lunes, 30 de junio de 2014

06/07/2014 - 14º domingo Tiempo ordinario (A)

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Lecturas y Evangelio del domingo

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6 de julio de 2014

14º domingo Tiempo ordinario (A)


«Correré por el camino de tus mandatos» (Sal 118,32). Esta exclamación es el grito de un hombre que conoce por experiencia la alegría de la fidelidad constante a la ley de Dios. El corazón se siente dilatado. Se respira a pleno pulmón el aire puro de la verdadera libertad en los senderos empinados, estrechos, a veces escarpados, por los que conduce la palabra del Señor. Para avanzar, hay que estar en continua alerta. Pero, al final de la subida, el maravilloso panorama que se descubre hace que se olviden los esfuerzos realizados. Quien empuja por estos caminos abruptos es un Rey «justo, victorioso y modesto», que invita a todos los pueblos a entrar en su reino, donde reina eternamente la paz.
Cuando apareció Jesús, los sabios y entendidos se entregaron a discusiones interminables, a criticar sus enseñanzas sin comprender que en él se cumplían las Escrituras. Los pequeños y sencillos, en cambio, reconocieron en él, como por instinto, a aquel a quien anunciaban los profetas. Hablaba con autoridad de los secretos y de la voluntad de Dios. Decía: «Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré». La Buena Noticia que predicaba no abolía la antigua ley, sino que la renovaba liberándola de las interpretaciones con que la habían recargado inútilmente. Los pequeños, los sencillos y los débiles, pueden cargar con su yugo, porque es el amor el que tiene la primera y la última palabra.
Al verlos agolparse en torno a él, Jesús no puede contener la acción de gracias que brota de su corazón. Su alabanza da testimonio de su intimidad con «el Señor de cielo y tierra», al que se dirige llamándolo familiarmente «Padre». Esta oración filial revela indirectamente que en él reside en plenitud el Espíritu prometido a todos.
Es «el Espíritu del que resucitó a Jesús de entre los muertos» el que libera a todos del influjo de las tendencias negativas, de la «carne», como dice san Pablo. Y el que da fuerza para luchar contra sus asechanzas y conduce a la vida eterna a los que, dejándose guiar por él, «dan muerte» en ellos «a las obras del cuerpo».
¡Dichoso el que acoge con alegría esta revelación y la guarda en lo íntimo de su corazón! Que dé gracias al Padre y proclame eternamente su alabanza.

PRIMERA LECTURA

Que todos se gocen sin reservas ante la venida del Rey Mesías: él trae la paz a todos los pueblos; en su cortejo triunfal no hay ni un solo instrumento de guerra; va montado, no en un caballo majestuoso, sino en una montura pacífica.

Mira a tu rey que viene a ti modesto.

Lectura de la profecía de Zacarías 9, 9-10

Así dice el Señor:
«Alégrate, hija de Sión; canta, hija de Jerusalén; mira a tu rey que viene a ti justo y victorioso; modesto y cabalgando en un asno, en un pollino de borrica. Destruirá los carros de Efraín, los caballos de Jerusalén, romperá los arcos guerreros, dictará la paz a las naciones; dominará de mar a mar, del Gran Río al confín de la tierra.»

Palabra de Dios.

SALMO

Alabanza a Dios, que reina con ternura y bondad, fiel en su servicio a los humildes.

Salmo 144, 1-2. 8-9. 10-11. l3cd-14 (R.: cf. 1)

R.
Bendeciré tu nombre por siempre, Dios mío, mi rey.

Te ensalzaré, Dios mío, mi rey;
bendeciré tu nombre por siempre jamás.
Día tras día, te bendeciré
y alabaré tu nombre por siempre jamás.
R.

El Señor es clemente y misericordioso,
lento a la cólera y rico en piedad;
el Señor es bueno con todos,
es cariñoso con todas sus criaturas.
R.

Que todas tus criaturas te den gracias, Señor,
que te bendigan tus fieles;
que proclamen la gloria de tu reinado,
que hablen de tus hazañas.
R.

El Señor es fiel a sus palabras,
bondadoso en todas sus acciones.
El Señor sostiene a los que van a caer,
endereza a los que ya se doblan.
R.

SEGUNDA LECTURA

En el vocabulario de san Pablo, la «carne» no significa el cuerpo como opuesto al alma, sino todo lo que arrastra al hombre al pecado y conduce a la muerte. El cristiano tiene un cuerpo mortal como todos los demás. Pero, desde el momento del bautismo, el Espíritu habita en él. Por eso está en condiciones de resistir victoriosamente a las arremetidas de la «carne». Si no se deja dominar de nuevo por los desórdenes del pecado, será invadido progresivamente por la plenitud de la vida de Cristo resucitado.

