domingo, 22 de junio de 2014

27/06/2014 - Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús (A)

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27 de junio de 2014

Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús (A)


¿Quién es Dios? Desde siempre se ha planteado esta pregunta el espfritu del hombre. Las respuestas de los «amigos de la sabiduria» los «filosofos» son vanadas a menudo muy profundas pero, a fin de cuentas, bastante decepcionantes. Lo que ocurre es que se quedan en el nivel de la abstracción, ya que, generalmente, se mueven en torno a la idea que el espíritu humano puede hacerse de Dios, o de los dioses. Los que creen en un Dios personal le dan multitud de nombres, proclamando al mismo tiempo que está por encima de todo nombre, que no es nada de lo que de él se pueda decir. Los hombres de todas las religiones, sobre todo los místicos, presienten que la mejor manera de expresar el misterio de Dios consiste en identificarlo con el amor perfecto, infinito.
Así es como la Biblia habla de Dios, de un Dios que el hombre no habría llegado a conocer si él mismo no se hubiera revelado. Esta revelación se ha llevado a cabo de una manera muy concreta; no hay en las Escrituras ningún tratado ni discurso sobre Dios. Más bien dan testimonio del modo como él se ha manifestado y como los hombres han llegado a pnocerlo: a través de sus obras e iniciativas. Todas ellas manifíestan un amor infinito a sus criaturas, y en particular al pueblo que eligió para revelarse. El don de la Ley y los acontecimientos del éxodo marcaron de manera decisiva la historia de la revelación, cuyo recuerdo ha transmitido la Biblia. Los salmistas no cesan de meditar asombrados las innumerables e incesantes manifestaciones de Dios, prorrumpiendo en alabanzas y proclamando: «Es eterna su misericordia!» (Sal 117).
Jesús, el propio Hijo del Padre, imagen del Dios invisible, ha mostrado que no se trataba de una simple forma de decir lo inefable. El tenía un corazón de carne, con el que amó simultáneamente a Dios y a los hombres, a los que había venido a salvar. Les mostró que amándose unos a otros, todos, hasta los más pobres, entraban en comunión con el amor infinito de Dios y participaban de su Espíritu. Los pequeños y los humildes fueron los primeros en comprenderlo. Con Jesús, «manso y humilde de corazón», cantan su acción de gracias: «Te damos gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, por todo lo que por tu bondad nos has querido revelar!».

PRIMERA LECTURA

Los mandamientos de Dios son pruebas de amor: sin violentar nuestra libertad, nos muestran el camino de la verdad y de la vida. Guardarlos es nuestra manera de reconocer que nos ama y de manifestarle la adhesión de nuestro corazón. La religión bíblica es fundamentalmente una historia de amor entre Dios, que ama primero, y sus hijos.

El Señor se enamoró de vosotros y os eligió.

Lectura del libro del Deuteronomio 7,6-11

En aquellos días, Moisés habló al pueblo, diciendo: "Tú eres un pueblo santo para el Señor, tu Dios: él te eligió para que fueras, entre todos los pueblos de la tierra, el pueblo de su propiedad. Si el Señor se enamoró de vosotros y os eligió, no fue por ser vosotros más numerosos que los demás, pues sois el pueblo más pequeño, sino que, por puro amor vuestro, por mantener el juramento que había hecho a vuestros padres, os sacó de Egipto con mano fuerte y os rescató de la esclavitud, del dominio del Faraón, rey de Egipto. Así sabrás que el Señor, tu Dios, es Dios: el Dios fiel que mantiene su alianza y su favor con los que lo aman y guardan sus preceptos, por mil generaciones. Pero paga en su persona a quien lo aborrece, acabando con él. No se hace esperar, paga a quien lo aborrece, en su persona. Pon por obra estos preceptos y los mandatos y decretos que te mando hoy".

Palabra de Dios

SALMO

¡Qué gran ternura del corazón de Dios que perdona y cura, colmo de gracia y de ternura, protege y da la vida!

Salmo 102, 1-2. 3-4. 6-7. 8.10 (R : 17ab)

R.
La misericordia del Señor dura siempre,
para los que cumplen sus mandatos.

Bendice, alma mía, al Señor,
y todo mi ser a su santo nombre.
Bendice, alma mía, al Señor,
y no olvides sus beneficios. R.

Él perdona todas tus culpas
y cura todas tus enfermedades;
él rescata tu vida de la fosa
y te colma de gracia y de ternura. R.

El Señor hace justicia
y defiende a todos los oprimidos;
enseñó sus caminos a Moisés
y sus hazañas a los hijos de Israel. R.

El Señor es compasivo y misericordioso,
lento a la ira y rico en clemencia.
No nos trata como merecen nuestros pecados
ni nos paga según nuestras culpas. R.

SEGUNDA LECTURA

Las palabras de amor, las declaraciones más apasionadas, pueden resultar ilusorias. Sólo las obras, los comportamientos cotidianos, muestran la verdad del amor. Pues bien, Dios, desde siempre, ha dado múltiples pruebas de su amor infinito, hasta «enviar al mundo a su Hijo único, para que vivamos por medio de él». Por eso, creer en Dios, confesar que Jesús es la manifestación suprema de la ternura divina, «permanecer» en comunión con el Padre, participar de su Espíritu, es todo uno. La autenticidad de esta fe se verifica en el amor que, como hijos de un mismo Padre, nos tenemos unos a otros.

Dios nos amó.

Lectura de la primera carta del apóstol san Juan 4,7-16

Queridos hermanos, amémonos unos a otros, ya que el amor es de Dios, y todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios. Quien no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor. En esto se manifestó el amor que Dios nos tiene: en que Dios envió al mundo a su Hijo único, para que vivamos por medio de él. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y nos envió a su Hijo como víctima de propiciación por nuestros pecados.
Queridos, si Dios nos amó de esta manera, también nosotros debemos amarnos unos a otros. A Dios nadie lo ha visto nunca. Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros y su amor ha llegado en nosotros a su plenitud. En esto conocemos que permanecemos en él, y él en nosotros: en que nos ha dado de su Espíritu. Y nosotros hemos visto y damos testimonio de que el Padre envió a su Hijo para ser Salvador del mundo. Quien confiese que Jesús es el Hijo de Dios, Dios permanece en él, y él en Dios. Y nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él. Dios es amor, y quien permanece en el amor permanece en Dios, y Dios en él.

Palabra de Dios

Aleluya Mt 11,29ab

Aleluya, Aleluya.
Señor Jesús, amigo de la gente sencilla,
tu yugo es llevadero
y tu carga ligera. Aleluya

Aleluya, aleluya.
Cargad con mi yugo y aprended de mí
- dice el Señor -,
que soy manso y humilde de corazón. Aleluya.

EVANGELIO

Dirigiéndose a su Padre, Jesús lo bendice porque la ha enviado a revelar a la «gente sencilla» lo que sólo el Hijo puede conocer. Dirigiéndose a los hombres, Jesús los urge a buscar en él «su descanso». Verdaderamente el Señor, «manso y humilde de corazón», ha enseñado una religión de amor, que nada tiene que ver con el miedo servil y sin alegría, con el frío e implacable legalismo religioso, y con el elitismo, que reservas el acceso a lo divino a «los sabios y entendidos». Conocen a Dios los que saben lo que es el amor: un puro regalo del cielo al que el más indigente puede responder con su propio amor.

Soy manso y humilde de corazón.

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 11,25-30

En aquel tiempo, exclamó Jesús: "Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla. Sí, Padre, así te ha parecido mejor. Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.
Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera".

Palabra de Dios



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