lunes, 5 de mayo de 2014

11/05/2014 - 4º domingo de Pascua (A)

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Lecturas y Evangelio del domingo

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11 de mayo de 2014

4º domingo de Pascua (A)


Jesús habló de sí mismo recurriendo sucesivamente a dos imágenes: la del pastor y la de la puerta del aprisco. Hay que considerarlas una después de la otra, combinándolas después para comprender así su complementariedad.
Enviado al mundo por aquel a quien todo pertenece, el Hijo de Dios ha compartido plenamente la condición de los hombres. Les ha hablado en su mismo lenguaje y los ha llamado a seguirlo. Se desvive por cada uno de los suyos para conducirlos por el camino de la vida. Conoce mejor que ellos mismos sus auténticas necesidades. Este Pastor incomparable se denomina también «puerta de las ovejas». Ciertamente les ha mostrado el camino que conduce a los pastos abundantes. Incluso a algunos, que ha nombrado administradores de todos sus bienes, les ha entregado la llave de sus posesiones. Pero sólo él, personalmente, es «el camino, y la verdad y la vida».
Frescos y mosaicos antiguos, esculturas y pinturas de todas las épocas, han representado con frecuencia al buen Pastor. Cierta iconografía «piadosa» ha hecho de él un jovencito dulzón que no corresponde realmente a lo que nos describe la Biblia. Sea cual sea su edad, el pastor bíblico, como los pastores de hoy en día, es un hombre curtido, habituado a recorrer grandes extensiones, a subir pendientes abruptas al frente de su rebaño o en busca de la oveja perdida; en resumen, un hombre cuyo rudo trabajo no es ningún juego. Jesús, el buen Pastor, ha cargado con el pecado del mundo. «En su pasión no profería amenazas», y «sus heridas nos han curado»; ha dado su vida para que nosotros tengamos «vida abundante».
Las imágenes del rebaño y las ovejas no quieren decir en absoluto que los discípulos deban tener un comportamiento gregario; todo lo contrario. Los cristianos estamos llamados a seguir libremente a nuestro Pastor, y si tenemos que superar pruebas semejantes a las suyas, si tenemos que «morir al pecado», es para que «vivamos para la justicia» y recibamos el don del Espíritu.
Esta es la fe que la Iglesia, a lo largo del tiempo pascual, nos exhorta a renovar. «A quien vosotros crucificasteis, Dios lo ha constituido Señor y Mesías». Ahora está junto al Padre y desde allí guía el itinerario pascual de nuestra existencia.

PRIMERA LECTURA

«¡Unos tres mil!». Más allá de su extraordinario resultado, la primera predicación de Pedro proclama lo que sigue siendo la esencia del mensaje cristiano. Jesús, crucificado por los hombres, ha sido resucitado por Dios; para tener parte en la salvación obtenida por su Pascua y ofrecida a todos, es necesario convertirse, es decir, volver de nuestros extravíos y recibir el bautismo, sacramento del perdón de los pecados y el don del Espíritu Santo, que introduce en la comunidad de los salvados. Todo lo que puede añadirse a esto procede de la catequesis y la exhortación, cuyo objetivo es hacer comprender el valor de esta Buena Noticia, urgiendo al mayor número posible a acogerla con alegría.

Dios lo ha constituido Señor y Mesías.

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 2, 14a. 36-41

El día de Pentecostés, Pedro, de pie con los Once, pidió atención y les dirigió la palabra:
-«Todo Israel esté cierto de que al mismo Jesús, a quien vosotros crucificasteis, Dios lo ha constituido Señor y Mesías.»
Estas palabras les traspasaron el corazón, y preguntaron a Pedro y a los demás apóstoles:
-«¿Qué tenemos que hacer, hermanos?»
Pedro les contestó:
-«Convertíos y bautizaos todos en nombre de Jesucristo para que se os perdonen los pecados, y recibiréis el don del Espíritu Santo. Porque la promesa vale para vosotros y para vuestros hijos y, además, para todos los que llame el Señor, Dios nuestro, aunque estén lejos.»
Con estas y otras muchas razones les urgía, y los exhortaba diciendo:
-«Escapad de esta generación perversa.»
Los que aceptaron sus palabras se bautizaron, y aquel día se les agregaron unos tres mil.

Palabra de Dios.

SALMO

Un salmo que, sobre todo en el tiempo pascual, adquiere resonancias cristianas: «las fuentes que reparan las fuerzas», «la unción con perfume», «la mesa preparada», evocan el bautismo, la unción del Espíritu, la eucaristía.

