sábado, 31 de octubre de 2015

02/11/2015 - Conmemoración de todos los fieles difuntos (B)

Lecturas y Evangelio del domingo

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Conmemoración de todos los fieles difuntos (B)


Recordar a los familiares y amigos desaparecidos, a las personas cuya vida, obras e influencia nos han marcado, llegando incluso a darles culto, es la cosa más difundida y natural del mundo. Monumentos funerarios y conmemorativos, y hoy fotografías colocadas en lugares destacados de las casas, dan abundante testimonio de ello. Pero para los cristianos, el recuerdo de los muertos va acompañado de la oración de intercesión por «todos los difuntos, cuya fe sólo Dios conoce». Así es como, desde la segunda mitad del siglo II, se encuentran testimonios de oración litúrgica por los difuntos en el norte de África. A partir del siglo IV los testimonios son abundantes. Sin embargo, no será hasta bastante más tarde, por iniciativa de san Odilón, abad de Cluny (994-1049), cuando se instaure y fije el día 2 de noviembre la Conmemoración de todos los fieles difuntos. El santo abad ordenó que se celebrara en todos los monasterios de la orden, lo que tuvo lugar por primera vez el 2 de noviembre del año 998. Desde allí se difundió muy rápidamente por toda la Iglesia latina.
Silos creyentes tienen hacia los difuntos los mismos sentimientos que cualquier otra persona, también se ven igualmente asaltados por los mismos interrogantes, múltiples y angustiosos, a propósito de la muerte. Efectivamente, la fe no deja insensible ante la perspectiva del final de toda vida terrena. Para ellos, como para todos los demás, es algo incomprensible. Aunque uno pueda asumir su propia muerte, puesto que es inevitable, no deja de resultar escandalosa cuando se trata de seres que acaban de nacer a la vida, de niños, hombres y mujeres que parecen tener un largo futuro por delante, en quienes se habían puesto grandes esperanzas, víctimas inocentes de estúpidos accidentes o de una violencia gratuita. «¿,Por qué, Señor?», dicen entonces los creyentes con un grito de fe, en el que se mezclan las lágrimas y la indignación. «Padre, ¿por qué me has abandonado?», gemía Jesús en la cruz. El cielo permanece mudo. Pero «Cristo ha resucitado de entre los muertos; y, con él, también nosotros resucitaremos». Sólo esta certeza puede darnos la fuerza necesaria para decir en medio de la noche más profunda: «Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu».

PRIMERA LECTURA

Esta primera lectura es del Libro de las Lamentaciones y nos presenta, precisamente, el lamento de quien espera ya, en silencio la salvación del Señor, aunque no hurta explicar su desánimo. Es un texto duro, sin duda.

Es bueno esperar en silencio la salvación del Señor.

Lectura del libro de las Lamentaciones 3,17-26

Me han arrancado la paz
y ni me acuerdo de la dicha;
me digo: se me acabaron las fuerzas
y mi esperanza en el Señor.
Fíjate en mi aflicción y en mi amargura,
en la hiel que me envenena;
no hago más que pensar en ello
y estoy abatido.
Pero hay algo que traigo a la memoria
y me da esperanza:
que la misericordia del Señor no termina
y no se acaba su compasión;
antes bien se renuevan cada mañana.
¡Qué grande es tu fidelidad!
«El Señor es mi lote», me digo,
y espero en él.
El Señor es bueno para los que en él esperan
y lo buscan;
es bueno esperar en silencio
la salvación del Señor.

Palabra de Dios.

SALMO

Gritar a Dios es esperar. Confesar el propio pecado es creer en el perdón. En medio de las tinieblas que nos rodean, brillan ya los primeros resplandores de la Pascua de Cristo.

Salmo 129, 1-2. 3-4ab. 4c-6. 7-8

R
Del Señor viene la misericordia, la redención copiosa.

Desde lo hondo a ti grito, Señor:
Señor, escucha mi voz;
estén tus oídos atentos
a la voz de mi súplica. R

Si llevas cuenta de los delitos, Señor,
¿quién podrá resistir?
Pero de ti procede el perdón
y así infundes respeto. R

Mi alma espera en el Señor,
espera en su palabra;
mi alma aguarda al Señor,
más que el centinela la aurora. R

Aguarde Israel al Señor,
como el centinela la aurora;
porque del Señor viene la misericordia,
la redención copiosa;
y él redimirá a Israel
de todos sus delitos. R

SEGUNDA LECTURA

Por Jesucristo y en él, se cumplen todas las promesas de Dios. El hombre “ha muerto al pecado” en la cruz del Hijo de Dios, cabeza de la nueva humanidad. Y “vive para Dios” desde el día en que el Señor, primogénito de entre los muertos, subió a los cielos, donde reina para siempre junto al Padre. Este paso de la muerte del pecado a la vida divina, se efectúa en cada uno de nosotros en el momento del bautismo, prenda de la vida eterna hacia la cual, desde este momento, podemos y debemos progresar día tras día.

Andemos en una vida.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 6,3-9

Hermanos:
Los que por el Bautismo nos incorporamos a Cristo, fuimos incorporados a su muerte.
Por el Bautismo fuimos sepultados con él en la muerte, para que, así como Cristo fue despertado de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en una vida nueva.
[Porque, si nuestra existencia está unida a él en una muerte como la suya, lo estará también en una resurrección como la suya.
Comprendamos que nuestra vieja condición ha sido crucificada con Cristo, quedando destruida nuestra personalidad de pecadores y nosotros libres de la esclavitud al pecado; porque el que muere ha quedado absuelto del pecado.]
Por tanto, si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con él; pues sabemos que Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más; la muerte ya no tiene dominio sobre él.