Si con el Espíritu dais muerte a las obras del cuerpo, viviréis.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 8, 9. 11-13

Hermanos:
Vosotros no estáis sujetos a la carne, sino al espíritu, ya que el Espíritu de Dios habita en vosotros. El que no tiene el Espíritu de Cristo no es de Cristo.
Si el Espíritu del que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, el que resucitó de entre los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales, por el mismo Espíritu que habita en vosotros.
Así, pues, hermanos, estamos en deuda, pero no con la carne para vivir carnalmente. Pues si vivís según la carne, vais a la muerte; pero si con el Espíritu dais muerte a las obras del cuerpo, viviréis.

Palabra de Dios.

Aleluya Cf. Mt 11, 25

Aleluya. Aleluya.
Nadie conoce al Padre sino el Hijo.
Él es quien nos lo da a conocer. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Bendito seas, Padre, Señor de cielo y tierra,
porque has revelado los secretos del reino
a la gente sencilla. Aleluya.

EVANGELIO

Durante su predicación Jesús conoció fracasos y enfrentamientos y chocó con la incomprensión de muchos. Pero había también «gente sencilla», esos a quienes él declara «dichosos». Su acogida compensa con creces el rechazo de los otros. En su acción de gracias, Jesús atribuye a Dios, su «Padre», la capacidad de comprensión que demuestran los sencillos. Ellos saben, sin duda, que el Evangelio no puede vivirse sin renuncias y sacrificios costosos, las renuncias y sacrificios del amor, que, sin embargo, no pueden considerarse «yugo» pesado, ni «carga» agobiante, porque el amor libera.

Soy manso y humilde de corazón.

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 11, 25-30

En aquel tiempo, exclamó Jesús:
-«Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla. Si, Padre, así te ha parecido mejor.
Todo me lo, ha entregado mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.
Venid a mi todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera.»

Palabra de Dios.



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lunes, 23 de junio de 2014

29/06/2014 - San Pedro y San Pablo, apóstoles (A)

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29 de junio de 2014

San Pedro y San Pablo, apóstoles (A)


El «calendario romano» más antiguo que ha llegado hasta nosotros data del año 354. Entre las fiestas que enumera se encuentra, en el día que corresponde a nuestro 29 de junio, una celebración de san Pedro en la colina del Vaticano, y otra de san Pablo en la vía Ostiense. Esta doble celebración se difundió rápidamente por todo el Occidente, empezando por África, como testimonian varios sermones de san Agustín (354-430). A ambos santos se les dedicó un gran número de iglesias: en Italia, en España, en las Galias, y más tarde en Inglaterra (Cantorbery). Hubo pueblos y aldeas que tomaron el nombre de San Pedro, debido a que el monasterio benedictino cercano tenía a este santo por patrón. Son muy numerosos los municipios que, tanto en España como en otros países de Europa y América, se denominan «San Pedro» o «San Pablo».
La fiesta del 29 de junio, que en todas partes asociaba a los dos apóstoles, revestía una especial solemnidad en Roma. La recopilación de textos litúrgicos de los siglos V y VI conocida como el Sacramentario leoniano contiene nada menos que veintiocho formularios para la misa de este día. En esta época el papa celebraba dos veces: primero en la basílica vaticana y luego en la de la vía Ostiense; pero cada una de las celebraciones estaba dedicada a los dos santos. A lo largo del siglo VII el día 29 de junio se fue reservando a san Pedro, mientras que el 30 se celebraba a san Pablo. El Misal de Pablo VI (3 abril 1969) restableció el uso antiguo de una sola celebración. Pero incluyó un formulario para la tarde del día 28, que corresponde con el de la misa que el papa celebraba al alba del 29, junto a la tumba del Vaticano. Debido a lo reducido del espacio, podían participar en ella muy pocas personas. La gran congregación de la comunidad cristiana tenía como marco la basílica y se celebraba más avanzado el día.
La celebración común de estas dos «columnas» hace tomar conciencia de la doble dimensión de la Iglesia, una y católica, y de la necesidad de los dos ministerios complementarios que representan Pedro y Pablo. Uno preside a las comunidades en la caridad y en la unidad. El otro inspira más bien la difusión del Evangelio por todas partes y en todas las culturas.

