lunes, 24 de febrero de 2014

02/03/2014 - 8º domingo Tiempo ordinario (A)

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Lecturas y Evangelio del domingo

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2 de marzo de 2014

8º domingo Tiempo ordinario (A)


El «sermón de la montaña» se dirige a creyentes que tienen experiencia de la Buena Noticia y de las exigencias de la vida evangélica: «Sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto» (evangelio del domingo pasado). No hay bautismo sin rechazo de toda forma de idolatría. Por eso, los cristianos saben desde ese momento o porque lo han aprendido a lo largo de los años de catequesis, que «no se puede servir a Dios y al dinero», tirano absoluto y despótico, ídolo que exige toda suerte de sacrificios. Pero, como ocurre con el adulterio (Mt 5,28), con el que la Escritura compara a menudo la idolatría, de lo que se trata, ante todo, es del «corazón» y de los deseos.
El aprecio exagerado de los bienes materiales está en la raíz del culto al dinero. Para conducir a sus oyentes a una justa jerarquía de valores, Jesús empieza apelando al sentido común: ¿«No vale más la vida que el alimento», que sirve para mantenerla, «y el cuerpo más que el vestido» que lo cubre? Pero él no ha venido a enseñar una sabiduría humana. Buscar ávidamente los bienes materiales es desconocer el amor paterno de Dios: «Aunque una madre olvidara al hijo de sus entrañas, yo no te olvidaré». Hay que depositar la confianza en la ternura de Dios, que vela por sus criaturas más pequeñas. Pero no por ello deja de ser necesario «ganarse el pan con el sudor de la frente»; «el que no trabaja, que no coma», escribe san Pablo a los tesalonicenses (2Ts 3,10). Lo mismo que es condenable abandonar a los necesitados en las manos de Dios sin hacer todo lo posible por socorrer sus necesidades (Mt 25,4 1-45).
«Sobre todo buscad el reino de Dios y su justicia», el bien supremo que ha de ser la preocupación primordial de la vida entera. Esta es la regla de oro que se impone en todo momento y en toda circunstancia. «Lo demás se os dará por añadidura»; debéis esperarlo de Dios, y pedírselo con confianza de hijos al más solícito y tierno de los padres.
Es lo que proclamamos cada vez que rezamos «la oración que Cristo nos enseñó». Al llamar a Dios «Padre nuestro», le pedimos «sobre todo» y en primer lugar que «venga a nosotros su reino» y, «por añadidura», que nos dé «hoy» «nuestro pan de cada día».

PRIMERA LECTURA

La ternura del corazón de Dios es incomparable.

Yo no te olvidaré.

Lectura del libro de Isaías 49, 14-15

Sión decía:
«Me ha abandonado el Señor, mi dueño me ha olvidado.»
¿Es que puede una madre olvidarse, de su criatura, no conmoverse por el hijo de sus entrañas?
Pues, aunque ella se olvide, yo no te olvidaré.

Palabra de Dios.

SALMO

Especie de letanía en la que las imágenes se agolpan tratando de expresar lo mejor posible la confianza del creyente en el amor indefectible de Dios.

Salmo 61, 2-3. 6-7. 8-9ab(R.: 6a)

R.
Descansa sólo en Dios, alma mía.

Sólo en Dios descansa mi alma,
porque de él viene mi salvación;
sólo él es mi roca y mi salvación;
mi alcázar: no vacilaré. R.

Descansa sólo en Dios, alma mía,
porque él es mi esperanza;
sólo él es mi roca y mi salvación,
mi alcázar: no vacilaré. R.

De Dios viene mi salvación y mi gloria,
él es mi roca firme, Dios es mi refugio.
Pueblo suyo, confiad en él,
desahogad ante él vuestro corazón. R.

SEGUNDA LECTURA

En el ejercicio de su ministerio, el responsable de una comunidad eclesial no debe preocuparse de las críticas y los juicios de los hombres. Ha de pensar más bien en el día en que todo saldrá a la luz, incluso las intenciones más hondas. Así, pues, nada de arrogancia en la libertad del apóstol, sino, por el contrario, profunda reverencia hacia Dios, conciencia de su propia debilidad y confianza total en la misericordia de Dios.

El Señor pondrá al descubierto los designios del corazón.

