lunes, 3 de agosto de 2015

09/08/2015 - 19º domingo Tiempo ordinario (B)

Lecturas y Evangelio del domingo

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19º domingo Tiempo ordinario (B)


La fe no se impone; es una gracia, un don absolutamente gratuito de Dios. Ocurre con ella lo mismo que con el amor. Los que creen y los que aman pueden dar numerosas explicaciones. Pero las «razones» para creer y para amar son de un orden totalmente distinto del puramente racional. Se puede rechazar el don de la fe y del amor, cerrarle el corazón. Pero nada ni nadie puede obligar a acogerlo. Ni siquiera Dios cuando se trata de la fe, respuesta libre a sus llamadas, compromiso personal.
Jesús no trata de convencer por la fuerza de los argumentos a los que lo critican cuando dice: «Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo». Los remite a la experiencia de sus padres, alimentados con el maná durante los cuarenta años del éxodo, ese inolvidable milagro cotidiano conmemorado con ocasión de la Pascua anual. Ellos saben que este alimento celeste permitió la supervivencia del pueblo mientras estuvo peregrinando por el desierto, pero fue al mismo tiempo una prueba para su fe. Fueron muchos los que murmuraron contra Dios y contra Moisés, su enviado. Lo que Jesús dice de sí mismo, que es «el pan vivo que ha bajado del cielo», es ciertamente excesivo en comparación con lo que hasta entonces se había oído. Pero el recuerdo de las maravillas realizadas en otro tiempo por Dios y la esperanza de otras aún mayores, la espera de un nuevo Moisés, de un profeta superior al mismo Elías, deberían haber movido a los oyentes de Jesús, al menos, a escucharlo atentamente. En cualquier caso, él no se detiene en recriminaciones. Pasando de una afirmación a otra, cada vez más clara y explícita, continúa su discurso sin restar nada a lo que había empezado a decir, sin suavizar ni edulcorar de ningún modo el sentido y el realismo de sus palabras.
San Juan las ha recogido sin duda para que los cristianos se impregnen de ellas, las mediten, escruten sin cesar su insondable riqueza y confronten su fe con esta revelación sobre el pan de vida. Se percibe en estas páginas un resumen de la enseñanza del apóstol a los fieles reunidos para celebrar la cena del Señor. Sea como fuere, hoy esta página del evangelio se proclama en la asamblea que celebra la eucaristía, «misterio de la fe», viático para el camino hacia el monte del encuentro con Dios, sacramento del amor a imitación de Cristo, que nos amó hasta entregarse por nosotros.

PRIMERA LECTURA

El desierto, cuarenta días, un pan que viene del cielo y que da fuerzas para llegar hasta el monte del encuentro con Dios: son detalles que hacen pensar en el éxodo y en el maná. Además, Elías, profeta sin igual, es considerado en los dos testamentos como precursor y figura del Mesías.

Con la fuerza de aquel alimento caminó hasta el monte de Dios.

Lectura del libro primero de Reyes. 19, 4-8.

En aquellos días, Elías continuó por el desierto una jornada de camino, y al final se sentó bajo una retama, y se deseó la muerte diciendo:
- Basta ya, Señor, quítame la vida, pues yo no valgo más que mis padres.
Se echó debajo de la retama y se quedó dormido. De pronto un ángel lo tocó y le dijo:
- Levántate, come.
Miró Elías y vio a su cabecera un pan cocido en las brasas y una jarra de agua. Comió, bebió y volvió a echarse. Pero el ángel del Señor le tocó por segunda vez diciendo:
- Levántate, come, que el camino es superior a tus fuerzas.
Se levantó Elías, comió y bebió, y con la fuerza de aquel alimento caminó cuarenta días y cuarenta noches, hasta el Horeb, el monte de Dios.

Palabra de Dios.

SALMO

Las palabras se agolpan en los labios del creyente al proclamar su agradecimiento a Dios: bendecir alabar ensalzar al Seño, gustar su bondad.

Salmo 33, 2-3. 4-5. 6-7. 8-9

R
Gustad y ved qué bueno es el Señor.

Bendigo al Señor en todo momento,
su alabanza está siempre en mi boca.
Mi alma se gloría en el Señor:
ue los humildes lo escuchen y se alegren. R

Proclamad conmigo la grandeza del Señor,
ensalcemos juntos su nombre.
Yo consulté al Señor y me respondió;
me libró de todas mis ansias. R

Contempladlo y quedaréis radiantes,
vuestro rostro no se avergonzará.
Si el afligido invoca al Señor, él lo escucha
y lo salva de sus angustias.  R

El ángel del Señor acampa
en torno a sus fieles, y los protege.
Gustad y ved qué bueno es el Señor,
dichoso el que se acoge a él. R

SEGUNDA LECTURA

Fidelidad al Espíritu recibido en el bautismo, imitación de Dios y de Cristo, cuya obra entera está inspirada en el amor: esta es la moral cristiana.

Vivid en el amor, como Cristo.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 4,30-5,2

Hermanos:
No pongáis triste al Espíritu Santo. Dios os ha marcado con él para el día de la liberación final.
Desterrad de vosotros la amargura, la ira, los enfados e insultos y toda la maldad. Sed buenos, comprensivos, perdonándoos unos a otros como Dios os perdonó en Cristo.
Sed imitadores de Dios, como hijos queridos, y vivid en el amor como Cristo os amó y se entregó por nosotros como oblación y víctima de suave olor.

Palabra de Dios.

ALELUYA Jn 6,51

Aleluya. Aleluya.
Señor Jesús, tú procedes del Padre:
el que cree en ti tiene vida eterna. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo
—dice el Señor—;
el que coma de este pan vivirá para siempre. Aleluya.

EVANGELIO

Jesús no entra en discusión con aquellos a quienes escandalizan sus palabras. Les recuerda las promesas pronunciadas por los profetas y lo que la Escritura dice del maná, el pan bajado del cielo. De este modo pretende, no convencerlos por medio de argumentos irrefutables, sino lograr que se interroguen honradamente, sin prejuicios, sobre el sentido del «signo» de la multiplicación de los panes y sobre su verdadero origen. Porque es el Padre quien da la gracia para admitir sin reticencias sus palabras. Apela a su fe cuando proclama: «Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; yo soy el pan de la vida; el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo».

Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo.

+ Lectura del santo evangelio según san Juan 6,41-51

En aquel tiempo, los judíos criticaban a Jesús porque había dicho: «Yo soy el pan bajado del cielo», y decían:
- «¿No es éste Jesús, el hijo de José? ¿No conocemos a su padre y a su madre? ¿Cómo dice ahora que ha bajado del cielo?».
Jesús tomó la palabra y les dijo:
- «No critiquéis. Nadie puede venir a mí, si no lo trae el Padre que me ha enviado.
Y yo lo resucitaré el último día.
Está escrito en los profetas: 'Serán todos discípulos de Dios'.
Todo el que escucha lo que dice el Padre y aprende viene a mí.
No es que nadie haya visto al Padre, a no ser el que procede de Dios: ése ha visto al Padre.
Os lo aseguro: el que cree tiene vida eterna.
Yo soy el pan de la vida. Vuestros padres comieron en el desierto el maná y murieron: éste es el pan que baja del cielo, para que el hombre coma de él y no muera.
Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre.
Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo».

Palabra de Dios.



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