lunes, 9 de marzo de 2015

15/03/2015 - 4º Domingo de Cuaresma (B)

Lecturas y Evangelio del domingo

Para leer, compartir, bajarse o imprimir las lecturas y el Evangelio del domingo haz "clic" sobre el título del domingo, o haz "clic" sobre Ciclo A, Ciclo B o Ciclo C, en el menú superior para leer los evangelios de cada ciclo.
------------------------------------------------------------------------------------------------------------

4º Domingo de Cuaresma (B)


Según una opinión ampliamente difundida, la Cuaresma, tiempo de penitencia, es un periodo triste, taciturno y hasta deprimente, que los cristianos, replegados en sí mismos, en su pecado y su miseria, están llamados a vivir con un intenso sentimiento de culpabilidad. En realidad se trata de un tiempo de penitencia voluntaria y de conversión que desahogan el corazón, liberan lo mejor que hay dentro de cada uno y reorientan hacia Dios y hacía los demás. Esto es lo que recuerdan los textos de la Escritura proclamados este domingo.
Dios mantiene con los suyos relaciones de amor. Su ley les marca el camino de la libertad y de la vida. Si, a pesar de las reiteradas advertencias, se apartan de ella, vuelven a caer en la esclavitud de la que habían sido liberados. ¿Se trata de un castigo severo pero justo por el pecado? Sin duda. Pero si Dios decide poner en marcha este proceso, no es en modo alguno por espíritu de venganza, sino porque espera que esta dolorosa experiencia mueva a los pecadores al arrepentimiento y a la conversión. A menudo, incluso, la situación de indigencia se convierte en ocasión para un retorno vivificante a las fuentes puras de la Escritura, para el descubrimiento de una oración y una liturgia purificadas.
El largo destierro de Babilonia, adonde fue deportado en el siglo VI antes de Cristo el pueblo de Israel, es ejemplar desde este punto de vista. El «castigo» merecido por las repetidas infidelidades de los responsables y los jefes del pueblo fue ocasión para una vuelta radical a los orígenes. Se vuelven a leer las Escrituras antiguas, se desarrolla una intensa actividad espiritual y teológica. Es en estos años cuando nace el culto de las sinagogas. Por eso el autor del libro de las Crónicas no duda en hablar de un periodo en el que el país «descansará» hasta ser capaz de producir los frutos que Dios espera. En este sentido, Nabucodonosor y Ciro actúan como instrumentos de Dios, uno para infligir el castigo, otro para devolver a los deportados a su tierra.
En el destierro en que vivimos, y en el que estamos llamados a convertirnos, ahí está el Salvador, el Hijo de Dios, levantado en la cruz y resucitado, manifestación de la riqueza infinita de la gracia y la misericordia divinas. Caminemos a su luz dándole gracias.

PRIMERA LECTURA

El incendio del templo por las tropas de Nabucodonosor, la destrucción de Jerusalén y la deportación subsiguiente (587a. C. )fueron para el pueblo elegido una humillación y una desgracia terribles. El autor anónimo del libro de las Crónicas medita sobre las causas y el sentido de estos trágicos acontecimientos. Dios puso fin a los mismos inspirando a Ciro la liberación de los deportados. La lectura de hoy se detiene aquí. Pero se sabe por otros textos que el destierro dio frutos inesperados: intensa actividad espiritual, teológica y literaria; asambleas en las que la escucha de la Palabra, el ofrecimiento de los corazones quebrantados y el cumplimiento de la ley sustituían a los sacrificios del templo; relectura y profundización de las tradiciones antiguas, de los textos fundacionales, de los profetas anteriores. Así avanza la historia de la salvación, en la que todo es gracia.

La ira y la misericordia del Señor se manifiestan en la deportación y en la liberación del pueblo.

