado allí, para que creáis. Y ahora vamos a su casa.» Entonces Tomás, apodado el Mellizo, dijo a los demás discípulos:
-«Vamos también nosotros y muramos con él.»
Cuando Jesús llegó, Lázaro llevaba ya cuatro días enterrado. Betania distaba poco de Jerusalén: unos tres kilómetros; y muchos judíos habían ido a ver a Marta y a María, para darles el pésame por su hermano. Cuando Marta se enteró de que llegaba Jesús, salió a su encuentro, mientras María se quedaba en casa. Y dijo Marta a Jesús:
-«Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano. Pero aún ahora sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá.» Jesús le dijo:
-«Tu hermano resucitará.»
Marta respondió:
-«Sé que resucitará en la resurrección del último día.»
Jesús le dice:
-«Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees esto?» Ella le contestó:
-«Sí, Señor: yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo.»
Y dicho esto, fue a llamar a su hermana María, diciéndole en voz baja: -«El Maestro está ahí y te llama.»
Apenas lo oyó, se levantó y salió adonde estaba él; porque Jesús no había entrado todavía en la aldea, sino que estaba aún donde Marta lo había encontrado. Los judíos que estaban con ella en casa consolándola, al ver que María se levantaba y salía deprisa, la siguieron, pensando que iba al sepulcro a llorar allí. Cuando llegó María adonde estaba Jesús, al verlo se echó a sus pies diciéndole:
-«Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano.» Jesús, viéndola llorar a ella y viendo llorar a los judíos que la acompañaban, sollozó y, muy conmovido, preguntó: -« ¿Dónde lo habéis enterrado?»
Le contestaron:
-«Señor, ven a verlo.»
Jesús se echó a llorar. Los judíos comentaban:
-«¡Cómo lo quería!»
Pero algunos dijeron:
-«Y uno que le ha abierto los ojos a un ciego, ¿no podía haber impedido que muriera éste?»
Jesús, sollozando de nuevo, llega al sepulcro. Era una cavidad cubierta con una losa.
Dice Jesús:
-«Quitad la losa.»
Marta, la hermana del muerto, le dice:
-«Señor, ya huele mal, porque lleva cuatro días.»
Jesús le dice:
-«¿No te he dicho que si crees verás la gloria de Dios?»
Entonces quitaron la losa.
Jesús, levantando los ojos a lo alto, dijo:
-«Padre, te doy gracias porque me has escuchado; yo sé que tú me escuchas siempre; pero lo digo por la gente que me rodea, para que crean que tú me has enviado.» Y dicho esto, gritó con voz potente:
-«Lázaro, ven afuera.»
El muerto salió, los pies y las manos atados con vendas, y la cara envuelta en un sudario. Jesús les dijo: -«Desatadlo y dejadlo andar.»
Y muchos judíos que habían venido a casa de María, al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en él.

Palabra de Dios.



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