lunes, 18 de enero de 2016

24//01/2016 - 3º domingo Tiempo ordinario (C)

Lecturas y Evangelio del domingo

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3º domingo Tiempo ordinario (C)


Hoy comienza la lectura del evangelio según san Lucas, que caracteriza al ciclo C. El autor declara haber escrito un relato de los hechos transmitidos por «testigos oculares». «Después de comprobarlo todo exactamente desde el principio»; es decir, que ha realizado una labor de historiador, sin que eso signifique consignar los acontecimientos dentro del marco de una cronología y una geografía estrictas. Ha adoptado el plan que, permaneciendo fiel a la autenticidad de los hechos, le ha parecido más adecuado para su propósito: permitir al lector darse cuenta de «la solidez de las enseñanzas» que ha recibido de otros. Se trata de una manera de proceder que diferencia al verdadero historiador del simple cronista.
San Lucas comienza su relato con la intervención de Jesús, cuando tenía unos treinta años, un sábado en la sinagoga de Nazaret, donde se había criado. El poder del Espíritu, del que ha sido revestido en el momento del bautismo en las aguas del Jordán, le ha granjeado ya una gran fama en toda la región. Por eso es normal que se le pida que haga la lectura prevista para ese día en el oficio de la sinagoga. Pero se trata de un texto del profeta Isaías en el que se habla de un enviado de Dios, encargado de «anunciar el Evangelio a los pobres, a los cautivos la libertad y a los ciegos la vista», de «dar libertad a los oprimidos y anunciar el año de gracia del Señor». Tradicionalmente, la lectura del texto profético iba seguida de lo que nosotros llamamos una homilía, confiada a veces a un maestro que estaba de paso. San Lucas recoge de la de Jesús sólo la afirmación central: «Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír». Jesús se presenta así, de pronto, tal como los cristianos lo reconocen: él es, personalmente, el que da cumplimiento a las Escrituras.
La segunda parte de la obra de san Lucas, el libro de los Hechos de’ los apóstoles, muestra cómo esta palabra se difunde y mueve, en el mundo entero, a una multitud de hombres y mujeres a adherirse al Señor (Hch 5,14). Este impulso misionero de la Iglesia exige que todos, sin pretender imponemos a los demás, pongamos al servicio de los otros los dones y carismas procedentes del Espíritu, con el fin de que crezca el cuerpo entero del que Cristo es cabeza.
Este domingo pone ante los ojos de los cristianos el ideal y la vocación de la Iglesia reunida en torno a la palabra de Dios.

PRIMERA LECTURA

Una gran liturgia de la palabra: asamblea de todo el pueblo, entronización solemne del Libro, lector a la vista de todos, traducción del texto a la lengua común y explicación del mismo, fin de la reunión con una comida de fiesta en la que todos participan. Una tradición que se ha perpetuado hasta nuestros días.

Leían el libro de la Ley, explicando el sentido.

Lectura del libro de Nehemías 8,2-4a. 5-6. 8-10

En aquellos días, el sacerdote Esdras trajo el libro de la Ley ante la asamblea, compuesta de hombres, mujeres y todos los que tenían uso de razón. Era mediados del mes séptimo. En la plaza de la Puerta del Agua, desde el amanecer hasta el mediodía, estuvo leyendo el libro a los hombres, a las mujeres y a los que tenían uso de razón. Toda la gente seguía con atención la lectura de la Ley.
Esdras, el escriba, estaba de pie en el púlpito de madera que había hecho para esta ocasión. Esdras abrió el libro a la vista de todo el pueblo -pues se hallaba en un puesto elevado- y, cuando lo abrió, toda la gente se puso en pie. Esdras bendijo al Señor, Dios grande, y todo el pueblo, levantando las manos, respondió:
- Amén, amén.
Después se inclinaron y adoraron al Señor, rostro en tierra.
Los levitas leían el libro de la ley de Dios con claridad y explicando el sentido, de forma que comprendieron la lectura. Nehemías, el gobernador, Esdras, el sacerdote y escriba, y los levitas que enseñaban al pueblo decían al pueblo entero:
- Hoy es un día consagrado a nuestro Dios: no hagáis duelo ni lloréis.
Porque el pueblo entero lloraba al escuchar las palabras de la Ley. Y añadieron:
- Andad, comed buenas tajadas, bebed vino dulce y enviad porciones a quien no tiene, pues es un día consagrado a nuestro Dios. No estéis tristes, pues el gozo en el Señor es vuestra fortaleza.

Palabra de Dios.

SALMO

Vida y sabiduría, alegría y luz, derecho y justicia, seguridad: son innumerables los beneficios derivados de la palabra de Dios.

Salmo 18, 8. 9. 10. 15.

R
Tus palabras, Señor, son espíritu y vida.

La ley del Señor es perfecta
y es descanso del alma;
el precepto del Señor es fiel
e instruye al ignorante. R

Los mandatos del Señor son rectos
y alegran el corazón;
la norma del Señor es límpida
y da luz a los ojos. R

La voluntad del Señor es pura
y eternamente estable;
los mandamientos del Señor son verdaderos
y enteramente justos. R

Que te agraden las palabras de mi boca,
y llegue a tu presencia el meditar de mi corazón,
Señor, roca mía, redentor mío. R

SEGUNDA LECTURA

«La Iglesia es el cuerpo de Cristo, y nosotros somos sus miembros». Es indispensable que cada cual realice correctamente la función que le corresponde. En su diversidad, todos contribuyen al correcto y armonioso funcionamiento del conjunto. Nadie debe ser considerado como inferior Por eso, la jerarquía de los carismas y los ministerios no significa en absoluto superioridad de las personas que se benefician de ellos o los ejercen.

