lunes, 4 de agosto de 2014

10/08/2014 - 19º domingo Tiempo ordinario (A)

Lecturas y Evangelio del domingo

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19º domingo Tiempo ordinario (A)


En los evangelios, el relato de la multiplicación de los panes y el de la tempestad calmada constituyen una especie de díptico. En ambas hojas Jesús aparece en primer plano. En una de ellas entrega a los discípulos el pan multiplicado para que lo distribuyan a la gente.
En la otra va hacia ellos caminando sobre las aguas, en medio de una tempestad que pone en peligro la barca a la que él les ha «apremiado» a subir para ir «a la otra orilla» del lago. La tradición ha visto en esta barca sacudida por las olas, pero salvada por el Señor del naufragio, una imagen de la Iglesia que boga, contra viento y marea, hacia la orilla a la que el Resucitado se le ha adelantado. La multitud de los que siguen al Señor hasta el despoblado recibe de su mano el pan que sacia toda hambre. Los discípulos, que se es- fuerzan por acudir a la cita con el Señor, tienen la impresión de que la barca va a zozobrar. «Tened confianza! Las tempestades pueden sacudir la barca, pero no la hundirán», les dice el Señor.
El relato de san Mateo incluye otros elementos que amplían y precisan esta interpretación. La reacción de los discípulos y la de Pedro hacen pensar en las primeras apariciones pascuales. Cuando el Resucitado se presenta ante ellos, los discípulos también creen ver un fantasma. Entonces, corno en esta ocasión, el Señor se dirige a ellos tranquilizándolos: «Animo, soy yo, no tengáis miedo!». Igual- mente les reprocha su falta de fe y sus dudas. Finalmente, en las apariciones pascuales, lo mismo que en el lago, la escena acaba con una especie de liturgia. Los discípulos «se postran» ante el Señor y confiesan su fe: «Realmente eres Hijo de Dios!».
Sea cual sea su grado de vinculación al Señor, la experiencia de su presencia y de su proximidad a él, todo discípulo, del que Pedro aparece aquí como prototipo, pasa por momentos de duda y vacilación. Que en el momento en que empiece a perder pie, grite: «Señor, sálvame!». El Señor le tenderá la mano para que no se hunda. Que los titubeos de la fe no impidan participar en la liturgia, postrarse con los demás, con la Iglesia, para proclamar: «Realmente eres Hijo de Dios, el Señor!». «Tengo fe, pero dudo, ayúdame!» (Mc 9,24).
Y que, cuando el silencio de Dios nos desanime, escuchemos con atención: él sigue ahí, en el murmullo de una «brisa tenue».

PRIMERA LECTURA

Dios está presente en el silencio y la soledad. Esta experiencia de Elías en el Horeb (otro nombre del monte Sinaí donde el Señor se había revelado en medio del estruendo de los elementos desencadenados) reaviva el celo del profeta. Sale de la cueva donde se había refugiado, abatido por el desánimo, y va de nuevo a continuar su misión en medio del pueblo al que Dios lo ha enviado.

Ponte de pie en el monte ante el Señor.

Lectura del primer libro de los Reyes 19, 9a. 11-13a

En aquellos días, cuando Elías llegó al Horeb, el monte de Dios, se metió en una cueva donde pasó la noche. El Señor le dijo:
-«Sal y ponte de pie en el monte ante el Señor. ¡El Señor va a pasar!»
Vino un huracán tan violento que descuajaba los montes y hacia trizas las peñas delante del Señor; pero el Señor no estaba en el viento. Después del viento, vino un terremoto; pero el Señor no estaba en el terremoto. Después del terremoto, vino un fuego; pero el Señor no estaba en el fuego.
Después del fuego, se oyó una brisa tenue; al sentirla, Elías se tapó el rostro con el manto, salió afuera y se puso en pie a la entrada de la cueva.

Palabra de Dios.

SALMO

Si escucho con atención, oiré a Dios murmurar en mi corazón: misericordia, fidelidad, justicia, paz.

Salmo 84, 9ab-10. 11-12. 13-14 (R.: 8)

R.
Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación.

Voy a escuchar lo que dice el Señor:
«Dios anuncia la paz a su pueblo y a sus amigos.»
La salvación está ya cerca de sus fieles,
y la gloria habitará en nuestra tierra.
R.

La misericordia y la fidelidad se encuentran,
la justicia y la paz se besan;
la fidelidad brota de la tierra,
y la justicia mira desde el cielo.
R.

El Señor nos dará la lluvia,
y nuestra tierra dará su fruto.
La justicia marchará ante él,
la salvación seguirá sus pasos.
R.

SEGUNDA LECTURA

El evangelio es rechazado por los que debieran haber sido los primeros en acogerlo. Esta idea atormenta a san Pablo. Pero él no pierde la confianza. Un día, los innumerables dones de Dios darán su fruto.

Quisiera ser un proscrito por el bien de mis hermanos.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 9, 1-5

Hermanos:
Digo la verdad en Cristo; mi conciencia, iluminada por el Espíritu Santo, me asegura que no miento. Siento una gran pena y un dolor incesante, en mi corazón, pues por el bien de mis hermanos, los de mi raza según la carne, quisiera incluso ser un proscrito lejos de Cristo.
Ellos descienden de Israel, fueron adoptados como hijos, tienen la presencia de Dios, la alianza, la ley, el culto y las promesas. Suyos son los patriarcas, de quienes, según la carne, nació el Mesías, el que está por encima de todo: Dios bendito por los siglos. Amén.

Palabra de Dios

Aleluya Cf Sal 129,5

Aleluya. Aleluya.
Cuando estamos a punto de hundirnos,
tú nos salvas, Señor,
tú, que eres el Hijo de Dios. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Espero en el Señor,
espero en su palabra. Aleluya.

EVANGELIO

Con ocasión de la multiplicación de los panes los discípulos aprenden que pueden saciar el hambre de las masas si acuden al Señor con confianza. ¡Que las tempestades y los vientos contrarios que han de afrontar no los atemoricen ni los hagan vacilar en su fe! Al final de una travesía tal vez dura, arribarán, en la Iglesia, a la otra orilla, donde el Señor les había dado cita.

Mándame ir hacia ti andando sobre el agua.

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 14, 22-33

Después que la gente se hubo saciado, Jesús apremió a sus discípulos a que subieran a la barca y se le adelantaran a la otra orilla, mientras él despedía a la gente.
Y, después de despedir a la gente, subió al monte a solas para orar. Llegada la noche, estaba allí solo.
Mientras tanto, la barca iba ya muy lejos de tierra, sacudida por las olas, porque el viento era contrario. De madrugada se les acercó Jesús, andando sobre el agua. Los discípulos, viéndole andar sobre el agua, se asustaron y gritaron de miedo, pensando que era un fantasma.
Jesús les dijo en seguida:
-«¡Ánimo, soy yo, no tengáis miedo!»
Pedro le contestó:
-«Señor, si eres tú, mándame ir hacia ti andando sobre el agua.»
Él le dijo:
-«Ven.»
Pedro bajó de la barca y echó a andar sobre el agua, acercándose a Jesús; pero, al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, empezó a hundirse y gritó:
-«Señor, sálvame.»
En seguida Jesús extendió la mano, lo agarró y le dijo:
-«¡Qué poca fe! ¿Por qué has dudado?»
En cuanto subieron a la barca, amainó el viento.
Los de la barca se postraron ante él, diciendo:
-«Realmente eres Hijo de Dios.»

Palabra del Señor.



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