lunes, 2 de febrero de 2015

08/02/2015 - 5º domingo Tiempo ordinario (B)

Lecturas y Evangelio del domingo

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5º domingo Tiempo ordinario (B)


Cada vez más lejos, siempre más allá. Es urgente sembrar la Palabra en todos los lugares, sin detenerse para ver si la semilla germina o no, si la cosecha se anuncia abundante, sin detenerse por el entusiasmo espontáneo de los primeros oyentes. Otros están esperando. Todo debe hacerse «por el Evangelio», y no para sacar provecho personal, ni siquiera el de la satisfacción del deber cumplido. Hay que retirarse regularmente a la soledad para orar: sólo en Dios está el consuelo que no defrauda, la recompensa por encima de todo mérito, prometida a los que cumplen con su misión.
San Marcos no argumenta para inculcar las exigencias del Evangelio. Muestra a Jesús actuando y formando a los que, después de él, habrán de continuar su misión; «en el tajo», corno se diría hoy, conduciéndolos sin descanso por los caminos de Galilea. Para eso «salió» del Padre y «vino» al mundo (Jn 16,28), como dijo a sus discípulos en el momento de dejarlos. Ellos no lo olvidaron. Un día «saldrán» de Jerusalén para ir a proclamar el mensaje de la salvación a las naciones lejanas. San Pablo, por su parte, ha renunciado a todo, incluso a las cosas más legítimas, para consagrarse sin trabas a su misión: siendo libre, «se ha hecho esclavo de todos».
Jesús dedicó una parte notable de su tiempo a los enfermos y a los atormentados por «los demonios». Se los presentaban en gran número y él los curaba a todos sin distinción. Dios no soporta ver sufrir a sus criaturas. Aquí está, sin ninguna duda, la única respuesta segura a la angustiosa cuestión del sufrimiento humano, especialmente el sufrimiento de los inocentes y los justos. La cuestión que plantea el libro de Job sin llegar a darle una solución convincente. Tampoco el evangelio da una respuesta tajante. Dice que Jesús curó a muchos enfermos y, sobre todo, que, cargando sobre sí todos los sufrimientos del mundo, los redimió. Con todo, esta convicción no atenúa el peso, a veces insoportable, del sufrimiento y el dolor; pero, eso sí, nos asegura que Dios hará que las pruebas redunden en bien de quien las sufre.
La liturgia de este domingo nos pone en presencia de dos misterios: el de la misión y el anuncio del Evangelio, y el del mal. «Recuerda, Señor...».

PRIMERA LECTURA

¿Por qué el sufrimiento? Este es el tema del libro de Job. A esta cuestión no se puede responder de manera rotunda, ni tampoco usando palabras bonitas que invoquen la voluntad de Dios o prediquen la resignación. En lo más hondo de su angustia, ante la cual las palabras de sus amigos no le aportan ningún consuelo, Job se vuelve a Dios, esperando contra toda esperanza que alguien lo saque de la fosa en la que yace deshecho.

Mis días se consumen sin esperanza.

Lectura del libro de Job 7,1-4.6-7

Habló Job, diciendo:
«El hombre está en la tierra cumpliendo un servicio, sus días son los de un jornalero; como el esclavo, suspira por la sombra, como el jornalero, aguarda el salario.
Mi herencia son meses baldíos, me asignan noches de fatiga; al acostarme pienso: ¿Cuándo me levantaré? Se alarga la noche y me harto de dar vueltas hasta el alba.
Mis días corren más que la lanzadera, y se consumen sin esperanza.  Recuerda que mi vida es un soplo, y que mis ojos no verán más la dicha.»

Palabra de Dios.

SALMO

Acción de gracias al Señor que viene en auxilio de nuestras debilidades y cura nuestras heridas.

Salmo 146, 1-2. 3-4. 5-6

R
Alabad al Señor, que sana los corazones destrozados.

Alabad al Señor, que la música es buena;
nuestro Dios merece una alabanza armoniosa.
El Señor reconstruye Jerusalén,
reúne a los deportados de Israel. R

Él sana los corazones destrozados,
venda sus heridas.
Cuenta el número de las estrellas,
a cada una la llama por su nombre. R

Nuestro Señor es grande y poderoso,
su sabiduría no tiene medida.
El Señor sostiene a los humildes,
humilla hasta el polvo a los malvados. R

SEGUNDA LECTURA

San Pablo ha elegido el celibato para dedicarse por completo a «los asuntos del Señor» (lectura del domingo pasado). Asimismo, ha renunciado a ser una carga para nadie, haciéndose «todo a todos». No podía actuar de otra manera para responder a la llamada del Señor tal como él la ha oído y acogido personalmente. A nadie le impone su propia elección. Pero, cualquiera que sea su vocación, todos deben entregarse sin reservas al Evangelio para participar ellos también de sus bienes.

¡Ay de mí si no anuncio el Evangelio!

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 9, 16-19. 22-23

Hermanos:
El hecho de predicar no es para mí motivo de orgullo. No tengo más remedio y, ¡ay de mí si no anuncio el Evangelio!
Si yo lo hiciera por mi propio gusto, eso mismo sería mi paga. Pero, si lo hago a pesar mío, es que me han encargado este oficio. Entonces, ¿cuál es la paga? Precisamente dar a conocer el Evangelio, anunciándolo de balde, sin usar el derecho que me da la predicación del Evangelio.
Porque, siendo libre como soy, me he hecho esclavo de todos para ganar a los más posibles. Me he hecho débil con los débiles, para ganar a los débiles; me he hecho todo a todos, para ganar, sea como sea, a algunos.
Y hago todo esto por el Evangelio, para participar yo también de sus bienes.

Palabra de Dios.

ALELUYA Mt 8,17

Aleluya. Aleluya.
Cristo, médico de los cuerpos y de los corazones afligidos.
Buena Noticia de salvación. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Cristo tomó nuestras dolencias
y cargó con nuestras enfermedades. Aleluya.

EVANGELIO

Segunda parte de la jornada inaugural del ministerio de Jesús, un sábado. Tras la enseñanza en la sinagoga, descanso sabático en casa de Pedro. Su suegra está enferma en la cama; Jesús la levanta de nuevo. El sábado llega a su fin; él se retira para orar Los discípulos se apresuran a sacar provecho del entusiasmo popular El se los lleva «a Otra parte» por los caminos de Galilea, predicando la Buena Noticia y «expulsando los demonios». La lectura de un relato tan ágil nos invita a seguir a Jesús, apremiado por la urgencia de la misión, de la que no lo apartan las necesarias pausas para la oración.

Curó a muchos enfermos de diversos males

+ Lectura del santo evangelio según san Marcos 1, 29-39

En aquel tiempo, al salir Jesús y sus discípulos de la sinagoga, fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama con fiebre, y se lo dijeron. Jesús se acercó, la cogió de la mano y la levantó. Se le pasó la fiebre y se puso a servirles. Al anochecer, cuando se puso el sol, le llevaron todos los enfermos y endemoniados. La población entera se agolpaba a la puerta. Curó a muchos enfermos de diversos males y expulsó muchos demonios; y como los demonios lo conocían, no les permitía hablar.
Se levantó de madrugada, se marchó al descampado y allí se puso a orar. Simón y sus compañeros fueron y, al encontrarlo, le dijeron:  - «Todo el mundo te busca.»
Él les respondió:  - «Vámonos a otra parte, a las aldeas cercanas, para predicar también allí; que para eso he salido.»  Así recorrió toda Galilea, predicando en las sinagogas y expulsando los demonios.

Palabra de Dios.



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