Palabra de Dios.

VERSÍCULO ANTES DEL EVANGELIO Jn 11, 25a.26

Yo soy la resurrección y la vida, dice el Señor;
el que cree en mi no morirá jamás.

EVANGELIO

Las preguntas algo ingenuas de Tomás, en la que muchos pueden reconocerse, son ocasión para aclarar unos cuantos puntos fundamentales. Jesús en persona es el camino, y la verdad y la vida. Conocerlo a él es conocer al Padre, que es uno con él. Creer lleva a hacer las mismas obras que acreditan al Hijo. Verdaderamente la fe no tiene nada que ver  con los sueños que llevan a evadirse de la realidad. Está orientada decididamente hacia el presente y compromete la responsabilidad de los creyentes en el mundo y en la Iglesia “ya desde ahora”.

Yo soy el camino, y la verdad, y la vida.

+ Lectura del santo evangelio según san Juan 14,1-6

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
- Que no tiemble vuestro corazón; creed en Dios y creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas estancias; si no fuera así, ¿os habría dicho que voy a prepararos sitio? Cuando vaya y os prepare sitio, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo, estéis también vosotros. Y adonde yo voy, ya sabéis el camino.
Tomás le dice:
- Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?
Jesús le responde:
- Yo soy el camino, y la verdad, y la vida. Nadie va al Padre, sino por mí.

Palabra de Dios.



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lunes, 26 de octubre de 2015

01/11/2015 - Todos los Santos (B)

Lecturas y Evangelio del domingo

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Todos los Santos (B)


La veneración de los santos y santas ocupa un lugar muy importante en las liturgias actuales. Su culto se desarrolló en todos los ritos desde finales del siglo IV y comienzos del V, momento en el que empezaron a recordarse en la plegaria eucarística. Se trataba en primer lugar de los mártires de la Iglesia local, y luego también de otros especialmente célebres. Después de la época de las persecuciones, se les unieron otros no mártires y ascetas. Se tienen noticias de la celebración de una fiesta de todos los santos en ciertas Iglesias de Oriente, especialmente en Antioquía y Éfeso, de donde pasó a Roma. Celebrada originariamente el primer domingo después de Pentecostés, se trasladó luego al 1 de noviembre, al fijar Gregorio Magno (590-604) en esa semana las témporas de primavera. El 13 de mayo del año 610, el papa Bonifacio IV (608-6 15) transformó el Panteón de Roma en una iglesia dedicada a María y a todos los santos. Por último, el papa Gregorio IV (827-844) hizo que el emperador de Occidente, Luis el Piadoso (814-840), firmara un decreto por el que se fijaba definitivamente la fiesta de Todos los Santos el 1 de noviembre. Celebración local en Roma y en algunas Iglesias primero, se convirtió luego rápidamente en una solemnidad común a toda la Europa latina.
Se trataba de reunir en una misma celebración al conjunto de los santos, de los que ningún catálogo o «martirologio» llegaba a ofrecer la lista completa. Pero se incluían también los santos desconocidos, anónimos: una muchedumbre inmensa, según el Apocalipsis de san Juan, «de toda nación, raza, pueblo y lengua». Su número crece sin cesar en este tiempo en el que, de manera invisible, se va construyendo el Reino. Sólo los distingue «el ángel que sube del oriente» para marcar con el sello la frente de los siervos de Dios. Habrá que esperar al día de la manifestación del Hijo de Dios para que se reconozcan los que eran, ya en esta tierra, hijos de Dios. Una cosa es segura: estarán entre ellos todos aquellos a quienes Jesús declaró «dichosos», no por la penosa situación de su existencia en la tierra, sino porque Dios está con ellos. Los pobres en el espíritu, los que lloran, los sufridos, los que tienen hambre y sed de la justicia, los misericordiosos, los limpios de corazón, los que trabajan por la paz, los perseguidos por causa de la justicia, correrán la misma suerte que Jesús. Aunque sólo él vivió plenamente el ideal de las bienaventuranzas.

PRIMERA LECTURA

La primera visión desvela la cara oculta de la etapa terrena de la salvación; la segunda, la realización celeste del plan de Dios. El tiempo presente es tiempo de prórroga; el juicio se aplazo para más tarde. 144.000 (12 veces 12 multiplicado por 1.000) es un número de plenitud: no se quedará fuera ninguno de los que pertenecen a Dios. La visión de la gran liturgia del cielo revela que los elegidos serán una muchedumbre inmensa y que vendrán de todas partes. Aunque las dos escenas se desarrollan en planos distintos, el terreno y el celeste, se pasa continuamente de uno a otro: lo que ocurre aquí abajo tiene repercusión en el cielo.

Apareció en la visión una muchedumbre inmensa, que nadie podría contar, de toda nación, raza, pueblo y lengua.

