lunes, 20 de octubre de 2014

26/10/2014 - 30º domingo Tiempo ordinario (A)

Lecturas y Evangelio del domingo

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30º domingo Tiempo ordinario (A)


Los cinco primeros libros de la Biblia —Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio— forman el Pentateuco, que es fruto de una historia literaria larga y compleja. Se conoce también con el nombre de «Torá», o «Ley», o incluso como «Ley de Moisés». En el estado actual del libro del Éxodo, el texto del «Decálogo», las «Diez palabras», como dicen los judíos, va seguido de lo que se conoce hoy como el «Código de la alianza». Es una serie de prescripciones redactadas más tarde, bastante después de la salida de Egipto. Dado que precisan el sentido y las aplicaciones concretas de los mandamientos grabados en las «Tablas de la Ley» entregadas en el Sinaí, se presentan y consideran como transmitidas por Moisés siguiendo órdenes de Dios. Este origen divino las distingue de los códigos elaborados por los hombres. Como parte integrante de la carta fundacional del pueblo de Dios, reflejan la experiencia que hizo tomar a este pueblo mayor conciencia de la extensión y alcance de la primera legislación.
Al proclamarlas, el Señor se revela como cercano a los suyos. Se acerca personalmente a cada uno. Vela personalmente por la aplicación de sus preceptos, en particular los concernientes al comportamiento con los pobres y los débiles, ya que la manera de tratarlos a ellos le afecta directamente. Lo cierto es que Dios es todo lo contrario a un legislador frío y lejano. Consiguientemente, la obediencia a esta Ley y la conducta que promueve excluyen toda forma y todo espíritu de ese legalismo que amenaza sin cesar y que Jesús combatió con renovado esfuerzo.
«La Ley entera y los profetas» dependen del doble mandamiento del amor a Dios y al prójimo. Este excluye toda interpretación y toda aplicación concreta de las prescripciones de la Ley que le sean contrarias. El amor a Dios y al prójimo es el criterio último de la conducta conforme a la voluntad de Dios. Y se aplica siempre y en toda circunstancia, sin excepción.
¡No se puede regatear con las exigencias del amor! Creer es acoger, «con la alegría del Espíritu Santo», la palabra del «Dios vivo y verdadero», llevada a perfecto cumplimiento por el Hijo, la Palabra hecha carne, y traducirla en obras en todas las circunstancias de la vida ordinaria.

PRIMERA LECTURA

Que el recuerdo de los malos tratos que habéis soportado, o que han sufrido personas cercanas a vosotros, os guarde de hacer vosotros otro tanto con los demás; no os aprovechéis de la situación de los pobres y los indigentes, dice el Señor Sus gritos suben hasta mí. Yo les haré justicia.

Si explotáis a viudas y huérfanos, se encenderá mi ira contra vosotros.

Lectura del libro del Éxodo 22, 20-26

Así dice el Señor:
«No oprimirás ni vejarás al forastero, porque forasteros fuisteis vosotros en Egipto.
No explotarás a viudas ni a huérfanos, porque, si los explotas y ellos gritan a mí, yo los escucharé. Se encenderá mi ira y os haré morir a espada, dejando a vuestras mujeres viudas y a vuestros hijos huérfanos.
Si prestas dinero a uno de mi pueblo, a un pobre que habita contigo, no serás con él un usurero, cargándole intereses.
Si tomas en prenda el manto de tu prójimo, se lo devolverás antes de ponerse el sol, porque no tiene otro vestido para cubrir su cuerpo, ¿y dónde, si no, se va a acostar? Si grita a mí, yo lo escucharé, porque yo soy compasivo.»

Palabra de Dios.

SALMO

Acción de gracias y alabanza a Dios. Él es mi fuerza salvadora, mi baluarte, y me libra de mis enemigos.

Salmo 17, 2-3a. 3bc-4. 47 y 51ab(R.: 2)

R
Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza.

Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza;
Señor, mi roca, mi alcázar, mi libertador. R

Dios mío, peña mía, refugio mío, escudo mío,
mi fuerza salvadora, mi baluarte.
Invoco al Señor de mi alabanza
y quedo libre de mis enemigos. R

Viva el Señor, bendita sea mi Roca,
sea ensalzado mi Dios y Salvador.
Tú diste gran victoria a tu rey,
tuviste misericordia de tu Ungido. R

SEGUNDA LECTURA

El anuncio del Evangelio esfuerza del Espíritu Santo, decía san Pablo el domingo pasado. El lo había experimentado personalmente al fundar la comunidad de Tesalónica. Ahora se lo recuerda a los nuevos cristianos de esa ciudad, animándolos a confiar cada vez más en la Palabra, que han acogido en medio de innumerables pruebas (Hch 17,1 -15).

Abandonasteis los ídolos para servir a Dios y vivir aguardando la vuelta de su Hijo.

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses 1, 5c-10

Hermanos:
Sabéis cuál fue nuestra actuación entre vosotros para vuestro bien. Y vosotros seguisteis nuestro ejemplo y el del Señor, acogiendo la palabra entre tanta lucha con la alegría del Espíritu Santo. Así llegasteis a ser un modelo para todos los creyentes de Macedonia y de Acaya.
Desde vuestra Iglesia, la palabra del Señor ha resonado no sólo en Macedonia y en Acaya, sino en todas partes. Vuestra fe en Dios habla corrido de boca en boca, de modo que nosotros no teníamos necesidad de explicar nada, ya que ellos mismos cuentan los detalles de la acogida que nos hicisteis: cómo, abandonando los ídolos, os volvisteis a Dios, para servir al Dios vivo y verdadero, y vivir aguardando la vuelta de su Hijo Jesús desde el cielo, a quien ha resucitado de entre los muertos y que nos libra del castigo futuro.

Palabra de Dios.

ALELUYA Jn 14, 23

Aleluya. Aleluya.
Amar a Dios con todo el corazón,
Y al prójimo como a uno mismo
sostiene la Ley entera y los profetas. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
El que me ama guardará mi palabra
-dice el Señor-,
y mi Padre lo amará, y vendremos a él. Aleluya.

EVANGELIO

Todavía hoy seguimos preguntándonos por el mandamiento más importante, y no siempre con recta intención. La respuesta de Jesús, clara e inapelable, no deja lugar a ningún tipo de casuística reductora: nunca se han satisfecho bastante las exigencias del doble mandamiento.

Amarás al Señor, tu Dios, y a tu prójimo como a ti mismo.

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 22, 34-40

En aquel tiempo, los fariseos, al oír que Jesús habla hecho callar a los saduceos, formaron grupo, y uno de ellos, que era experto en la Ley, le preguntó para ponerlo a prueba:
-«Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la Ley?»
Él le dijo:
-«"Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser."
Este mandamiento es el principal y primero. El segundo es semejante a él:
"Amarás a tu prójimo como a ti mismo."
Estos dos mandamientos sostienen la Ley entera y los profetas.»

Palabra de Dios.



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