lunes, 25 de enero de 2016

31//01/2016 - 4º domingo Tiempo ordinario (C)

Lecturas y Evangelio del domingo

Para leer, compartir, bajarse o imprimir las lecturas y el Evangelio del domingo haz "clic" sobre el título del domingo, o haz "clic" sobre Ciclo A, Ciclo B o Ciclo C, en el menú superior para leer los evangelios de cada ciclo.
------------------------------------------------------------------------------------------------------------

4º domingo Tiempo ordinario (C)


Como el domingo pasado, la liturgia de hoy sitúa a los fieles congregados en presencia de Jesús, sentado en la sinagoga de Nazaret, donde ha proclamado inaugurado el año de gracia anunciado por el profeta Isaías. En un primer momento, los oyentes acogen favorablemente esta declaración: «Todos le expresaban su aprobación», es decir, se ponían de su lado. Pero a estas buenas disposiciones iniciales sucede pronto la duda: ¿de dónde puede venirle esa sabiduría al «hijo de José», el carpintero del pueblo? Jesús sabe lo que los oyentes piensan en su interior; debió percibirlo en sus miradas sorprendidas o irónicas. Puestos al descubierto, se ponen furiosos al oír cómo se los compara con los que habían rechazado a los profetas. Entonces los vecinos de Nazaret quieren acabar con Jesús. Pero será el propio Jesús quien, libremente y cuando llegue su hora, se pondrá en camino hacia Jerusalén, donde debe morir (Lc 9,51).
En esta especie de introducción al conjunto del evangelio según san Lucas afloran varios de los grandes temas que lo caracterizan. El día de su presentación en el templo, Simeón declara que Jesús, «luz para alumbrar a las naciones», será para muchos «bandera discutida» (Lc 2,32.34). Por otra parte, el evangelista insiste constantemente en el universalismo de la salvación. Finalmente, no hay que olvidar que el libro de los Hechos de los apóstoles es la segunda parte de la obra de san Lucas, donde este quiere mostrar cómo la misión de la Iglesia es continuación de la del Señor. Rechazados como él por sus conciudadanos, los apóstoles se verán obligados a predicar el Evangelio más allá de las fronteras de su país.
El profetismo, tanto el de los misioneros como el de las comunidades cristianas, no se compagina con un provincianismo estrecho, con un particularismo limitado. El recuerdo de la conducta de Dios debe estar presente en todo momento en la asamblea cristiana reunida para celebrar el misterio de la salvación.
Lo que hace posible la unidad de las comunidades eclesiales y de la Iglesia entera es el amor sin límites. Los que están animados por él, lejos de guardarse celosamente para sí los bienes recibidos de Dios, de replegarse con cobardía en sus propios intereses por miedo a perderlos, desean ante todo que el mayor número posible de personas se beneficien de ellos. La fe languidece y acaba por apagarse cuando no se comparte.

PRIMERA LECTURA

Jeremías prueba lo que cuesta ser fiel a su misión profética. Nunca habría podido asumirla si no se hubiera aferrado vigorosamente a Dios, que le había prometido ser su fuerza para mantenerse firme en medio de las dificultades.

Te nombré profeta de los gentiles.

Lectura del libro de Jeremías 1,4-5. 17-19

En los días de Josías, recibí esta palabra del Señor:
- Antes de formarte en el vientre, te escogí; antes de que salieras del seno materno, te consagré: te nombré profeta de los gentiles.
Tú cíñete los lomos, ponte en pie y diles lo que yo te mando. No les tengas miedo, que si no, yo te meteré miedo de ellos.
Mira; yo te convierto hoy en plaza fuerte, en columna de hierro, en muralla de bronce, frente a todo el país: frente a los reyes y príncipes de Judá, frente a los sacerdotes y la gente del campo.
Lucharán contra ti, pero no te podrán, porque yo estoy contigo para librarte.

Palabra de Dios.

SALMO

Es en Dios, su esperanza, en quien los profetas encuentran fuerza y sostén para anunciar contra viento y marea, su auxilio y su salvación.

Salmo 70, 1-2. 3-4a. 5-6ab. 15ab y 17

R
Mi boca contará tu salvación, Señor.

A ti, Señor, me acojo:
no quede yo derrotado para siempre;
tú que eres justo,
líbrame y ponme a salvo,
inclina a mí tu oído,
y sálvame. R

Sé tú mi roca de refugio,
el alcázar donde me salve,
porque mi peña y mi alcázar eres tú.
Dios mío, líbrame de la mano perversa. R

Porque tú, Dios mío,
fuiste mi esperanza y mi confianza, Señor,
desde mi juventud.
En el vientre materno ya me apoyaba en ti,
en el seno tú me sostenías. R

Mi boca contará tu auxilio,
y todo el día tu salvación.
Dios mío, me instruiste desde mi juventud,
y hasta hoy relato tus maravillas. R

SEGUNDA LECTURA

El amor fraterno inspirado por el amor de Dios está por encima de todo, es la mayor de las virtudes. El himno, bien conocido, se divide en tres partes: superioridad absoluta del amor sus obras y su perennidad.

