lunes, 8 de febrero de 2016

14//02/2016 - 1º domingo de Cuaresma (C)

Lecturas y Evangelio del domingo

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1º domingo de Cuaresma (C)


¿Cómo es posible que criaturas creadas «a imagen y semejanza de Dios» se aparten del bien y elijan el mal, cuya experiencia muestra sus más desastrosos efectos? Es la eterna pregunta de todo creyente ante la realidad del pecado y del mal. La Biblia, en forma de relato popular pintoresco, pero al mismo tiempo sabia y hábilmente construido, ha transmitido el fruto de las largas reflexiones de los sabios que se han ocupado de este problema fundamental (Gn 3,1-19).
El pecado, desobediencia fatal a la ley de vida dada por Dios, es cuestionamiento radical de la veracidad y fundamentación de la palabra del Señor. Si el hombre y la mujer llegan a él es porque se han dejado seducir por aquel a quien llamamos diablo. Este ser misterioso logra convencerlos por medio de argumentos falaces y engañosos, diciéndoles que Dios los engaña para mantenerlos en un estado de sometimiento indigno de su condición. Nadie escapa a las insinuaciones del tentador, que hace estragos sin cesar en el corazón de los hombres y en el mundo.
Jesús, «lleno del Espíritu Santo», también tuvo que enfrentarse a Satanás. El diablo empieza insinuándole que la voz que había oído al salir de las aguas del Jordán había sido una ilusión. «Si eres realmente el Hijo de Dios», a quien él ha engendrado hoy (Lc 3,22; cf Hb 1,5), «dile a esta piedra que se convierta en pan». «No sólo de pan vive el hombre», contesta Jesús, cuyo alimento será siempre hacer la voluntad del que lo ha enviado y llevar a cabo su obra (Jn 4,34). Nunca cederá a la tentación del poder ni a las seducciones del dinero, contra cuya tiranía pone en guardia a sus discípulos (Lc 16,13). Nunca, en fin, tentará a Dios, ni siquiera en el momento trágico de su agonía (Lc 22,42).
En los momentos de tentación, a la que nadie escapa, sólo hay un medio para no caer: aferrarse firmemente, como Jesús, a la palabra de Dios, que está cerca de nosotros, en nuestra boca y en nuestro corazón, creer en aquel a quien Dios ha resucitado de entre los muertos, invocar el nombre del Señor para que nos salve.
De un grupo de arameos errantes, Dios ha hecho un pueblo a cuya cabeza se ha puesto Cristo. Jamás seremos confundidos si permanecemos unidos a él. El nos conduce hacia su Pascua, de la que la eucaristía es a la vez memorial y prenda.

PRIMERA LECTURA

A partir de la ofrenda de las primicias, común a la mayoría de las religiones, el Deuteronomio hace una profesión de fe explícita en el Dios liberador de su pueblo, por el que no cesa de velar. El memorial del éxodo, acontecimiento fundante, se sitúa a partir de entonces en el corazón mismo del culto bíblico. Del mismo modo, hoy el memorial de la Pascua de Cristo es fuente y cumbre de la liturgia cristiana.

Profesión de fe del pueblo escogido.

Lectura del libro del Deuteronomio 26,4-10

Dijo Moisés al pueblo:
- El sacerdote tomará de tu mano la cesta con las primicias y la pondrá ante el altar del Señor, tu Dios.
Entonces tú dirás ante el Señor, tu Dios: «Mi padre fue un arameo errante, que bajó a Egipto, y se estableció allí, con unas pocas personas. Pero luego creció, hasta convertirse en una raza grande, potente y numerosa. Los egipcios nos maltrataron y nos oprimieron, y nos impusieron una dura esclavitud. Entonces clamamos al Señor, Dios de nuestros padres, y el Señor escuchó nuestra voz, miró nuestra opresión, nuestro trabajo y nuestra angustia. El Señor nos sacó de Egipto con mano fuerte y brazo extendido, en medio de gran terror, con signos y portentos. Nos introdujo en este lugar, y nos dio esta tierra, una tierra que mana leche y miel. Por eso, ahora traigo aquí las primicias de los frutos del suelo que tú, Señor, me has dado».
Lo pondrás ante el Señor, tu Dios, y te postrarás en presencia del Señor, tu Dios.

Palabra de Dios.