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 4, 1-5

Hermanos:
Que la gente sólo vea en nosotros servidores de Cristo y administradores de los misterios de Dios. Ahora, en un administrador, lo que se busca es que sea fiel. Para mí, lo de menos es que me pidáis cuentas vosotros o un tribunal humano; ni siquiera yo me pido cuentas. La conciencia, es verdad, no me remuerde; pero tampoco por eso quedo absuelto: mi juez es el Señor.
Así, pues, no juzguéis antes de tiempo: dejad que venga el Señor. Él iluminará lo que esconden las tinieblas y pondrá al descubierto los designios del corazón; entonces cada uno recibirá la alabanza de Dios.

Palabra de Dios.

Aleluya Hb 4, 12

Aleluya, aleluya.
La palabra de Dios es viva y eficaz;
juzga los deseos e intenciones del corazón. Aleluya

Aleluya. Aleluya.
Contad con Dios en todo momento,
Porque sólo de él viene la salvación. Aleluya

EVANGELIO

Los discípulos del Señor lo saben: el servicio de Dios y la idolatría del dinero son totalmente incompatibles. Son conscientes igualmente de haber hecho una opción que siempre implica renuncias más o menos difíciles de asumir. En lugar de señalarlas en detalle, Jesús enuncia algunos principios de discernimiento a los que todos, y en todo momento, deben remitirse para verificar la autenticidad de su adhesión a Dios y determinar sus comportamientos: el lugar de los bienes materiales en la escala de valores; las preocupaciones diarias más importantes; el grado de confianza en Dios. «Sobre todo buscad el reino de Dios y su justicia»: esta es la regla de oro.

No os agobiéis por el mañana.

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 6, 24-34

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
-«Nadie puede estar al servicio de dos amos. Porque despreciará a uno y querrá al otro; o, al contrario, se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero.
Por eso os digo: No estéis agobiados por la vida, pensando qué vais a comer o beber, ni por el cuerpo, pensando con qué os vais a vestir. ¿No vale más la vida que el alimento, y el cuerpo que el vestido? Mirad a los pájaros: ni siembran, ni siegan, ni almacenan y, sin embargo, vuestro Padre celestial los alimenta. ¿No valéis vosotros más que ellos?
¿Quién de vosotros, a fuerza de agobiarse, podrá añadir una hora al tiempo de su vida?
¿Por qué os agobiáis por el vestido? Fijaos cómo crecen los lirios del campo: ni trabajan ni hilan. Y os digo que ni Salomón, en todo su fasto, estaba vestido como uno de ellos. Pues, si a la hierba, que hoy está en el campo y mañana se quema en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más por vosotros, gente de poca fe? No andéis agobiados, pensando qué vais a comer, o qué vais a beber, o con qué os vais a vestir. Los gentiles se afanan por esas cosas. Ya sabe vuestro Padre del cielo que tenéis necesidad de todo eso.
Sobre todo buscad el reino de Dios y su justicia; lo demás se os dará por añadidura. Por tanto, no os agobiéis por el mañana, porque el mañana traerá su propio agobio. A cada día le bastan sus disgustos. »

Palabra de Dios.



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lunes, 17 de febrero de 2014

23/02/2014 - 7º domingo Tiempo ordinario (A)

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Lecturas y Evangelio del domingo

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23 de febrero de 2014

7º domingo Tiempo ordinario (A)