Quedan la fe, la esperanza, el amor; pero la más grande es el amor.

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 12,31_13,13

Hermanos:
Ambicionad los carismas mejores. Y aún os voy a mostrar un camino mejor.
Ya podría yo hablar las lenguas de los hombres y de los ángeles; si no tengo amor, no soy más que un metal que resuena o unos platillos que aturden.
Ya podría tener el don de predicción y conocer todos los secretos y todo el saber; podría tener fe como para mover montañas; si no tengo amor, no soy nada.
Podría repartir en limosnas todo lo que tengo y aun dejarme quemar vivo; si no tengo amor, de nada me sirve.
El amor es comprensivo,
el amor es servicial y no tiene envidia;
el amor no presume ni se engríe;
no es mal educado ni egoísta;
no se irrita, no lleva cuentas del mal;
no se alegra de la injusticia,
sino que goza con la verdad.
Disculpa sin límites, cree sin límites,
espera sin límites, aguanta sin límites.
El amor no pasa nunca.
¿El don de predicar? -se acabará.
¿El don de lenguas? -enmudecerá.
¿El saber? -se acabará.
Porque inmaduro es nuestro saber
e inmaduro nuestro predicar;
pero cuando venga la madurez,
lo inmaduro se acabará.
Cuando yo era niño, hablaba como un niño,
sentía como un niño, razonaba como un niño.
Cuando me hice un hombre,
acabé con las cosas de niño.
Ahora vemos como en un espejo de adivinar;
entonces veremos cara a cara.
Mi conocer es por ahora inmaduro,
entonces podré conocer como Dios me conoce.
En una palabra:
quedan la fe, la esperanza, el amor: estas tres.
La más grande es el amor.

Palabra de Dios.

ALELUYA Lc 4,18

Aleluya, Aleluya.
Habla, Jesús, hijo de María y de José:
tú eres. el Cristo, Dios en medio de nosotros,
nosotros damos testimonio de ti. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
El Señor me ha enviado para anunciar el Evangelio a los pobres,
para anunciar a los cautivos la libertad. Aleluya.

EVANGELIO

Admiración, escepticismo, hostilidad, intento de linchamiento: son las reacciones de los habitantes de Nazaret tras la primera intervención de Jesús en su pueblo. Todos los profetas han tenido una suerte semejante. La mala acogida recibida en su patria los ha obligado a transmitir en otros lugares el mensaje que tenían la misión de proclamar. Lo mismo ocurrirá más tarde con los discípulos de Jesús. La persecución que hace que se disperse la joven comunidad de Jerusalén da lugar a que se predique por primera vez la Buena Noticia fuera de la ciudad, como testimonia el libro de los Hechos de los apóstoles, segunda parte de la obra de san Lucas.

Jesús, como Elías y Eliseo, no es enviado sólo a los judíos.

+ Lectura del santo evangelio según san Lucas 4,21-30

En aquel tiempo, comenzó Jesús a decir en la sinagoga:
- Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír.
Y todos le expresaban su aprobación y se admiraban de las palabras de gracia que salían de sus labios.
Y decían:
- ¿No es éste el hijo de José?
Y Jesús les dijo:
- Sin duda me recitaréis aquel refrán: «Médico, cúrate a ti mismo»; haz también aquí en tu tierra lo que hemos oído que has hecho en Cafarnaún.
Y añadió:
- Os aseguro que ningún profeta es bien mirado en su tierra. Os garantizo que en Israel había muchas viudas en tiempos de Elías, cuando estuvo cerrado el cielo tres años y seis meses, y hubo una gran hambre en todo el país; sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías, más que a una viuda de Sarepta, en el territorio de Sidón. Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del profeta Eliseo; sin embargo, ninguno de ellos fue curado, más que Naamán, el sirio.
Al oír esto, todos en la sinagoga se pusieron furiosos y, levantándose, lo empujaron fuera del pueblo hasta un barranco del monte en donde se alzaba su pueblo, con intención de despeñarlo.
Pero Jesús se abrió paso entre ellos y se alejaba.

Palabra de Dios.



Blog:               http://sopelakoeliza.blogspot.com


No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada

La publicación de los comentarios requerirán la aceptación del administrador del blog.