PRIMERA LECTURA

Un relato particularmente sugerente. Era «la semana de Pascua», cuya noche evoca en la Biblia todas las noches en las que Dios ha intervenido en favor de los justos y la noche en la que aparecerá el Salvador «Librar o arrancar de las manos» es una expresión típica del vocabulario de la intervención divina: relato del éxodo (Ex 18,18), cántico de Zacarías (Lc 1,74). La Iglesia vela en oración por el apóstol en peligro. Pedro duerme tranquilamente a pesar de que la comparecencia del día siguiente corre el riesgo de ser fatal. Para los fieles, la noche de este mundo es la noche de todos los peligros, pero, a pesar de todo, deben permanecer serenos, llenos de confianza.

Era verdad: el Señor me ha librado de las manos de Herodes.

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 12,1 -11

En aquellos días, el rey Herodes se puso a perseguir a algunos miembros de la Iglesia. Hizo pasar a cuchillo a Santiago, hermano de Juan. Al ver que esto agradaba a los judíos, decidió detener a Pedro. Era la semana de Pascua. Mandó prenderlo y meterlo en la cárcel, encargando a su custodia a cuatro piquetes de cuatro soldados cada uno; tenía intención de presentarlo al pueblo pasadas las fiestas de Pascua.
Mientras Pedro estaba en la cárcel bien custodiado, la Iglesia oraba insistentemente a Dios por él. La noche antes de que lo sacara Herodes, estaba Pedro durmiendo entre los soldados, atado con cadenas. Los centinelas hacían guardia a la puerta de la cárcel.
De repente, se presentó el ángel del Señor, y se iluminó la celda. Tocó a Pedro en el hombro, lo despertó y le dijo: «Date prisa, levántate». Las cadenas se le cayeron de las manos, y el ángel añadió: «Ponte el cinturón y las sandalias». Obedeció, y el ángel le dijo: «Échate el manto y sígueme». Pedro salió detrás, creyendo que lo que hacía el ángel era una visión y no realidad. Atravesaron la primera y la segunda guardia, llegaron al portón de hierro que daba a la calle, y se abrió solo. Salieron, y al final de la calle se marchó el ángel. Pedro recapacitó y dijo: «Pues era verdad: el Señor ha enviado a su ángel para librarme de las manos de Herodes y de la expectación de los judíos».  

Palabra de Dios.

SALMO

Dios libra, salva, protege. «Libres de las manos» de sus perseguidores, los afligidos están de fiesta. Verdaderamente, «qué bueno es el Señor».

Salmo 33, 1-2. 3-4. 5-6. 7-8 (R 4c)

R
El Señor me libró de todas mis ansias.

Bendigo al Señor en todo momento,
su alabanza está siempre en mi boca;
mi alma se gloría en el Señor:
que los humildes lo escuchen y se alegren. R

Proclamad conmigo la grandeza del Señor,
ensalcemos juntos su nombre.
Yo consulté al Señor, y me respondió,
me libró de todas mis ansias. R

Contempladlo, y quedaréis radiantes,
vuestro rostro no se avergonzará.
Si el afligido invoca al Señor, él lo escucha
y lo salva de sus angustias. R

El ángel del Señor acampa
en tomo a sus fieles y los protege.
Gustad y ved qué bueno es el Señor,
dichoso el que se acoge a él. R

SEGUNDA LECTURA

Encadenado en una prisión de Roma, Pablo no se hace ilusiones sobre el desenlace de su proceso. Su muerte será un acto de culto, una ofrenda, como lo ha sido su apostolado (Rm 1,9; 15,16) y como debe serlo la vida de todo cristiano (Rm 12,11). Será al mismo tiempo una «partida» al encuentro definitivo de Cristo (1 Ts 4,17), una pascua.

Ahora me aguarda la corona merecida.

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a Timoteo 4,6-8.17-18

Querido hermano: Yo estoy a punto de ser sacrificado, y el momento de mi partida es inminente. He combatido bien mi combate, he corrido hasta la meta, he mantenido la fe. Ahora me aguarda la corona merecida, con la que el Señor, juez justo, me premiará en aquel día; y no sólo a mí, sino a todos los que tienen amor a su venida. El Señor me ayudó y me dio fuerzas para anunciar íntegro el mensaje, de modo que lo oyeran todos los gentiles. El me libró de la boca del león. El Señor seguirá librándome de todo mal, me salvará y me llevará a su reino del cielo. A él la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

Palabra de Dios.

ALELUYA Mt 16,18

Aleluya. Aleluya.
Dichoso es Simón Pedro,
porque el Padre que está en el cielo
e ha revelado al Mesías,
Jesús, el Hijo de Dios vivo. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia,
y el poder del infierno no la derrotará. Aleluya.

