lunes, 13 de octubre de 2014

19/10/2014 - 29º domingo Tiempo ordinario (A)

Lecturas y Evangelio del domingo

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29º domingo Tiempo ordinario (A)


En el catálogo de los santos están inscritos reyes y reinas y algunos grandes hombres de Estado. Pero entre ellos, son pocos los que pertenecen a la historia moderna. Y es que la Iglesia no se prodiga en la canonización de tales personalidades, por admirables que sean. Enfrentados a situaciones complejas, en medio de un gran pluralismo de opiniones religiosas y de otros órdenes, con presiones, a menudo incontrolables, de todo tipo, los responsables políticos, especialmente en nuestros días, se ven obligados a tomar, a veces, decisiones más o menos alejadas del ideal evangélico. En todo caso, tanto para ellos como para los más humildes, el juicio de la Iglesia se refiere sólo a lo que se llama «heroicidad de las virtudes». Pero ha ocurrido que, queriendo o sin querer, algunos «reyes» han sido en su época instrumentos en manos de Dios. Se ha constatado después. Así es como Isaías evoca la actuación del «Ungido, Ciro», sin dejar de recordar que Dios es el único y verdadero Señor.
Hay que guardarse, pues, de considerar a cualquiera como un «hombre providencial» al que se debe sumisión ciega. Incluso el aprecio y la deferencia legítima hacia cualquier autoridad impone cierta vigilancia y actitud crítica. Así es como han actuado siempre los profetas. A quien pretendía establecer el reino de Dios, le decían: «No, tú no eres el Mesías que ha de venir a instaurar el Reino prometido!». Por tanto, hay que evitar cualquier confusión entre el cielo y la tierra, entre la ciudad terrena y la ciudad del cielo.
Otro error consiste en decir: «Hay que elegir: o Dios o el César; lo que se le da a uno se le quita al otro». Esta manera de hablar rara vez va desprovista de segundas intenciones. Se invocan los deberes para con el César para eludir lo que se debe a Dios, o viceversa, cuando no se hace alternativamente, según la conveniencia y los intereses del momento. Jesús es claro: «Dad al César lo que es del César». Por eso la Iglesia ha inculcado siempre los deberes cívicos y ha orado por los gobernantes, incluso cuando estos la perseguían. Pero el único a quien se debe culto es el Señor.
Una vez comprendido esto, todos hemos de obrar con valentía y confianza para llevar al corazón del mundo, tal como es, la fe, la esperanza y el amor, con la convicción de que el Evangelio es «fuerza del Espíritu Santo».

PRIMERA LECTURA

¿Es posible que un rey pagano fuera «enviado» de Dios? Sí. en el sentido que, aun sin saberlo, se convirtió en instrumento de su designio. Pero el único dueño verdadero de la historia de la salvación es el Señor.

Llevó de la mano a Ciro para doblegar ante él las naciones.

Lectura del libro de Isaías 45, 1. 4-6

Así dice el Señor a su Ungido, a Ciro, a quien lleva de la mano:
«Doblegaré ante él las naciones, desceñiré las cinturas de los reyes, abriré ante él las puertas, los batientes no se le cerrarán.
Por mi siervo Jacob, por mi escogido Israel, te llamé por tu nombre, te di un título, aunque no me conocías.
Yo soy el Señor y no hay otro; fuera de mí, no hay dios.
Te pongo la insignia, aunque no me conoces, para que sepan de Oriente a Occidente que no hay otro fuera de mí.
Yo soy el Señor, y no hay otro.»

Palabra de Dios.

SALMO

No hay Otro dios fuera de Dios: glorioso, grande, muy digno de alabanza,
temible, creador, santo, rey, recto.

Salmo 95, 1 y 3. 4-5. 7-8. 9-10a y e (R.: 7b)

R
Aclamad la gloria y el poder del Señor.