Lectura del libro del Apocalipsis 7,2-4.9-14

Yo, Juan, vi a otro ángel que subía del oriente llevando el sello del Dios vivo. Gritó con voz potente a los cuatro ángeles encargados de dañar a la tierra y al mar, diciéndoles: "No dañéis a la tierra ni al mar ni a los árboles hasta que marquemos en la frente a los siervos de nuestro Dios." Oí también el número de los marcados, ciento cuarenta y cuatro mil, de todas las tribus de Israel.
Después esto apareció en la visión una muchedumbre inmensa, que nadie podría contar, de toda nación, raza, pueblo y lengua, de pie delante del trono y del Cordero, vestidos con vestiduras blancas y con palmas en sus manos. Y gritaban con voz potente: "¡La victoria es de nuestro Dios, que está sentado en el trono, y del Cordero!"
Y todos los ángeles que estaban alrededor del trono y de los ancianos y de los cuatro vivientes cayeron rostro a tierra ante el trono, y rindieron homenaje a Dios, diciendo: "Amén. La alabanza y la gloria y la sabiduría y la acción de gracias y el honor y el poder y la fuerza son de nuestro Dios, por los siglos de los siglos. Amén."
Y uno de los ancianos me dijo: "Ésos que están vestidos con vestiduras blancas, ¿quiénes son y de dónde han venido?" Yo le respondí: "Señor mío, tú lo sabrás." Él me respondió: "Éstos son los que vienen de la gran tribulación: han lavado y blanqueado sus vestiduras en la sangre del Cordero."

Palabra de Dios.

SALMO

Aquí está la muchedumbre inmensa de los que han encontrado a Dios.

Salmo 23, 1-2. 3-4ab. 5-6 (R 32, 6a)

R
Éste es el grupo que viene a tu presencia, Señor.

Del Señor es la tierra y cuanto la llena,
el orbe y todos sus habitantes:
él la fundó sobre los mares,
él la afianzó sobre los ríos. R

¿Quién puede subir al monte del Señor?
¿Quién puede estar en el recinto sacro?
El hombre de manos inocentes y puro corazón,
que no confía en los ídolos. R

Ése recibirá la bendición del Señor,
le hará justicia el Dios de salvación.
Éste es el grupo que busca al Señor,
que viene a tu presencia, Dios de Jacob. R

SEGUNDA LECTURA

Sólo la fe permite reconocer en el hombre Jesús al Hijo de Dios, así como la condición de hijos de Dios propia de los discípulos. La vuelta de Cristo hará manifiesta su identidad profunda y, al mismo tiempo, lo que son «ahora» los cristianos. Esta certeza y esta esperanza dan a los discípulos la fuerza necesaria para actuar confiadamente y caminar hacia lo que aún no se ha manifestado con claridad, a pesar de la hostilidad y las contradicciones del mundo.

Veremos a Dios tal cual es.

Lectura de la primera carta del apóstol san Juan 3,1-3

Queridos hermanos: Mirad qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, pues ¡lo somos! El mundo no nos conoce porque no le conoció a él. Queridos, ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que, cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque lo veremos tal cual es. Todo el que tiene esperanza en él, se purifica a sí mismo, como él es puro.

Palabra de Dios

ALELUYA Mt 11, 28

Aleluya. Aleluya.
Estemos alegres y contentos,
porque nuestra recompensa será grande
en el cielo. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados,
y yo os aliviaré – dice el Señor -. Aleluya.

EVANGELIO

«Dichosos», «están del lado bueno, bien situados», «deben alegrarse ya de antemano todos los que tienen la certeza de recibir una gran recompensa en el cielo». Esto es lo que proclaman las bienaventuranzas, que en modo alguno hacen apología de la pobreza impuesta, de las persecuciones, la calumnia o los insultos sufridos por causa de Cristo.

Estad alegres y contentos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo.

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 5, 1-12a

En aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, subió a la montaña, se sentó, y se acercaron sus discípulos; y él se puso a hablar, enseñándoles:
"Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.
“Dichosos los que lloran, porque ellos serán consolados.
“Dichosos los sufridos, porque ellos heredarán la tierra.
“Dichosos los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados.
“Dichosos los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.
“Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.
“Dichosos los que trabajan por la paz, porque ellos se llamarán los Hijos de Dios.
“Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.
“Dichosos vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa.
Estad alegres y contentos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo."

Palabra de Dios.



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01/11/2015 - 31º domingo Tiempo ordinario (B)

Lecturas y Evangelio del domingo

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31º domingo Tiempo ordinario (B)


A los niños les encanta escuchar una y otra vez, con una capacidad de asombro siempre renovado, historias que han oído ya muchas veces. Con ese mismo ánimo hay que escuchar hoy, de nuevo, el relato del diálogo entre Jesús y un escriba. Que muestra, ante todo, que no todos los escribas tenían prejuicios e intenciones torcidas cuando interrogaban a Jesús. Además, y en primer lugar, se trata aquí de una cuestión fundamental, ya que se refiere al mandamiento que «es el primero de todos».
A veces se plantea esta cuestión dentro de una perspectiva casuística, es decir, tratando de establecer una jerarquía entre los deberes, con la intención más o menos explícita de encontrar un modo de salir adelante con el menor esfuerzo posible. Pero el escriba, sin duda, y Jesús, evidentemente, se sitúan en un punto de vista totalmente distinto. El «primer mandamiento» se determina no por estar encabezando una lista, sino por su prioridad absoluta. Es la fuente y la meta de todas las demás prescripciones. Se impone siempre, en todo lugar y en toda circunstancia. No admite excusas ni excepciones. Respecto de él, nunca se ha hecho bastante. Más que de un mandamiento en el sentido corriente del término, se trata de un principio ineludible que exige de cada uno responsabilidad y discernimiento, pues en todo momento es necesario decidir lo que el amor a Dios y al prójimo obliga a hacer o a evitar. En concreto, todo lo que, de algún modo, perjudica a los otros es incompatible con el amor que se debe a Dios. Más allá de cualquier otra consideración, lo que está en juego es la relación con Dios, como proclama la profesión de fe que precede e introduce el enunciado del «primer mandamiento»: «Escucha, Israel: el Señor, nuestro Dios, es solamente uno». Esta es la razón de que el criterio último y cierto del amor a Dios sea el amor al prójimo. «Quien no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios, a quien no ve» (1 Jn 4,20).
El «temor de Dios», del que habla a menudo la Escritura, es, ante todo, religión del corazón, que es donde deben inscribirse los mandamientos, y no sometimiento legal a las leyes de un código moral. Estas podrían recompensamos o castigarnos de manera proporcionada. Pero de lo que se trata es de la salvación, adquirida por Cristo, «nuestro sumo sacerdote, santo, inocente, sin mancha», que amó a los suyos «hasta el extremo» (Jn 13,1).

