lunes, 2 de marzo de 2015

08/03/2015 - 3º Domingo de Cuaresma (B)

Lecturas y Evangelio del domingo

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3º Domingo de Cuaresma (B)


La entrega de la ley en el Sinaí inaugura una etapa capital de la historia bíblica. De hombres, mujeres y niños salidos del país de su esclavitud, Dios hace un pueblo dotado de una constitución que asegura su libertad y lo protege contra cualquier forma de arbitrariedad, opresión y explotación. A los que están privados de todos los derechos, los transforma en un «pueblo de derecho», con el que el Señor, el único Dios, sella una alianza que se compromete solemnemente a no romper jamás. Suceda lo que suceda, velará personalmente para que todos respeten esa constitución de la que él es garante y guardián supremo. Nada que ver, pues, con los decretos de un déspota desconfiado, impuestos bajo la amenaza de severos castigos. Los que se aparten de Dios y de su ley no podrán responsabilizar a nadie más que a ellos mismos de las consecuencias de sus actos: la anarquía en la que nada está seguro, o el servilismo al que conduce fatalmente la pérdida de referencias que permiten encontrar el propio lugar respetando a los demás y el bien común.
Durante el éxodo, Dios estaba en medio de los suyos. La tienda del encuentro era signo y, en cierto modo, lugar de su presencia. Más tarde, el templo de piedra reemplazó a este santuario, montado y desmontado en cada etapa del desierto. Y se desarrolló toda una espiritualidad impulsada por los profetas. que predicaban el respeto a la casa de Dios y la pureza y sinceridad del culto que en ella se celebraba. Por otro lado, la destrucción y la reconstrucción del templo estuvieron siempre vinculadas a la dispersión y reagrupación del pueblo. El exilio mostró que Dios seguía estando en medio de los suyos incluso en tierra extranjera, aunque no hubiera santuario. Esta experiencia dio lugar a un nuevo desarrollo y enriquecimiento de la espiritualidad y de la «teología» del templo. Surge la esperanza de un templo perfecto, inaugurado por el Mesías. El gesto vigoroso e insólito de Jesús expulsando a los mercaderes del templo se sitúa en este contexto. Es también, y sobre todo, un signo. La Pascua de los judíos y la Pascua de Jesús encierra el mismo misterio: la destrucción de un santuario y la edificación de otro, no hecho por manos humanas: Jesús, el Hijo de Dios, muerto y resucitado al tercer día. Necedad para unos, escándalo para otros, es la manifestación suprema de la sabiduría de Dios, el cumplimiento de sus promesas, el fundamento inquebrantable de toda esperanza.

PRIMERA LECTURA

El decálogo —vocablo griego que significa «las diez palabras»— aparece en la Biblia en dos formas ligeramente diferentes (Ex 20,1-17; Dt 5,5-2 1). La que hoy se lee es la primera de estas do versiones. Aunque se suele hablar de «mandamientos», se trata más bien de los artículos de un pacto. Su fundamento es el reconocimiento del Señor como el único Dios. Viene luego el compromiso a guardar el sábado, presentado aquí como una manera de hacer partícipes a los hombres y a los animales del descanso de Dios después de la creación; y a continuación, una serie de normas de conducta para respetar al prójimo y sus bienes. No es extraño que esta especie de ley fundamental del pueblo de Dios no haya sido abolida por Jesús: lo que hace la nueva Alianza es llevar a su plenitud el primer pacto.

La Ley se dio por medio de Moisés.

Lectura del libro del Éxodo 20, 1-17

En aquellos días, el Señor pronunció las siguientes palabras:
«Yo soy el Señor, tu Dios, que te saqué de Egipto, de la esclavitud.
No tendrás otros dioses frente a mí. No te harás ídolos, figura alguna de lo que hay arriba en el cielo, abajo en la tierra o en el agua debajo de la tierra.
No te postrarás ante ellos, ni les darás culto; porque yo, el Señor, tu Dios, soy un dios celoso: castigo el pecado de los padres en los hijos, nietos y biznietos, cuando me aborrecen.
Pero actúo con piedad por mil generaciones cuando me aman y guardan mis preceptos.
No pronunciarás el nombre del Señor, tu Dios, en falso. Porque no dejará el Señor impune a quien pronuncie su nombre en falso.
Fíjate en el sábado para santificarlo.
Durante seis días trabaja y haz tus tareas, pero el día séptimo es un día de descanso, dedicado al Señor, tu Dios: no harás trabajo alguno, ni tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu esclavo, ni tu esclava, ni tu ganado, ni el forastero que viva en tus ciudades.
Porque en seis días hizo el Señor el cielo, la tierra y el mar y lo que hay en ellos.
Y el séptimo día descansó: por eso bendijo el Señor el sábado y lo santificó.
Honra a tu padre y a tu madre: así prolongarás tus días en la tierra que el Señor, tu Dios, te va a dar.
No matarás.  No cometerás adulterio.  No robarás.  No darás testimonio falso contra tu prójimo.  No codiciarás los bienes de tu prójimo; no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su esclavo, ni su esclava, ni su buey, ni su asno, ni nada que sea de él.»

