lunes, 8 de junio de 2015

14/06/2015 - 11º domingo Tiempo ordinario (B)

Lecturas y Evangelio del domingo

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11º domingo Tiempo ordinario (B)


Desde hace cuatro domingos, estimulados por san Marcos a mezclarnos con la muchedumbre, hemos visto a Jesús curar enfermos y expulsar demonios, incluso en sábado. «¿Pero quién es este? ¿De dónde le viene esa autoridad?». La pregunta se plantea a partir de este momento, y la respuesta que dan algunos hace presentir el drama de la pasión. «Y tú, ¿estás a favor o en contra de Jesús?», dice implícitamente el evangelista, invitando al lector a comprobar la solidez de su fe, o a ratificar, con mayor conocimiento de causa, su opción primera. Hoy se trata de escuchar atentamente un breve pasaje de su enseñanza en parábolas.
La expansión y la difusión del Evangelio han sido siempre un serio tema de reflexión. La predicación y los milagros de Jesús han suscitado el entusiasmo de las masas. Pero san Marcos indica sólo la presencia de algunas mujeres en el Calvario, y quien reconoce a Jesús como Hijo de Dios es un soldado pagano (Mc 15,39-40). Después de Pentecostés, el anuncio de la Buena Noticia congrega a una muchedumbre de discípulos, primero en Jerusalén, y luego en todo el Oriente Medio, hasta Roma. Con el tiempo, muchas de estas Iglesias han acabado extinguiéndose. Algunas de ellas han desaparecido a pesar de ser aparentemente muy sólidas, como por ejemplo las del norte de África, célebres por Sus grandes obispos y extraordinarios doctores como san Agustín. Hoy vemos marchitarse antiguas comunidades cristianas, mientras que la rama arrancada «del alto cedro» rebrota en tierras lejanas, donde ha sido plantada. Ante tales hechos, que pueden estudiarse acudiendo a diversos métodos de análisis, se imponen al creyente algunas certezas.
La palabra de Dios mantiene siempre su incomparable fecundidad e interpela nuestra libertad. Una rama arrancada de un árbol viejo puede florecer en otro lugar. De un tocón aparentemente muerto puede brotar un vigoroso retoño. Hay que dar tiempo al tiempo. Por mucho que una semilla tarde en germinar, no debemos desanimamos. El rechazo y la esterilidad no pueden originar ni justificar ningún tipo de fatalismo perezoso. «Caminando sin verlo», pero «guiados por la fe», llenos de confianza, debemos «esforzamos en agradar al Señor». La fuerza del Evangelio se desplegará sin duda en nosotros y a nuestro alrededor, más allá de lo que podamos esperar o imaginar. Estamos en el tiempo de la paciencia, no en el de la cosecha ni la retribución.

PRIMERA LECTURA

En esta profecía los cristianos han visto siempre un anuncio de la venida de Jesús, el ungido del Señor, nacido de la estirpe de Jesé, padre de David (Mt 1,5-6; Lc 3,32; Hch 13,22; Rm 15,12).

Ensalzo los árboles humildes.

Lectura de la profecía de Ezequiel 17,22-24

Así dice el Señor Dios: «Arrancaré una rama del alto cedro y la plantaré. De sus ramas más altas arrancaré una tierna y la plantaré en la cima de un monte elevado; la plantaré en la montaña más alta de Israel, para que eche brotes y dé fruto y se haga un cedro noble. Anidarán en él aves de toda pluma, anidarán al abrigo de sus ramas. Y todos los árboles silvestres sabrán que yo soy el Señor, que humilla los árboles altos y ensalza los árboles humildes, que seca los árboles lozanos y hace florecer los árboles secos. Yo, el Señor, lo he dicho y lo haré».

Palabra de Dios.

SALMO

La imagen del cedro plantado en la casa del Señor que seguirá dando fruto, hace pensar en las palabras de Jesús: « Yo soy la vid verdadera y mi Padre es el labrador»; «Yo soy la vid, vosotros los sarmientos» (Jn 15,1-8).

Salmo 91, 1-2. 12-13. 14-15 (R. 1b)

R
Es bueno darte gracias, Señor.

Es bueno dar gracias al Señor
y tocar para tu nombre, oh Altísimo,
proclamar por la mañana tu misericordia
y de noche tu fidelidad. R

El justo crecerá como una palmera,
se alzará como un cedro del Líbano;
plantado en la casa del Señor,
crecerá en los atrios de nuestro Dios. R

En la vejez seguirá dando fruto
y estará lozano y frondoso,
para proclamar que el Señor es justo,
que en mi Roca no existe la maldad. R

SEGUNDA LECTURA

Como desterrados lejos de la patria, caminemos guiados por la fe esforzándonos en agradar al Señor, ya que nada se le escapa. Un día todo saldrá a la luz.

En destierro o en patria, nos esforzamos en agradar al Señor.

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios 5,6-10

Hermanos:
Siempre tenemos confianza, aunque sabemos que, mientras sea el cuerpo nuestro domicilio, estamos desterrados lejos del Señor. Caminamos sin verlo, guiados por la fe. Y es tal nuestra confianza, que preferimos desterrarnos del cuerpo y vivir junto al Señor. Por lo cual, en destierro o en patria, nos esforzamos en agradarle. Porque todos tendremos que comparecer ante el tribunal de Cristo para recibir premio o castigo por lo que hayamos hecho mientras teníamos este cuerpo.

Palabra de Dios.

ALELUYA  

Aleluya. Aleluya.
De noche o de día, sin que se sepa cómo,
tu reino, Señor germina y va creciendo. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
La semilla es la palabra de Dios, el sembrador es Cristo;
quien lo encuentra vive para siempre. Aleluya.

EVANGELIO

¿Quién no ha admirado alguna vez cómo una pequeña semilla germino y se convierte en un arbusto vigoroso, o en un gran árbol? Pero, para asistir a este crecimiento maravilloso, hay que tener paciencia y esperar a veces mucho tiempo. Así ocurre con la palabra de Dios, que es la semilla del Reino. El lenguaje sencillo de las parábolas encierra un sentido oculto cuya eterna novedad los discípulos han de esforzarse en descubrir.

Era la semilla más pequeña, pero se hace más alta que las demás hortalizas.

+ Lectura del santo evangelio según san Marcos 4,26-34

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: «El reino de Dios se parece a un hombre que echa simiente en la tierra. El duerme de noche y se levanta de mañana; la semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo.
La tierra va produciendo la cosecha ella sola: primero los tallos, luego la espiga, después el grano. Cuando el grano está a punto, se mete la hoz, porque ha llegado la siega». Dijo también: «Con qué podemos comparar el reino de Dios? ¿Qué parábola usaremos? Con un grano de mostaza: al sembrarlo en la tierra es la semilla más pequeña, pero después brota, se hace más alta que las demás hortalizas y echa ramas tan grandes que los pájaros pueden cobijarse y anidar en ellas».
Con muchas parábolas parecidas les exponía la palabra, acomodándose a su entender. Todo se lo exponía con parábolas, pero a sus discípulos se lo explicaba todo en privado.

Palabra de Dios.



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