lunes, 7 de julio de 2014

13/07/2014 - 15º domingo Tiempo ordinario (A)

Lecturas y Evangelio del domingo

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15º domingo Tiempo ordinario (A)


Comienza hoy la lectura íntegra del «discurso en parábolas», que se prolongará durante tres domingos consecutivos. Como introducción a esta unidad litúrgica, será difícil encontrar nada mejor que el texto de Isaías que se propone hoy.
Las palabras humanas son a menudo vanas e inconsistentes, no siempre comprometen a quien las pronuncia y, aun cuando sean veraces, pocas veces resisten la prueba del tiempo. En fin, entre el dicho y el hecho la distancia es grande, incluso infranqueable. No ocurre lo mismo con la palabra de Dios, que revela y actúa, es verdad y eficacia. Isaías insiste en esta última característica.
Esta es también la enseñanza fundamental de la parábola de la semilla, la primera de las que recoge san Mateo, y que sitúa a la Iglesia y a los cristianos frente a su responsabilidad ante la palabra de Dios, comparada con una semilla de calidad sin igual, sembrada generosamente en la tierra.
El crecimiento y la maduración de este grano maravilloso dependen del valor del terreno que lo recibe, es decir, del modo como cada uno acoge y pone en práctica la palabra sembrada en él. Esto exige un serio trabajo previo de desbroce y una vigilancia constante para que «el Maligno» no la robe ni la ahoguen las zarzas abundantes. Porque Dios, el divino Sembrador, respeta la libertad de sus criaturas y quiere asociarlas al fruto de la siembra. Siembra la buena semilla en abundancia, porque ninguna porción de su terreno debe quedar definitivamente abandonada como no apta para la siembra y dejada de lado como baldía. A todas les da su oportunidad o, mejor dicho, su gracia. Infinitamente paciente, da tiempo al tiempo. Confiado, espera hasta el último día para que las tierras más áridas, los corazones de piedra, acaben abriéndose a la Palabra. Todos los que, de un modo u otro, trabajan por el advenimiento del Reino han de actuar del mismo modo.
Como dice san Pablo, estamos viviendo algo así como el momento de un parto doloroso para el hombre y para la creación entera. Pero se acerca el día en que se manifestará su gloria junto con la de Cristo resucitado. Esta certeza hace apreciar en su justo valor «los sufrimientos de ahora».

PRIMERA LECTURA

Para bien y para mal, la palabra humana tiene inmensas posibilidades. Pero sólo la palabra de Dios tiene, por s misma, eficacia creadora.

La lluvia hace germinar la tierra.

Lectura del libro de Isaías 55, 10-11

Así dice el Señor:
«Como bajan la lluvia y la nieve del cielo, y no vuelven allá sino después de empapar la tierra, de fecundarla y hacerla germinar, para que dé semilla al sembrador y pan al que come, así será mi palabra, que sale de mi boca: no volverá a mí vacía, sino que hará mi voluntad y cumplirá mi encargo.»

Palabra de Dios.

SALMO

Fecundidad de la tierra, abundancia de frutos: ¡poder del Creador fuerza de la Palabra!

Salmo 64, 10. 11. 12-13. 14 (R.: Lc 8, 8)

R.
La semilla cayó en tierra buena y dio fruto.

Tú cuidas de la tierra, la riegas
y la enriqueces sin medida;
la acequia de Dios va llena de agua,
preparas los trigales. R.

Riegas los surcos, igualas los terrones,
tu llovizna los deja mullidos,
bendices sus brotes. R.

Coronas el año con tus bienes,
tus carriles rezuman abundancia;
rezuman los pastos del páramo,
y las colinas se orlan de alegría. R.

Las praderas se cubren de rebaños,
y los valles se visten de mieses,
que aclaman y cantan. R.

SEGUNDA LECTURA

Desde su bautismo, el cristiano lleva «la marca del Espíritu», que «habita» en él y lo hará pasar de la muerte corporal a la vida eterna con Cristo (lectura del domingo pasado). Como la de todo hombre, su existencia se desenvuelve hoy en un mundo marcado por el sufrimiento; es la fase dolorosa de la Pascua del Señor Pero también para él vendrá el día de la resurrección gloriosa. Y la misma creación, que ha participado del destino doloroso del hombre, participará también de la liberación de su condición mortal.

