lunes, 11 de agosto de 2014

17/08/2014 - 20º domingo Tiempo ordinario (A)

Lecturas y Evangelio del domingo

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20º domingo Tiempo ordinario (A)


Los profetas habían anunciado que Dios acogería a los extranjeros que subieran a su monte santo para adorarlo. Su casa sería «casa de oración para todos los pueblos». Un día fue su Hijo quien vino al mundo. Jesús sembró a manos llenas la buena semilla de la Palabra. Curó a todos los enfermos que le presentaban, incluso al hijo de un funcionario real. Llamó al publicano Mateo, comió con los pecadores y multiplicó los panes para la multitud. Pero no salió de los estrechos límites de su país. No obstante, en algunas ocasiones estuvo en los límites del mundo pagano.
En una ocasión una mujer acudió de estas regiones para suplicarle que curara a su hija. «Hay que hacerle caso para que deje de gritar», decían los discípulos. «Sólo me han enviado a las ovejas descarriadas de Israel», fue la respuesta de Jesús. Como si no hubiera oído, la cananea «se postra» y dice: «Señor, socórreme». Es la actitud y la manera de orar que, según san Mateo, conviene a los discípulos. Sin embargo, Jesús empieza declarando que no puede atender una petición procedente de una pagana, y lo hace en términos bastante despectivos. Pero, sin duda, el tono de su voz suavizaba su dureza. En cualquier caso, esta respuesta de Jesús hace pensar en la que dio a su madre cuando, en las bodas de Caná, le pedía que interviniera porque el vino empezaba a faltar: «Mujer, déjame, todavía no ha llegado mi hora» (Jn 2,4). En este caso es el tiempo de la misión entre los paganos lo que todavía no ha llegado. Adelantarlo sería como quitarles a los hijos el pan antes de que se hubieran saciado. Es algo que la cananea entiende. Ella no reclama ningún privilegio. Al igual que María, se pone en manos del Señor. Que Jesús le dé sólo las migajas que caen de la mesa de los amos. Y, como María, obtiene lo que pide.
Ahora ya no hay fronteras. El evangelio se predica en todas partes. Todos tienen libre acceso a la mesa de los hijos. Es una gracia, y no un derecho que pueda reclamarse o conservarse como privilegio. Pero no basta saberlo, o proclamarlo con palabras o en la oración universal de los fieles. Hay que traducir esta certeza en los comportamientos de la vida diaria y en la celebración litúrgica. La acogida del extranjero, el lugar que se le otorga en las relaciones ordinarias y en las asambleas litúrgicas, ponen a prueba la autenticidad de una fe, de un espíritu y de un corazón verdaderamente católicos.

PRIMERA LECTURA

Dios acogerá en su «casa» a todos los que acepten su alianza y sus leyes. Este ecumenismo, querido por Dios, es fruto de una comunidad fuertemente arraigada en su fe y que vive decididamente en conformidad con la voluntad del Señor.

A los extranjeros los traeré a mi monte santo.

Lectura del libro de Isaías 56, 1. 6-7

Así dice el Señor:
«Guardad el derecho, practicad la justicia, que mi salvación está para llegar, y se va a revelar mi victoria.
A los extranjeros que se han dado al Señor, para servirlo, para amar el nombre del Señor y ser sus servidores, que guardan el sábado sin profanarlo y perseveran en mi alianza, los traeré a mi monte santo, los alegraré en mi casa de oración, aceptaré sobre mi altar sus holocaustos y sacrificios; porque mi casa es casa de oración, y así la llamarán todos los pueblos.»

Palabra de Dios.

SALMO

Una oración de dimensiones universales: que todos los pueblos encuentren los caminos del Dios verdadero, que lo bendigan y acepten la salvación.

Salmo 66, 2-3. 5. 6 y 8 (R.: 4)

R.
Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

El Señor tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación.
R.

Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia,
riges los pueblos con rectitud
y gobiernas las naciones de la tierra.
R.

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.
Que Dios nos bendiga; que le teman
hasta los confines del orbe.
R.

SEGUNDA LECTURA

Como obsesionado por el rechazo y la oposición de «los de su raza» al evangelio, san Pablo quiere que los paganos, de los que él es el apóstol, compartan su esperanza. Nadie sabe cuándo ni cómo acogerán las promesas los primeros destinatarios de ellas. Pero hay que tener por cierto que «los dones y la llamada de Dios son irrevocables», y que la misericordia divina sigue ofreciéndose, y seguirá ofreciéndose siempre, a todos.

Los dones y la llamada de Dios son irrevocables para Israel.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 11 13-15. 29-32

Hermanos:
Os digo a vosotros, los gentiles:
Mientras sea vuestro apóstol, haré honor a mi ministerio, por ver si despierto emulación en los de mi raza y salvo a alguno de ellos.
Si su reprobación es reconciliación del mundo, ¿qué será su reintegración sino un volver de la muerte a la vida?
Pues los dones y la llamada de Dios son irrevocables.
Vosotros, en otro tiempo, erais rebeldes a Dios; pero ahora, al rebelarse ellos, habéis obtenido misericordia.
Así también ellos, que ahora son rebeldes, con ocasión de la misericordia obtenida por vosotros, alcanzarán misericordia.
Pues Dios nos encerró a todos en la rebeldía para tener misericordia de todos.

Palabra de Dios.

Aleluya Mt 4, 23

Aleluya. Aleluya
Cristo ha venido a curar y a salvar
a todos los que acuden a él gritando,
Dichoso quien pone en él su fe. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Jesús proclamaba el Evangelio del reino,
curando las dolencias del pueblo.
Aleluya.

EVANGELIO

«Tiro y Sidón» es una expresión con la que se designa a las naciones paganos. La misión de Jesús no abarca estos territorios. Pero no puede dejar de escuchar la plegaria insistente hecha con una fe ejemplar por una mujer venida de estos territorios. La cananea del evangelio aparece como un prototipo de los creyentes que vendrán del paganismo. Como auténtica discípula, se postra ante de Jesús y le suplica diciendo: «Señor, socórreme», «Kyrie, eleison».

Mujer, qué grande es tu fe

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 15, 21-28

En aquel tiempo, Jesús se marchó y se retiró al país de Tiro y Sidón.
Entonces una mujer cananea, saliendo de uno de aquellos lugares, se puso a gritarle:
-«Ten compasión de mí, Señor, Hijo de David. Mi hija tiene un demonio muy malo.»
Él no le respondió nada. Entonces los discípulos se le acercaron a decirle:
-«Atiéndela, que viene detrás gritando.»
Él les contestó:
-«Sólo me han enviado a las ovejas descarriadas de Israel.»
Ella los alcanzó y se postró ante él, y le pidió:
-«Señor, socórreme.»
Él le contestó:
-«No está bien echar a los perros el pan de los hijos.»
Pero ella repuso:
-«Tienes razón, Señor; pero también los perros se comen las migajas que caen de la mesa de los amos.»
Jesús le respondió:
-«Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas.»
En aquel momento quedó curada su hija.

Palabra de Dios



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