lunes, 1 de junio de 2015

07/06/2015 - SOLEMNIDAD DEL SANTÍSIMO CUERPO Y SANGRE DE CRISTO (B)

Lecturas y Evangelio del domingo

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SOLEMNIDAD DEL SANTÍSIMO CUERPO Y SANGRE DE CRISTO (B)


En este ciclo, la solemnidad del Cuerpo y Sangre de Cristo pone el acento en el enraizamiento de la eucaristía en las tradiciones cultuales del pueblo de la Biblia y, a través de ellas, en el subsuelo de las religiones ancestrales. La sangre es la vida., Todo ser vivo muere si derrama su sangre. Este es el fundamento de la práctica inmemorial de los sacrificios rituales y de su significado. Los sacrificios de animales, en cuanto actos de adoración, proclaman que toda vida viene de Dios y a él pertenece. Son al mismo tiempo un acto de ofrecimiento: con la sangre de los animales se ofrece simbólicamente a Dios la propia vida. Desde el Sinaí al menos, la Biblia integra estos ritos en un contexto de fe y de culto que amplía considerablemente su significado y alcance primeros. Más tarde, la celebración de la Pascua anual, renovación de la alianza, y la del «Día de la expiación». el Yom Kippur los enriquecieron considerablemente. Por otro lado, siendo como es «memorial» de las «maravillas» realizadas por el Señor en favor de su pueblo, el sacrificio ofrecido a Dios implica siempre la promesa de permanecer unido a él por la fidelidad a la Ley de vida que él ha revelado. El sacrificio, en fkn, es un rito de comunión: Dios devuelve plenificada la vida que se le ha ofrecido.
Lo que el Señor hizo durante la última cena pascual con sus discípulos antes de sufrir su pasión lleva a su plenitud estas tradiciones. Jesús hace de la oblación pascual del pan y del vino el signo de su vida entregada por la salvación del mundo, el sacramento de su cuerpo y de su sangre, hasta el día en que beba con ellos «el vino nuevo en el reino de Dios».
Gracias a la eucaristía, sacramento de la Pascua de Cristo, la Iglesia puede asociarse al culto perfecto que el Resucitado, «sumo sacerdote de los bienes definitivos», da ahora al Padre en el santuario del cielo, donde ha entrado «una vez para siempre», ofreciéndose libremente por la «liberación eterna» de los pecadores. Por él y en él, «mediador de una alianza nueva», celebramos «el culto del Dios vivo», «el sacrificio agradable a él y salvación para todo el mundo».

PRIMERA LECTURA

Dios acoge favorablemente los sacrificios ofrecidos con un corazón sincero. Pero no quiere la muerte de sus adoradores. El rito de la aspersión del pueblo con la mitad de la sangre de la víctima tenía un doble sentido: Dios devuelve la vida a los que se la ofrecen; mejor aún, les renueva el don de la vida. Este ritual tenía, pues, un valor y un significado profundamente religiosos.

Ésta es la sangre de la alianza que hace el Señor con vosotros

Lectura del libro del Éxodo 24, 3-8

En aquellos días, Moisés bajó y contó al pueblo todo lo que había dicho el Señor y todos sus mandatos; y el pueblo contestó a una: - «Haremos todo lo que dice el Señor.»
Moisés puso por escrito todas las palabras del Señor. Se levantó temprano y edificó un altar en la falda del monte, y doce estelas, por las doce tribus de Israel. Y mandó a algunos jóvenes israelitas ofrecer al Señor holocaustos, y vacas como sacrificio de comunión. Tomó la mitad de la sangre, y la puso en vasijas, y la otra mitad la derramó sobre el altar. Después, tomó el documento de la alianza y se lo leyó en alta voz al pueblo, el cual respondió:
- «Haremos todo lo que manda el Señor y lo obedeceremos.»
Tomó Moisés la sangre y roció al pueblo, diciendo:
- «Ésta es la sangre de la alianza que hace el Señor con vosotros, sobre todos estos mandatos.»

Palabra de Dios.

SALMO

El «cáliz de la amargura» se convierte en «copa de la salvación» por obra de Cristo, que se ha hecho servidor de todos y la ha ofrecido en acción de gracias al Señor que da la vida.

Salmo 115, 12-13. 15 y 16bc. 17-18 (R.: 13)

R
Alzaré la copa de la salvación,
invocando el nombre del Señor.