PRIMERA LECTURA

El «temor de Dios», reverenda afectuosa que se traduce en adoración, se confunde con la religión en espíritu y en verdad. Quien lo posee, cumple los mandamientos. Promulgados en el marco de una alianza, de un pacto de amistad, crean entre las partes vínculos recíprocos libremente aceptados. A los que entran en esta relación privilegiada y son fieles a ella, Dios les promete lo mejor, que aquí se describe como una larga vida en una tierra feroz 

Escucha, Israel: Amarás al Señor con todo el corazón.

Lectura del libro del Deuteronomio 6, 2-6

En aquellos días, habló Moisés al pueblo, diciendo: «Teme al Señor, tu Dios, guardando todos sus mandatos y preceptos que te manda, tú, tus hijos y tus nietos, mientras viváis; así prolongarás tu vida. Escúchalo, Israel, y ponlo por obra, para que te vaya bien y crezcas en número. Ya te dijo el Señor, Dios de tus padres: “Es una tierra que mana leche y miel”. Escucha, Israel: El Señor, nuestro Dios, es solamente uno. Amarás al Señor, tu Dios, con todo el corazón, con toda el alma, con todas las fuerzas. Las palabras que hoy te digo quedarán en tu memoria».

Palabra de Dios.

SALMO

En todas las encrucijadas de la vida, «el primer mandamiento» muestra la dirección que hay que seguir para hacer la voluntad de Dios.

Salmo 17, 2-3a. 3bc-4 47 y 51ab

R
Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza.

Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza;
Señor, mi roca, mi alcázar, mi libertador. R

Dios mío, peña mía, refugio mío, escudo mío,
mi fuerza salvadora, mi baluarte.
Invoco al Señor de mi alabanza
y quedo libre de mis enemigos. R

Viva el Señor, bendita sea mi Roca,
sea ensalzado mi Dios y Salvador.
Tú diste gran victoria a tu rey,
tuviste misericordia de tu Ungido. R

SEGUNDA LECTURA

El sacerdocio de Cristo «permanece para siempre», porque el que lo ejerce vive para siempre junto a Dios. Además, su «sacrificio», al ser perfecto, no necesita repetirse: es y será en todas partes y para siempre fluente de salvación para los que celebran su memorial.

Como permanece para siempre, tiene el sacerdocio que no pasa.

Lectura de la carta a los Hebreos 7, 23-28

Hermanos: Ha habido multitud de sacerdotes del antiguo Testamento, porque la muerte les impedía permanecer; como éste, en cambio, permanece para siempre, tiene el sacerdocio que no pasa. De ahí que puede salvar definitivamente a los que por medio de él se acercan a Dios, porque vive siempre para interceder en su favor.
Y tal convenía que fuese nuestro sumo sacerdote: santo, inocente, sin mancha, separado de los pecadores y encumbrado sobre el cielo. El no necesita ofrecer sacrificios cada día —como ls sumos sacerdotes, que ofrecían primero por los propios pecados, después por los del pueblo—, porque lo hizo de una vez para siempre, ofreciéndose a sí mismo. En efecto, la Ley hace a los hombres sumos sacerdotes llenos de debilidades. En cambio, las palabras del juramento, posterior a la Ley, consagran al Hijo, perfecto para siempre.

Palabra de Dios.

ALELUYA Jn 14, 23

Aleluya. Aleluya.
El Señor nuestro Dios es el único Señor
No hay mandamiento mayor
que amarlo con todo el corazón
y amar al prójimo como a uno mismo. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
El que me ama guardará mi palabra
—dice el Señor—,
y mi Padre lo amará, y vendremos a él. Aleluya.

EVANGELIO

Amar con un mismo amor a Dios, «el único Señor», y al prójimo: en esto consiste el primer mandamiento. De todo el que lo entiende y obra en consecuencia puede decirse que «no está lejos del reino de Dios».

No estás lejos del reino de Dios.

+ Lectura del santo Evangelio según San Marcos 12, 28b-34

En aquel tiempo, un escriba se acercó a Jesús y le preguntó: « ¿Qué mandamiento es el primero de todos?». Respondió Jesús: «El primero es: “Escucha, Israel, el Señor, nuestro Dios, es el único Señor: amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser”. El segundo es este: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. No hay mandamiento mayor que estos».
El escriba replicó: «Muy bien. Maestro, tienes razón cuando dices que el Señor es uno solo y no hay otro fuera de él; y que amarlo con todo el corazón, con todo el entendimiento y con todo el ser, y amar al prójimo como a uno mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios». Jesús, viendo que había respondido sensatamente, le dijo: «No estás lejos del reino de Dios».
Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas.

Palabra de Dios.