Después del exordio del «sermón de la montaña», san Mateo agrupa una serie de enseñanzas de Jesús que muestran cómo deben entender y practicar la Ley los discípulos. Nada de teorías ni, propiamente hablando, dé prescripciones realmente novedosas, sino unos cuantos ejemplos, a veces intencionadamente exagerados, para orientar en el sentido correcto la conducta concreta y cotidiana de los discípulos frente a todo tipo de situaciones, incluso insólitas, que, por definición, un código legislativo no puede prever.
«Ojo por ojo, diente por diente». Es la ley llamada «del talión» (Ex 21,24; Lv 24,20; Dt 19,21). Hoy esta fórmula nos choca, más aún cuando se la cita fuera de su contexto. Se trata de un principio con el que se ponía fin a la espiral de la venganza privada y a las crueles represalias llevadas a cabo indefinidamente entre grupos y clanes. La Ley sustituía la violencia ciega y desenfrenada por una justa proporción entre la gravedad del crimen cometido y el daño causado, por una parte, y el castigo y la reparación, por otra.
Jesús se sitúa en un plano totalmente distinto del de los códigos de justicia, sin los cuales no puede haber sociedad de derecho. No pide que nos comportemos como ingenuos, ni mucho menos que nos inhibamos ante la injusticia y la violencia. Pero afirma rotundamente: en toda circunstancia, sed artífices eficaces de la paz y la reconciliación, estando dispuestos incluso a «excederos»: a poner la otra mejilla, a prestar el manto y la túnica, a dar al que pide hasta de forma abusiva. También en esto Jesús da plenitud a la Ley. El libro del Levítico, que hace suyo el principio «ojo por ojo, diente por diente» prohíbe el odio incluso de pensamiento, la venganza y el rencor. La prohibición se hace en virtud del mandamiento del amor al prójimo «como a uno mismo», justificado por esta declaración de Dios: «Seréis santos, porque yo, el Señor, vuestro Dios, soy santo». Jesús en persona es la revelación suprema de esta santidad y de este amor infinito de Dios. El, el Justo enviado al mundo, ha entregado su vida en la cruz propia de los malhechores por la salvación de los pecadores.
¡Locura de Dios, sabiduría suprema! ¡Poder de Dios que hace de nosotros su templo, habitado por el Espíritu Santo! Todo nos pertenece, porque nosotros somos de Cristo y Cristo de Dios.

PRIMERA LECTURA

«Yo soy el Señor»,’ «Seréis santos, porque yo, el Señor, vuestro Dios, soy santo». La omnipotencia y la santidad divinas van de la mano. Dios ha promulgado sus mandamientos en virtud de este doble título. Por eso hay que cumplirlos por sumisión a su autoridad y para honrar su santidad, de la que esta obediencia hace partícipes.

Amarás a tu prójimo como a ti mismo.

Lectura del libro del Levítico 19, 1-2.17-18

El Señor habló a Moisés:
-«Habla a la asamblea de los hijos de Israel y diles:
"Seréis santos, porque yo, el Señor, vuestro Dios, soy santo.
No odiarás de corazón a tu hermano. Reprenderás a tu pariente, para que no cargues tú con su pecado.
No te vengarás ni guardarás rencor a tus parientes, sino que amarás a tu prójimo como a ti mismo.
Yo soy el Señor. " »

Palabra de Dios.

SALMO

Acción de gracias del pecador que experimenta la alegría del perdón.

Salmo 102, 1-2.3-4.8 y 10. 12-13 (R.: 8a)

R.
El Señor es compasivo y misericordioso.

Bendice, alma mía, al Señor,
y todo mi ser a su santo nombre.
Bendice, alma mía, al Señor,
y no olvides sus beneficios. R.

Él perdona todas tus culpas
y cura todas tus enfermedades;
él rescata tu vida de la fosa
y te colma de gracia y de ternura. R.

El Señor es compasivo y misericordioso,
lento a la ira y rico en clemencia;
no nos trata como merecen nuestros pecados
ni nos paga según nuestras culpas. R.

Como dista el oriente del ocaso,
así aleja de nosotros nuestros delitos.
Como un padre siente ternura por sus hijos,
siente el Señor ternura por sus fieles. R.

SEGUNDA LECTURA

«Templo de Dios habitado por el Espíritu de Dios»: las divisiones, las rivalidades, el recurso a una supuesta sabiduría humana, son en cierto modo sacrilegios. «Todo es vuestro»: los apóstoles, los predicadores y todos los demás están al servicio de la construcción de este templo. « Vosotros sois de Cristo»: no os atéis a nadie; aferraos firmemente sólo al Señor. «Cristo es de Dios»: nadie pretenda ser su propietario.

Todo es vuestro, vosotros de Cristo, y Cristo de Dios.