Vosotros sois el cuerpo de Cristo, y cada uno es un miembro.

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 12,12-30

Hermanos:
Lo mismo que el cuerpo es uno y tiene muchos miembros, y todos los miembros del cuerpo, a pesar de ser muchos, son un solo cuerpo, así es también Cristo.
Todos nosotros, judíos y griegos, esclavos y libres, hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo. Y todos hemos bebido de un solo Espíritu.
El cuerpo tiene muchos miembros, no uno solo.
Si el pie dijera: «No soy mano, luego no formo parte del cuerpo», ¿dejaría por eso de ser parte del cuerpo? Si el oído dijera: «No soy ojo, luego no formo parte del cuerpo», ¿dejaría por eso de ser parte del cuerpo? Si el cuerpo entero fuera ojo, ¿cómo oiría? Si el cuerpo entero fuera oído, ¿cómo olería? Pues bien, Dios distribuyó el cuerpo y cada uno de los miembros como él quiso.
Si todos fueran un mismo miembro, ¿dónde estaría el cuerpo?
Los miembros son muchos, es verdad, pero el cuerpo es uno solo.
El ojo no puede decir a la mano: «No te necesito»; y la cabeza no puede decir a los pies: «No os necesito». Más aún, los miembros que parecen más débiles son más necesarios. Los que nos parecen despreciables, los apreciamos más. Los menos decentes, los tratamos con más decoro. Porque los miembros más decentes no lo necesitan.
Ahora bien, Dios organizó los miembros del cuerpo dando mayor honor a los que menos valían.
Así, no hay divisiones en el cuerpo, porque todos los miembros por igual se preocupan unos de otros.
Cuando un miembro sufre, todos sufren con él; cuando un miembro es honrado, todos se felicitan.
Pues bien, vosotros sois el cuerpo de Cristo, y cada uno es un miembro.
Y Dios os ha distribuido en la Iglesia: en el primer puesto los apóstoles, en el segundo los profetas, en el tercero los maestros, después vienen los milagros, luego el don de curar, la beneficencia, el gobierno, la diversidad de lenguas.
¿Acaso son todos apóstoles? ¿O todos son profetas? ¿O todos maestros? ¿O hacen todos milagros? ¿Tienen todos don para curar? ¿Hablan todos en lenguas o todos las interpretan?

Palabra de Dios.

ALELUYA Lc 4,18

Aleluya. Aleluya.
Cristo, en medio de nosotros,
desenrolla hoy el libro,
y nos revela el sentido de las Escrituras. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
El Señor me ha enviado
para anunciar el Evangelio a los pobres,
para anunciar a los cautivos la libertad. Aleluya.

EVANGELIO

San Lucas, que escribe después de otros, es consciente de que también él está haciendo una obra útil. Considera que el relato que se ha propuesto redactar contribuirá a confirmar lo que los «testigos oculares» y los «predicadores de la palabra» han relatado. La narración de lo ocurrido en la sinagoga de Nazaret constituye una especie de prólogo al conjunto del tercer evangelio. Jesús, como mostrará más adelante el relato, es personalmente el cumplimiento de las promesas; la Buena Noticia que anuncia se dirige en primer lugar a los pobres, a los cautivos, a los oprimidos; la palabra de Dios ha de estudiarse constantemente y deforma siempre nueva, a la luz del Espíritu.

Hoy se cumple esta Escritura.

+ Lectura del santo evangelio según san Lucas 1,1-4; 4,14-21

Excelentísimo Teófilo:
Muchos han emprendido la tarea de componer un relato de los hechos que se han verificado entre nosotros, siguiendo las tradiciones transmitidas por los que primero fueron testigos oculares y luego predicadores de la palabra. Yo también, después de comprobarlo todo exactamente desde el principio, he resuelto escribírtelos por su orden, para que conozcas la solidez de las enseñanzas que has recibido.
En aquel tiempo, Jesús volvió a Galilea con la fuerza del Espíritu; y su fama se extendió por toda la comarca. Enseñaba en las sinagogas, y todos lo alababan.
Fue a Nazaret, donde se había criado, entró en la sinagoga, como era su costumbre los sábados, y se puso en pie para hacer la lectura. Le entregaron el libro del profeta Isaías y, desenrollándolo, encontró el pasaje donde estaba escrito:
«El Espíritu del Señor está sobre mí,
porque él me ha ungido.
Me ha enviado para anunciar el Evangelio a los pobres,
para anunciar a los cautivos la libertad,
y a los ciegos, la vista.
Para dar libertad a los oprimidos;
para anunciar el año de gracia del Señor».
Y, enrollando el libro, lo devolvió al que le ayudaba y se sentó. Toda la sinagoga tenía los ojos fijos en él. Y él se puso a decirles:
- Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír.

Palabra de Dios.



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