lunes, 27 de julio de 2015

02/08/2015 - 18º domingo Tiempo ordinario (B)

Lecturas y Evangelio del domingo

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18º domingo Tiempo ordinario (B)


El domingo pasado se celebró el banquete del Señor ante el gran fresco de la multiplicación de los panes. Era en un lugar desierto. Jesús, «sabiendo que iban a llevárselo para proclamarlo rey», después de haber dado de comer a la multitud, se retira otra vez a la montaña él solo. Hoy nos encontramos en los alrededores de Cafarnaún, donde la gente ha acabado encontrando a Jesús y a sus discípulos. Se entabla un diálogo. Hay que escuchar las frases que se intercambian, no pensando en los otros, en los de otros tiempos o en los de hoy, sino en uno mismo, y preguntándose con honradez: «Estas palabras que pronuncia Jesús respondiendo a las preguntas que se le plantean, ¿no irán dirigidas a mí?».
La primera lectura invita a interrogarse sobre las razones profundas de nuestra presencia aquí, en esta iglesia. ¿Qué hemos venido a buscar de verdad? ¿Qué esperamos verdaderamente de la participación en esta celebración? No se trata de dar respuestas prefabricadas, aprendidas. Cada uno tiene que situarse personalmente ante la palabra de Jesús, que proclama la prioridad absoluta del alimento que sólo él, el Hijo marcado por Dios con su impronta en el momento de su bautismo en el Jordán, puede dar.
La obra que Dios quiere es que creamos en el que él ha enviado, Todo lo demás, los trabajos y las obligaciones cotidianas de todo tipo, así como lo que se denomina las «prácticas religiosas», debe considerarse y hacerse desde esta perspectiva, en función de esta fe. Hay que reconocer que se trata de una exigencia inaudita, porque implica un compromiso total, en todo momento y en toda circunstancia. Para saber cómo realizar esta «obra que Dios quiere», y lo que exige en concreto, hay que mirar a Jesús, esforzarse en imitarlo lo mejor posible. Sólo él puede enseñamos a «renovamos en la mente y en el espíritu», y a no andar «en la vaciedad de los propios criterios», que no se elevan más allá de las realidades terrenas, de la experiencia y las satisfacciones inmediatas. El es el modelo perfecto de «la nueva condición humana, creada a imagen de Dios: justicia y santidad verdaderas». El se ofrece como alimento para que nosotros vivamos de su misma vida.
El que viene a él no pasará hambre, y el que cree en él nunca pasará sed. Fuera de él, nada puede saciamos.

PRIMERA LECTURA

El éxodo es el acontecimiento fundante del pueblo de Dios y de su fe. Esta epopeya, incansablemente relatada y releída, se fue enriqueciendo progresivamente con detalles cuyo valor simbólico los sabios se fueron encargando de interpretar Algunas de sus reflexiones quedaron recogidas por escrito; entre ellas se encuentran algunas concernientes al maná, que es don de Dios y al mismo tiempo prueba para la fe.

Yo haré llover pan del cielo.

Lectura del libro del Éxodo. 16, 2-4. 12-15.

En aquellos días, la comunidad de los israelitas protestó contra Moisés y Aarón en el desierto, diciendo: «Ojalá hubiéramos muerto a manos del Señor en Egipto, cuando nos sentábamos junto a la olla de carne y comíamos pan hasta hartarnos! Nos habéis sacado a este desierto para matar de hambre a toda esta comunidad».
El Señor dijo a Moisés: «Yo haré llover pan del cielo: que el pueblo salga a recoger la ración de cada día; lo pondré a prueba a ver si guarda mi ley o no. He oído las murmuraciones de los israelitas. Diles: “Hacía el crepúsculo comeréis carne, por la mañana os saciaréis de pan; para que sepáis que yo soy el Señor, vuestro Dios”».
Por la tarde, una banda de codornices cubrió todo el campamento; por la mañana, había una capa de rocío alrededor del campamento. Cuando se evaporó la capa de rocío, apareció en la superficie del desierto un polvo fino, parecido a la escarcha. Al verlo, los israelitas se dijeron:
«¿Qué es esto?». Pues no sabían lo que era. Moisés les dijo: «Es el pan que el Señor os da de comer».