¿Cómo pagaré al Señor
todo el bien que me ha hecho?
Alzaré la copa de la salvación,
invocando su nombre. R

Mucho le cuesta al Señor
la muerte de sus fieles.
Señor, yo soy tu siervo, hijo de tu esclava;
rompiste mis cadenas. R

Te ofreceré un sacrificio de alabanza,
invocando tu nombre, Señor.
Cumpliré al Señor mis votos
en presencia de todo el pueblo. R

SEGUNDA LECTURA

Con gran delicadeza, el autor de la carta a los Hebreos muestra las relaciones entre la fe cristiana y la tradición bíblica anterior relativa al culto: ritos y sacrificios, sacerdocio, santuario de Dios en medio de su pueblo. El misterio de la salvación realizada por Cristo queda iluminado con toda claridad. Habiendo «entrado en el santuario una vez para siempre», Cristo, ofreciéndose a sí mismo, ha obtenido para todos los hombres la purificación interior prefigurada antiguamente por la aspersión ritual de la sangre de los animales inmolados. Así ha sellado una alianza que no será necesario renovar.

La sangre de Cristo podrá purificar nuestra conciencia.

Lectura de la carta a los Hebreos 91 11-15

Hermanos:
Cristo ha venido como sumo sacerdote de los bienes definitivos. Su tabernáculo es más grande y más perfecto: no hecho por manos de hombre, es decir, no de este mundo creado.
No usa sangre de machos cabríos ni de becerros, sino la suya propia; y así ha entrado en el santuario una vez para siempre, consiguiendo la liberación eterna.
Si la sangre de machos cabríos y de toros y el rociar con las cenizas de una becerra tienen el poder de consagrar a los profanos, devolviéndoles la pureza externa, cuánto más la sangre de Cristo, que, en virtud del Espíritu eterno, se ha ofrecido a Dios como sacrificio sin mancha, podrá purificar nuestra conciencia de las obras muertas, llevándonos al culto del Dios vivo.
Por esa razón, es mediador de una alianza nueva: en ella ha habido una muerte que ha redimido de los pecados cometidos durante la primera alianza; y así los llamados pueden recibir la promesa de la herencia eterna.

Palabra de Dios.

ALELUYA Jn 6,51

Aleluya. Aleluya.
Tú has pronunciado la acción de gracias
sobre la copa, Señor Jesús.
Es la sangre de la alianza nueva
derramada por todos. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo —dice el Señor—;
el que coma de este pan vivirá para siempre. Aleluya.

EVANGELIO

Contrasta el comienzo del relato, lleno de detalles concretos y de estilo vivaz, con el carácter extremadamente escueto de lo que sigue: unas palabras de Jesús sobre el pan y el vino recogidas sin la menor alusión al contexto ritual y a los demás elementos de la comida pascual. El relato evoca una «eucaristía doméstica», de la que san Marcos menciona únicamente lo que la distingue de cualquier otra comida. Pero recuerda que el cuerpo y la sangre de Cristo han sido dados como viático para el camino que conduce a la Pascua eterna, cuyo acceso ha abierto el Señor Lo esencial, queda dicho.

Esto es mi cuerpo. Ésta es mi sangre.

+ Lectura del santo evangelio según san Marcos 14-12-16. 22-26

El primer día de los Ázimos, cuando se sacrificaba el cordero pascual, le dijeron a Jesús sus discípulos:
- «¿Dónde quieres que vayamos a prepararte la cena de Pascua?»
Él envió a dos discípulos, diciéndoles:
- «ld a la ciudad, encontraréis un hombre que lleva un cántaro de agua; seguidlo y, en la casa en que entre, decidle al dueño: "El Maestro pregunta: ¿Dónde está la habitación en que voy a comer la Pascua con mis discípulos?"
Os enseñará una sala grande en el piso de arriba, arreglada con divanes. Preparadnos allí la cena.»
Los discípulos se marcharon, llegaron a la ciudad, encontraron lo que les había dicho y prepararon la cena de Pascua.
Mientras comían, Jesús tomó un pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio, diciendo:
- «Tomad, esto es mi cuerpo.»
Cogiendo una copa, pronunció la acción de gracias, se la dio, y todos bebieron.
Y les dijo:
- «Esta es mi sangre, sangre de la alianza, derramada por todos. Os aseguro que no volveré a beber del fruto de la vid hasta el día que beba el vino nuevo en el reino de Dios.»
Después de cantar el salmo, salieron para el monte de los Olivos.

Palabra de Dios.



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