lunes, 6 de abril de 2015

12/04/2015 - 2º domingo de Pascua (B)

Lecturas y Evangelio del domingo

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2º domingo de Pascua (B)


El capítulo 20 del evangelio según san Juan acaba con el relato de dos apariciones del Resucitado. Son como las dos hojas de un díptico. En ambas el Señor ocupa el centro. Pero en una se dirige al conjunto de los discípulos que lo rodean, y en la otra, que evoca una nueva aparición «a los ocho días», destaca la figura de Tomás, ausente en la anterior manifestación del Señor. El paralelismo de las dos composiciones y los detalles que caracterizan a cada una de ellas ponen de relieve la complementariedad de sus enseñanzas.
«Al anochecer de aquel día, el primero de la semana», es el Señor mismo en persona quien anuncia el mensaje pascual a los discípulos, que «se llenaron de alegría»: él está vivo; a partir de ahora nada podrá impedir que se encuentre con ellos; les trae la paz, les otorga el Espíritu Santo, los envía a dar testimonio de su resurrección y a liberar a todos los hombres de las ataduras del pecado. «A los ocho días» se trata más directamente de los que «crean sin haber visto», aceptando el testimonio de los apóstoles y de los discípulos de las generaciones sucesivas. La proclamación de este evangelio se ha introducido todos los años el segundo domingo de Pascua, ya que relata una aparición del Resucitado que el mismo evangelista sitúa a los ocho días de la resurrección del Señor.
Los otras lecturas, por el contrario, varían según el ciclo. En primer lugar se encuentran tres cuadros, tomados del libro de los Hechos de los apóstoles, que describen en pocas pinceladas la Iglesia apostólica inmediatamente posterior a la resurrección. Las comunidades cristianas de todos los tiempos han visto en ellos el ideal que debían esforzarse en imitar.
Viene a continuación el anuncio, en forma de acción de gracias, de la Buena Noticia de la Pascua tal como la proclama la primera carta de san Pedro (ciclo A); el recuerdo de las consecuencias y las exigencias de la fe en Cristo (primera carta de san Juan: ciclo B), y, finalmente, un icono de Cristo en la gloria pintado a grandes rasgos por el autor del Apocalipsis (ciclo C).
El segundo domingo de Pascua sitúa así el Tiempo pascual en continuidad y en unidad con la celebración del misterio central de la fe cristiana, que ha de iluminar y guiar la vida de los creyentes.

PRIMERA LECTURA

Compartir, redistribuir los bienes para eliminar la pobreza, es un deber del que los cristianos han de dar ejemplo. Pero hoy es necesario, además, trabajar para cambiar las estructuras y los mecanismos económicos que permiten que unos se enriquezcan cada vez más mientras otros, la mayoría, son cada vez más pobres.

Todos pensaban y sentían lo mismo.

Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 4, 32-35

En el grupo de los creyentes todos pensaban y sentían lo mismo: lo poseían todo en común y nadie llamaba suyo propio nada de lo que tenía.
Los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús con mucho valor.
Y Dios los miraba a todos con mucho agrado. Ninguno pasaba necesidad, pues los que poseían tierras o casas las vendían, traían el dinero y lo ponían a disposición de los apóstoles; luego se distribuía según lo que necesitaba cada uno.

Palabra de Dios.

SALMO

La diestra del Señor es poderosa. Que los pobres se alegren.

Salmo 117, 2-4. 16ab-18. 22-24 (R.: 1)

R
Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia.
O bien:
Aleluya.

