lunes, 2 de noviembre de 2015

08/11/2015 - 32º domingo Tiempo ordinario (B)

Lecturas y Evangelio del domingo

Para leer, compartir, bajarse o imprimir las lecturas y el Evangelio del domingo haz "clic" sobre el título del domingo, o haz "clic" sobre Ciclo A, Ciclo B o Ciclo C, en el menú superior para leer los evangelios de cada ciclo.
------------------------------------------------------------------------------------------------------------

32º domingo Tiempo ordinario (B)


Hay que entender correctamente lo que los evangelios dicen sobre los escribas, fariseos y demás dirigentes del pueblo. Se cargan voluntariamente las tintas en su caracterización para poner más de relieve los comportamientos denunciados. La afirmación de que todos actuaban así se debe a un género literario que no repara mucho en los matices. No hay que tomar, pues, esta generalización al pie de la letra. Había escribas dignos de elogio (evangelio del domingo pasado). José de Arimatea, «noble magistrado, que también aguardaba el reino de Dios», era simpatizante de Jesús (Mc 15,43), incluso discípulo suyo (Mt 27,57; Jn 19,38). No hay que olvidar, en fin, que los cristianos a los que se dirigen los evangelistas, lo mismo que nosotros, no tienen ya ninguna relación con los escribas de los que habla Jesús. De todos modos, el retrato de los escribas tiene unos trazos tan marcados que nadie podría reconocerse en él ni considerarlo una fiel reproducción de tal o cual grupo que pudiera parecérsele. Lo propio de una caricatura es subrayar los defectos característicos de un personaje o de una situación.
Por el contrario, la viuda que da todo lo que tiene, unas pocas monedas, evoca a bastantes personas que actúan verdaderamente como ella. Con frecuencia se las considera poco razonables, e incluso inimitables. Sin embargo, la «viuda pobre» del evangelio se propone como modelo para todos, justamente porque da, no «de lo que le sobra», sino «todo lo que tenía para vivir»; no sólo una parte de sí misma, sino toda entera.
Es, en fin, la fe lo que aquí está en juego, como testimonia el relato de lo que le ocurrió a Elías. El puso totalmente su confianza en Dios yendo a Sarepta sin saber cómo podría subsistir allí. Es también una viuda pobre la que lo socorre. Fiándose de la promesa que el profeta le hace en nombre de Dios, ella ofrece lo que le queda para sobrevivir unos días con su hijo.
Cristo, por su parte, entregó su propia vida «para destruir el pecado con el sacrificio de sí mismo», a fin de que todos se salven y participen de su gloria cuando vuelva. El carácter ejemplar de la ofrenda de los pobres de la que habla la Escritura no puede pues suavizarse o edulcorarse, sobre todo cuando se celebra la eucaristía, «misterio de la fe», memorial de la Pascua de Cristo muerto y resucitado.

PRIMERA LECTURA

Más que el milagro, lo admirable en este relato es la fe de los dos protagonistas. Dios le ha dicho a Elías que una viuda asegurará su subsistencia en el país hostil en el que se va a refugiar (IR 17,1-9). La persona con la que se encuentra está en extrema indigencia. La confianza que el profeta pone en Dios no queda defraudada. Pero más admirable aún es la fe de la mujer que no duda en arriesgar su vida y la de su hijo confiando en la palabra de un Dios al que no conoce y del que sale fiador un extranjero.

La viuda hizo un panecillo y lo llevó a Elías.

Lectura del primer libro de los Reyes 1 R 17, 10-16

En aquellos días, el profeta Elías se puso en camino hacia Sarepta, y, al llegar a la puerta de la ciudad, encontró allí una viuda que recogía leña. La llamó y le dijo: «Por favor, tráeme un poco de agua en un jarro para que beba».
Mientras iba a buscarla, le gritó: «Por favor, tráeme también en la mano un trozo de pan». Respondió ella: «Te juro por el Señor, tu Dios, que no tengo ni pan; me queda sólo un puñado de harina en el cántaro y un poco de aceite en la alcuza. Ya ves que estaba recogiendo un poco de leña. Voy a hacer un pan para mí y para mi hijo; nos lo comeremos y luego moriremos». Respondió Elías: «No temas. Anda, prepáralo como has dicho, pero primero hazme a mí un panecillo y tráemelo: para ti y para tu hijo lo harás después. Porque así dice el Señor, Dios de Israel: “La orza de harina no se vaciará, la alcuza de aceite no se agotará, hasta el día en que el Señor envíe la lluvia sobre la tierra”».
Ella se fue, hizo lo que le había dicho Elías, y comieron él, ella y su hijo. Ni la orza de harina se vació, ni la alcuza de aceite se agotó, como lo había dicho el Señor por medio de Elías.