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 3, 16-23

Hermanos:
¿No sabéis que sois templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en vosotros?
Si alguno destruye el templo de Dios, Dios lo destruirá a él; porque el templo de Dios es santo: ese templo sois vosotros.
Que nadie se engañe. Si alguno de vosotros se cree sabio en este mundo, que se haga necio para llegar a ser sabio.
Porque la sabiduría de este mundo es necedad ante Dios, como está escrito: «Él caza a los sabios en su astucia.» Y también: «El Señor penetra los pensamientos de los sabios y conoce que son vanos.»
Así, pues, que nadie se gloríe en los hombres, pues todo es vuestro: Pablo, Apolo, Cefas, el mundo, la vida, la muerte, lo presente, lo futuro. Todo es vuestro, vosotros de Cristo, y Cristo de Dios.

Palabra de Dios.

Aleluya Jn 2, 5

Aleluya. Aleluya.
Los que aman y perdonan
esos son verdaderos hijos de Dios. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Quien guarda la palabra de Cristo,
ciertamente el amor de Dios ha llegado en él
a su plenitud.
Aleluya.

EVANGELIO

Dos nuevos ejemplos del modo como los discípulos deben cumplir la Ley y los profetas: oponer el bien al mal; salir al paso de las necesidades de todos, cualquiera que sea la manera en que se expresen; amar incluso a l5xenemigos y pedir a Dios que los perdone. El evangelio es un código de santidad que tiene su fuente en el Padre del cielo, y que Jesús ha enseñado por medio de palabras y, de manera perfecta, por medio de sus obras.

Amad a vuestros enemigos.

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 5, 38-48

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
-«Habéis oído que se dijo: "Ojo por ojo, diente por diente." Yo, en cambio, os digo: No hagáis frente al que os agravia. Al contrario, si uno te abofetea en la mejilla derecha, preséntale la otra; al que quiera ponerte pleito para quitarte la túnica, dale también la capa; a quien te requiera para caminar una milla, acompáñale dos; a quien te pide, dale, y al que te pide prestado, no lo rehúyas.
Habéis oído que se dijo: "Amarás a tu prójimo" y aborrecerás a tu enemigo. Yo, en cambio, os digo: Amad a vuestros enemigos, y rezad por los que os persiguen. Así seréis hijos de vuestro Padre que está en el cielo, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos.
Porque, si amáis a los que os aman, ¿qué premio tendréis? ¿No hacen lo mismo también los publicanos? Y, si saludáis sólo a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de extraordinario? ¿No hacen lo mismo también los gentiles? Por tanto, sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto.»

Palabra de Dios.



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lunes, 10 de febrero de 2014

16/02/2014 - 6º domingo Tiempo ordinario (A)

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Lecturas y Evangelio del domingo

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16 de febrero de 2014

6º domingo Tiempo ordinario (A)


Durante cuatro domingos más la liturgia sigue inspirada por el «sermón de la montaña». En su evangelio, san Mateo, apoyándose en abundantes citas bíblicas, proclama en todo momento que, desde sus orígenes hasta su muerte y resurrección, tanto en su enseñanza como en su comportamiento, Jesús da cumplimiento a las Escrituras. Para este evangelista, la novedad de la Buena Noticia y de la vida evangélica no se entiende sino dentro de la tradición de Moisés y los profetas. Nada lo muestra mejor que el modo como Jesús hace suyos los tres grandes «mandamientos» del respeto a la vida ajena, la fidelidad conyugal y la verdad de las palabras.
Ante todo, un principio fundamental: el legalismo no tiene en cuenta la intención de Dios, autor de la ley; pervierte el sentido de los mandamientos, haciendo que su cumplimiento resulte inútil de cara al reino de los cielos. El legalismo engendra la casuística, que, cuando no encuentra escapatorias, argumenta sobre las obligaciones para tratar de cumplirlas con el menos esfuerzo posible. De manera consciente o inconsciente, esta actitud hace de Dios un legislador lejano y frío, preocupado únicamente por mantener cierto orden moral de fachada. Sin embargo, Dios dio la ley con una intención totalmente distinta: «Seréis santos, porque yo, el Señor vuestro Dios, soy santo» (Lv 11,45; 19,2). Y Jesús concluye el largo discurso recogido por san Mateo con idénticos términos: «Sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto» (5,48). El legalismo, en cambio, al atenerse a la letra descuidando el espíritu, no puede dar más que una justicia legal, externa. Jesús, que «ha venido a dar plenitud» a las Escrituras, propugna la justicia según Dios y abre el cumplimiento de los mandamientos a perspectivas infinitas, hasta la perfección del amor. Proclama que la Ley reclama un compromiso total del ser, una obediencia gestada en lo más profundo de cada uno: en su «corazón».
Esta relación con los mandamientos excluye todo lo que, de cerca o de lejos, pueda parecerse a un ciego servilismo. Efectivamente, Dios considera a su criatura capaz de optar libremente por el porvenir de paz y felicidad que él le propone (Si 15,15-20). Quien medita la ley del Señor y conforma su vida a ella adquiere una sabiduría que no es de este mundo, porque le permite penetrar en los secretos del misterio de Dios (Co 2,6-10).