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lunes, 19 de octubre de 2015

25/10/2015 - 30º domingo Tiempo ordinario (B)

Lecturas y Evangelio del domingo

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30º domingo Tiempo ordinario (B)


En tres ocasiones Jesús anuncia a los que lo acompañan desde el comienzo de su ministerio que su ruta lo conduce a Jerusalén, donde debe sufrir, morir y resucitar. Para Pedro, este desenlace trágico es inadmisible. Santiago y Juan, «los hijos de Zebedeo», parece que no habían retenido más que la idea de la gloria, que, pensaban ellos, hacía presagiar la instauración inmediata y visible del reino de aquel al que seguían; en él querían ocupar puestos de honor a cualquier precio (evangelio del domingo pasado). Y hoy nos encontramos a la salida de Jericó, última etapa del camino de Jesús hacia Jerusalén. Allí tiene lugar una curación particularmente simbólica:
la de Bartimeo, un mendigo ciego sentado a la vera del camino. El enfermo grita a Jesús llamándolo «hijo de David». Al ser invitado a acercarse, con toda confianza, «soltó el manto, dio un salto y se acercó a Jesús» para suplicarle la curación. «Curado» por su fe «al momento» sigue a Jesús por el camino.
Este vivaz relato está cargado de significados para los cristianos a los que se dirige el evangelista-catequista san Marcos. Jesús puede y quiere curar la ceguera de los que le gritan con fe y no dudan en acercarse a él. Esta primera «iluminación» tiene lugar en el momento del bautismo. Es una etapa personalmente precedida de una preparación más o menos larga, cuando el «sacramento de la fe» se recibe en edad adulta o escolar. En el caso de los niños pequeños, son otros los que los introducen en el camino que ha de llevarlos a participar cada vez más conscientemente en el misterio pascual de Jesús, en su muerte y resurrección.
Sería lamentable volver a sentarse al borde del camino después de este primer encuentro, o abandonar a su propia suerte a los niños bautizados inmediatamente después de su nacimiento. Los sacramentos que jalonan la vida cristiana, la eucaristía celebrada regularmente, se nos dan para ir avanzando sin tropiezos en el camino que conduce a Jerusalén, o para ponerse nuevamente en pie cuando uno ha caído. Porque el Señor invita a los que lo siguen a un éxodo maravilloso, a un éxodo al que todos los pueblos pueden asociarse. Se puede confiar en él. «Escogido entre los hombres, está puesto para representar a los hombres en el culto a Dios: para ofrecer dones y sacrificios por los pecados». Por eso puede hacer que los pecadores se levanten de nuevo y lo sigan por el camino.

PRIMERA LECTURA

Dios es feliz e invita a toda la tierra a participar de su alegría; la prueba ha dado su fruto, puede perdonar a su pueblo arrepentido. Como suele ocurrir este cambio de situación se evoca como un nuevo y maravilloso éxodo. Hasta los impedidos caminarán a buen paso, y aquellos a los que una impureza legal mantenía apartados también estarán allí El final del cisma entre las tribus del Norte y las del Sur anuncia la congregación de todos los pueblos en la unidad.

Guiaré entre consuelos a los ciegos y cojos.

Lectura del libro de Jeremías 31, 7-9

Así dice el Señor:
«Gritad de alegría por Jacob,
regocijaos por el mejor de los pueblos;
proclamad, alabad y decid:
El Señor ha salvado a su pueblo,
al resto de Israel.
Mirad que yo os traeré del país del norte,
os congregaré de los confines de la tierra.
Entre ellos hay ciegos y cojos,
preñadas y paridas: una gran multitud retorna.
Se marcharon llorando,
los guiaré entre consuelos;
los llevaré a torrentes de agua,
por un camino llano en que no tropezarán.
Seré un padre para Israel,
Efraín será mi primogénito».

Palabra de Dios.

SALMO

Risas y gritos de alegría, cantos de fiesta en honor del Señor que hace maravillas en favor de los suyos.

Salmo 125, 1-2ab. 2cd-3. 4-5. 6

R
El Señor ha estado grande con nosotros,
y estamos alegres.

Cuando el Señor cambió la suerte de Sión,
nos parecía soñar:
la boca se nos llenaba de risas,
la lengua de cantares. R

Hasta los gentiles decían:
«El Señor ha estado grande con ellos».
El Señor ha estado grande con nosotros,
y estamos alegres. R

Que el Señor cambie nuestra suerte,
como los torrentes del Negueb.
Los que sembraban con lágrimas
cosechan entre cantares. R

Al ir, iba llorando,
llevando la semilla;
al volver, vuelve cantando,
trayendo sus gavillas. R

SEGUNDA LECTURA

Cristo es el único mediador perfecto entre el cielo y la tierra, porque en su persona Dios y el hombre están unidos íntimamente y para siempre. El no se ha arrogado su sacerdocio, que no es de institución humana; a él le pertenece por su misterioso origen divino. Se dice «según el rito de Melquisedec», porque este sacerdote del Altísimo (cf Gn 14,18-20) no pertenece a ninguna estirpe sacerdotal conocida (Hb 7,3).

Tú eres, sacerdote eterno, según el rito de Melquisedec.

Lectura de la carta a los Hebreos 5, 1-6

Hermanos: Todo sumo sacerdote, escogido entre los hombres, está puesto para representar a los hombres en el culto a Dios: para ofrecer dones y sacrificios por los pecados.
El puede comprender a los ignorantes y extraviados, ya que él mismo está envuelto en debilidades. A causa de ellas, tiene que ofrecer sacrificios por sus propios pecados, como por los del pueblo.
Nadie puede arrogarse este honor: Dios es quien llama, como en el caso de Aarón. Tampoco Cristo se confirió a sí mismo la dignidad de sumo sacerdote, sino aquel que le dijo:
«Tú eres mi Hijo:
yo te he engendrado hoy»,
o, como dice otro pasaje de la Escritura:
«Tú eres sacerdote eterno,
según el rito de Melquisedec».