Palabra de Dios.

SALMO

«Complicidad» entre Dios y los pobres, unidos por una confianza recíproca.

Salmo 145,7.8-9a.9bc-10 (R.: 1)

R
Alaba, alma mía, al Señor.

Que mantiene su fidelidad perpetuamente,
que hace justicia a los oprimidos,
que da pan a los hambrientos.
El Señor liberta a los cautivos. R

El Señor abre los ojos al ciego,
el Señor endereza a los que ya se doblan,
el Señor ama a los justos,
el Señor guarda a los peregrinos. R

Sustenta al huérfano y a la viuda
y trastorna el camino de los malvados.
El Señor reina eternamente,
tu Dios, Sión, de edad en edad. R

SEGUNDA LECTURA

El Día de la expiación, el Yóm Kippur, el sumo sacerdote entraba en el santuario para ofrecer un sacrificio de animales. Salía luego para asperjar al pueblo con su sangre. Después se enviaba al desierto un «chivo expiatorio», cargado simbólicamente con los pecados de todos. Cristo, por su parte, entró una sola vez en el santuario del cielo, derramando su propia sangre para liberar a la humanidad de todos sus pecados. Después de haber muerto, compartiendo «el destino de los hombres», aparecerá una «segunda vez», «sin ninguna relación al pecado, a los que lo esperan, para salvarlos».

Cristo se ha ofrecido una sola vez para quitar los pecados de todos.

Lectura de la carta a los Hebreos 9,24-28

Cristo ha entrado no en un santuario construido por hombres —imagen del auténtico—, sino en el mismo cielo, para ponerse ante Dios, intercediendo por nosotros.
Tampoco se ofrece a sí mismo muchas veces —como el sumo sacerdote, que entraba en el santuario todos los años y ofrecía sangre ajena; si hubiese sido así, tendría que haber padecido muchas veces, desde el principio del mundo—. De hecho, él se ha manifestado una sola vez, al final de la historia, para destruir el pecado con el sacrificio de sí mismo. Por cuanto el destino de los hombres es morir una sola vez. Y después de la muerte, el juicio.
De la misma manera, Cristo se ha ofrecido una sola vez para quitar los pecados de todos. La segunda vez aparecerá, sin ninguna relación al pecado, a los que lo esperan, para salvarlos.

Palabra de Dios.

ALELUYA Mt 5 ,3

Aleluya. Aleluya.
Dichoso el que lo da todo
y pone su confianza en Jesús. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Dichosos los pobres en el espíritu,
porque de ellos es el reino de los cielos. Aleluya.

EVANGELIO

Escribas vanidosos, de piedad afectada, que aprovechan su situación para sacar dinero a los débiles. Una pobre viuda que, sin pretender hacerse notar ofrece a Dios lo poco que posee. La severa condena de los primeros y el cálido elogio de la humilde y generosa mujer deben resonar sin cesar en los oídos de los dirigentes de la comunidad cristiana y de cada uno de nosotros. Se puede engañar a los hombres, pero no a Dios: las intenciones ocultas del corazón no escapan a la mirada de Jesús, que se ha entregado por completo, dando la vida.

Esa pobre viuda ha echado más que nadie.

+ Lectura del santo evangelio según san Marcos 12, 38-44

En aquel tiempo, entre lo que enseñaba Jesús a la gente, dijo: «¡Cuidado con los escribas! Les encanta pasearse con amplio ropaje y que les hagan reverencias en la plaza, buscan los asientos de honor en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes; y devoran los bienes de las viudas, con pretexto de largos rezos. Estos recibirán una sentencia más rigurosa». Estando Jesús sentado enfrente del arca de las ofrendas, observaba a la gente que iba echando dinero: muchos ricos echaban en cantidad; se acercó una viuda pobre y echó dos reales. Llamando a sus discípulos, les dijo: «Os aseguro que esa pobre viuda ha echado en el arca de las ofrendas más que nadie. Porque los demás han echado de lo que les sobra pero esta, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir».

Palabra de Dios.



Blog:               http://sopelakoeliza.blogspot.com
                        http://iglesiadesopelana.blogspot.com


No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada

La publicación de los comentarios requerirán la aceptación del administrador del blog.