La creación, expectante, está aguardando la plena manifestación de los hijos de Dios.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 8, 18-23

Hermanos:
Sostengo que los sufrimientos de ahora no pesan lo que la gloria que un día se nos descubrirá. Porque la creación, expectante, está aguardando la plena manifestación de los hijos de Dios; ella fue sometida a la frustración, no por su voluntad, sino por uno que la sometió; pero fue con la esperanza de que la creación misma se vería liberada de la esclavitud de la corrupción, para entrar en la libertad gloriosa de los hijos de Dios.
Porque sabemos que hasta hoy la creación entera está gimiendo toda ella con dolores de parto.
Y no sólo eso; también nosotros, que poseemos las primicias del Espíritu, gemimos en nuestro interior, aguardando la hora de ser hijos de Dios, la redención de nuestro cuerpo.

Palabra de Dios.

Aleluya

Aleluya. Aleluya.
Dichoso el que escucha la Palabra y la entiende:
Producirá el ciento por uno. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
La semilla es la palabra de Dios, el sembrador es Cristo;
quien lo encuentra vive para siempre. Aleluya.

EVANGELIO

La insistencia en la responsabilidad de los que oyen la palabra se basa en el hecho de que la semilla que el Sembrador divino siembra en la tierra posee una fecundidad incuestionable. La parábola propone, además, otras dos lecciones. Por una parte, lejos de dejarse paralizar por la perspectiva de trabajar en vano, hay que seguir sembrando siempre, a manos llenas, la buena semilla, ya que terrenos hoy estériles podrían mañana convertirse en buena tierra. Por otra parte, no hay proporción alguna entre las pérdidas, los malos resultados imputables a la malevolencia del «Maligno» o a la aridez del terreno, y la maravillosa abundancia de frutos que produce la palabra caída en tierra bueno. Una seria advertencia para los oyentes de la predicación evangélica y, al mismo tiempo, una vigorosa llamada al valor, a la confianza y al optimismo de los sembradores de la palabra. Todos deben tener presente que se trata de los «secretos del reino de los cielos».

Salió el sembrador a sembrar.

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 13, 1-23 (lectura breve 13, 1-9)

Aquel día, salió Jesús de casa y se sentó junto al lago. Y acudió a él tanta gente que tuvo que subirse a una barca; se sentó, y la gente se quedó de pie en la orilla.
Les habló mucho rato en parábolas:
-«Salió el sembrador a sembrar. Al sembrar, un poco cayó al borde del camino; vinieron los pájaros y se lo comieron.
Otro poco cayó en terreno pedregoso, donde apenas tenía tierra, y, como la tierra no era profunda, brotó en seguida; pero, en cuanto salió el sol, se abrasó y por falta de raíz se secó.
Otro poco cayó entre zarzas, que crecieron y lo ahogaron.
El resto cayó en tierra buena y dio grano: unos, ciento; otros, sesenta; otros, treinta.
El que tenga oídos que oiga.»

[Se le acercaron los discípulos y le preguntaron:
-« ¿Por qué les hablas en parábolas?»
Él les contestó:
-«A vosotros se os ha concedido conocer los secretos del reino de los cielos y a ellos no. Porque al que tiene se le dará y tendrá de sobra, y al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene. Por eso les hablo en parábolas, porque miran sin ver y escuchan sin oír ni entender. Así se cumplirá en ellos la profecía de Isaías: "Oiréis con los oídos sin entender; miraréis con los ojos sin ver; porque está embotado el corazón de este pueblo, son duros de oído, han cerrado los ojos; para no ver con los ojos, ni oír con los oídos, ni entender con el corazón, ni convertirse para que yo los cure."
¡Dichosos vuestros ojos, porque ven, y vuestros oídos, porque oyen! Os aseguro que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis vosotros y no lo vieron, y oír lo que oís y no lo oyeron. Vosotros oíd lo que significa la parábola del sembrador:
Si uno escucha la palabra del reino sin entenderla, viene el Maligno y roba lo sembrado en su corazón. Esto significa lo sembrado al borde del camino.
Lo sembrado en terreno pedregoso significa el que la escucha y la acepta en seguida con alegría; pero no tiene raíces, es inconstante, y, en cuanto viene una dificultad o persecución por la palabra, sucumbe.
Lo sembrado en zarzas significa el que escucha la palabra; pero los afanes de la vida y la seducción de las riquezas la ahogan y se queda estéril.  Lo sembrado en tierra buena significa el que escucha la palabra y la entiende; ese dará fruto y producirá ciento o sesenta o treinta por uno.]

Palabra de Dios.



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