PRIMERA LECTURA

A causa de los límites de su inteligencia y de su capacidad de discernimiento, a menudo el hombre se encuentra perplejo a la hora de decidir, sintiéndose incapaz de distinguir de manera inmediata y con toda certeza, entre el bien y el mal. Pero la ley de Dios viene en su ayuda. Así, iluminado por la sabiduría divina, el hombre está en condiciones de tomar libremente una buena opción.

No mandó pecar al hombre.

Lectura del libro del Eclesiástico 15, 16-21 (15, 15-20)

Si quieres, guardarás los mandatos del Señor, porque es prudencia cumplir su voluntad; ante ti están puestos fuego y agua: echa mano a lo que quieras; delante del hombre están muerte y vida: le darán lo que él escoja. Es inmensa la sabiduría del Señor, es grande su poder y lo ve todo; los ojos de Dios ven las acciones, él conoce todas las obras del hombre; no mandó pecar al hombre, ni deja impunes a los mentirosos.

Palabra de Dios.

SALMO

Alegría de poder cumplir los mandamientos de todo corazón y con plena libertad para expresar nuestro amor a Dios.

Salmo 118, 1-2. 4-5. 17-18. 33-34 (R.: lb)

R.
Dichoso el que camina en la voluntad del Señor.

Dichoso el que, con vida intachable,
camina en la voluntad del Señor;
dichoso el que, guardando sus preceptos,
lo busca de todo corazón. R.

Tú promulgas tus decretos
para que se observen exactamente.
Ojalá esté firme mi camino,
para cumplir tus consignas. R.

Haz bien a tu siervo: viviré
y cumpliré tus palabras;
ábreme los ojos, y contemplaré
las maravillas de tu voluntad. R.

Muéstrame, Señor, el camino de tus leyes,
y lo seguiré puntualmente;
enséñame a cumplir tu voluntad
y a guardarla de todo corazón. R.

SEGUNDA LECTURA

Sin comparación con la de los hombres, la sabiduría que da el Espíritu abre a la comprensión de los misterios de Dios y permite ver al Señor de la gloria en aquel a quien los hombres crucificaron.

Dios predestinó la sabiduría antes de los siglos para nuestra gloria.

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 2, 6-10

Hermanos:
Hablamos, entre los perfectos, una sabiduría que no es de este mundo, ni de los príncipes de este mundo, que quedan desvanecidos, sino que enseñamos una sabiduría divina, misteriosa, escondida, predestinada por Dios antes de los siglos para nuestra gloria.
Ninguno de los príncipes de este mundo la ha conocido; pues, si la hubiesen conocido, nunca hubieran crucificado al Señor de la gloria.
Sino, como está escrito: «Ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni el hombre puede ~sar lo que Dios ha preparado para los que lo aman.»
Y Dios nos lo ha revelado por el Espíritu. El Espíritu lo sondea todo, incluso lo profundo de Dios.

Palabra de Dios.

Aleluya Cf. Mt 11, 25

Aleluya. Aleluya.
Cristo es el «Amén» perfecto a la voluntad del Padre,
él ha dado plenitud a la Ley. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Bendito seas, Padre, Señor de cielo y tierra,
porque has revelado los secretos del reino
a la gente sencilla. Aleluya.

EVANGELIO

Jesús, con la soberana autoridad que tiene por su intimidad con el Padre, enseña una lectura y una práctica de los mandamientos acordes con la intención profunda de Dios. «Habéis oído que se dijo... Pero yo os digo...». En las antípodas de cualquier tipo de moralismo, tanto del laxismo como del rigorismo, la moral evangélica brota de un corazón que se convierte sin cesar al Señor.