Salmo 22, 1-3a. 3b-4. 5. 6 (R.: 1)

R.
El Señor es mi pastor, nada me falta.

El Señor es mi pastor, nada me falta:
en verdes praderas me hace recostar,
me conduce hacia fuentes tranquilas
y repara mis fuerzas.
R.

Me guía por el sendero justo,
por el honor de su nombre.
Aunque camine por cañadas oscuras,
nada temo, porque tú vas conmigo:
tu vara y tu cayado me sosiegan.
R.

Preparas una mesa ante mí,
enfrente de mis enemigos;
me unges la cabeza con perfume,
y mi copa rebosa.
R.

Tu bondad y tu misericordia me acompañan
todos los días de mi vida,
y habitaré en la casa del Señor
por años sin término.
R.

SEGUNDA LECTURA

Apartarse de «esta generación perversa» (primera lectura) si no expone siempre a la persecución, sí al menos, de vez en cuando, a dolorosas contradicciones. Paradójicamente, estos sufrimientos  dan testimonio a favor de quienes obran el bien. «Soportar el sufrimiento» es «una cosa hermosa ante Dios», que está por encima de todo, y prueba de fidelidad a Cristo, el justo perseguido de que hablaba el profeta (Is 53,9.4-6), el Pastor que nos cura con sus heridas y proclama: «Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, dichosos vosotros cuando os insulten y os persigan, y os calumnien de cualquier modo por mi causa» (Mt 5,10-11).

Habéis vuelto al pastor de vuestras vidas.

Lectura de la primera carta del apóstol san Pedro 2, 20b-25

Queridos hermanos:
Si, obrando el bien, soportáis el sufrimiento, hacéis una cosa hermosa ante Dios. Pues para esto habéis sido llamados, ya que también Cristo padeció su pasión por vosotros, dejándoos un ejemplo para que sigáis sus huellas.
Él no cometió pecado ni encontraron engaño en su boca; cuando lo insultaban, no devolvía el insulto; en su pasión no profería amenazas; al contrario, se ponía en manos del que juzga justamente. Cargado con nuestros pecados subió al leño, para que, muertos al pecado, vivamos para la justicia.
Sus heridas os han curado.
Andabais descarriados como ovejas, pero ahora habéis vuelto al pastor y guardián de vuestras vidas.

Palabra de Dios.

Aleluya Jn 10, 14

Aleluya. Aleluya.
Jesús es la puerta del aprisco.
El que entra por él se salvará.
El da vida abundante
por su Palabra y su Pan. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Yo soy el buen Pastor -dice el Señor-,
conozco a mis ovejas,
y las mías me conocen. Aleluya.

EVANGELIO

«Pastor», «puerta de las ovejas»: dos imágenes complementarias que evocan la misión de Cristo y el modo como la realiza. Una sola preocupación lo mueve: que los hombres »tengan vida y la tengan abundante». Con paciencia, este pastor familiariza a los suyos con el timbre de su voz. Así aprenden a seguirlo con toda confianza, seguros de ser conducidos a unos pastos donde podrán entrar y salir con toda libertad y sin temor, seguros de encontrar, a su tiempo, el alimento necesario. La Iglesia y cada una de las comunidades cristianas, los que participan del ministerio pastoral y todos los que están dentro del redil, han de tener siempre ente los ojos el modelo de pastor propuesto por Dios.

Yo soy la puerta de las ovejas.

+ Lectura del santo evangelio según san Juan 10, 1-10

En aquel tiempo, dijo Jesús:
-«Os aseguro que el que no entra por la puerta en el aprisco de las ovejas, sino que salta por otra parte, ése es ladrón y bandido; pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas. A éste le abre el guarda, y las ovejas atienden a su voz, y él va llamando por el nombre a sus ovejas y las saca fuera. Cuando ha sacado todas las suyas, camina delante de ellas, y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz; a un extraño no lo seguirán, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños.»
Jesús les puso esta comparación, pero ellos no entendieron de qué les hablaba. Por eso añadió Jesús:
-«Os aseguro que yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que han venido antes de mí son ladrones y bandidos; pero las ovejas no los escucharon.
Yo soy la puerta: quien entre por mí se salvará y podrá entrar y, salir, Y encontrará pastos.
El ladrón no entra sino para robar y matar y hacer estrago; yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante.»

Palabra de Dios.



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