lunes, 10 de agosto de 2015

16/08/2015 - 20º domingo Tiempo ordinario (B)

Lecturas y Evangelio del domingo

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20º domingo Tiempo ordinario (B)


«Venid a comer de mi pan y a beber el vino que he mezclado», proclama la Sabiduría. Todo el mundo puede sentarse a su mesa, abierta a todos, y tomar gratis el alimento y la bebida necesarios para andar por la vida con juicio, dándonos cuenta de lo que el Señor quiere. La voz que invita al festín es la voz misma del Señor, la Sabiduría en persona. «Venid a mí!», dice también Jesús, que ofrece su cuerpo y su sangre entregados para la vida eterna.
El largo discurso de Jesús, que en el evangelio según san Juan sigue al relato de la multiplicación de los panes, debe entenderse evidentemente en perspectiva eucarística. Se trata de una verdadera «catequesis mistagógica», es decir, de una enseñanza cuyo objetivo es iniciar a los creyentes en la comprensión de este «misterio», de este «sacramento»; dos palabras, una de origen griego y otra de origen latino, que tienen el mismo significado. Así lo entienden los cristianos de hoy, siguiendo al autor del cuarto evangelio, cuya redacción, en su forma actual, estaba ya acabada hacia finales del siglo 1. La lentitud de su desarrollo en espiral y su progresión, con frecuentes vueltas atrás, puede desconcertar. ¿Por qué no ir de manera más rápida y explícita a la eucaristía, puesto que de ella es de lo que se trata, evitando toda digresión? Vale la pena seguir su ritmo sin quemar etapas. Tal como está construido, el «Discurso sobre el pan de vida» permite reflexionar con calma, con tiempo, sobre el «misterio de la fe», que está por encima de todo lo que pueda decirse.
Lo que Jesús ha hecho hunde sus raíces en la larga sucesión de maravillas realizadas por Dios desde el éxodo. Lo que ha dicho se integra en el despliegue de la revelación de Dios. Sus actos y sus palabras lo revelan como el Hijo del hombre, el Verbo de Dios hecho carne, muerto y resucitado por nuestra salvación, y ahora vivo, con su cuerpo glorioso, a la derecha del Padre. La eucaristía, «remedio de inmortalidad» como decían los antiguos, restaura sin cesar nuestras fuerzas en la ruta de nuestro éxodo. Nos ofrece la prenda de lo que un día, cuando llegue el momento de celebrar el banquete eterno, recibiremos en plenitud: la comunión en la vida del Padre, con el Hijo y en el Espíritu. Fortalecidos por este alimento celestial, «no seremos insensatos, sino sensatos», y sabremos «aprovechar la ocasión» y «dar siempre gracias a Dios Padre por todo, en nombre de nuestro Señor Jesucristo».

PRIMERA LECTURA

El «temor de Dios», actitud general de reverencia hacia el Señor se prolonga en la sabiduría, que es fuente de inteligencia y de felicidad en el camino de la vida. La personificación de esta sabiduría expresa a la vez su trascendencia y su proximidad.

Comed de mi pan y bebed el vino que he mezclado.

Lectura del libro de los Proverbios 9,1-6

La Sabiduría se ha construido su casa
plantando siete columnas,
ha preparado el banquete,
mezclado el vino
y puesto la mesa;
ha despachado a sus criados
para que lo anuncien
en los puntos que dominan la ciudad:
«Los inexpertos que vengan aquí,
quiero hablar a los faltos de juicio:
“Venid a comer de mi pan
y a beber el vino que he mezclado;
dejad la inexperiencia y viviréis,
seguid el camino de la prudencia”».

Palabra de Dios.

SALMO

Apartarse del nial, obrar el bien, buscar la paz. este es el secreto de la sensatez y la felicidad revelado por la Sabiduría divina.

Salmo 33, 2-3. 10-11. 12-13. 14-15

R
Gustad y ved qué bueno es el Señor.

Bendigo al Señor en todo momento,
su alabanza está siempre en mi boca;
mi alma se gloría en el Señor:
que los humildes lo escuchen y se alegren. R

Todos sus santos, temed al Señor,
porque nada les falta a los que le temen;
los ricos empobrecen y pasan hambre,
los que buscan al Señor no carecen de nada. R

Venid, hijos, escuchadme:
os instruiré en el temor del Señor;
¿hay alguien que ame la vida
y desee días de prosperidad? R

Guarda tu lengua del mal,
tus labios de la falsedad;
apártate del mal, obra el bien,
busca la paz y corre tras ella. R

SEGUNDA LECTURA

El Espíritu Santo es la fuente de la sabiduría y del discernimiento. Los cristianos deben abrirle su corazón y ser dóciles a él. Sabrán entonces cómo andar por este mundo sin tener que abdicar de sus responsabilidades. Es también el Espíritu el que inspira la oración, empezando por la litúrgica y la acción de gracias que nunca debe cesar.

Daos cuenta de lo que el Señor quiere.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 5,15-20

Hermanos: Fijaos bien cómo andáis; no seáis insensatos, sino sensatos, aprovechando la ocasión, porque vienen días malos. Por eso, no estéis aturdidos, daos cuenta de lo que el Señor quiere.
No os emborrachéis con vino, que lleva al libertinaje. sino dejaos llenar del Espíritu. Recitad, alternando, salmos, himnos y cánticos inspirados; cantad y tocad con toda el alma para el Señor. Dad siempre gracias a Dios Padre por todo, en nombre de nuestro Señor Jesucristo.

Palabra de Dios.

ALELUYA Jn 6,56

Aleluya. Aleluya.
Gloria a ti, Jesús, por tus maravillas.
Tú eres la resurrección y la vida,
el pan que nos libra de la muerte. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
El que come mi carne y bebe mi sangre
habita en mí y yo en él —dice el Señor—. Aleluya.

EVANGELIO

Los cristianos intuyen, desde el principio, que el «Discurso sobre el pan de vida» se refiere a la eucaristía. Esto se hace evidente en el pasaje que leemos hoy: se trata de comer realmente el cuerpo y de beber realmente la sangre de Cristo, el Hijo del hombre, un título que en el cuarto evangelio remite siempre a los misterios inseparables de la encarnación y de la Pascua. Se come la carne de Cristo resucitado y se bebe su sangre bajo los signos, el «sacramento», del pan y el vino eucarísticos.

Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida.

+ Lectura del santo evangelio según san Juan 6,51-58

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: «Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo».
Disputaban los judíos entre sí: «Cómo puede este darnos a comer su carne?». Entonces Jesús les dijo: «Os aseguro que si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él. El Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre; del mismo modo, el que me come vivirá por mí. Este es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre».

Palabra de Dios.



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