Palabra de Dios.

ALELUYA 2Tm 1,10

Aleluya. Aleluya.
Animo, levantémonos, que nos llama.
Sigamos a Cristo
por el camino de la salvación. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Nuestro Salvador Jesucristo destruyó la muerte
y sacó a la luz la vida,
por medio del Evangelio. Aleluya.

EVANGELIO

Un milagro de incuestionable alcance simbólico. Tiene lugar a la salida de Jericó, última etapa antes de llegar a Jerusalén, adonde Jesús conduce a sus discípulos. Nada ni nadie consigue impedir a aquel hombre que grite a Jesús. El pide que lo llamen. Al contrario de lo que sucede en la curación del ciego de Betsaida, realizada como en secreto (Mc 8,22-26), la de Bartimeo tiene lugar en medio de la gente. Jesús no manda al enfermo recién curado que regrese a su pueblo, sino que lo acepta entre sus acompañantes. Ha llegado el momento de apresurarse a ir a Jerusalén, llevando consigo a todos los que quieran «ver». Se puede descubrir aquí una alusión al bautismo, llamado en otro tiempo «Sacramento de la iluminación»,

Maestro, haz que pueda ver.

+ Lectura del santo evangelio según san Marcos 10, 46b-52

En aquel tiempo, al salir Jesús de Jericó con sus discípulos y bastante gente, el ciego Bartimeo, el hijo de Timeo, estaba sentado al borde del camino, pidiendo limosna. Al oír que era Jesús Nazareno, empezó a gritar: «Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí».
Muchos lo regañaban para que se callara. Pero él gritaba más: «Hijo de David, ten compasión de mí». Jesús se detuvo y dijo: «Llamadlo». Llamaron al ciego, diciéndole: «Animo, levántate, que te llama».
Soltó el manto, dio un salto y se acercó a Jesús. Jesús le dijo: « ¿Qué quieres que haga por ti?». El ciego le contestó: «Maestro, que pueda ver». Jesús le dijo: «Anda, tu fe te ha curado». Y al momento recobró la vista y lo seguía por el camino.

Palabra de Dios.



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lunes, 12 de octubre de 2015

18/10/2015 - 29º domingo Tiempo ordinario (B)

Lecturas y Evangelio del domingo

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29º domingo Tiempo ordinario (B)


«Seguir» a Jesús exige no preferir nada antes que a él, desprenderse libremente y con alegría de todo lo que estorba para ir con él hacia el Reino (evangelio del domingo pasado). Tales exigencias se oponen de tal modo a la mentalidad y a la prudencia humanas que los discursos mejor argumentados son incapaces de hacer comprender su sentido y de convencer de su absoluta necesidad. Sólo una mirada atenta y permanente al Señor y a su modo de comportarse puede llevar a un compromiso decidido en este camino. A esta contemplación es a la que nos invita la liturgia de hoy, bajo la luz convergente de los tres textos de la Escritura.
El profeta Isaías evoca a un misterioso «siervo de Dios» que ha cargado con los crímenes de muchos para «justificarlos», es decir, para hacerles recuperar la santidad perdida por la desobediencia a Dios. Es sorprendente el paralelismo, incluso en el lenguaje, con lo que se dice del Hijo del hombre, que ha venido «para servir y dar su vida en rescate por todos». Por otro lado, la carta a los Hebreos recuerda que Jesús, el Hijo de Dios, el sumo sacerdote «que ha atravesado el cielo», nos da la posibilidad de «acercarnos con seguridad al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y encontrar gracia que nos auxilie oportunamente». Así pues, la liturgia de la Palabra tiene hoy una notable unidad. Ilumina de manera particularmente viva el sentido y el alcance del misterio de la salvación que la Iglesia celebra aquí y ahora, misterio del que nosotros participamos y que debe determinar nuestra manera de vivir cada día en la Iglesia y en el mundo.
El Señor «ha sido probado en todo exactamente como nosotros». «Bautizado con el bautismo» de la angustia y el terror, aceptó libremente beber el «cáliz» que el Padre, «que lo puede todo», podía alejar de él (cf Mc 14,36). Se sometió voluntariamente a la dura ley de la muerte, aunque nunca había cometido pecado. Y en virtud de su total obediencia y su perfecta disponibilidad al servicio del designio divino de salvación, entró en la luz del Reino, adonde nos conduce a todos.
Este es el misterio de la fe celebrado en la asamblea fraterna de los discípulos, que, siguiendo el ejemplo de Cristo, deben rivalizar en celo por servir a los demás, poniendo su confianza en Dios por lo que concierne a su suerte en el reino de los cielos.

PRIMERA LECTURA

Oráculo profético muy sugerente, leído por la tradición cristiana para iluminar el misterio de la muerte y resurrección de Cristo, salvador del mundo.

Cuando entregue su vida como expiación, verá su descendencia, prolongará sus años.

Lectura del libro de Isaías 53, 10-11

El Señor quiso triturarlo con el sufrimiento,
y entregar su vida como expiación:
verá su descendencia, prolongará sus años,
lo que el Señor quiere prosperará por su mano.
Por los trabajos de su alma verá la luz,
el justo se saciará de conocimiento.
Mi siervo justificará a muchos,
porque cargó con los crímenes de ellos.