Se dijo a los antiguos, pero yo os digo.

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 5, 17-37

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
-«No creáis que he venido a abolir la Ley y los profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud. Os aseguro que antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde de la Ley.
El que se salte uno sólo de los preceptos menos importantes, y se lo enseñe así a los hombres será el menos importante en el reino de los cielos.
Pero quien los cumpla y enseñe será grande en el reino de los cielos.
Os lo aseguro: Si no sois mejores que los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos.
Habéis oído que se dijo a los antiguos: "No matarás", y el que mate será procesado.
Pero yo os digo: Todo el que esté peleado con su hermano será procesado. Y si uno llama a su hermano "imbécil', tendrá que comparecer ante el Sanedrín, y si lo llama "renegado", merece la condena del fuego.
Por tanto, si cuando vas a poner tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces vuelve a presentar tu ofrenda.
Con el que te pone pleito, procura arreglarte en seguida, mientras vais todavía de camino, no sea que te entregue al juez, y el juez al alguacil, y te metan en la cárcel. Te aseguro que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último cuarto.
Habéis oído el mandamiento "no cometerás adulterio". Pues yo os digo: El que mira a una mujer casada deseándola, ya ha sido adúltero con ella en su interior.
Si tu ojo derecho te hace caer, sácatelo y tíralo. Más te vale perder un miembro que ser echado entero en el infierno.
Si tu mano derecha te hace caer, córtatela y tírala, porque más te vale perder un miembro que ir a parar entero al infierno.
Está mandado: "El que se divorcie de su mujer, que le dé acta de repudio. "
Pues yo os digo: El que se divorcie de su mujer, excepto en caso de impureza, la induce al adulterio, y el que se case con la divorciada comete adulterio.
Habéis oído que se dijo a los antiguos: "No jurarás en falso" y "Cumplirás tus votos al Señor".
Pues yo os digo que no juréis en absoluto: ni por el cielo, que es el trono de Dios; ni por la tierra, que es estrado de sus pies; ni por Jerusalén, que es la ciudad del Gran Rey. Ni jures por tu cabeza, pues no puedes volver blanco o negro un solo pelo. A vosotros os basta decir "sí" o "no". Lo que pasa de ahí viene del Maligno.»

Palabra de Dios.



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lunes, 3 de febrero de 2014

09/02/2014 - 5º domingo Tiempo ordinario (A)

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Lecturas y Evangelio del domingo

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9 de febrero de 2014

5º domingo Tiempo ordinario (A)


«Vosotros sois la sal de la tierra, vosotros sois la luz del mundo. Alumbre así vuestra luz a los hombres». En un primer momento, estas afirmaciones pueden sorprender. Jesús acaba de declarar «dichosos» a los pobres, a los pequeños, porque ellos poseen las llaves del Reino futuro. Y de pronto, sin solución de continuidad, proclama de manera igualmente categórica su eminente dignidad, e incluso los exhorta a hacerla brillar ya desde ahora ante los ojos de todos, cuando poco más tarde dirá: «Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos» (Mt 6,1).
Esta última advertencia va dirigida contra la ostentación en la práctica individual de las buenas obras. En cambio, los discípulos juntos se comparan con «una ciudad puesta en lo alto de un monte». Por más que las ventanas no estén iluminadas, siempre habrá algunos cabos de vela encendidos que indiquen al viajero la presencia del pueblo. Sin duda, se puede aumentar artificialmente el resplandor por medio de proyectores que den buen aspecto incluso a edificios deteriorados. Pero aquí no se trata de eso. Jesús declara «dichosos» a los pobres, a los sufridos, a los que lloran, etc., por las disposiciones profundas de su «corazón»; y «desdichados» a los que tratan de engañar: a los «sepulcros encalados», que «por fuera tienen buena apariencia, pero por dentro están llenos de huesos y podredumbre» (Mt 23,27).
L1 gloria del Señor acompañará a los que «sacian el estómago del indigente», dice Isaías. Los sanará e iluminará las tinieblas en las que el pecado los había sumergido. El evangelio va más lejos. Los discípulos tienen ya en sí la luz de Dios. El bien que realizan la hace resplandecer a los ojos de los «hombres», para que den gloria «al Padre que está en el cielo». Nada de buscar, por tanto, la propaganda ruidosa, ni en beneficio de los discípulos, por supuesto, ni de su comunidad, ni siquiera de la Iglesia. La luz tiene que estar puesta en el candelero, pero no para alumbrarse a sí misma. Según el testimonio de san Pablo, hay que ceder todo el espacio al poder de Dios. Es en él, y no en la reputación de los hombres ni de ninguna institución, donde se debe apoyar la fe. En una época en la que, en bastantes países, la Iglesia y las comunidades cristianas no gozan del prestigio de otros tiempos, el mensaje del Apóstol es más actual que nunca.