Palabra de Dios.

SALMO

La tradición viva es la fe transmitida y profundizada de generación en generación.

Salmo 77, 3. 4b. 23-24. 25 y 54

R
El Señor les dio un trigo celeste.

Lo que oímos y aprendimos,
lo que nuestros padres nos contaron,
lo contaremos a la futura generación:
las alabanzas del Señor, su poder. R

Dio orden a las altas nubes,
abrió las compuertas del cielo:
hizo llover sobre ellos maná,
les dio un trigo celeste. R

Y el hombre comió pan de ángeles,
les mandó provisiones hasta la hartura.
Los hizo entrar por las santas fronteras,
hasta el monte que su diestra había adquirido. R

SEGUNDA LECTURA

El bautismo, que hace del creyente un ser revestido «de la nueva condición humana, creada a imagen de Dios», no lo inmunizo contra las tentaciones interiores y exteriores de volver al estado del que ha sido liberado. Todos debemos esforzarnos por avanzar día a día, por el camino que Cristo ha abierto, pero cuyo trozado no está predeterminado.

Vestíos de la nueva condición humana, creada a imagen de Dios.

Lectura de la carta de apóstol San Pablo a los Efesios. 4, 17. 20-24

Hermanos: Esto es lo que digo y aseguro en el Señor: que no andéis ya como los gentiles, que andan en la vaciedad de sus criterios.
Vosotros, en cambio, no es así como habéis aprendido a Cristo, si es que es él a quien habéis oído y en él fuisteis adoctrinados, tal como es la verdad en Cristo Jesús; es decir, a abandonar el anterior modo de vivir, el hombre viejo corrompido por deseos seductores, a renovaros en la mente y en el espíritu y a vestiros de la nueva condición humana, creada a imagen de Dios: justicia y santidad verdaderas.

Palabra de Dios.

ALELUYA Mt 4,4b

Aleluya. Aleluya.
Creemos en ti, Cristo,
verdadero pan de Dios,
que das la vida al mundo. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
No sólo de pan vive el hombre,
sino de toda palabra
que sale de la boca de Dios. Aleluya.

EVANGELIO

El objeto principal, último, de nuestra búsqueda debe ser, no el pan material, símbolo de los bienes necesarios para la vida terrena, sino Jesús, «verdadero pan del cielo», «que perdura para la vida eterna». Como la multiplicación de los panes, la eucaristía pone a prueba la fe y, al mismo tiempo, la refuerza.

El que viene a mí no pasará hambre, y el que cree en mí no pasará nunca sed.

+ Lectura del santo Evangelio según San Juan. 6, 24-35

En aquel tiempo, cuando la gente vio que ni Jesús ni sus discípulos estaban allí, se embarcaron y fueron a Cafarnaún en busca de Jesús. Al encontrarlo en la otra orilla del lago, le preguntaron: «Maestro, ¿cuándo has venido aquí?». Jesús les contestó: «Os lo aseguro, me buscáis, no porque habéis visto signos, sino porque comisteis pan hasta saciaros. Trabajad, no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura para la vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre; pues a este lo ha sellado el Padre, Dios».
Ellos le preguntaron: «Y, ¿qué obras tenemos que hacer para trabajar en lo que Dios quiere?». Respondió Jesús: «La obra que Dios quiere es esta: que creáis en el que él ha enviado». Le replicaron: «,Y qué signo vemos que haces tú, para que creamos en ti? ¿Cuál es tu obra? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: “Les dio a comer pan del cielo”». Jesús les replicó: «Os aseguro que no fue Moisés quien os dio pan del cielo, sino que es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da vida al mundo». Entonces le dijeron: «Señor, danos siempre de este pan». Jesús les contestó: «Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no pasará hambre, y el que cree en mí nunca pasará sed».

Palabra de Dios.



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