Palabra de Dios.

SALMO

El que pone su esperanza en el amor de Dios no conocerá la muerte.

Salmo 32, 4-5. 18-19. 20 y 22

R
Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,
como lo esperamos de ti.

Que la palabra del Señor es sincera,
y todas sus acciones son leales;
él ama la justicia y el derecho,
y su misericordia llena la tierra. R

Los ojos del Señor están puestos en sus fieles,
en los que esperan en su misericordia,
para librar sus vidas de la muerte
y reanimarlos en tiempo de hambre. R

Nosotros aguardamos al Señor:
él es nuestro auxilio y escudo,
Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,
como lo esperamos de ti. R

SEGUNDA LECTURA

Una firme proclamación de fe: todos los que ponen su confianza en Jesús, el Hijo de Dios hecho hombre, pueden contar con la seguridad de tener, por él y con él, acceso a Dios.

Acerquémonos con seguridad al trono de la gracia.

Lectura de la carta a los Hebreos 4, 14-16

Hermanos: Mantengamos la confesión de la fe, ya que tenemos un sumo sacerdote grande, que ha atravesado el cielo, Jesús. Hijo de Dios. No tenemos un sumo sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras debilidades, sino que ha sido probado en todo exactamente como nosotros, menos en el pecado.
Por eso, acerquémonos con seguridad al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y encontrar gracia que nos auxilie oportunamente.

Palabra de Dios.

ALELUYA Mc 10,45

Aleluya. Aleluya.
El que quiera estar con Cristo
deberá hacerse servidor de todos. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
El Hijo del hombre ha venido para servir
y dar su vida en rescate por todos. Aleluya.

EVANGELIO

Nadie puede pretender «seguir a Jesús» sin bautizarse con el mismo bautismo que él, es decir sin pasar por la humillación de la muerte, sin «beber su cáliz» de sufrimiento, confiando en el Padre para participar de la gloria de la resurrección. El reino de Cristo no tiene nada que ver con los reinos de la tierra. La ambición y la búsqueda de poder y de honores no tienen cabida en él. Al contrario, cada uno ha de procurar ser humilde servidor de los otros. Conviene no olvidar que «ministerio» y «diaconía» son dos palabras, procedentes una del latín y la otra del griego, que significan ambas «servicio».

El hijo del hombre ha venido para dar su vida en rescate por todos.

+ Lectura del santo evangelio según san Marcos 10, 35-45

En aquel tiempo, se acercaron a Jesús los hijos de Zebedeo, Santiago y Juan, y le dijeron: «Maestro, queremos que hagas lo que te vamos a pedir». Les preguntó: « ¿Qué queréis que haga por vosotros?». Contestaron: «Concédenos sentarnos en tu gloria uno a tu derecha y otro a tu izquierda». Jesús replicó: «No sabéis lo que pedís, ¿sois capaces de beber el cáliz que yo he de beber, o de bautizaros con el bautismo con que yo me voy a bautizar?». Contestaron: «Lo somos». Jesús les dijo: «El cáliz que yo voy a beberlo beberéis, y os bautizaréis con el bautismo con que yo me voy a bautizar, pero el sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo; está ya reservado».
Los otros diez, al oír aquello, se indignaron contra Santiago y Juan. Jesús, reuniéndolos, les dijo: «Sabéis que los que son reconocidos como jefes de los pueblos los tiranizan, y que los grandes los oprimen. Vosotros, nada de eso: el que quiera ser grande, sea vuestro servidor; y el que quiera ser primero, sea esclavo de todos. Porque el Hijo del hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por todos».

Palabra de Dios.



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lunes, 5 de octubre de 2015

11/10/2015 - 28º domingo Tiempo ordinario (B)

Lecturas y Evangelio del domingo

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28º domingo Tiempo ordinario (B)


El evangelio de este domingo nos presenta de nuevo la enseñanza de Jesús, de camino hacia Jerusalén. Allí conduce a sus discípulos, después de anunciarles por segunda vez su próxima Pasión. Este marco pone de relieve el verdadero sentido y el alcance de las exigencias, muchas veces radicales, del evangelio que san Marcos nos propone. Que no tienen nada de arbitrarias, ni se confunden con lo que puede tener de arduo el cumplimiento de una ley.
Jesús ha proclamado solemnemente que no ha venido a abolir las prescripciones antiguas, sino a darles plenitud (Mt 5,7), es decir, a situarlas en la dirección de la auténtica voluntad de Dios. Desde su infancia y juventud, él las ha cumplido en esta perspectiva, de acuerdo con su espíritu, mostrándonos así el ejemplo de una justa fidelidad a la ley. Pero él es mucho más que un nuevo Moisés restaurador de la pureza de la legislación recibida de los antepasados, mucho más que un modelo perfecto al que hay que imitar lo más fielmente posible. El es personalmente el Salvador, la Salvación. Esa es la razón de que haya que seguirlo, liberándose para ello de todo lo que ata a las cosas caducas, en particular a los bienes materiales, aunque hayan sido adquiridos legítimamente, con el fin de «tener un tesoro en el cielo».
Esto es una locura para los hombres que creen útiles y necesarias para la felicidad las riquezas que garantizan una vida cada día más confortable y aseguran el futuro: una lista de bienes que se prolonga indefinidamente, sobre todo en una sociedad de consumo cada vez más ambiciosa. Y sin embargo se trata de la sabiduría suprema, porque hace ver y valorar todas las cosas como las ve y valora el mismo Dios. Las Escrituras nos la han revelado. Pero el criterio último e indiscutible del justo discernimiento es Jesús, el Hijo de Dios, su Verbo, su «Palabra viva». El «juzga los deseos e intenciones del corazón»; es a él a quien tendremos que «rendir cuentas». Nada debe preferirse a él. Sobre todo para quienes poseen grandes riquezas, esto supone dolorosas renuncias. Pero hay que saber aceptarlas con alegría para entrar en la gloria adquirida por Jesús al precio de un desprendimiento y una entrega total.
La eucaristía es prenda de la vida eterna, infinitamente más preciosa que todo lo demás. Bajo los signos del sacramento, se recibe al autor mismo de la salvación.