PRIMERA LECTURA

Era la vuelta del destierro. Los más fuertes se reinstalaban sin preocuparse de los que, en gran número, pasaban por situaciones de miseria: hambrientos, sin abrigo, sometidos a las peores vejaciones. La vigorosa predicación de Isaías sigue siendo, desgraciadamente, de trágica actualidad cuando una competencia económica despiadada arroja a la miseria a un número de personas cada vez mayor, engendrando «nuevos pobres».

Romperá tu luz como la aurora.

Lectura del libro de Isaías 58, 7-10

Así dice el Señor:
«Parte tu pan con el hambriento, hospeda a los pobres sin techo, viste al que ves desnudo, y no te cierres a tu propia carne.
Entonces romperá tu luz como la aurora, en seguida te brotará la carne sana; te abrirá camino la justicia, detrás irá la gloria del Señor.
Entonces clamarás al Señor, y te responderá; gritarás, y te dirá: «Aquí estoy. »
Cuando destierres de ti la opresión, el gesto amenazador y la maledicencia, cuando partas tu pan con el hambriento y sacies el estómago del indigente, brillará tu luz en las tinieblas,' tu oscuridad se volverá mediodía.»

Palabra de Dios.

SALMO

Dichosos aquellos cuya vida refleja la luz de Dios.

Salmo 111, 4-5. 6-7. 8a y 9 (R.: 4a)

R.
El justo brilla en las tinieblas como una luz.

En las tinieblas brilla como una luz
el que es justo, clemente y compasivo.
Dichoso el que se apiada y presta,
y administra rectamente sus asuntos. R.

El justo jamás vacilará,
su recuerdo será perpetuo.
No temerá las malas noticias,
su corazón está firme en el Señor. R.

Su corazón está seguro, sin temor.
Reparte limosna a los pobres;
su caridad es constante, sin falta,
y alzará la frente con dignidad. R.

SEGUNDA LECTURA

La elocuencia y la sabiduría humanas dan valor a quien las posee, y pueden ser útiles para persuadir El predicador del evangelio no las desprecia. Pero tiene que desaparecer ante la trascendencia del mensaje que anuncia. Sólo el poder del Espíritu y la fuerza de la cruz pueden convertir los corazones.

Os anuncié el misterio de Cristo crucificado.

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 2, 1-5

Yo, hermanos, cuando vine a vosotros a anunciaros el misterio de Dios, no lo hice con sublime elocuencia o sabiduría, pues nunca entre vosotros me precié de saber cosa alguna, sino a Jesucristo, y éste crucificado.
Me presenté a vosotros débil y temblando de miedo; mi palabra y mi predicación no fue con persuasiva sabiduría humana, sino en la manifestación y el poder del Espíritu, para que vuestra fe no se apoye en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios.

Palabra de Dios.

Aleluya Jn 8, 12b

Aleluya. Aleluya.
Gloria a ti, Señor sol de justicia,
lámpara de la ciudad futura. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Yo soy la luz del mundo —dice el Señor—;
el que me sigue tendrá la luz de la vida. Aleluya.

EVANGELIO

Fin del exordio del «sermón del monte». Que la alegría de los que han recibido en herencia «el reino de los cielos» no les haga olvidar su responsabilidad en el mundo. Deben dar testimonio con su comportamiento, sin ostentación, pero al mismo tiempo sin timidez, del evangelio y de la luz que pone en ellos.

Vosotros sois la luz de¡ mundo.

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 5, 13-16

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
-«Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán?
No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente.
Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte.
Tampoco se enciende una lámpara para meterla debajo del candelero, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa.
Alumbre así vuestra luz a los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en el cielo. »

Palabra de Dios.



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