lunes, 15 de febrero de 2016

21//02/2016 - 2º domingo de Cuaresma (C)

Lecturas y Evangelio del domingo

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2º domingo de Cuaresma (C)


Desde su nacimiento hasta su retorno al Padre, el itinerario terreno de Jesús es realmente un éxodo de la muerte a la vida, de la humillación a la exaltación en la luz divina. La transfiguración según san Lucas deja entrever particularmente el modo como Jesús la vive, la oculta decisión con que camina hacia la ciudad en la que presiente que tendrá lugar su «partida».
Es en la oración donde Jesús nutre y renueva sin cesar la fidelidad indefectible a su misión, la fuerza para ir hasta el final del camino, tal como las Escrituras lo marcan. Durante largas noches pasadas en soledad, medita en lo que Moisés y los profetas han dicho sobre él, especialmente sobre lo que iba a ocurrir en Jerusalén. En las horas de turbación y angustia, encuentra consuelo y fortaleza en su Padre, cuya voz, en el secreto de la oración, le reitera y confirma sin cesar su confianza. Pedro, Santiago y Juan, testigos de la agonía del Señor en Getsemaní, oyen un día esa misma voz en la montaña de la transfiguración. Gracias a su testimonio, sigue oyéndose todavía hoy para prevenir el escándalo de la pasión.
Es grande la tentación de rechazar la cruz de Cristo y ceder a la fascinación de «las cosas terrenas», como dice san Pablo exhortando a los cristianos a no caminar hacia su ruina. «No olvidéis, añade, que somos ciudadanos del cielo. Allí es donde está nuestra verdadera patria, donde volveremos cuando nuestro cuerpo humilde se transforme según el modelo del cuerpo glorioso de Cristo. ¡Manteneos firmes en el camino de vuestro destierro, con la fuerza de Cristo que habita en vosotros!».
La promesa solemne hecha en otro tiempo «en favor de Abrahán y su descendencia por siempre», de un pueblo de creyentes más numeroso que las estrellas del cielo, se cumplirá. Cada año la Cuaresma, subida hacia la Pascua, nos hace recorrer este itinerario «simbólicamente», «sacramentalmente», a través de los signos eficaces de la liturgia.
Dios no puede dejar de cumplir su juramento. La prenda del mismo la tenemos hoy, no en un rito de animales sacrificados, sino en su propio Hijo, que se ha entregado voluntariamente a la muerte para que nosotros seamos en él un solo cuerpo y un solo espíritu.

PRIMERA LECTURA

Abrahán es la figura emblemática de los creyentes de todas las épocas de la historia del mundo. Lo dejó todo porque Dios se lo pidió. El Señor le asegura una descendencia inmensa y la posesión de la tierra prometida. Durante un sueño misterioso, Abrahán asiste a una escena totalmente insólita. Una humareda de horno y una antorcha ardiendo pasa entre los miembros de los animales descuartizados. Habitualmente cada uno de los contratantes se sometía a este rito: «Que me ocurra lo que a estos animales si falto a mi palabra». ¡Dios dejaría de ser el Dios vivo si no cumpliera su promesa!

Dios hace alianza con Abrahán, el creyente.

Lectura del libro del Génesis 15,5-12. 17-18

En aquellos días, Dios sacó afuera a Abrahán y le dijo:
- Mira al cielo; cuenta las estrellas, si puedes.
Y añadió:
- Así será tu descendencia.
Abrahán creyó al Señor, y se le contó en su haber.
El Señor le dijo:
- Yo soy el Señor, que te sacó de Ur de los Caldeos, para darte en posesión esta tierra.
Él replicó:
- Señor Dios, ¿cómo sabré yo que voy a poseerla?
Respondió el Señor:
- Tráeme una ternera de tres años, una cabra de tres años, un carnero de tres años, una tórtola y un pichón.
Abrahán los trajo y los cortó por el medio, colocando cada mitad frente a la otra, pero no descuartizó las aves. Los buitres bajaban a los cadáveres, y Abrahán los espantaba.
Cuando iba a ponerse el sol, un sueño profundo invadió a Abrahán, y un terror intenso y oscuro cayó sobre él.
El sol se puso, y vino la oscuridad; una humareda de horno y una antorcha ardiendo pasaban entre los miembros descuartizados.
Aquel día el Señor hizo alianza con Abrahán en estos términos:
- A tus descendientes les daré esta tierra, desde el río de Egipto al Gran Río.