Palabra de Dios.

SALMO

Variaciones sobre el tema de la ley del Señor como fuente de vida y felicidad, de sabiduría y rectitud de juicio, de justicia y de pureza, más preciosa y deleitable que todas las cosas.

Salmo 18, 8. 9. 10. 11 (l.: Jn 6, 68)

R
Señor, tú tienes palabras de vida eterna.

La ley del Señor es perfecta
y es descanso del alma;
el precepto del Señor es fiel
e instruye al ignorante. R

Los mandatos del Señor son rectos
y alegran el corazón;
la norma del Señor es límpida
y da luz a los ojos. R

La voluntad del Señor es pura
y eternamente estable;
los mandamientos del Señor son verdaderos
y enteramente justos. R

Más preciosos que el oro,
más que el oro fino;
más dulces que la miel
de un panal que destila. R

SEGUNDA LECTURA

La cruz, testimonio de la locura del amor de Dios por todos los hombres sin distinción, es una vigorosa contestación de las ideas recibidas acerca del poder y la sabiduría.

Predicamos a Cristo crucificado, escándalo para los hombres, pero, para los llamados, sabiduría de Dios.

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 1,22-25

Hermanos:
Los judíos exigen signos, los griegos buscan sabiduría; pero nosotros predicamos a Cristo crucificado: escándalo para los judíos, necedad para los gentiles; pero, para los llamados -judíos o griegos-, un Mesías que es fuerza de Dios y sabiduría de Dios.
Pues lo necio de Dios es más sabio que los hombres; y lo débil de Dios es más fuerte que los hombres.

Palabra de Dios.

VERSÍCULO ANTES DEL EVANGELIO Jn 3,16

Aclamad a Cristo, el Señor
fuerza y manifestación del Padre,
Templo vivo de la presencia de Dios.

Tanto amó Dios al mundo
que entregó a su Hijo único.
Todo el que cree en él tiene vida eterna.

EVANGELIO

Los profetas manifestaron siempre un gran celo por la santidad del templo y la pureza del culto. Por insólita que fuera, la violencia con la que Jesús se enfrenta a los que no respetan la santidad del santuario no tiene nada de extraño en sí misma. Pero después de la Pascua los discípulos comprenden el significado pleno y el alcance exacto de este gesto: se trataba de un anuncio del nuevo Templo inaugurado con su resurrección.

Destruid este templo, y en tres días lo levantaré.

+ Lectura del santo evangelio según san Juan 2, 13-25

Se acercaba la Pascua de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén. Y encontró en el templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas sentados; y, haciendo un azote de cordeles, los echó a todos del templo, ovejas y bueyes; y a los cambistas les esparció las monedas y les volcó las mesas; y a los que vendían palomas les dijo:
-«Quitad esto de aquí; no convirtáis en un mercado la casa de mi Padre.»
Sus discípulos se acordaron de lo que está escrito: «El celo de tu casa me devora.»
Entonces intervinieron los judíos y le preguntaron: - «¿Qué signos nos muestras para obrar así?»
Jesús contestó:
- «Destruid este templo, y en tres días lo levantaré.» Los judíos replicaron:
-«Cuarenta y seis años ha costado construir este templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?»  pero él hablaba del templo de su cuerpo. Y, cuando resucitó de entre los muertos, los discípulos se acordaron de que lo había dicho, y dieron fe a la Escritura y a la palabra que había dicho Jesús.
Mientras estaba en Jerusalén por las fiestas de Pascua, muchos creyeron en su nombre, viendo los signos que hacía; pero Jesús no se confiaba con ellos, porque los conocía a todos y no necesitaba el testimonio de nadie sobre un hombre, porque él sabía lo que hay dentro de cada hombre.

Palabra de Dios.



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