lunes, 12 de octubre de 2015

18/10/2015 - 29º domingo Tiempo ordinario (B)

Lecturas y Evangelio del domingo

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29º domingo Tiempo ordinario (B)


«Seguir» a Jesús exige no preferir nada antes que a él, desprenderse libremente y con alegría de todo lo que estorba para ir con él hacia el Reino (evangelio del domingo pasado). Tales exigencias se oponen de tal modo a la mentalidad y a la prudencia humanas que los discursos mejor argumentados son incapaces de hacer comprender su sentido y de convencer de su absoluta necesidad. Sólo una mirada atenta y permanente al Señor y a su modo de comportarse puede llevar a un compromiso decidido en este camino. A esta contemplación es a la que nos invita la liturgia de hoy, bajo la luz convergente de los tres textos de la Escritura.
El profeta Isaías evoca a un misterioso «siervo de Dios» que ha cargado con los crímenes de muchos para «justificarlos», es decir, para hacerles recuperar la santidad perdida por la desobediencia a Dios. Es sorprendente el paralelismo, incluso en el lenguaje, con lo que se dice del Hijo del hombre, que ha venido «para servir y dar su vida en rescate por todos». Por otro lado, la carta a los Hebreos recuerda que Jesús, el Hijo de Dios, el sumo sacerdote «que ha atravesado el cielo», nos da la posibilidad de «acercarnos con seguridad al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y encontrar gracia que nos auxilie oportunamente». Así pues, la liturgia de la Palabra tiene hoy una notable unidad. Ilumina de manera particularmente viva el sentido y el alcance del misterio de la salvación que la Iglesia celebra aquí y ahora, misterio del que nosotros participamos y que debe determinar nuestra manera de vivir cada día en la Iglesia y en el mundo.
El Señor «ha sido probado en todo exactamente como nosotros». «Bautizado con el bautismo» de la angustia y el terror, aceptó libremente beber el «cáliz» que el Padre, «que lo puede todo», podía alejar de él (cf Mc 14,36). Se sometió voluntariamente a la dura ley de la muerte, aunque nunca había cometido pecado. Y en virtud de su total obediencia y su perfecta disponibilidad al servicio del designio divino de salvación, entró en la luz del Reino, adonde nos conduce a todos.
Este es el misterio de la fe celebrado en la asamblea fraterna de los discípulos, que, siguiendo el ejemplo de Cristo, deben rivalizar en celo por servir a los demás, poniendo su confianza en Dios por lo que concierne a su suerte en el reino de los cielos.

PRIMERA LECTURA

Oráculo profético muy sugerente, leído por la tradición cristiana para iluminar el misterio de la muerte y resurrección de Cristo, salvador del mundo.

Cuando entregue su vida como expiación, verá su descendencia, prolongará sus años.

Lectura del libro de Isaías 53, 10-11

El Señor quiso triturarlo con el sufrimiento,
y entregar su vida como expiación:
verá su descendencia, prolongará sus años,
lo que el Señor quiere prosperará por su mano.
Por los trabajos de su alma verá la luz,
el justo se saciará de conocimiento.
Mi siervo justificará a muchos,
porque cargó con los crímenes de ellos.

Palabra de Dios.

SALMO

El que pone su esperanza en el amor de Dios no conocerá la muerte.

Salmo 32, 4-5. 18-19. 20 y 22

R
Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,
como lo esperamos de ti.

Que la palabra del Señor es sincera,
y todas sus acciones son leales;
él ama la justicia y el derecho,
y su misericordia llena la tierra. R

Los ojos del Señor están puestos en sus fieles,
en los que esperan en su misericordia,
para librar sus vidas de la muerte
y reanimarlos en tiempo de hambre. R

Nosotros aguardamos al Señor:
él es nuestro auxilio y escudo,
Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,
como lo esperamos de ti. R

SEGUNDA LECTURA

Una firme proclamación de fe: todos los que ponen su confianza en Jesús, el Hijo de Dios hecho hombre, pueden contar con la seguridad de tener, por él y con él, acceso a Dios.

Acerquémonos con seguridad al trono de la gracia.

Lectura de la carta a los Hebreos 4, 14-16

Hermanos: Mantengamos la confesión de la fe, ya que tenemos un sumo sacerdote grande, que ha atravesado el cielo, Jesús. Hijo de Dios. No tenemos un sumo sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras debilidades, sino que ha sido probado en todo exactamente como nosotros, menos en el pecado.
Por eso, acerquémonos con seguridad al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y encontrar gracia que nos auxilie oportunamente.

Palabra de Dios.

ALELUYA Mc 10,45

Aleluya. Aleluya.
El que quiera estar con Cristo
deberá hacerse servidor de todos. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
El Hijo del hombre ha venido para servir
y dar su vida en rescate por todos. Aleluya.

EVANGELIO

Nadie puede pretender «seguir a Jesús» sin bautizarse con el mismo bautismo que él, es decir sin pasar por la humillación de la muerte, sin «beber su cáliz» de sufrimiento, confiando en el Padre para participar de la gloria de la resurrección. El reino de Cristo no tiene nada que ver con los reinos de la tierra. La ambición y la búsqueda de poder y de honores no tienen cabida en él. Al contrario, cada uno ha de procurar ser humilde servidor de los otros. Conviene no olvidar que «ministerio» y «diaconía» son dos palabras, procedentes una del latín y la otra del griego, que significan ambas «servicio».

El hijo del hombre ha venido para dar su vida en rescate por todos.

+ Lectura del santo evangelio según san Marcos 10, 35-45

En aquel tiempo, se acercaron a Jesús los hijos de Zebedeo, Santiago y Juan, y le dijeron: «Maestro, queremos que hagas lo que te vamos a pedir». Les preguntó: « ¿Qué queréis que haga por vosotros?». Contestaron: «Concédenos sentarnos en tu gloria uno a tu derecha y otro a tu izquierda». Jesús replicó: «No sabéis lo que pedís, ¿sois capaces de beber el cáliz que yo he de beber, o de bautizaros con el bautismo con que yo me voy a bautizar?». Contestaron: «Lo somos». Jesús les dijo: «El cáliz que yo voy a beberlo beberéis, y os bautizaréis con el bautismo con que yo me voy a bautizar, pero el sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo; está ya reservado».
Los otros diez, al oír aquello, se indignaron contra Santiago y Juan. Jesús, reuniéndolos, les dijo: «Sabéis que los que son reconocidos como jefes de los pueblos los tiranizan, y que los grandes los oprimen. Vosotros, nada de eso: el que quiera ser grande, sea vuestro servidor; y el que quiera ser primero, sea esclavo de todos. Porque el Hijo del hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por todos».

Palabra de Dios.



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