EVANGELIO

Al afirmar que Jesús es «el Mesías, el Hijo de Dios vivo», Simón Pedro, iluminado de lo alto, confiesa un misterio que el título de «Hijo del hombre» no hacía sino sugerir El apóstol presiente que Jesús mantiene con Dios una extraordinaria relación de intimidad, cuya medida irá constatando poco a poco la comunidad pascual. Así lo da a entender la respuesta de Jesús.

Tu eres Pedro, y te daré las llaves del reino de los cielos.

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 16,13-19

En aquel tiempo, al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: «,Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?». Ellos le contestaron: «Unos que Juan,Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas». El les preguntó: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?». Simón Pedro tomó la palabra y dijo:
«Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo». Jesús le respondió: «Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el cielo. Ahora te digo yo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará. Te daré las llaves del Reino de los cielos; lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo».

Palabra de Dios



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domingo, 22 de junio de 2014

27/06/2014 - Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús (A)

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27 de junio de 2014

Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús (A)


¿Quién es Dios? Desde siempre se ha planteado esta pregunta el espfritu del hombre. Las respuestas de los «amigos de la sabiduria» los «filosofos» son vanadas a menudo muy profundas pero, a fin de cuentas, bastante decepcionantes. Lo que ocurre es que se quedan en el nivel de la abstracción, ya que, generalmente, se mueven en torno a la idea que el espíritu humano puede hacerse de Dios, o de los dioses. Los que creen en un Dios personal le dan multitud de nombres, proclamando al mismo tiempo que está por encima de todo nombre, que no es nada de lo que de él se pueda decir. Los hombres de todas las religiones, sobre todo los místicos, presienten que la mejor manera de expresar el misterio de Dios consiste en identificarlo con el amor perfecto, infinito.
Así es como la Biblia habla de Dios, de un Dios que el hombre no habría llegado a conocer si él mismo no se hubiera revelado. Esta revelación se ha llevado a cabo de una manera muy concreta; no hay en las Escrituras ningún tratado ni discurso sobre Dios. Más bien dan testimonio del modo como él se ha manifestado y como los hombres han llegado a pnocerlo: a través de sus obras e iniciativas. Todas ellas manifíestan un amor infinito a sus criaturas, y en particular al pueblo que eligió para revelarse. El don de la Ley y los acontecimientos del éxodo marcaron de manera decisiva la historia de la revelación, cuyo recuerdo ha transmitido la Biblia. Los salmistas no cesan de meditar asombrados las innumerables e incesantes manifestaciones de Dios, prorrumpiendo en alabanzas y proclamando: «Es eterna su misericordia!» (Sal 117).
Jesús, el propio Hijo del Padre, imagen del Dios invisible, ha mostrado que no se trataba de una simple forma de decir lo inefable. El tenía un corazón de carne, con el que amó simultáneamente a Dios y a los hombres, a los que había venido a salvar. Les mostró que amándose unos a otros, todos, hasta los más pobres, entraban en comunión con el amor infinito de Dios y participaban de su Espíritu. Los pequeños y los humildes fueron los primeros en comprenderlo. Con Jesús, «manso y humilde de corazón», cantan su acción de gracias: «Te damos gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, por todo lo que por tu bondad nos has querido revelar!».

PRIMERA LECTURA

Los mandamientos de Dios son pruebas de amor: sin violentar nuestra libertad, nos muestran el camino de la verdad y de la vida. Guardarlos es nuestra manera de reconocer que nos ama y de manifestarle la adhesión de nuestro corazón. La religión bíblica es fundamentalmente una historia de amor entre Dios, que ama primero, y sus hijos.

El Señor se enamoró de vosotros y os eligió.

Lectura del libro del Deuteronomio 7,6-11

En aquellos días, Moisés habló al pueblo, diciendo: "Tú eres un pueblo santo para el Señor, tu Dios: él te eligió para que fueras, entre todos los pueblos de la tierra, el pueblo de su propiedad. Si el Señor se enamoró de vosotros y os eligió, no fue por ser vosotros más numerosos que los demás, pues sois el pueblo más pequeño, sino que, por puro amor vuestro, por mantener el juramento que había hecho a vuestros padres, os sacó de Egipto con mano fuerte y os rescató de la esclavitud, del dominio del Faraón, rey de Egipto. Así sabrás que el Señor, tu Dios, es Dios: el Dios fiel que mantiene su alianza y su favor con los que lo aman y guardan sus preceptos, por mil generaciones. Pero paga en su persona a quien lo aborrece, acabando con él. No se hace esperar, paga a quien lo aborrece, en su persona. Pon por obra estos preceptos y los mandatos y decretos que te mando hoy".