SALMO

Dios es nuestro refugio, nuestro alcázar nuestro protector, y nos escucha y acompaña en la prueba.

Salmo 90, 1-2. 10-11. 12-13. 14-15

R
Está conmigo, Señor, en la tribulación.

Tú que habitas al amparo del Altísimo,
que vives a la sombra del Omnipotente,
di al Señor: «Refugio mío, alcázar mío,
Dios mío, confío en ti». R

No se te acercará la desgracia,
ni la plaga llegará hasta tu tienda,
porque a sus ángeles ha dado órdenes
para que te guarden en tus caminos. R

Te llevarán en sus palmas,
para que tu pie no tropiece en la piedra;
caminarás sobre áspides y víboras,
pisotearás leones y dragones. R

Se puso junto a mí: lo libraré;
lo protegeré porque conoce mi nombre,
me invocará y lo escucharé.
Con él estaré en la tribulación,
lo defenderé, lo glorificaré. R

SEGUNDA LECTURA

Lo que anunciaba un texto del Deuteronomio (30,11-14) encuentra inesperadamente su cumplimiento pleno en Jesús, Palabra de Dios que ha venido a este mundo, que ha resucitado de entre los muertos y está cerca de todo el que cree en él. Por la fe en Cristo nos salvamos.

Profesión de fe del que cree en Jesucristo.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 10,8-13

Hermanos:
La Escritura dice:
- La palabra está cerca de ti: la tienes en los labios y en el corazón.
Se refiere a la palabra de la fe que os anunciamos.
Porque, si tus labios profesan que Jesús es el Señor, y tu corazón cree que Dios lo resucitó de entre los muertos, te salvarás.
Por la fe del corazón llegamos a la justificación, y por la profesión de los labios, a la salvación.
Dice la Escritura:
- Nadie que cree en él quedará defraudado.
Porque no hay distinción entre judío y griego; ya que uno mismo es el Señor de todos, generoso con todos los que lo invocan.
Pues todo el que invoca el nombre del Señor se salvará.

Palabra de Dios.

VERSÍCULO ANTES DEL EVANGELIO Mt 4,4b

Palabra de Dios, palabra de la fe:
la Palabra está cerca de nosotros.

No sólo de pan vive el hombre,
sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.

EVANGELIO

El templo ocupa en el evangelio según san Lucas un lugar especial. Siendo todavía niño, Jesús es presentado en él al Señor (Le 2,22), y en él proclama sus últimas enseñanzas (Le 19,45—21,38). No es extraño, pues, que san Lucas sitúe las tres tentaciones de Jesús primero «en el desierto», después en «lo alto» y, finalmente, en Jerusalén, en «el alero del templo». La «otra ocasión» fijada para el último asalto del diablo es la de la pasión. Entonces, de veras, «completadas las tentaciones», el diablo, vencido, se aleja de Jesús para siempre: «Padre, que no se haga mi voluntad, sino la tuya» (Le 22,42); «Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu» (Le 23,46; Sal 31,6).

El Espíritu lo fue llevando por el desierto, mientras era tentado.

+ Lectura del santo evangelio según san Lucas 4,1-13

En aquel tiempo, Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán y, durante cuarenta días, el Espíritu lo fue llevando por el desierto, mientras era tentado por el diablo.
Todo aquel tiempo estuvo sin comer, y al final sintió hambre.
Entonces el diablo le dijo:
- Si eres Hijo de Dios, dile a esta piedra que se convierta en pan.
Jesús le contestó:
- Está escrito: «No sólo de pan vive el hombre».
Después, llevándole a lo alto, el diablo le mostró en un instante todos los reinos del mundo y le dijo:
- Te daré el poder y la gloria de todo eso, porque a mí me lo han dado, y yo lo doy a quien quiero. Si tú te arrodillas delante de mí, todo será tuyo.
Jesús le contestó:
- Está escrito: «Al Señor, tu Dios, adorarás y a él sólo darás culto».
Entonces lo llevó a Jerusalén y lo puso en el alero del templo y le dijo:
- Si eres Hijo de Dios, tírate de aquí abajo, porque está escrito: «Encargará a los ángeles que cuiden de ti», y también: «Te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece con las piedras».
Jesús le contestó:
- Está mandado: «No tentarás al Señor, tu Dios».
Completadas las tentaciones, el demonio se marchó hasta otra ocasión.

Palabra de Dios.



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