Palabra de Dios.

SALMO

Dios se compromete por completo en lo que dice. Por eso estoy seguro de que sus palabras se cumplirán.

Salmo 26, 1. 7-8a. 8b-9abc. 13-14

R
El Señor es mi luz y mi salvación.

El Señor es mi luz y mi salvación,
¿a quién temeré?
El Señor es la defensa de mi vida,
¿quién me hará temblar? R

Escúchame, Señor, que te llamo;
ten piedad, respóndeme.
Oigo en mí corazón: «Buscad mi rostro». R

Tu rostro buscaré, Señor,
no me escondas tu rostro.
No rechaces con ira a tu siervo,
que tú eres mi auxilio. R

Espero gozar de la dicha del Señor
en el país de la vida.
Espera en el Señor, sé valiente,
ten ánimo, espera en el Señor. R

SEGUNDA LECTURA

Admitidos como ciudadanos del cielo, los que se adhieran a Cristo de todo corazón verán su cuerpo humilde transfigurado a imagen del cuerpo glorioso del Resucitado, el día de su vuelta. Su esperanza no se verá defraudada.

Aguardamos un Salvador; él transformará nuestra condición humilde, según el modelo de su condición gloriosa.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses 3,17_4,1

Hermanos:
Seguid mi ejemplo y fijaos en los que andan según el modelo que tenéis en mí.
Porque, como os decía muchas veces, y ahora lo repito con lágrimas en los ojos, hay muchos que andan como enemigos de la cruz de Cristo: su paradero es la perdición; su Dios, el vientre; su gloria, sus vergüenzas. Sólo aspiran a cosas terrenas.
Nosotros, por el contrario, somos ciudadanos del cielo, de donde aguardamos un Salvador: el Señor Jesucristo.
Él transformará nuestra condición humilde, según el modelo de su condición gloriosa, con esa energía que posee para sometérselo todo.
Así, pues, hermanos míos queridos y añorados, mi alegría y mi corona, manteneos así, en el Señor, queridos.

Palabra de Dios.

VERSÍCULO ANTES DEL EVANGELIO Mt 17,5

Como ciudadanos del cielo,
aguardamos un Salvador
que, por la energía de la resurrección,
nos introducirá en su gloria.

En el esplendor de la nube
se oyó la voz del Padre:
«Este es mi Hijo, el amado; escuchadlo».

EVANGELIO

La transfiguración según la relata san Luca> recoge detalles que acentúan el carácter pascual de la visión. El acontecimiento se produce ocho días después de la confesión de Pedro, mientras Jesús ora, como en el Huerto de los Olivos. Moisés y Elías hablan de su partida, que tendrá lugar en Jerusalén. Los tres apóstoles se caen de sueño, lo mismo que la noche de Getsemaní. Al despertarse es cuando ven la gloria de Jesús. Después de Pentecostés los apóstoles darán testimonio, con gran fuerza y valentía, de lo que han visto en la montaña y, sobre todo, de las apariciones del Resucitado.

Mientras oraba, el aspecto de su rostro cambió.

+ Lectura del santo evangelio según san Lucas 9,28b-36

En aquel tiempo, Jesús cogió a Pedro, a Juan y a Santiago y subió a lo alto de la montaña para orar. Y, mientras oraba, el aspecto de su rostro cambió, sus vestidos brillaban de blancos.
De repente, dos hombres conversaban con él: eran Moisés y Elías, que, apareciendo con gloria, hablaban de su muerte, que se iba a consumar en Jerusalén.
Pedro y sus compañeros se caían de sueño; y, espabilándose, vieron su gloria y a los dos hombres que estaban con él. Mientras éstos se alejaban, dijo Pedro a Jesús:
- Maestro, qué bien se está aquí. Haremos tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.
No sabía lo que decía.
Todavía estaba hablando, cuando llegó una nube que los cubrió. Se asustaron al entrar en la nube. Una voz desde la nube decía:
- Éste es mi Hijo, el escogido, escuchadle.
Cuando sonó la voz, se encontró Jesús solo. Ellos guardaron silencio y, por el momento, no contaron a nadie nada de lo que habían visto.

Palabra de Dios.



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