Palabra de Dios

SALMO

¡Qué gran ternura del corazón de Dios que perdona y cura, colmo de gracia y de ternura, protege y da la vida!

Salmo 102, 1-2. 3-4. 6-7. 8.10 (R : 17ab)

R.
La misericordia del Señor dura siempre,
para los que cumplen sus mandatos.

Bendice, alma mía, al Señor,
y todo mi ser a su santo nombre.
Bendice, alma mía, al Señor,
y no olvides sus beneficios. R.

Él perdona todas tus culpas
y cura todas tus enfermedades;
él rescata tu vida de la fosa
y te colma de gracia y de ternura. R.

El Señor hace justicia
y defiende a todos los oprimidos;
enseñó sus caminos a Moisés
y sus hazañas a los hijos de Israel. R.

El Señor es compasivo y misericordioso,
lento a la ira y rico en clemencia.
No nos trata como merecen nuestros pecados
ni nos paga según nuestras culpas. R.

SEGUNDA LECTURA

Las palabras de amor, las declaraciones más apasionadas, pueden resultar ilusorias. Sólo las obras, los comportamientos cotidianos, muestran la verdad del amor. Pues bien, Dios, desde siempre, ha dado múltiples pruebas de su amor infinito, hasta «enviar al mundo a su Hijo único, para que vivamos por medio de él». Por eso, creer en Dios, confesar que Jesús es la manifestación suprema de la ternura divina, «permanecer» en comunión con el Padre, participar de su Espíritu, es todo uno. La autenticidad de esta fe se verifica en el amor que, como hijos de un mismo Padre, nos tenemos unos a otros.

Dios nos amó.

Lectura de la primera carta del apóstol san Juan 4,7-16

Queridos hermanos, amémonos unos a otros, ya que el amor es de Dios, y todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios. Quien no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor. En esto se manifestó el amor que Dios nos tiene: en que Dios envió al mundo a su Hijo único, para que vivamos por medio de él. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y nos envió a su Hijo como víctima de propiciación por nuestros pecados.
Queridos, si Dios nos amó de esta manera, también nosotros debemos amarnos unos a otros. A Dios nadie lo ha visto nunca. Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros y su amor ha llegado en nosotros a su plenitud. En esto conocemos que permanecemos en él, y él en nosotros: en que nos ha dado de su Espíritu. Y nosotros hemos visto y damos testimonio de que el Padre envió a su Hijo para ser Salvador del mundo. Quien confiese que Jesús es el Hijo de Dios, Dios permanece en él, y él en Dios. Y nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él. Dios es amor, y quien permanece en el amor permanece en Dios, y Dios en él.

Palabra de Dios

Aleluya Mt 11,29ab

Aleluya, Aleluya.
Señor Jesús, amigo de la gente sencilla,
tu yugo es llevadero
y tu carga ligera. Aleluya

Aleluya, aleluya.
Cargad con mi yugo y aprended de mí
- dice el Señor -,
que soy manso y humilde de corazón. Aleluya.

EVANGELIO

Dirigiéndose a su Padre, Jesús lo bendice porque la ha enviado a revelar a la «gente sencilla» lo que sólo el Hijo puede conocer. Dirigiéndose a los hombres, Jesús los urge a buscar en él «su descanso». Verdaderamente el Señor, «manso y humilde de corazón», ha enseñado una religión de amor, que nada tiene que ver con el miedo servil y sin alegría, con el frío e implacable legalismo religioso, y con el elitismo, que reservas el acceso a lo divino a «los sabios y entendidos». Conocen a Dios los que saben lo que es el amor: un puro regalo del cielo al que el más indigente puede responder con su propio amor.

Soy manso y humilde de corazón.

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 11,25-30

En aquel tiempo, exclamó Jesús: "Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla. Sí, Padre, así te ha parecido mejor. Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.
Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera".

Palabra de Dios



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24/06/2014 - LA NATIVIDAD DE SAN JUAN BAUTISTA (A)

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24 de junio de 2014

LA NATIVIDAD DE SAN JUAN BAUTISTA (A)