Cantad al Señor un cántico nuevo,
cantad al Señor, toda la tierra.
Contad a los pueblos su gloria,
sus maravillas a todas las naciones. R

Porque es grande el Señor, y muy digno de alabanza,
más temible que todos los dioses.
Pues los dioses de los gentiles son apariencia,
mientras que el Señor ha hecho el cielo. R

Familias de los pueblos, aclamad al Señor,
aclamad la gloria y el poder del Señor,
aclamad la gloria del nombre del Señor,
entrad en sus atrios trayéndole ofrendas. R

Postraos ante el Señor en el atrio sagrado,
tiemble en su presencia la tierra toda;
decid a los pueblos: «El Señor es rey,
él gobierna a los pueblos rectamente.» R

SEGUNDA LECTURA

Este es el primero de los cinco pasajes que leeremos a partir de hoy, del más antiguo de los escritos del Nuevo Testamento: sólo unos veinte años después de la muerte de Cristo. Se da ya el nombre de «Iglesia» a una comunidad cristiana, en este caso la de Tesalónica. La adhesión, no sólo de palabra sino con obras, al mensaje evangélico (la fe), la práctica del «mandamiento nuevo» (el amor) y la confianza firme en las promesas divinas, acompañada del deseo de verlas cumplidas (la esperanza), caracterizan a toda comunidad eclesial que vive bajo la égida del Padre y del Hijo, animada por el Espíritu.

Recordamos vuestra fe, vuestro amor y vuestra esperanza.

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses 1, 1-5b

Pablo, Silvano y Timoteo a la Iglesia de los tesalonicenses, en Dios Padre y en el Señor Jesucristo. A vosotros, gracia y paz.
Siempre damos gracias a Dios por todos vosotros y os tenemos presentes en nuestras oraciones.
Ante Dios, nuestro Padre, recordamos sin cesar la actividad de vuestra fe, el esfuerzo de vuestro amor y el aguante de vuestra esperanza en Jesucristo, nuestro Señor.
Bien sabemos, hermanos amados de Dios, que él os ha elegido y que, cuando se proclamó el Evangelio entre vosotros, no hubo sólo palabras, sino además fuerza del Espíritu Santo y convicción profunda.

Palabra de Dios.

ALELUYA Flp 2, 15d. l6a

Aleluya. Aleluya.
Pagadle al César lo que es del César,
Y a Dios lo que es de Dios. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Brilláis como lumbreras del mundo,
mostrando una razón para vivir. Aleluya.

EVANGELIO

Incluso cuando no se plantea para tender una trampa al interlocutor la cuestión de «o Dios o el César» pone siempre, en mayor o menor medida, en un aprieto, y no siempre se le puede dar una respuesta simple. Sin embargo, la que da Jesús, bien tajante, parece serlo. Pero el hecho de que se haya usado para fomentar o justificar prácticas opuestas invita a mirar el asunto con más detenimiento. En realidad, el César y Dios no están en el mismo plano. Hay que cumplir los deberes para con «el emperador», pero sin olvidar las obligaciones para con Dios, que es el único Señor.

Pagadle al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 22, 15-21

En aquel tiempo, se retiraron los fariseos y llegaron a un acuerdo para comprometer a Jesús con una pregunta. Le enviaron unos discípulos, con unos partidarios de Herodes, y le dijeron:
-«Maestro, sabemos que eres sincero y que enseñas el camino de Dios conforme a la verdad; sin que te importe nadie, porque no miras lo que la gente sea. Dinos, pues, qué opinas: ¿es lícito pagar impuesto al César o no?»
Comprendiendo su mala voluntad, les dijo Jesús:
-«Hipócritas, ¿por qué me tentáis? Enseñadme la moneda del impuesto.»
Le presentaron un denario. Él les preguntó:
_«¿De quién son esta cara y esta inscripción?»
Le respondieron:
-«Del César.»
Entonces les replicó:
-«Pues pagadle al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.»

Palabra de Dios.



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