Diga la casa de Israel:
eterna es su misericordia.
Diga la casa de Aarón:
eterna es su misericordia.
Digan los fieles del Señor:
eterna es su misericordia. R

La diestra del Señor es poderosa,
la diestra del Señor es excelsa.
No he de morir, viviré
para contar las hazañas del Señor.
Me castigó, me castigó el Señor,
pero no me entregó a la muerte. R

La piedra que desecharon los arquitectos
es ahora la piedra angular.
Es el Señor quien lo ha hecho,
ha sido un milagro patente.
Este es el día en que actuó el Señor:
sea nuestra alegría y nuestro gozo. R

SEGUNDA LECTURA

Tenemos aquí una breve pero rica variación, a modo de contrapunto, en torno a algunos temas por los que san Juan siente particular predilección: la fe, el amor de Dios, la filiación divina de los creyentes; la obediencia a los mandamientos; la victoria de Cristo y de los creyentes sobre el mundo; el don y el testimonio del Espíritu. Hay que leer y releer cada una de las afirmaciones y, a medida que van calando en nuestro interior volver a las anteriores, evitando sobre todo esquematizarlas, lo que sería un grave y peligroso reduccionismo.

Todo lo que ha nacido de Dios vence al mundo.

Lectura de la primera carta del apóstol san Juan 5, 1-6

Queridos hermanos:
Todo el que cree que Jesús es el Cristo ha nacido de Dios; y todo el que ama a aquel que da el ser ama también al que ha nacido de él.
En esto conocemos que amamos a los hijos de Dios: si amamos a Dios y cumplimos sus mandamientos.
Pues en esto consiste el amor a Dios: en que guardemos sus mandamientos. Y sus mandamientos no son pesados, pues todo lo que ha nacido de Dios vence al mundo.
Y lo que ha conseguido la victoria sobre el mundo es nuestra fe. ¿Quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios?
Éste es el que vino con agua y con sangre: Jesucristo. No sólo con agua, sino con agua y con sangre y el Espíritu es quien da testimonio, porque el Espíritu es la verdad.

Palabra de Dios.

ALELUYA Jn 20, 29

Aleluya. Aleluya.
Jesús se puso en medio de ellos y les dijo.
Paz a vosotros. Aleluya.
No seáis incrédulos, sino creyentes.
Yo soy vuestro Señor y vuestro Dios. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Porque me has visto, Tomás, has creído
—dice el Señor—.
Dichosos los que crean sin haber visto. Aleluya.

EVANGELIO

Dos apariciones del Resucitado que tienen lugar en domingo, como la visión del libro del Apocalipsis. El Viviente que se presenta en medio de los suyos es el mismo que ha sido crucificado y sepultado. Los apóstoles constatan esta identidad, que pertenece al núcleo de la fe en la resurrección del Señor. La fe de la Iglesia se apoya en su testimonio unánime, reforzado por la experiencia singular de Tomás, situado en cierto modo entre dos generaciones de creyentes. Siendo solidario de los primeros testigos de la resurrección, tiene que hacer suyo el testimonio de los Otros. Su comportamiento no lo convierte en prototipo de los que esperan a ver para creer. Como no cesa de repetir san Juan, lo que nos recuerda es que la fe está más allá de los testimonios que la acreditan. implica y exige un reconocimiento personal de aquel a quien se dice: «¡Señor mío y Dios mío!». La respuesta del Señor: «No seas incrédulo, sino creyente», exhortación apremiante más que reproche, va dirigida desde entonces a cada uno de nosotros. «Dichosos los que crean sin haber visto»: estas son las últimas palabras que el evangelio dirige a todos los que creen que Jesús es el «Mesías, el Hijo de Dios» y, creyendo, reciben de él el perdón de los pecados y la efusión del Espíritu, con la misión de llevar al mundo la Buena Noticia de su resurrección.

A los ocho días, llegó Jesús.

+ Lectura del santo evangelio según san Juan 20, 19-31

Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo:
-«Paz a vosotros.»
Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió:
«Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo.»
Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo:
«Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.»
Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían:
«Hemos visto al Señor.»
Pero él les contestó:
- «Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo.»
A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo:
«Paz a vosotros.»
Luego dijo a Tomás:
- «Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente.»
Contestó Tomás:
«¡Señor mío y Dios mío!»
Jesús le dijo:
«¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto.»
Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Éstos se han escrito para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre.

Palabra de Dios.



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