lunes, 8 de septiembre de 2014

14/09/2014 - La Exaltación de la Santa Cruz (A)

Lecturas y Evangelio del domingo

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La Exaltación de la Santa Cruz (A)


En el siglo IV se veneraba en Jerusalén, con gran devoción, una reliquia de la cruz de Cristo. En el año 325 se consagraron el mismo día dos basílicas: «el Martyrium», en el Gólgota, y «la Anastasis», dedicada a la resurrección del Señor. Testimonios de los años 383-385 afirman que el 13 de septiembre tenía lugar una celebración en la primera iglesia, y el 14, en la segunda. La presentación solemne de la cruz era la cumbre de esta doble liturgia. La celebración del 14 de septiembre se difundió rápidamente por Oriente, donde todavía hoy sigue siendo una gran fiesta. En Roma, el emperador Constantino (306-337) hizo construir, en el lugar que antes ocupaba un palacio, residencia de su madre, santa Elena, una iglesia llamada «Jerusalén» hasta el siglo XI, cuando recibió el nombre de «Santa Cruz de Jerusalén». Pero la fiesta del 14 de septiembre no se celebró en la liturgia latina hasta el siglo VII. La reforma litúrgica del Vaticano II, en sintonía con las Iglesias orientales, le ha devuelto la importancia del principio; desde entonces, como fiesta del Señor, sustituye al domingo cuando el 14 de septiembre coincide con este día de la semana.
El evangelio que hoy se propone es el mejor atestiguado por la tradición y, ciertamente, el que más relación tiene con el objeto de la fiesta. «Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único». La cruz de Cristo es el signo resplandeciente de este amor. La muerte de Jesús, exaltado a la gloria del Padre por su obediencia, es causa de la salvación de todos los hombres. El madero del suplicio en el que expiró el Hijo de Dios, que tomó la condición de esclavo, se ha convertido en el estandarte de su victoria sobre la muerte y el pecado, al mismo tiempo que en emblema de nuestra salvación y promesa de nuestra participación en la gloria del Señor. Desde el sacramento del nacimiento a la vida divina, pasando por todos los demás sacramentos, hasta el que conduce al umbral de la vida eterna, el cristiano está marcado por el signo de la cruz. La cruz está presente en las casas y en las iglesias, como en otro tiempo la serpiente de bronce que salvaba a los que la miraban. Pero aquí se trata de la salvación eterna al final de nuestro éxodo terreno. Sin embargo, la adoración de la cruz no es la adoración de un símbolo. Cuando nos arrodillamos delante del signo de nuestra redención, estamos adorando el nombre de Jesús y al Padre que «lo levantó sobre todo».

PRIMERA LECTURA

El éxodo es una especie de pará bola de toda la historia de la salvación, un espejo en el que el pueblo de los creyentes de todos los tiempos puede ver la imagen de sus continuas infidelidades. Es también una parábola del comportamiento de Dios con quienes lo abandonan. Se esfuerza en hacerlos volver al buen camino, haciéndoles tomar conciencia de su pecado. Al primer signo de arrepentimiento, en cuanto se vuelven de nuevo hacia él, él los salva. El episodio de la serpiente de bronce es un ejemplo memorable. Dios interviene de una manera inesperada, convirtiendo lo que era causa de muerte en motivo de salvación.

Miraban a la serpiente de bronce y quedaban curados.

Lectura del libro de los números 21,4b-9

En aquellos días, el pueblo estaba extenuado del camino, y habló contra Dios y contra Moisés:
- ¿Por qué nos has sacado de Egipto para morir en el desierto? No tenemos ni pan ni agua, y nos da náusea ese pan sin cuerpo.
El Señor envió contra el pueblo serpientes venenosas, que los mordían, y murieron muchos israelitas. Entonces el pueblo acudió a Moisés, diciendo:
- Hemos pecado hablando contra el Señor y contra ti; reza al Señor para que aparte de nosotros las serpientes.
Moisés rezó al Señor por el pueblo, y el Señor le respondió:
- Haz una serpiente venenosa y colócala en un estandarte: los mordidos de serpientes quedarán sanos al mirarla.
Moisés hizo una serpiente de bronce y la colocó en un estandarte. Cuando una serpiente mordía a uno, él miraba a la serpiente de bronce y quedaba curado.

Palabra de Dios.

SALMO

Una serpiente de bronce erigida en el desierto, una cruz levantada en el Gólgota: Dios no se cansa nunca de curar y perdonar.

Salmo 77, 1-2. 34-35. 36-37. 38

R
No olvidéis las acciones del Señor.

Escucha, pueblo mío, mi enseñanza,
inclina el oído a las palabras de mi boca:
que voy a abrir mi boca a las sentencias,
para que broten los enigmas del pasado. R

Cuando los hacía morir, lo buscaban,
y madrugaban para volverse hacia Dios;
se acordaban de que Dios era su roca,
el Dios Altísimo su redentor. R

Lo adulaban con sus bocas,
pero sus lenguas mentían:
su corazón no era sincero con él,
ni eran fieles a su alianza. R

Él, en cambio, sentía lástima,
perdonaba la culpa y no los destruía:
una y otra vez reprimió su cólera,
y no despertaba todo su furor. R

SEGUNDA LECTURA

Fragmento de un himno litúrgico muy antiguo. Rebajamiento voluntario de la condición divina a la humana, muerte en una cruz por nuestra salvación, exaltación en la gloria del Padre: es el itinerario pascual de Cristo Jesús. Reconocer en él al Salvador es alcanzar la vida.

Se rebajó, por eso Dios lo levantó sobre todo.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses 2,6-11

Cristo, a pesar de su condición divina,
no hizo alarde de su categoría de Dios;
al contrario,
se despojó de su rango
y tomó la condición de esclavo,
pasando por uno de tantos.
Y así, actuando como
un hombre cualquiera,
se rebajó
hasta someterse incluso a la muerte,
y una muerte de cruz.
Por eso Dios lo levantó sobre todo
y le concedió el
«Nombre-sobre-todo-nombre»;
de modo que al nombre de Jesús
toda rodilla se doble
en el cielo, en la tierra, en el abismo,
y toda lengua proclame:
¡Jesucristo es Señor!,
para gloria de Dios Padre.

Palabra de Dios.

ALELUYA

Aleluya. Aleluya .
Gloria a ti, Señor Jesús,
que no vienes para juzgar al mundo,
sino para que el mundo se salve por ti. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos,
porque con tu cruz has redimido al mundo, Aleluya.

EVANGELIO

Cristo elevado en la cruz es revelación del amor de Dios y causa de salvación para todos los que lo miran con fe.

Tiene que ser elevado el Hijo del hombre.

+ Lectura del santo evangelio según san Juan 3,13-17

En aquel tiempo, dijo Jesús a Nicodemo:
- Nadie ha subido al cielo, sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre.
Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna.
Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna.
Porque Dios no mandó su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.

Palabra de Dios.



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