Lectura del segundo libro de las Crónicas 36, 14-16. 19-23

En aquellos días, todos los jefes de los sacerdotes y el pueblo multiplicaron sus infidelidades, según las costumbres abominables de los gentiles, y mancharon la casa del Señor, que él se había construido en Jerusalén.
El Señor, Dios de sus padres, les envió desde el principio avisos por medio de sus mensajeros, porque tenía compasión de su pueblo y de su morada. Pero ellos se burlaron de los mensajeros de Dios, despreciaron sus palabras y se mofaron de sus profetas, hasta que subió la ira del Señor contra su pueblo a tal punto que ya no hubo remedio.
Los caldeos incendiaron la casa de Dios y derribaron las murallas de Jerusalén; pegaron fuego a todos sus palacios y destruyeron todos sus objetos preciosos. Y a los que escaparon de la espada los llevaron cautivos a Babilonia, donde fueron esclavos del rey y de sus hijos hasta la llegada del reino de los persas; para que se cumpliera lo que dijo Dios por boca del profeta jeremías:
«Hasta que el país haya pagado sus sábados, descansará todos los días de la desolación, hasta que se cumplan los setenta años.»
En el año primero de Ciro, rey de Persia, en cumplimiento de la palabra del Señor, por boca de jeremías, movió el Señor el espíritu de Ciro, rey de Persia, que mandó publicar de palabra y por escrito en todo su reino:
«Así habla Ciro, rey de Persia:  "El Señor, el Dios de los cielos, me ha dado todos los reinos de la tierra.
Él me ha encargado que le edifique una casa en Jerusalén, en Judá.
Quien de entre vosotros pertenezca a su pueblo, ¡sea su Dios con él, y suba!"»

Palabra de Dios.

SALMO

Dios nos libre de olvidarnos de su presencia cuando nos alejamos de él.

Salmo 136, 1-2. 3. 4. 5. 6 (J.: 6a)

R
Que se me pegue la lengua al paladar
si no me acuerdo de ti.

Junto a los canales de Babilonia
nos sentamos a llorar con nostalgia de Sión;
en los sauces de sus orillas
colgábamos nuestras cítaras. R

Allí los que nos deportaron
nos invitaban a cantar;
nuestros opresores, a divertirlos:
«Cantadnos un cantar de Sión.» R

¡Cómo cantar un cántico del Señor
en tierra extranjera!
Si me olvido de ti, Jerusalén,
que se me paralice la mano derecha. R

Que se me pegue la lengua al paladar
si no me acuerdo de ti,
si no pongo a Jerusalén
en la cumbre mis alegrías. R

SEGUNDA LECTURA

A través de dichas y desdichas, la historia de la salvación va manifestando que Dios es rico en misericordia. El colmo de su amor ha consistido en enviar a su Hijo para salvar a los que estábamos muertos por los pecados. Ojalá sepamos reconocer al menos la gratuidad del don recibido y nos dediquemos, con confianza renovada, a las buenas obras que él nos asigné.

Estando muertos por los pecados, nos ha hecho vivir con Cristo

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 2, 4-10

Hermanos:
Dios, rico en misericordia, por el gran amor con que nos amó, estando nosotros muertos por los pecados, nos ha hecho vivir con Cristo -por pura gracia estáis salvados-, nos ha resucitado con Cristo Jesús y nos ha sentado en el cielo con él.
Así muestra a las edades futuras la inmensa riqueza de su gracia, su bondad para con nosotros en Cristo Jesús.
Porque estáis salvados por su gracia y mediante la fe. Y no se debe a vosotros, sino que es un don de Dios; y tampoco se debe a las obras, para que nadie pueda presumir.
Pues somos obra suya. Nos ha creado en Cristo Jesús, para que nos dediquemos a las buenas obras, que él nos asignó para que las practicásemos.

Palabra de Dios.

VERSICULO ANTES DEL EVANGELIO Jn 3,16

Dios mandó a su Hijo
para que el mundo se salve por él.
El que cree en la luz no será juzgado.

Tanto amó Dios al mundo
que entregó a su Hijo único.
Todo el que cree en él tiene vida eterna.

EVANGELIO

Todos los que en Otro tiempo, durante el éxodo, se volvían hacia la serpiente de bronce erigida por Moisés quedaban curados del veneno mortal de las serpientes. Cristo elevado en la cruz es la salvación para todos los que levantan la mirada hacia él en la fe.

Dios mandó su Hijo al mundo para que el mundo se salve por él.

+ Lectura del santo evangelio según san Juan 3, 14-21

En aquel tiempo, dijo Jesús a Nicodemo:
- «Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna.
Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna.
Porque Dios no mandó su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.
El que cree en él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios.
El juicio consiste en esto: que la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron la tiniebla a la luz, porque sus obras eran malas.
Pues todo el que obra perversamente detesta la luz y no se acerca a la luz, para no verse acusado por sus obras.
En cambio, el que realiza la verdad se acerca a la luz, para que se vea que sus obras están hechas según Dios.»

Palabra de Dios.



Blog:               http://sopelakoeliza.blogspot.com
                        http://iglesiadesopelana.blogspot.com


No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada

La publicación de los comentarios requerirán la aceptación del administrador del blog.