PRIMERA LECTURA

La sabiduría humana tiene su valor Pero hay otra sabiduría infinitamente más valiosa: la que viene de Dios. Cuando se comprende su valor inestimable, hay que pedirla insistentemente en la oración.

En comparación de la sabiduría, tuve en nada la riqueza.

Lectura del libro de la Sabiduría 7,7-11

Supliqué, y se me concedió la prudencia; invoqué, y vino a mí el espíritu de sabiduría. La preferí a cetros y tronos, y, en su comparación, tuve en nada la riqueza. No le equiparé la piedra más preciosa, porque todo el oro, a su lado, es un poco de arena, y, junto a ella, la plata vale lo que el barro.
La quise más que la salud y la belleza, y me propuse tenerla por luz, porque su resplandor no tiene ocaso. Con ella me vinieron todos los bienes juntos, en sus manos había riquezas incontables.

Palabra de Dios.

SALMO

Las riquezas pasan. Sólo el amor de Dios permanece. Que él mismo nos ayude a comprenderlo.

Salmo 89, 12-13. 14-15. 16-17

R
Sácianos de tu misericordia, Señor,
y toda nuestra vida será alegría.

Enséñanos a calcular nuestros años,
para que adquiramos un corazón sensato.
Vuélvete, Señor, ¿hasta cuándo?
Ten compasión de tus siervos. R

Por la mañana sácianos de tu misericordia,
y toda nuestra vida será alegría y júbilo,
Danos alegría, por los días en que nos afligiste,
por los años en que sufrimos desdichas. R

Que tus siervos vean tu acción,
y sus hijos tu gloria.
Baje a nosotros la bondad del Señor
y haga prósperas las obras de nuestras manos. R

SEGUNDA LECTURA

«La palabra de Dios» designa aquí a Cristo, Palabra hecha carne que da a conocer la voluntad del Padre. No es posible hacer trampas con esta «Palabra viva», que con frecuencia escuece, pero siempre es saludable.

La palabra de Dios juzga los deseos e intenciones del corazón.

Lectura de la carta a los Hebreos 4,12-13

La palabra de Dios es viva y eficaz, más tajante que espada de doble filo, penetrante hasta el punto donde se dividen alma y espíritu, coyunturas y tuétanos. Juzga los deseos e intenciones del corazón.
No hay criatura que escape a su mirada. Todo está patente y descubierto a los ojos de aquel a quien hemos de rendir cuentas.

Palabra de Dios.

ALELUYA Mt 5,3

Aleluya. Aleluya.
Hay que dejarlo todo y soportarlo todo,
para heredar con Cristo la vida eterna. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Dichosos los pobres en el espíritu,
porque de ellos es el reino de los cielos. Aleluya.

EVANGELIO

Para «seguir» a Jesús, que significa «hacerse discípulo suyo», no es suficiente cumplir los mandamientos: hay que preferirlo a él por encima de todo, porque él es el Salvador Esta adhesión exclusiva a su persona, que se impone a todos, resulta especialmente difícil para los que poseen grandes riquezas. Pero nadie puede salvarse por sus propias fuerzas.

Vende lo que tienes y sígueme.

+ Lectura del santo evangelio según san Marcos 10,17-30

En aquel tiempo, cuando salía Jesús al camino, se le acercó uno corriendo, se arrodilló y le preguntó: «Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?». Jesús le contestó: « ¿Por qué me llamas bueno? No hay nadie bueno más que Dios. Ya sabes los mandamientos: no matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, no estafarás, honra a tu padre y a tu madre». El replicó: «Maestro, todo eso lo he cumplido desde pequeño». Jesús se le quedó mirando con cariño y le dijo: «Una cosa te falta: anda, vende lo que tienes, dale el dinero a los pobres, así tendrás un tesoro en el cielo, y luego sígueme». A estas palabras, él frunció el ceño y se marchó pesaroso, porque era muy rico.
Jesús, mirando alrededor, dijo a sus discípulos: « ¡Qué difícil les va a ser a los ricos entrar en el reino de Dios!». Los discípulos se extrañaron de estas palabras. Jesús añadió: «Hijos, ¡qué difícil les es entrar en el reino de Dios a los que ponen su confianza en el dinero! Más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el reino de Dios».
Ellos se espantaron y comentaban: «Entonces, ¿quién puede salvarse?». Jesús se les quedó mirando y les dijo: «Es imposible para los hombres, no para Dios. Dios lo puede todo».
Pedro se puso a decirle: «Ya ves que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido». Jesús dijo: «Os aseguro que quien deje casa, o hermanos o hermanas, o madre o padre, o hijos o tierras, por mí y por el Evangelio, recibirá ahora, en este tiempo, cien veces más —casas y hermanos y hermanas y madres e hijos y tierras, con persecuciones—, y en la edad futura, vida eterna».

Palabra de Dios.



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