Cuando en el siglo IV se empezó a celebrar la Natividad del Señor, se pasó de manera natural a conmemorar también la del Precursor. En Occidente la fecha del 24 de junio se impuso inmediatamente. Marcaba el solsticio de verano, como el 25 de diciembre el de invierno. En efecto, Juan era la «lámpara» cuya luz debía menguar al aparecer la Luz (Jn 5,35; 3,30). Este papel lo convierte en alguien que es «más que profeta» (Mt 11,9). Los otros, en términos más o menos velados, habían anunciado al Salvador. El lo vio con sus propios ojos. Lo bautizó, y encaminó hacia el Cordero de Dios a quienes habrían de ser sus primeros discípulos (Jn 1,35-42). Es imposible anunciar el Evangelio sin hablar de Juan, el precursor. En las Iglesias orientales, encima de «la puerta regia» del iconostasio, se puede ver un icono de Cristo en la gloria, con María a su derecha y Juan a su izquierda. Es una prueba de la veneración que le tienen todas las tradiciones litúrgicas. Por otra parte, junto con el Señor y la Virgen María, Juan es el único de quien se celebra la natividad (el 24 de junio), además del martirio (el 29 de agosto).
Su elección recuerda la de Jeremías, su vida la de los «nazireos», esos hombres que se consagraban a Dios temporalmente o para toda la vida (Hch 18,18). Su misión se define en los mismos términos que la de Elías (Ml 3,23-24; Si 48,10). Vino a «preparar para el Señor un pueblo bien dispuesto» (Lc 1,17). El nacimiento de Juan fue una Buena Noticia que suscitó, en torno a él y a sus padres, las primeras manifestaciones de la alegría mesiánica. Lo mismo que con respecto a Jesús, ante él se plantea la pregunta: ¿qué va a ser? Se verá cuando a orillas del Jordán se muestre como intrépido predicador de la salvación que Dios quiere llevar «hasta el confín de la tierra» (Is 49,6). Por su persona y su misión, Juan, el precursor, permanece siempre inseparablemente unido a Jesús y a la Buena Noticia dirigida a todos los hombres que ama el Señor. La iconografía, el número de niños a los que se impone el nombre de Juan Bautista y las iglesias dedicadas al Precursor dan abundante testimonio de la piedad cristiana, que ha comprendido el lugar especialísimo de Juan Bautista en la venida de la salvación en Jesucristo. El es también modelo de los predicadores y de todos los creyentes, que deben desaparecer ante aquel a quien anuncian para «preparar sus caminos».

PRIMERA LECTURA

«Yo soy la voz que grita en el desierto»; «él tiene que crecer y yo tengo que menguar», decía Juan Bautista. Hubiera podido hacer suyas las palabras puestas en boca del misterioso «siervo de Dios» descrito por Isaías. En cualquier caso, este texto profético ilumina para nosotros la personalidad y la misión del Precursor, ante el cual, al nacer, la gente se preguntaba: «”¿Qué va a ser este niño?”. Porque la mano del Señor estaba con él».

Te hago luz de las naciones.

Lectura del libro de Isaías 49,1-6

Escuchadme, islas;
atended, pueblos lejanos:
Estaba yo en el vientre,
y el Señor me llamó;
en las entrañas maternas,
y pronunció mi nombre.
Hizo de mi boca una espada afilada,
me escondió en la sombra de su mano;
me hizo flecha bruñida,
me guardó en su aljaba y me dijo:
«Tú eres mi siervo,
de quien estoy orgulloso».
Mientras yo pensaba:
«En vano me he cansado,
en viento y en nada he gastado mis fuerzas,
en realidad mi derecho lo llevaba el Señor,
mi salario lo tenía mi Dios».
Y ahora habla el Señor,
que desde el vientre me formó siervo suyo,
para que le trajese a Jacob,
para que le reuniese a Israel
-tanto me honró el Señor,
y mi Dios fue mi fuerza-:
«Es poco que seas mi siervo
y restablezcas las tribus de Jacob
y conviertas a los supervivientes de Israel;
te hago luz de las naciones,
para que mi salvación alcance
hasta el confín de la tierra».

Palabra de Dios.

SALMO

El Dios fiel es la fuerza de los testigos de su luz.

Salmo 138, 1-3. 13-14. 15 (R : 14 ab)

R
Te doy gracias,
porque me has escogido portentosamente.

Señor, tú me sondeas y me conoces;
me conoces cuando me siento o me levanto,
de lejos penetras mis pensamientos;
distingues mi camino y mi descanso,
todas mis sendas te son familiares. R

Tú has creado mis entrañas,
me has tejido en el seno materno.
Te doy gracias,
porque me has escogido portentosamente,
porque son admirables tus obras;
conocías hasta el fondo de mi alma. R

No desconocías mis huesos,
cuando, en lo oculto, me iba formando,
y entretejiendo en lo profundo de la tierra. R

SEGUNDA LECTURA

La misión de Juan Bautista y el testimonio que dio del Señor son inseparables de la predicación del Evangelio. Su llamada a la conversión sigue siendo actual, tanto más cuanto que Jesús la reiteró en los mismos términos.

Antes de que llegara Cristo, Juan predicó.

Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 13,22-26

En aquellos días, dijo Pablo:
- Dios nombró rey a David, de quien hizo esta alabanza: «Encontré a David, hijo de Jesé, hombre conforme a mi corazón, que cumplirá todos mis preceptos». Según lo prometido, Dios sacó de su descendencia un salvador para Israel: Jesús. Antes de que llegara, Juan predicó a todo Israel un bautismo de conversión; y, cuando estaba para acabar su vida, decía: «Yo no soy quien pensáis; viene uno detrás de mí a quien no merezco desatarle las sandalias».
Hermanos, descendientes de Abrahán y todos los que teméis a Dios: a vosotros se os ha enviado este mensaje de salvación.

Palabra de Dios.

ALELUYA Lc 1,76

Aleluya. Aleluya.
Recibamos con alegría el mensaje de Juan:
Dios nos da su gracia,
y su promesa de salvación
se ha cumplido en nosotros. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
A ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos. Aleluya.

EVANGELIO

En la cultura bíblica, lo mismo que en otras, todavía hoy, la imposición del nombre, reservada al padre, es expresión de su autoridad sobre el hijo. Zacarías renuncia a este derecho. El nombre de este hijo que Dios le ha dado, escogiéndolo desde su nacimiento, será Juan. Como Jesús, Juan paso por una etapa de vida oculta, durante la cual se preparó, bajo la única mirada de Dios, para su misión pública a orillas del Jordán. Es en la soledad donde maduran las vocaciones.

El nacimiento de Juan Bautista. Juan es su nombre.

+ Lectura del santo evangelio según san Lucas 1,57-66. 80

A Isabel se le cumplió el tiempo del parto y dio a luz un hijo. Se enteraron sus vecinos y parientes de que el Señor le había hecho una gran misericordia, y la felicitaban.
A los ocho días fueron a circuncidar al niño, y lo llamaban Zacarías, como a su padre. La madre intervino diciendo:
- ¡No! Se va a llamar Juan.
Le replicaron:
- Ninguno de tus parientes se llama así.
Entonces preguntaban por señas al padre cómo quería que se llamase. Él pidió una tablilla y escribió: «Juan es su nombre». Todos se quedaron extrañados.
Inmediatamente se le soltó la boca y la lengua, y empezó a hablar bendiciendo a Dios.
Los vecinos quedaron sobrecogidos, y corrió la noticia por toda la montaña de Judea. Y todos los que lo oían reflexionaban diciendo:
- ¿Qué va a ser este niño?
Porque la mano del Señor estaba con él.
El niño iba creciendo, y su carácter se afianzaba; vivió en el desierto hasta que se presentó a Israel.

Palabra de Dios.



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lunes, 16 de junio de 2014

22/06/2014 - SOLEMNIDAD DEL SANTISIMO CUERPO Y SANGRE DE CRISTO (A)

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22 de junio de 2014

SOLEMNIDAD DEL SANTISIMO CUERPO Y SANGRE DE CRISTO (A)


En los días del éxodo, Dios salvó a su pueblo dándole el maná, un alimento «que no conocían sus padres», y el agua que sacó «de una roca de pedernal». Gracias a este pan bajado del cielo y a esta agua el pueblo pudo atravesar aquel «desierto inmenso y terrible», para entrar en la tierra prometida donde pudo disfrutar por fin del descanso tan largamente esperado. A lo largo del caminó tuvo que experimentar una extrema indigencia, que sólo Dios podía socorrer, y tomó conciencia de una necesidad más vital que la de los mismos alimentos terrenos: «No sólo vive el hombre de pan, sino de todo cuanto sale de la boca de Dios».
Al multiplicar los panes y los peces para alimentar a la muchedumbre, Jesús se revela como el nuevo Moisés, pero añade que él da su propia carne como comida y su propia sangre como bebida. El es la «verdadera comida» y la «verdadera bebida», no para saciar el hambre y la sed de un momento, sino para dar la vida eterna. Afirmación sorprendente, pretensión increíble por parte de un hombre, por más signos y milagros inauditos que realice. Para aceptarla es necesario haber creído en Jesús como Hijo de Dios que ha «entregado» su cuerpo y ha «derramado» su sangre por la salvación del mundo, y a quien el Padre ha resucitado de entre los muertos para sentarlo a su derecha en el cielo. Hay que tener presente lo que el Señor dijo e hizo en la última cena con sus apóstoles. Hay que reconocer, en fin, bajo los signos del pan y del vino ofrecidos en acción de gracias, el cuerpo y la sangre de Cristo.
Este sacramento, que hace a la Iglesia, reúne en la unidad del Padre, del Hijo y del Espíritu a la multitud de los creyentes dispersos por toda la tierra. Es el viático insustituible para el camino de nuestro éxodo hacia la Jerusalén del cielo, donde el Señor nos introducirá cuando vuelva.
La eucaristía que celebra la Iglesia es el «misterio dé la fe», fuente y exigencia del amor, fundamento de la esperanza, remedio de inmortalidad. Lo que sabemos y proclamamos continuamente es lo que celebra la solemnidad de este día.

