lunes, 13 de abril de 2015

19/04/2015 - 3º domingo de Pascua (B)

Lecturas y Evangelio del domingo

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3º domingo de Pascua (B)


Sería vano el intento de determinar el número exacto de apariciones del Resucitado. Por otro lado, no se pueden ignorar las diferencias entre los diversos relatos, precisos y detallados, de los evangelios, del libro de los Hechos de los apóstoles y de las cartas de san Pablo. En función de su propósito y de su experiencia personal, cada autor hace su propia elección entre los testimonios transmitidos por tradición oral. Se recoge un detalle en vez de otro, se pone el acento en determinados puntos, en ciertos aspectos que han llamado más la atención., o que el evangelista considera en cada caso más importantes o significativos para su anuncio de la Pascua de Cristo. A veces, concentra en un solo relato y de manera original elementos procedentes de diversas fuentes, porque le parece que así puede dar cuenta de manera más convincente del acontecimiento pascual. Es el caso concreto de san Lucas, que escribe para que el lector «conozca la solidez de las enseñanzas que ha recibido» (Lc 1,3).
Es ejemplar el modo como cuenta lo ocurrido a los discípulos de Emaús, después de la muerte de Jesús, en la tarde de «aquel mismo día, el primero de la semana». Está claro que san Lucas vio en esta experiencia singular una especie de parábola del itinerario progresivo de la fe pascual, que poco a poco va tomando conciencia de la nueva y misteriosa presencia del Resucitado entre los suyos (Lc 24,13- 35). Pero el relato no acaba ahí. Los dos discípulos vuelven a Jerusalén, para compartir con los apóstoles y los demás discípulos lo que les ha sucedido. Y de pronto, el mismo Jesús se presenta en medio de ellos. Esta única aparición, por así decir, «oficial» que ha recogido san Lucas recapitula el sentido y el alcance de todas las manifestaciones pascuales de Cristo. Se aparece a los que ha escogido para hacerles ver, y hasta tocar, la realidad de su cuerpo resucitado. Descubre a sus discípulos el sentido de las Escrituras para que puedan anunciar que tienen su cumplimiento en la Pascua de Cristo. E instituye, finalmente, a los apóstoles como testigos de su resurrección.. Esto es, de hecho, lo que Pedro ha proclamado con fuerza desde el día de Pentecostés. En Jesucristo, el Justo, «tenemos a uno que abogue ante el Padre», escribe por su parte san Juan, exhortando a los discípulos a guardar fielmente la palabra y los mandamientos del Señor, porque de ese modo «ciertamente el amor de Dios llega en ellos a su plenitud».

PRIMERA LECTURA

Primer milagro realizado por un apóstol tras la partida del Señor: Pedro, «en nombre de Jesucristo», cura a un enfermo que pedía sólo una limosna. «El que fue crucificado ahora está vivo», proclama entonces el apóstol ante la muchedumbre atónita. La fuerza contundente del discurso de Pedro no supone que se haga recaer la responsabilidad directa de la muerte de Jesús sobre todo el pueblo, que se condene a Israel como deicida. Pero nos exhorta a todos, hoy como ayer a interrogarnos sobre el modo como nos situamos ante el Mesías muerto y resucitado «según las Escrituras», a convertirnos y a volver a Dios para obtener, por medio de Cristo, el perdón de los pecados.

Matasteis al autor de la vida, pero Dios lo resucitó de entre los muertos.

Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 3,13-15.17-19

En aquellos días, Pedro dijo a la gente:
- «El Dios de Abrahán, de Isaac y de Jacob, el Dios de nuestros padres, ha glorificado a su siervo Jesús, al que vosotros entregasteis y rechazasteis ante Pilato, cuando había decidido soltarlo.
Rechazasteis al santo, al justo, y pedisteis el indulto de un asesino; matasteis al autor de la vida, pero Dios lo resucitó de entre los muertos, y nosotros somos testigos.
Sin embargo, hermanos, sé que lo hicisteis por ignorancia, y vuestras autoridades lo mismo; pero Dios cumplió de esta manera lo que había dicho por los profetas, que su Mesías tenía que padecer.
Por tanto, arrepentíos y convertíos, para que se borren vuestros pecados.»

Palabra de Dios.

SALMO

Liberado de la angustia de la muerte y ensalzado en la luz de la Pascua, Cristo nos ofrece la posibilidad de vivir en la dicha y en la paz de Dios.

Salmo 4, 2. 7. 9 (R.: cf. 7)

R
Haz brillar sobre nosotros
la luz de tu rostro, Señor.
O bien:
Aleluya.

Escúchame cuando te invoco, Dios, defensor mío;
tú que en el aprieto me diste anchura,
ten piedad de mí y escucha mi oración. R

Hay muchos que dicen: «,Quién nos hará ver la dicha,
si la luz de tu rostro ha huido de nosotros?». R

En paz me acuesto y enseguida me duermo,
porque tú solo, Señor, me haces vivir tranquilo. R. R

SEGUNDA LECTURA

Tres temas capitales se entrelazan en la primera carta de san Juan: el rechazo del pecado,’ la adhesión a la certeza que ofrece la fe, y el amor a Dios que nos hace semejantes a él. El primero de ellos es el que sirve aquí de punto de partida para la reflexión. Dado que el pecado nos hace perder la semejanza con Dios, hay que evitarlo a cualquier precio, pero sin desesperar en caso de caída: Jesucristo, el Justo ofrecido como víctima de propiciación por los pecados del mundo entero, es nuestro abogado ante Dios.

Él es víctima de propiciación por nuestros pecados
y también por los del mundo entero

Lectura de la primera carta del apóstol san Juan 2, 1-5

Hijos míos, os escribo esto para que no pequéis.
Pero, si alguno peca, tenemos a uno que abogue ante el Padre: a Jesucristo, el justo.
Él es victima de propiciación por nuestros pecados, no sólo por los nuestros, sino también por los del mundo entero.
En esto sabemos que lo conocemos: en que guardamos sus mandamientos.
Quien dice: «Yo lo conozco», y no guarda sus mandamientos, es un mentiroso, y la verdad no está en él.
Pero quien guarda su palabra, ciertamente el amor de Dios ha llegado en él a su plenitud. En esto conocemos que estamos en él.

Palabra de Dios.

ALELUYA cf. Lc 24, 32

Aleluya. Aleluya.
El ha hecho a sus apóstoles
testigos del perdón de los pecados
ofrecido a todos los hombres. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Señor Jesús, explícanos las Escrituras;
haz que arda nuestro corazón
mientras nos hablas. Aleluya.

EVANGELIO

El epilogo del relato de los peregrinos de Emaús recapitula lo que san Lucas considera que hay que retener en relación con las apariciones del Resucitado. Los apóstoles, testigos «oficiales» de la resurrección del Señor, no han inventado nada ni han sido víctimas de ninguna alucinación: sus mismas dificultades para admitir la realidad de las apariciones constituyen una garantía. Ellos han podido constatar que se trata del crucificado en persona, y no de un fantasma. La resurrección del Señor tiene a su favor el testimonio de todas las Escrituras. Esto es lo que la Iglesia y los cristianos deben anunciar al mundo entero, siguiendo el ejemplo de los apóstoles.

Así estaba escrito: el Mesías padecerá
y resucitará de entre los muertos al tercer día

+ Lectura del santo evangelio según san Lucas 24, 35-48

En aquel tiempo, contaban los discípulos lo que les había pasado por el camino y cómo habían reconocido a Jesús al partir el pan.
Estaban hablando de estas cosas, cuando se presenta Jesús en medio de ellos y les dice:
- «Paz a vosotros.»
Llenos de miedo por la sorpresa, creían ver un fantasma. Él les dijo:
- «¿Por qué os alarmáis?, ¿por qué surgen dudas en vuestro interior? Mirad mis manos y mis pies: soy yo en persona. Palpadme y daos cuenta de que un fantasma no tiene carne y huesos, como veis que yo tengo.»
Dicho esto, les mostró las manos y los pies. Y como no acababan de creer por la alegría, y seguían atónitos, les dijo:
-«¿Tenéis ahí algo que comer?»
Ellos le ofrecieron un trozo de pez asado. Él lo tomó y comió delante de ellos. Y les dijo:
- «Esto es lo que os decía mientras estaba con vosotros: que todo lo escrito en la ley de Moisés y en los profetas y salmos acerca de mí tenía que cumplirse.»
Entonces les abrió el entendimiento para comprender las Escrituras. Y añadió:
-«Así estaba escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día, y en su nombre se predicará la conversión y el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén. Vosotros sois testigos de esto.»

Palabra de Dios.



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