PRIMERA LECTURA

Los autores bíblicos han meditado con frecuencia y detenimiento los acontecimientos del éxodo. El pueblo vivió una experiencia capital: en el desierto, «un sequedal sin una gota de agua», la palabra 1e Dios es tan necesaria como el agua que sale de la roca y el manó, ese pan maravilloso regalo del Señor.

Te alimentó con el maná, que tú no conocías ni conocieron tus padres.

Lectura del libro del Deuteronomio 8, 2-3. 14b-16a

Moisés habló al pueblo, diciendo:
Recuerda el camino que el Señor, tu Dios, te ha hecho recorrer estos cuarenta años por el desierto; para afligirte, para ponerte a prueba y conocer tus intenciones: si guardas sus preceptos o no.
Él te afligió, haciéndote pasar hambre, y después te alimentó con el maná, que tú no conocías ni conocieron tus padres, para enseñarte que no sólo vive el hombre de pan, sino de todo cuanto sale de la boca de Dios.
No te olvides del Señor, tu Dios, que te sacó de Egipto, de la esclavitud, que te hizo recorrer aquel desierto inmenso y terrible, con dragones y alacranes, un sequedal sin una gota de agua, que sacó agua para ti de una roca de pedernal; que te alimentó en el desierto con un maná que no conocían tus padres.»

Palabra de Dios.

SALMO
Pan para el camino, palabra para el corazón, paz para todo el pueblo: regalos del cielo de los que la Iglesia hace memoria.

Salmo 147, 12-13. 14-15. 19-20 (R.: 12a)

R.
Glorifica al Señor, Jerusalén.

Glorifica al Señor, Jerusalén;
alaba a tu Dios, Sión:
que ha reforzado los cerrojos de tus puertas,
y ha bendecido a tus hijos dentro de ti.
R.

Ha puesto paz en tus fronteras,
te sacia con flor de harina.
Él envía su mensaje a la tierra,
y su palabra corre veloz.
R.

Anuncia su palabra a Jacob,
sus decretos y mandatos a Israel;
con ninguna nación obró así,
ni les dio a conocer sus mandatos.
R.

SEGUNDA LECTURA

La comunión en el cuerpo y la sangre de Cristo crea entre los creyentes una unión vital superior a la comunidad de fe y esperanza, de la que es signo eficaz.

El pan es uno, y así nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo.

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 10, 16-17

Hermanos:
El cáliz de la bendición que bendecimos, ¿no es comunión con la sangre de Cristo? Y el pan que partimos, ¿no es comunión con el cuerpo de Cristo?
El pan es uno, y así nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo, porque-que comemos todos del mismo pan.

Palabra de Dios.

Aleluya Jn 6, 51

Aleluya. Aleluya.
El pan que nos das es tu carne para la vida del mundo.
El que come de este pan
vivirá, con alegría, para siempre. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo -dice el Señor-;
el que coma de este pan vivirá para siempre. Aleluya.

EVANGELIO

El maná, el pan bajado del cielo, se dio a nuestros padres para que atravesaran el desierto. Después de la multiplicación de los panes, Jesús declara solemnemente que él es el pan vivo bajado del cielo para dar al mundo la vida eterna; que él en persona es el alimento indispensable para llegar a la resurrección del último día. Para entender el sentido de estas palabras, hay que recordar la comida que el Señor compartió con sus discípulos la víspera de su muerte. Al ofrecerles el pan y el cáliz, dijo. «Tomad y comed, esto es mi cuerpo. Tomad y bebed, este es el cáliz de mi sangre». Bajo los signos eficaces del sacramento que llamamos eucaristía es como se puede comer su carne y beber su sangre, comulgar íntimamente en la vida de Cristo resucitado.

Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida.

+ Lectura del santo evangelio según san Juan 6, 51-58

En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos:
-«Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo.»
Disputaban los judíos entre sí:
-«¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?»
Entonces Jesús les dijo:
-«Os aseguro que si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día.
Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida.
El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él.
El Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre; del mismo modo, el que me come vivirá por mí.
Éste es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre.»

Palabra de Dios.



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